Capítulo cuarenta y ocho
Rick Aston y el sheriff Gallagher trabajaron contrarreloj. No durmieron aquella noche ni lo harían en las horas siguientes.
—Joder, mientras Margaret Caldwell siga en libertad, Emma Empey correrá peligro —repitió Patrick. Era su arenga personal, la zanahoria delante de sus narices que le impedía sucumbir al cansancio. Luke Jensen estaba en esos momentos con Emma, no podían dejarla sola.
El testimonio de la actual novia de Ethan sería el que confirmara la versión de Sarah. Era el patrón.
—Tiene que haber más novias.
—Lo sé, pero ahora no podemos buscarlas. Lo haremos cuando trabajemos con el fiscal —dijo Gallagher.
No añadió que esperaba que esas novias siguieran vivas.
—¡Ha llegado el informe del reloj! —Aston imprimió el resumen sin apenas mirarlo en el ordenador. Llevó las hojas a la caótica mesa que tenían delante.
Mientras mantuvieran retenido a Ethan, Margaret no huiría. Pero si, transcurridas aquellas cuarenta y ocho horas, no podían mantenerlo bajo custodia, existían muchas posibilidades de que ambos se dieran a la fuga.
Tenían los recursos, el dinero y, joder, Margaret contaba con el cerebro suficiente para escapar y esconderse muy bien.
—¿Cómo coño no lo vi? —gruñó Patrick.
—Hombre, acertaste con tu teoría.
—Pero siempre pensé que actuaba solo.
—Eso no es verdad —dijo Rick—. Fuiste tú quien insistía en que algo no cuadraba.
—Ethan no es el psicópata organizado. No planeó el crimen, respondió al impulso del momento. Mamá Caldwell es la psicópata organizada. Joder... ¿Qué dice el informe del reloj?
—¡ADN!
—Benditos sean tus labios.
—Pues no tanto. El ADN está degradado por el paso del tiempo; no hay material suficiente para una prueba concluyente.
—No podía salirnos tan fácil, ¿verdad?
—¿Y privarnos de tu teoría? Ja, ja. Venga.
Patrick leyó el informe.
—Dos ADN. Uno femenino y otro masculino. Algo es algo. Sirve. No es determinante, pero encaja. Tenemos un caso, y uno bastante sólido, joder.
—Tú explícalo y yo redacto el informe para el fiscal.
—Mierda, también tenemos que quitarnos de encima al fiscal. Estoy seguro de que lleva años recibiendo dinero de Margaret Caldwell. Él cree que solo está siendo un corrupto de tres al cuarto, pero resulta que el muy capullo ha sido cómplice de encubrimiento y obstrucción a la justicia.
—Deja que de eso se encargue el estado de Nevada, ¿vale? En cuanto apretemos un poco, la fiscalía asignará a otro abogado al caso.
—Eso espero.
Patrick se puso en pie, se sirvió más café y se tomó una aspirina de un trago. Necesitaban conseguir la orden contra Margaret Caldwell cuanto antes.
—Bien, esta será la hipótesis para la fiscalía.
—Rodeó la mesa y se plantó frente a una pizarra blanca cubierta de fotografías sujetas con cinta adhesiva y varios rotuladores—.
Ethan Caldwell tenía a su víctima: Sarah Bloom.
Había trabajado sobre ella durante años, minando su autoestima, aprovechándose de los rumores sobre su padre y de la amistad rota con CJ.
De ese modo, se aseguró de que Sarah no revelara su perversión a nadie.
Exactamente igual que hizo con Emma. —Señaló la fotografía de la señorita Empey.
—La perversión la describimos de acuerdo con la Escala de Evaluación de la Psicopatía de Hare (PCL-R). —Aston marcó la página correspondiente. Después sería trabajo de la Unidad de Ciencias del Comportamiento (BSU) y de los psicólogos de la defensa y la acusación sostener esa premisa.
—Sarah quería escapar. Comprendió que ya no tenía nada que perder y provocó a su agresor.
Algo que iba a costarle la vida, pero estaba dispuesta a correr el riesgo.
Lo desafía en público y Ethan Caldwell consigue contenerse a medias.
¿Los motivos? Podía matar a Sarah más tarde, sin testigos, y, sobre todo, con la aprobación de mamá.
Entonces… la aparición de Johana Hudson.
El parecido entre Johana, Sarah y Margaret lo serena; le confirma que perder a Sarah no significa echarlo todo a perder.
Es la primera vez que entiende que existe más de una mujer capaz de sustituir a mamá Caldwell.
—Menudo capullo retorcido —murmuró Rick mientras transcribía el informe.
—Esa noche coquetea con Johana. Pero, como ya dijimos, Ethan es el psicópata desorganizado.
Ha perdido los estribos, Sarah lo ha desestabilizado.
Quiere volver al punto en el que estaba con su novia sin analizar a la víctima.
Solo se fija en el parecido. No se plantea si Johana era vulnerable, si tenía a alguien a quien contarle sus perversiones...
Va a por ella sin pensárselo dos veces cuando sale del bar.
—¿Crees que Margaret le elige las novias?
—Sí. No eligió a Sarah, pero desde aquella noche se encarga ella misma de buscar su sustituta. Aunque eso quedará en el terreno de la especulación.
—Igual que confirmar si se ha tirado a su madre —añadió Aston.
