Raíces y Ceniza (Harlow Creek 2) CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

Las flores

Fue un miércoles, no un viernes.

Rhett no había planeado ir al consultorio.

Había planeado ir a la ferretería a buscar las grapas para la cerca del norte y luego parar en el supermercado de la ciudad siguiente.

Pero la ferretería de los Hollis estaba en la misma calle que el consultorio, y cuando salió con las grapas eran las doce y cuarto y Nora salía a esa hora a comer.

La vio salir con Cassidy, las dos con el abrigo puesto, hablando de algo que hacía reír a Cassidy con esa risa suya que se oía desde el otro extremo de la manzana.

Rhett se quedó parado en la acera con la bolsa de las grapas en la mano.

Lucas le había dicho que empezara por algo. No le había dicho exactamente por qué.

Pero la floristería de la señora Kim estaba entre la ferretería y él, y Rhett llevaba siete años sin hacer nada, y ese miércoles de la primera semana de abril con el sol empezando a tener temperatura real y el olor a tierra húmeda en el aire, algo se movió en el lugar donde guardaba las decisiones que lleva demasiado tiempo aplazando.

Entró en la floristería.

La señora Kim tenía sesenta y tres años, llevaba en Harlow Creek desde que se casó con el señor Kim en los ochenta y tenía la habilidad de no hacer preguntas cuando no hacía falta.

—¿Para quién? —preguntó, que era la única pregunta necesaria.

Rhett lo pensó.

—Para alguien que le gustan las cosas sencillas. No muy llamativas.

La señora Kim asintió y preparó en cinco minutos un ramo de ranúnculos blancos con algunas ramas de eucalipto que tenía ese equilibrio entre sencillo y cuidado que no todo el mundo sabe conseguir.

—¿Cuándo es? —preguntó.

—Ahora.

La señora Kim levantó las cejas pero no dijo nada y le cobró el ramo.

Rhett salió con las grapas en una mano y las flores en la otra y fue hacia el consultorio.

Nora y Cassidy habían ido ya al diner. Se los dijo el letrero de cerrado de la recepción y el horario de comida pegado en la puerta. Doce a una.

Rhett miró las flores. Miró el diner al final de la calle.

Fue al diner.

Nora estaba en la barra con Cassidy y con Elliot, los tres con el menú aunque probablemente Nora y Elliot ya sabían lo que querían porque en Harlow Creek nadie necesita el menú después del primer mes.

Los vio entrar. O mejor: lo vio entrar a él, porque Cassidy y Elliot miraban hacia otro lado y fue la expresión de Nora la que cambió primero.

Rhett fue directo.

Se plantó delante de ella, dejó las flores en la barra y dijo:

—Son para ti.

Nora miró las flores. Miró a Rhett. Las flores otra vez.

Cassidy, a su lado, miraba al techo con una expresión que era la expresión de quien lleva semanas esperando exactamente esto y no quiere estropearlo.

Elliot miraba la carta con una atención que era demasiado concentrada para ser natural.

Dotty, detrás de la barra, no intentaba disimular nada.

—¿Por qué? —dijo Nora, y su voz era más tranquila de lo que Rhett esperaba.

—Porque me apetecía traértelas.

—Rhett.

—Nora.

—No puedes traerme flores sin más.

—Acabo de hacerlo.

Nora lo miró durante un momento. Luego cogió las flores.

—¿Vas a comer? —preguntó.

—No tenía pensado quedarme.

—Pues quédate.

Rhett se sentó en el taburete libre que había al otro lado de Nora, entre ella y la pared. Dotty le puso el café delante antes de que lo pidiera.

—¿Qué hay hoy? —preguntó Rhett.

—Sopa de lentejas y sándwich de rosbif —dijo Dotty.

—Los dos.

—Bien.

Cassidy se inclinó un poco hacia Nora y le dijo algo en voz baja que Rhett no oyó. Nora respondió algo también en voz baja. Cassidy sonrió.

Elliot pidió el sándwich solo y miraba hacia la calle con la expresión tranquila de alguien que ha entendido algo sin necesidad de que nadie se lo explique.

Comieron. La conversación fue de las que empiezan lentas y luego encuentran su ritmo.

Rhett habló del alazán, que ya respondía al nombre de Scout aunque Bram seguía llamándole Copper.

Nora habló de la guardia del fin de semana y de Cassidy, que al parecer ya era el terror de los pacientes difíciles porque era la única persona del consultorio capaz de hacerlos reír mientras les sacaba sangre.

—¿Es difícil? —preguntó Cassidy, que estaba escuchando.

—Eres eficiente —dijo Nora—. No es lo mismo que difícil.

—En Alabama eficiente y difícil son sinónimos.

—Aquí también, a veces —dijo Elliot.

—¿A ti también te resulto difícil? —le preguntó Cassidy, con esa frontalidad que seguía pillando a todo el mundo desprevenido.

—Me resultas sorprendente —dijo Elliot—. Es distinto.

Cassidy lo miró un segundo más de lo habitual y luego se giró hacia su sándwich.

Al final de la comida, cuando Cassidy y Elliot salieron antes para volver al consultorio, Nora se quedó un momento en la barra terminando el té.

Rhett no se movió.

—¿Por qué hoy? —preguntó ella, sin mirarlo.

—¿Por qué hoy qué?

—Las flores. ¿Por qué hoy?

Rhett pensó en cómo explicarlo. En Lucas diciéndole que siete años era demasiado. En el sol de abril y la tierra húmeda. En la expresión de Nora cuando salía con Cassidy y reía con esa risa que no usaba cuando estaba siendo cauta.

—Porque me cansé de no hacerlo —dijo.

Nora lo miró.

—¿Y qué significa eso exactamente?

—Significa que me gustaría cenar contigo. Solo nosotros dos. Sin el rancho y sin el consultorio y sin Dotty a dos metros.

Nora lo miró durante un momento. Rhett le sostuvo la mirada con la paciencia de quien ha esperado siete años y puede esperar los diez segundos que hagan falta.

—El sábado —dijo ella—. A las ocho.

—¿Dónde?

—Aquí no. —Miró el diner—. En el restaurante de los Patterson. El de la carretera del lago.

—A las ocho en el restaurante de los Patterson.

Nora cogió las flores y se levantó.

—Rhett.

—¿Qué?

—Son bonitas las flores.

Y salió.

Rhett se quedó en el taburete mirando la puerta un momento. Dotty le llenó el café.

—Ya era hora —dijo Dotty.

—Dotty.

—Solo digo.