Capítulo 38
Claus
Estoy de un humor de mierda.
No por Theron ni por la reunión. Ni siquiera por el ganado que desapareció anoche.
Es Eve.
Llevo toda la mañana pensando en la llamada que hizo desde el teléfono desechable. La escuché desde el pasillo cuando salí a buscarla. No pretendía escucharla. Mucho menos seguir haciéndolo. Pero en cuanto oí el nombre de Denis Rudenko, dejé de moverme.
Después hice lo que cualquier hombre desconfiado habría hecho.
Revisé el teléfono y lo pinché. Ya había investigado a Rudenko antes.
Segundo al mando de la mafia rusa. Su padre sigue siendo la cabeza de la organización, pero en Inglaterra es Denis quien mueve las piezas.
Negocia, amenaza y ejecuta las órdenes. Un hombre que no llega vivo hasta esa posición siendo un santo precisamente.
Así que ahora llevo horas preguntándome la misma maldita cosa. ¿Por qué demonios Eve llamó al segundo al mando de la mafia rusa?
—¿Vas a quedarte ahí sin decir una palabra?
La voz de Theron consigue sacarme de mis pensamientos. Levanto la vista. Está sentado frente a mí con una taza de café entre las manos mientras espera una respuesta que no llega.
Nos encontramos en el despacho de la casa principal.
Desde aquí se ve buena parte del rancho.
La cerca del norte ya empezó a repararse, aunque todavía quedan varios postes en el suelo y seguimos recuperando animales desperdigados por los terrenos vecinos.
Perdí demasiado ganado por culpa del sabotaje de anoche.
Algunos han regresado solos, otros los encontraron mis hombres esta madrugada, pero sigo convencido de que aquello no fue un accidente.
Fue un mensaje. Uno bastante estúpido. Porque si querían asustarme...eligieron el lugar equivocado. Mi mirada se desvía hacia la ventana.
Allí está Eve.
Hazel sostiene un cepillo casi más grande que ella mientras intenta peinar a una de las vacas Highland. La pobre vaca soporta el tormento con una paciencia admirable. Eve termina riéndose, aparta con cuidado un mechón de pelo del animal y le coloca un pequeño lazo rosa entre los cuernos.
Hazel aplaude como si acabaran de ganar un concurso de belleza.
No puedo evitar sonreír.
—¿Ves? —dice Theron—. Ahí está otra vez esa cara.
Frunzo el ceño.
—¿Qué cara?
—La de hombre distraído. Yo la tenía, cuando conocí a Josephine.
Resoplo.
—Cállate.
—No. —Bebe otro sorbo de café.—Ahora me interesa.
Apoyo ambos antebrazos sobre el escritorio.
—¿Qué sabes de los Kavanagh, en Irlanda del Norte?
La sonrisa desaparece de su rostro de inmediato. Su espalda deja de descansar sobre la silla. Ahora está completamente atento.
—¿Por qué preguntas? —dice, finalmente deja la taza sobre la mesa.
—Desde que el viejo Kavanagh murió dejaron de tocar mis negocios en Londres.
Durante un tiempo pensé que la hija había conseguido mantener a raya a los suyos.
Era bastante más inteligente que su padre, según decían.
Después empezó el rumor de que los rusos la habían matado recientemente y, desde entonces, quien mueve los hilos es el hermano.
Hace una pausa.
—Y no confío una mierda en ese tipo.
Asiento lentamente.
Coincido.
—Espero que no se le ocurra cruzar ciertos límites. ¿Por qué tanto interés?
Sus ojos se entrecierran.
—¿Es una misión de Código Negro?
Niego.
—No.
—Entonces... —Me observa unos segundos.—...mierda. No me gusta tu cara.
Permanezco callado.
Theron deja escapar una risa.
—Vaya. —Se acomoda mejor en la silla.—Si Hazel no tuviera cinco años, pensaría que ella es la que acaba de meterse en problemas.
Le lanzo una mirada. Él sonríe todavía más.
—¿Qué hiciste ahora?
Exhalo despacio.
—Maeve Kavanagh está viva, Theron.
El silencio cae de golpe sobre la habitación. Su expresión cambia por completo.
—¿Qué?
Ya no hay rastro de humor.
—¿Cómo demonios lo sabes?
Me levanto de la silla. Camino hasta la ventana.
—Porque está aquí.
Theron tarda un segundo en reaccionar.
—¿Aquí... en Inglaterra?
No respondo. Solo hago un gesto para que se acerque.
Él llega a mi lado y mira hacia el exterior.
Abajo, Hazel intenta convencer a otra vaca de quedarse quieta mientras Eve le coloca un segundo lazo rosa.
La niña termina abrazando el cuello del animal y ambas empiezan a reírse por algo que no alcanzo a escuchar.
Theron tarda apenas dos segundos en reconocerla.
—Pero qué mierda... —Su mano desaparece bajo la chaqueta. Cuando vuelve a verla, sostiene una pistola. La levanta instintivamente hacia la ventana.
—Guarda esa mierda.
Mi voz sale mucho más dura de lo que pretendía. Él no aparta la vista de Eve.
—¿Qué demonios hace esa mujer aquí?
Silencio.
—Espera... —Frunce el ceño.—¿Está...peinando las jodidas vacas?
Hazel levanta otro lazo.
Eve rompe a reír. Theron baja lentamente el arma, completamente desconcertado.
—Y... ¿Está con Hazel?
No respondo. Eso parece alterarlo aún más. Se gira hacia mí. Empieza a hacer sonar el cuello de un lado a otro. Siempre hace eso cuando está intentando no perder la paciencia.
—Explícate, Claus James Radkle.
