Capítulo 28
Eve
El sonido del teléfono rompe el momento como un disparo.
Los dos nos quedamos inmóviles durante una fracción de segundo. Mi respiración todavía está desordenada cuando Claus aparta la vista de mí y busca el móvil entre los bolsillos de su pantalón. La forma en la que cambia su expresión antes incluso de contestar me hace sentir un nudo en el estómago.
Es como si el peligro estuviera en el aire.
—¿Qué pasa? —responde sin dejar de mirarme.—¿Cómo que no está?
Su voz cambia por completo. Se incorpora de golpe y el tono tranquilo con el que había estado hablando desaparece.
—¿Qué quieres decir con que no está?
Lo escucho gritar mientras yo me vuelvo a colocar el vestido con manos torpes. Encuentro mi ropa interior sobre la manta y me la pongo deprisa, intentando entender qué demonios está ocurriendo.
—Hazel —digo en voz baja, sintiendo que el corazón empieza a latirme con fuerza.
Claus ya no me mira.
—Voy para allá. —Cuelga sin añadir una sola palabra más.
Durante un segundo permanece completamente quieto. La frustración, la preocupación y el miedo están escritos en su rostro con tanta claridad que ni siquiera intenta esconderlos. Aprieta la mandíbula, se pasa una mano por el cabello y se coloca la camiseta casi a la fuerza.
No dice nada.
Ni una palabra.
Subimos a la camioneta y, en cuanto arranca el motor, salimos disparados.
Tengo que sujetarme del asiento porque conduce como un hombre que ha dejado de pensar.
Las ruedas levantan tierra mientras descendemos por el camino del acantilado.
Claus adelanta sin importarle quién venga de frente y aprieta el volante con tanta fuerza que los nudillos se le vuelven blancos.
Nunca lo había visto así.
Cuando llegamos al rancho, el ambiente ha cambiado por completo.
La música ya no se escucha. Las risas han desaparecido. Todo el mundo parece hablar al mismo tiempo. Emma está cerca de Arthur junto a varios trabajadores, todos con la misma expresión de desconcierto. Algunos hombres corren hacia Claus apenas baja de la camioneta.
—Saca a todo el mundo. El evento terminó. —Su voz retumba por encima del resto. —No dejes que nadie se vaya sin registrar todos los coches y camionetas. Quiero revisar absolutamente todo.
—Sí, señor.
Los hombres salen corriendo sin hacer preguntas.
Yo busco a Emma desesperadamente.
—¿Qué pasó? ¿Dónde está Hazel?
Emma está tan pálida como yo.
—Parece que la niñera nunca llegó.
Siento que el suelo desaparece bajo mis pies.
—¿Qué?
—Nadie la vio salir. Creíamos que estaba contigo, pero te busqué y no estabas. Cuando empezamos a buscarla... —Se le quiebra la voz.—Lleva desaparecida treinta minutos.
Treinta minutos.
Treinta.
La sangre se me hiela. Busco a Claus entre toda la gente. Lo encuentro dando órdenes a cinco hombres al mismo tiempo.
—¡Claus!
Él gira apenas la cabeza.
—Ahora no, Eve.
Veo mucha rabia en sus ojos cuando me ve.
Empiezo a correr sin saber exactamente hacia dónde. Reviso los establos, los corrales, los caminos de tierra y los alrededores de la casa. Todo el mundo busca a Hazel. Escucho cómo llaman su nombre una y otra vez entre los árboles. Los guardias revisan cada vehículo mientras otros salen a caballo.
Cada minuto que pasa pesa más que el anterior.
Y entonces empiezo a notar las miradas. Algunas son de preocupación. Otras... De sospecha.
Soy la desconocida. La mujer que apareció hace unas semanas. La única persona que nadie conoce realmente.
Intento ignorarlas. Solo quiero encontrar a Hazel. Doblo una esquina de la casa principal y lo veo.
Claus.
Está completamente inmóvil.
