Raíces y Ceniza (Harlow Creek 2) CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

Cassidy Mae Burns

La nueva enfermera llegó en marzo.

Se llamaba Cassidy Mae Burns, tenía veintisiete años y venía de un pueblo de Alabama que, según ella misma, era tan pequeño que Harlow Creek le parecía una metrópolis.

Llegó con dos maletas grandes, una bolsa de lona con lo que probablemente era toda su colección de discos de vinilo y la energía de alguien que no ha aprendido todavía que las primeras impresiones pueden condicionar todo lo que viene después.

Nora la recibió en el consultorio el primer lunes de marzo a las ocho de la mañana. Cassidy llegó a las siete cincuenta y cinco con dos cafés de Marsh's, uno para ella y uno que le tendió a Nora antes de presentarse.

—Cassidy Burns. Sé que eres Nora porque Dotty me describió a todo el pueblo en veinte minutos.

Nora cogió el café.

—¿Dotty te sirvió el desayuno?

—Dotty me sirvió el desayuno, me contó la historia del diner, me explicó quién es quién en el pueblo y me preguntó si tenía novio. —Cassidy la miró—. ¿Es siempre así?

—Siempre.

—Bien. —Se sentó en la silla de Patricia, que era la silla libre desde enero—. Me gustan los sitios donde la gente sabe lo que pasa.

Nora la miró durante un segundo.

—¿De dónde eres exactamente?

—Millbrook, Alabama. Cuatrocientas personas, una iglesia bautista, un supermercado y un bar. —Pausa—. El bar cerraba los domingos, lo cual lo hacía el sitio más útil del pueblo durante seis días y el más inútil el séptimo.

Nora no pudo evitar reírse.

—¿Por qué Michigan?

—Por el trabajo. Y porque necesitaba algo distinto. —Cassidy miró por la ventana—. ¿Neva mucho?

—Acabas de perderte el peor. Pero en noviembre te acuerdas de esta conversación.

—Lo tengo en cuenta.

Elliot apareció a las ocho y cinco, con el café de la máquina del fondo y la agenda del día en la mano. Vio a Cassidy y se paró.

—Cassidy Burns —dijo ella, sin esperar la pregunta—. Enfermera nueva. Empiezo hoy.

—Elliot Marsh. Médico. Llevo desde octubre. —Le tendió la mano—. Bienvenida.

—Gracias. —Cassidy miró a Nora—. ¿Son todos en este pueblo tan directos?

—La mayoría —dijo Nora.

—Perfecto. Me ahorra tiempo.

Cassidy Mae Burns se integró en el consultorio con la eficiencia de alguien que sabe lo que hace y no necesita que nadie lo compruebe.

Era buena enfermera, de esas que los pacientes prefieren a los médicos para ciertas conversaciones porque tienen esa manera de escuchar sin escribir en el ordenador al mismo tiempo.

Era también la persona más directa que Nora había conocido desde Adaia, lo cual en términos prácticos significaba que en su primera semana ya sabía más de la vida de Nora que algunas personas que llevaban años en el pueblo.

—Cuéntame lo del vaquero —dijo, un jueves de la segunda semana, mientras ordenaban el almacén de medicamentos.

Nora se paró.

—¿Qué vaquero?

—El del rancho Kellerman. Rhett. Dotty me habló de él el primer día y desde entonces he visto cómo te pones cada vez que alguien lo menciona.

—No me pongo de ninguna manera.

—Nora. —Cassidy la miró con esa paciencia directa que tenía—. Soy enfermera. Leo a la gente.

—Eso es lo que hace Dotty.

—Dotty y yo tenemos eso en común.

Nora ordenó tres cajas de sutura y las colocó en el estante.

—No hay nada que contar.

—¿Cuánto tiempo llevas diciéndote eso?

—Cassidy.

—Es una pregunta real.

Nora se apoyó en el estante.

—Siete años.

Cassidy asintió sin sorpresa.

—¿Y él?

—No lo sé. Nunca dice nada.

—¿Le has preguntado?

—No se pregunta eso así como así.

—¿Por qué no?

—Porque si la respuesta es no...

—¿Qué pasa si la respuesta es no?

Nora la miró.

—Que pierdo algo que llevo siete años teniendo aunque no sea lo que quiero tener.

Cassidy pensó en eso.

—¿Y si la respuesta es sí?

—Eso es diferente.

—¿Por qué es diferente?

—Porque si es sí, entonces los dos llevamos siete años perdiendo el tiempo.

—¿Eso te enfadaría?

—Sí —dijo Nora, y se sorprendió a sí misma de lo directamente que lo dijo.

Cassidy sonrió.

—Bien. El enfado es más útil que el miedo.

—Cassidy.

—Es verdad. —Cogió otra caja de sutura—. ¿Cuándo lo ves?

—Los viernes. En el rancho.

—¿Solos?

—Con toda la gente del rancho.

—¿Y fuera del rancho?

Nora pensó.

—En el diner. En el pueblo. No...— Se paró.

—No solos.

—No solos.

Cassidy asintió.

—Empieza por eso.