Camina por el despacho como un animal encerrado.
—Explícame por qué mi Hazel está jugando con una mujer peligrosa.
De repente se detiene. Sus ojos se abren apenas.
—Espera. —Me señala con un dedo. —Esa es la mujer que estaba contigo en la beneficencia.
Maldición.
—Es una historia larga. —Le digo. Nunca lo había visto tan paranoico, cuando se trata de su familia, de mí o Hazel se pone así. Es mi mejor amigo, como un jodido hermano y un grano en el culo.
—Pues tenemos tiempo. —Se deja caer nuevamente sobre la silla.
No guarda el arma. Simplemente la apoya sobre sus rodillas mientras me mira fijamente.
—Siéntate.
Obedezco.
—Y empieza a hablar.
Durante casi una hora le cuento absolutamente todo. Cómo la encontré inconsciente cerca del río.
Las costillas rotas.
La herida en la cabeza.
Las semanas en las que no tuve idea de quién era realmente. Cómo descubrí su identidad después de analizar su sangre. Cómo intenté echarla del rancho en cuanto supe la verdad. Y cómo ella me suplicó que no lo hiciera.
—Ella tenía miedo. —Mi voz sale mucho más baja al recordarlo. —Está completamente sola. Fue un ataque de su hermano.
Theron permanece callado. No me interrumpe ni una sola vez. Cuando termino, cruza los brazos.
—¿Y le creíste?
Miro otra vez hacia la ventana. Eve ahora ayuda a Hazel a recoger los cepillos.
—No me ha demostrado lo contrario.
Theron sigue observándome.
Demasiado.
Después sonríe. Esa sonrisa de hijo de puta que conozco desde hace veinte años.
—Te gusta.
No respondo porque no hace falta. Él deja escapar una carcajada.
—Joder... —Niego con la cabeza.
—No empieces. —Le advierto.
—Y te la has follado también.
Mi mandíbula se tensa.
—Cierra la puta boca, Theron.
Su risa se hace todavía más fuerte.
—Estás jodido. —Apoya ambos codos sobre las rodillas. —¿Y ahora qué se supone que vas a hacer?
No contesto. Porque no tengo la menor idea. Él me observa unos segundos más. De repente chasquea los dedos. Como si acabara de resolver un rompecabezas.
—Espera... —Levanta lentamente una ceja.—Ella no sabe quién eres realmente. ¿Verdad? Puede estar sola, pero no es estúpida. Sabes que Código Negro se ha vuelto como una leyenda en el mundo. Nadie los conoce, pero los odian. Y seguro no le caerás bien a su hermano.
»Maldita sea. Por eso me pediste que entrara por la parte de atrás del rancho. Te avergüenzas de mí.
Otra pausa. Su sonrisa regresa.
—Cabrón...
Niego con la cabeza.
—No empieces.
—¿Cómo que no empiece?
Se echa hacia atrás en la silla, disfrutando demasiado de la situación.
—El gran Claus Radkle, capaz de plantarle cara a cualquiera... y resulta que le tiene miedo a una mujer.
Lo miro con frialdad.
—No le tengo miedo a Eve.
Theron se ríe.
—No. —Su sonrisa desaparece poco a poco.—Le tienes miedo al momento en que descubra quién eres.
Y ahora, desde que empezó la conversación... No encuentro una sola palabra para llevarle la contraria.
Theron no aparta la vista de mí. Lleva demasiados años conociéndome como para creer que todo esto es improvisación. Sabe que no doy un paso sin haber pensado los diez siguientes y, por desgracia, también sabe leerme mejor que la mayoría de la gente.
—Sé que tienes un plan, Claus. Siempre lo tienes. —Se cruza de brazos y espera con una paciencia que me pone de los nervios—. ¿Qué piensas hacer?
Exhalo despacio.
Claro que tengo un plan.
Llevo construyéndolo desde el mismo instante en que vi la fotografía de Eve en manos de aquellos hombres. Desde que comprendí que esconderla en el rancho ya no iba a ser suficiente. Desde que escuché su voz quebrarse diciendo que debía marcharse porque solo traía problemas.
No.
No pienso dejar que se vaya. Pero antes de mover una sola pieza necesitaba que Theron lo supiera. No porque necesite su aprobación. Porque necesito que, cuando todo explote, alguien entienda por qué tomé esta decisión.
—Claro que tengo un plan.
Theron asiente.
—Bien. ¿Cuál es?
Lo miro directamente a los ojos.
—Voy a pedirle que se case conmigo.
El silencio que sigue es glorioso.
Theron permanece completamente inmóvil durante unos segundos. Después parpadea una vez. Luego otra. Finalmente deja escapar una risa. No una risa cualquiera. Una de esas que empiezan bajas y terminan convirtiéndose en carcajadas.
Se lleva una mano al rostro.
Niega con la cabeza.
Y sigue riéndose.
—¿Acaso perdiste la cabeza?
No respondo. Eso solo consigue que se ría todavía más.
—Joder... ¿Te caíste de algún caballo esta mañana?
—No te estoy pidiendo permiso.
Su sonrisa no desaparece.
—Menos mal. Porque si hubieras venido a pedírmelo, iba a decirte que no.
Me pongo de pie.
—Ella está sola. —Mi voz vuelve a endurecerse. —No tiene a nadie.
Camino hasta la ventana sin dejar de mirar el exterior.
—Necesito esconderla bien. —Theron deja de reír. —Y voy a hacerlo bajo mis propios términos.
—Qué romántico.
Se acerca despacio hasta colocarse a mi lado.
—Espero que la chica realmente esté enamorada de ti.
Resoplo.