—Retorcidos de cojones. Vale... —Patrick señaló el mapa que tenía detrás—. Johana comprende demasiado tarde que Ethan no va a llevarla a casa, que quizá pretende secuestrarla. Recordemos que necesita vestirlas como a su madre para completar su fantasía.
—Espero que el jurado tenga más estómago que yo —murmuró Rick.
—Johana echa a correr por el bosque. Aquí tiene lugar el primer forcejeo y pierde el colgante.
Aquí ocurre el segundo... —Gallagher cogió la fotografía del reloj, ya que este seguía en el laboratorio, y la pegó en la pizarra—.
Ella le muerde la muñeca a su agresor. Así acaban los dos ADN en la correa de cuero y Johana pierde el diente.
—Añadió a la pizarra la fotografía de la muñeca de Ethan con la vieja cicatriz que le enseñó a Mae en el hospital, cuando el muy hijo de puta fue a averiguar cuánto habían visto los chavales.
—La correa se rompe.
—En pleno frenesí no se da cuenta. Le golpea la cabeza a Johana contra una piedra y, una vez muerta, ya no le sirve. Comprende que la ha cagado e intenta arrastrar el cuerpo. Una vez más, es importante destacar que es un psicópata desorganizado.
—Sí, vale, no se les va a olvidar —sonrió Rick.
—Es que, si no, Margaret puede irse de rositas.
Tenemos que dejar claro hasta la saciedad que Ethan es incapaz de llevar a cabo un encubrimiento complejo.
Arrastra el cuerpo, no se da cuenta de que ha perdido el reloj ni de que ha roto el colgante.
Quiere llegar a la camioneta con Johana en brazos para llevarla a casa y que mamá lo arregle todo, pero entonces cae en la cuenta de la distancia que ha recorrido y de lo difícil que sería sacar el cuerpo de la muchacha del bosque.
Cuando encontramos el cadáver, la doctora Cross tuvo que acercarse en bicicleta.
El camino impide el paso de vehículos todoterreno.
Transportar el equipo fue una de las tareas más engorrosas que me ha tocado hacer en la vida.
—Deja el cuerpo allí y llama a su madre. —Aston puso los ojos en blanco y canturreó la canción de Queen—: «Mama, I just killed a man» . O woman , lo que sea.
—Menos mal que eres detective y no cantante.
—Vete a tomar por culo —rio Rick.
—Pero sí, llama a su madre. Tiene que salir del bosque. Si hoy en día no hay cobertura allí, diez años atrás mucho menos. Al abandonar la escena, recuerda todavía menos el terreno y dónde ocurrió cada cosa.
—Si hubiera estado solo, lo habríamos detenido hace años.
—Y yo no tendría esta migraña de cojones.
Margaret acude en su ayuda. Arrastran juntos el cuerpo unos metros más allá, lejos de la escena real.
No lo entierran de forma ceremonial porque, primero, son incapaces de sentir empatía y, segundo, porque la señora Caldwell siempre tuvo la intención de hacerlo pasar por un accidente.
—Si encontraban el cadáver, claro.
—Exacto. Cavan una tumba hasta donde les alcanzan las fuerzas, dejan allí a Johana y se marchan.
Margaret sabe que Ethan ha perdido el control, que es peligroso en ese estado y que también matará a Sarah en un arrebato violento.
Necesita que se calme, porque una desconocida sin vínculos es mucho más fácil de ocultar...
—Pero la novia... La pareja siempre es el principal sospechoso —completó Rick.
—No pierde el tiempo. Busca a Sarah, le entrega todo el dinero en efectivo que tiene en casa y la echa del pueblo. Sabe que no volverá; les tiene más miedo que a nada en el mundo y, además, lo ha perdido todo. Un padre borracho, una amiga a la que ha traicionado...
—Joder, estuvieron a punto de salirse con la suya, ¿verdad?
—A punto. Porque al día siguiente, el niño bueno de Ethan se da cuenta de que ha perdido el reloj y no recuerda dónde.
Seguramente volvieron un par de veces al lugar y buscaron por la zona.
Es más, me consta que Margaret hace senderismo casi a diario, empiezo a sospechar que pretende algo más que mantenerse en forma.
Sin embargo, el hecho de remover el terreno podía llamar la atención de la gente, de los perros de caza o incluso de los animales carroñeros que podían encontrar el cadáver, darse un festín y alertar a los vecinos.
Así que Margaret opta por la solución más sencilla. Dinero no les falta; poder, tampoco...
—Busca hacerse con los terrenos, convertirlos en su propiedad y conseguir así el control absoluto de la escena del crimen.
—Mi suegro y Whitmore le estropean el plan. Ella presiona al fiscal Andrew Keller, disfraza de simple ambición lo que en realidad es complicidad en un asesinato y nadie sospecha de ella. —Patrick hizo una pausa—. Ni siquiera yo, joder.
—¿Cómo ibas a imaginarlo?
—Fue ella quien intentó atropellar a Mae. Por eso Ethan tiene una coartada. Es Margaret quien limpia las escenas de los crímenes de su hijo. Mientras siga en libertad, Emma y mi hija estarán en peligro.
—No lo estará —dijo Rick al poner punto final al informe—. El caso es sólido. Puede que el ADN no sea concluyente, pero la suma de testigos y de pruebas físicas respalda la hipótesis. Los tenemos.
—Los tenemos.
Y Patrick Gallagher sintió que, por fin, volvía a respirar.