Tiene los puños cerrados y el pecho sube y baja con violencia. Hay algo en su expresión que me obliga a detenerme. No parece enfadado sino roto. Levanta la vista y nuestros ojos se encuentran. Y en ese mismo instante sé que algo acaba de romperse ahí.
Camina y cuando se detiene frente a mí, su respiración sigue siendo irregular.
—Si no hubiera estado perdiendo el tiempo contigo... —Las palabras salen entre dientes.—...mi hija no se habría perdido.
No respondo y él simplemente se da la vuelta y continúa caminando. Yo me quedo donde estoy. Las piernas dejan de responderme. Caigo de rodillas sobre la tierra antes siquiera de darme cuenta.
El aire ya no entra en mis pulmones. Las palabras siguen repitiéndose dentro de mi cabeza.
Perdiendo el tiempo contigo.
No lloro, no voy a perder la cabeza por lo que me dijo. No cuando Hazel sigue desaparecida. Aprieto los dientes hasta hacerme daño y vuelvo a ponerme de pie. No importa cuánto me hayan dolido sus palabras.
Hazel sigue ahí fuera. Eso es lo único que importa. Apenas pasan unos minutos cuando el teléfono de Claus vuelve a sonar a lo lejos.
Todo el mundo guarda silencio mientras él responde de inmediato.
—¿Hola?
Su expresión cambia mientras escucha, pasa de confusión a alivio. Y finalmente... Sus ojos me buscan entre la multitud. Esta vez lo que veo en ellos es otra cosa.
Arrepentimiento.
Un arrepentimiento tan evidente que ni siquiera intenta ocultarlo. Nadie dice una palabra. Todos miran hacia la entrada del rancho. Un todoterreno aparece levantando una nube de polvo.
Se detiene bruscamente.
Uno de los guardias baja con una niña en brazos.
—¡Hazel! —Claus corre hacia ella. La pequeña se lanza inmediatamente sobre él, rodeándole el cuello con todas sus fuerzas.—¿Dónde estabas? ¿Dónde estabas, princesa?
Hazel empieza a llorar.
—Lo siento, papi. Salí a buscar a Eve y a ti... y me perdí. —Se limpia la nariz con la manga. —Encontré un teléfono en un bolso de una señora que no estaba mirando…lo robé, lo siento.
Claus la separa apenas para verla.
—Está bien, cariño. ¿Cómo supiste llamarme? —Hazel gira la cabeza hacia mí inmediatamente. No me había dado cuenta que estaba ya cerca de ellos. —Eve me enseñó.
Todos me miran, mientras yo me acerco más, despacio hasta quedar frente a ella y le tomo la mano.
—¿Recuerdas el capítulo que vimos juntas? El del niño que se pierde en el supermercado. —Yo asiento con fuerza. —Memoricé el número de papi... como tú me dijiste por si algún día lo necesitara.
No puedo evitar sonreír.
—Y lo hiciste perfecto, cariño.
Arthur da un paso al frente.
—Ella me pidió que la ayudara a escribir el número hace unos días. Pensé que era un juego.
Hazel vuelve a abrazar a su padre con todas sus fuerzas. Él no deja de besarle la cabeza. Los dos están llorando. Los observo unos segundos, no hago ningún intento de acercarme a Claus.
No después de lo que me dijo.
Simplemente doy media vuelta y me marcho. Nadie intenta detenerme ni veo hacia atrás. Subo las escaleras hasta mi habitación sin escuchar las voces que quedan abajo. Entro, cierro la puerta con llave y voy directamente al baño y abro la ducha.
El agua cae sobre mi cabeza mientras permanezco completamente vestida durante unos segundos. Solo cuando el calor empieza a envolverme siento que el cuerpo deja de sostenerse. Me apoyo contra la pared y es ahí lejos de todos donde por fin dejo de fingir que sus palabras no me hicieron daño.
Y lloro en un silencio que duele mucho más que cualquier grito.