RANGER CREED (Brotherhood Protectors nº 14) Capítulo 5 #3
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Capítulo 5 #3

—Qué monos sois —la voz de Rebecca arrancó a Zach de la profundidad de los ojos de Lani y lo devolvió al restaurante—. Puedo volver más tarde mientras tenéis vuestro momento… —La mujer sostenía dos platos de estofado de ternera, patatas y zanahorias humeantes.

Lani apartó su mano de la de Zach, con las mejillas sonrojadas en un cálido tono rojo. Se echó hacia atrás.

—No, por favor. Nos morimos de hambre.

Rebecca se rio entre dientes.

—Eso lo entiendo, pero no estoy tan segura de que os muráis de hambre de comida. —Guiñó un ojo mientras dejaba los platos delante de Lani y Zach—. Ahora mismo os traigo los panecillos y os relleno el café.

Zach aprovechó el tiempo que tardó Rebecca en volver a entrar en la cocina para serenarse y centrarse en la comida que tenía delante. Por un momento, se había perdido por completo en Lani.

Su pasión y compromiso con la vida en Montana eran tan contagiosos como su sonrisa y su risa.

No podía evitar sentir lo mismo cuando ella estaba cerca.

De ahí su decisión de volver a Montana, un estado que había asociado con la pérdida y la pena.

Era como si ella hubiera levantado el velo de la muerte y hubiera abierto el telón de la vida para que él pudiera volver a ver los grandes cielos azules y las cimas nevadas de las montañas en la distancia.

De repente, recordó los buenos tiempos de su juventud, las acampadas, el piragüismo en los ríos y la pesca en los lagos.

Su madre había amado Montana tanto como Lani.

Lo había llevado a través de todo el estado, mostrándole la belleza de las llanuras hasta las impresionantes montañas y los antiguos glaciares.

Rebecca regresó con una cesta de panecillos y la cafetera. Les llenó las tazas y se quedó un momento de pie, sonriéndoles.

—Da gusto ver a gente joven enamorada.

Las mejillas de Lani volvieron a sonrojarse.

—¿Habéis elegido ya una fecha? —preguntó ella.

Zach negó con la cabeza.

—Se lo acabo de pedir.

—Enséñame el anillo —Rebecca tendió la mano.

Lani giró el anillo en su dedo y tendió la mano izquierda, lanzando una mirada a Zach.

Él le guiñó un ojo.

—Guau. Menudo pedrusco. —Le cogió la mano a Lani y examinó el anillo—. Debe de quererte mucho.

Zach asintió.

—Sí. Es todo lo que siempre he soñado. Todavía no me puedo creer que me haya dicho que sí.

Rebecca arqueó una ceja.

—¿En serio? ¿Te has mirado en el espejo últimamente?

—Luego se rio—. Lani, cielo, este es de los que valen la pena.

Si decides dejarlo, dame un toque. —Su sonrisa se desvaneció—.

De verdad, parecéis hechos el uno para el otro.

—Soltó la mano de Lani—. Necesitábamos un poco de alegría por aquí después de lo que pasó anoche.

Lani asintió, metiéndose la mano en el regazo.

—¿Te has enterado?

—¿Lo de Tyler y Ben? —Rebecca asintió—. No me puedo creer que estén muertos. Eran buena gente. No merecían morir así.

—Me he pasado por casa de Ben para darle el pésame a Mark —dijo Lani, levantando el tenedor, con la mirada fija en su comida.

Rebecca resopló.

—¿Estaba Mark lo bastante lúcido como para entender lo que le decías?

Lani negó con la cabeza.

—No he podido decirle nada. Ha salido de allí como alma que lleva el diablo.

—Imbécil. Probablemente estaría cocinando meta o algo así —dijo Rebecca, negando con la cabeza—. Ben intentó que dejara las drogas. Con él estaba librando una batalla perdida.

—Salió tan rápido… —Lani negó con la cabeza—. Me preocupa que se haga daño. Ojalá pudiera encontrarlo y asegurarme de que está bien.

—Probablemente volverá a su caravana cuando se le pase la borrachera —dijo Rebecca.

—Lo dudo. Black Knife confiscó su material. Seguramente tiene miedo de que lo detengan por posesión con intención de vender.

—Se lo tendría merecido. Podría venirle bien pasar un tiempo en la cárcel. Un poco de soledad para desintoxicarse no le haría mal —dijo Rebecca.

—Aparte de la caravana que compartía con Ben, ¿frecuenta algún otro lugar? —preguntó Lani—. Estoy muy preocupada por él.

Zach casi sonrió al ver la preocupación en el rostro de Lani. Después de que Mark la hubiera tirado al suelo, probablemente estaba más preocupada por atrapar al cabrón y sacarle algo de información a la fuerza.

—¿Lo vas a detener si lo encuentras? —preguntó Rebecca.

—No, a menos que él quiera —dijo Lani—. Quiero asegurarme de que está bien. Perder a su hermano ha tenido que ser un golpe muy duro para él.

Rebecca negó con la cabeza.

—Ben se esforzó tanto por enderezarlo… No tiene sentido que Ben muriera y Mark siga vivo.

—Sé a lo que te refieres —dijo Lani—. ¿Alguna idea de dónde puedo encontrar a Mark? Creo que a Ben le gustaría que alguien fuera a ver cómo está.

