Raíces y Ceniza (Harlow Creek 2) CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

El viernes

Rhett llegó al rancho el viernes a las seis, que era lo normal, porque vivía allí, en la habitación del fondo del ala oeste que Bram le había cedido el segundo año y que tenía una ventana que daba al sur y una cama que era demasiado pequeña para alguien de su altura pero que ya no pensaba cambiar.

Se duchó, se puso la ropa que no era de trabajo, que en Harlow Creek consistía en vaqueros sin barro y camisa limpia, y fue a la cocina donde Adaia y June estaban haciendo algo con el pollo que olía bien.

—¿Puedo hacer algo? —preguntó.

—Siéntate —dijo Adaia.

—No me gusta sentarme cuando los demás trabajan.

—Pues mira por la ventana.

Rhett miró por la ventana. Los pastos del sur estaban dorados con la luz del atardecer y el río brillaba a lo lejos. Oliver estaba en el porche con Lucas, los dos con algo en las manos que parecía cerveza, hablando de algo que desde dentro no se oía.

—¿A qué hora viene Nora? —preguntó Rhett, con la vista en el río.

—A las siete —dijo Adaia.

—¿Viene sola?

Pausa breve.

—¿Por qué no iba a venir sola?

Rhett no respondió.

—Rhett —dijo June desde el fregadero, sin girarse—. Si tienes algo que decir, dilo. Si no, coge una cerveza y sal con Oliver.

—No tengo nada que decir.

—Entonces la cerveza.

Salió al porche. Oliver le pasó una sin preguntar. Lucas lo miró con esa expresión de saber más de lo que debería y tuvo el buen criterio de no decir nada.

Nora llegó a las siete y cuatro minutos, con una botella de vino de la zona y el pelo suelto, que era como lo llevaba cuando no estaba trabajando.

Rhett la oyó llegar desde el porche y tardó exactamente tres segundos en girarse, que era el tiempo que necesitaba para decidir que tres segundos era suficiente margen para no parecer que había estado esperando.

Nora saludó a Oliver y a Lucas y luego lo miró a él.

—Rhett.

—Nora.

Eso fue todo. Pero duró lo suficiente para que Oliver mirara a Lucas y Lucas mirara al techo y los dos se concentraran en sus cervezas.

La cena fue de las que Harlow Creek hacía bien: larga, con comida suficiente para que nadie tuviera prisa en levantarse, y conversación que saltaba de un tema a otro con esa facilidad de la gente que se conoce bien.

Bram preguntó a Nora por el nuevo médico.

Nora le contó lo poco que había que contar.

June añadió lo que Dotty le había dicho sobre Elliot, que era más o menos lo mismo pero con más énfasis en los detalles familiares.

—¿Es bueno? —preguntó Bram.

—Parece competente —dijo Nora.

—Dotty dice que es serio —añadió June.

—Dotty dice muchas cosas —dijo Adaia.

—Y suele tener razón —dijo Oliver.

Rhett no dijo nada sobre el médico. Comió el pollo y bebió el vino y siguió la conversación con esa atención periférica que tenía para todo lo que no quería enfrentar directamente.

Después de cenar, cuando Bram se fue al salón y Lucas se ofreció a fregar y June se fue a llamar por teléfono, Adaia desapareció discretamente con Oliver al porche y Rhett y Nora se quedaron solos en la cocina por primera vez en seis semanas.

Nora llenó el vaso de agua y se apoyó en el fregadero.

—¿Cómo está el alazán? —preguntó.

Era el tipo de pregunta que hacía cuando no sabía cómo empezar otra cosa.

—Bien. Se está adaptando.

—¿Le pusiste nombre?

—Bram dice que Copper.

—¿Y tú?

Rhett la miró.

—¿Qué?

—¿Tú qué nombre le pondrías?

Rhett pensó en el caballo con sus ojos desconfiados y su manera de resoplar ante cualquier cosa nueva.

—Scout —dijo.

Nora sonrió. No fue una sonrisa grande, pero fue la primera sonrisa real que Rhett le había visto en meses y le hizo algo en el pecho que prefirió no analizar demasiado.

—Scout está bien —dijo ella.

—Bram dice Copper.

—Bram no es el que lo trabaja.

—No.

Nora bebió el agua. Rhett se quedó de pie junto a la mesa con las manos en los bolsillos y el silencio entre los dos, que no era un silencio vacío sino del otro tipo, del que está lleno de cosas que ninguno de los dos ha dicho todavía.

—¿Estás bien? —preguntó él.

—Sí. —Pausa—. ¿Por qué?

—Porque en agosto dejaste de venir.

Nora lo miró. Él sostuvo la mirada.

—Estaba ocupada —dijo ella.

—En agosto todos estamos ocupados.

—Rhett.

—Nora.

Ella bajó el vaso.

—Necesitaba un poco de tiempo.

—¿Para qué?

—Para... —Se paró. Buscó las palabras—. Para aclarar cosas.

—¿Qué cosas?

Nora lo miró durante un momento. Y Rhett vio en su cara algo que reconoció porque lo había visto en el espejo durante siete años: alguien que sabe exactamente lo que quiere decir y no sabe si puede permitirse decirlo.

—Nada importante —dijo finalmente.

Y los dos sabían que era mentira.

Rhett asintió.

—Vale.

No dijo nada más. Y ese no decir nada ocupó todo el espacio de la cocina hasta que Lucas volvió del fregadero y el momento pasó como pasan los momentos cuando no los agarras a tiempo.