—Si tiene miedo de volver a casa, puede que se haya escondido con alguno de sus amigos drogadictos. Creo que algunos de ellos van al viejo almacén abandonado. Ya sabes, el que está en la zona norte de la ciudad, hacia el silo de grano.

Lani asintió.

—He echado a adolescentes de allí. A veces van para beber y armar jaleo.

—Muy peligroso, si me preguntas —dijo Rebecca—. Dicen que los suelos se están pudriendo y que, cuando el viento se cuela por las grietas de la pared, suena como si gritaran almas en pena. —La camarera se estremeció—. A mí no me pillarían allí después del anochecer. Ese sitio me da repelús.

Un cliente llamó a la camarera.

Rebecca hizo una mueca.

—El deber me llama. Decidme si necesitáis algo. —Y se alejó para atender a sus otros clientes.

Lani se lanzó a por la comida y se llevó un tenedor lleno a la boca.

—Lou hace el mejor estofado de ternera del condado de Glacier. —Se metió el bocado en la boca y gimió—. Increíble.

La entrepierna de Zach se tensó. Podía imaginarse ese mismo sonido saliendo de la boca de ella en medio de una sesión de amor. Moviéndose en su asiento, forzó una risita.

—Haces que comer sea muy interesante.

Ella inclinó la barbilla hacia el plato de él.

—Tú no lo has probado.

Levantando el tenedor, se metió un trozo del estofado en la boca. La explosión de sabor le hizo gemir a él también.

Lani se rio.

—Te lo dije.

Estaba tan fascinado por su risa como por la ternera que se deshacía en la boca.

—Me rindo. Tienes razón. El estofado es de otro mundo. No puedo creer que haya tenido que venir hasta Browning, Montana, para encontrarlo.

—¿Ves? No todo es aburrido en la reserva —dijo ella—. Tenemos nuestros alicientes.

—Como el estofado de Lou. —Zach miró hacia la cocina, donde pudo ver a un hombre con el pelo recogido en una coleta, colocando un plato en la repisa para la camarera—. Recuérdame que felicite al chef.

—Le gustará —dijo Lani mientras se metía un trozo de patata en la boca.

Después de otro bocado de la deliciosa comida, Zach preguntó:

—¿Dónde aprendió a cocinar así?

Las comisuras de sus labios se elevaron.

—En la Marina. Cocinaba para la tripulación de un portaaviones.

—Ese es un público difícil.

Lani asintió.

—Fue seleccionado para cocinar para el presidente de los Estados Unidos, pero Lou prefirió volver a Browning.

—Que lo seleccionaran fue un gran honor —dijo Zach—. Había oído que a veces cogen a los mejores cocineros de la Marina para que trabajen como chefs para la Casa Blanca.

Lani asintió.

—En lugar de eso, Lou volvió a casa, le compró el restaurante al dueño anterior y empezó a cocinar para su gente. También se ofrece como voluntario en sus días libres haciendo reparaciones en las casas de algunas familias que viven en viviendas precarias.

—Será mejor que él y Rebecca tengan cuidado. Si el asesino va a por los que hacen el bien, ellos podrían ser los siguientes en su lista.

Lani frunció el ceño.

—Son buenas personas. Y hay muchas más. —Dejó el tenedor en la mesa, con la comida a medio comer—. Tenemos que encontrar al asesino antes de que vaya a por otra persona.

—De acuerdo. Y para eso, necesitas energía para seguir hasta bien entrada la noche. —Inclinó la cabeza, señalando la comida de su plato—. Come.

Lentamente, levantó el tenedor y empujó una zanahoria cocida por su plato.

—Siento que debería haber estado allí para Tyler y Ben.

Zach negó con la cabeza.

—Lani, no sabías que alguien los iba a matar. No puedes estar en todas partes todo el tiempo.

—Lo sé, pero ocurrió en mi turno.

—Tú no los mataste. No puedes cargar con la culpa.

—Pero he jurado proteger a la gente de la reserva. —De nuevo, dejó el tenedor junto a su plato, con el ceño fruncido.

Zach intentó otra táctica.

—Si no te comes toda la comida, vas a disgustar a Lou.

—Me la llevaré para terminarla en otro momento. —Levantó la vista, buscando con la mirada por el local.

Rebecca se acercó deprisa.

—¿Qué pasa? ¿Se ha enfriado la comida? Puedo calentártela.

Lani le dedicó a Rebecca una media sonrisa.

—No. Está buena, como siempre. Es que estoy llena. ¿Me puedes dar una caja para llevármela a casa?

—Claro. —Se giró hacia Zach—. ¿Tú también?

Él asintió. Aunque el estofado estaba bueno, él también había perdido el apetito.

—Por favor.

La camarera se fue y volvió con las cajas y la cuenta.

Zach sacó su cartera y pagó la cuenta antes de que Lani pudiera hacerlo.

Rebecca llevó el dinero a la caja registradora.

—Pero estás trabajando para mí. Debería pagar yo la cuenta —insistió Lani, manteniendo la voz baja para que Rebecca no pudiera oír su protesta.

—Me has dado a probar el mejor estofado de ternera desde el de mi madre. —Sonrió—. Invito yo.

Rebecca regresó con el cambio y una sonrisa.

—Ha sido un placer conocerte, Zach. —Le dio un rápido abrazo.

—Un placer conocerte a ti también —dijo Zach, sorprendido por la muestra de afecto de una casi desconocida.

La camarera se secó una lágrima del rabillo del ojo.

—Me haces volver a creer en el amor. No creo haber visto a Lani más feliz.