Raíces Capítulo cuarenta y siete
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Capítulo cuarenta y siete

Cris no había podido quedarse con Bran. El bebé estaba ahora en brazos de CJ, como si el tiempo y el espacio se hubieran disuelto y ella fuera la tía que debió de ser desde el momento de su nacimiento.

Walter preparó café. Mae estaba con Siete Millas sentada en una esquina de la encimera, observando los rasgos de la recién llegada y pensando exactamente lo mismo que su padre: que se parecía muchísimo a Johana Hudson.

—Chuck ha mejorado mucho en los últimos meses. Lo está intentando —dijo el hombre.

—Me alegro por él —respondió Sarah con cierta frialdad—, pero a la única que le debo explicaciones es a CJ. Mi padre tiene su parte de responsabilidad. Tú... —añadió mirando a su amiga—, tú no.

—No me debes ninguna explicación, Sarah. Jolín, cuando encontraron el cuerpo...

CJ volvió a abrazarla igual que lo había hecho un centenar de veces desde que la mujer había cruzado la valla del rancho.

Sarah rompía a llorar cada vez.

No podía creer que Claire no le guardara rencor.

—Así que sales con el sheriff guapetón —bromeó, intentando no volver a llorar.

—Han pasado muchas cosas. Estoy divorciada.

—Seguro que era un capullo. Tú no puedes tener la culpa de nada.

CJ rio.

—Solo tú puedes ser tan leal.

Volvió a acariciar la cara de Bran.

—Es tan mono... ¿A que sí, Mae?

—Tu hija también es muy mona.

Sarah le sonrió. Mae la imitó con timidez, intentaba encajar la idea de relación madrastra-hijastra con los preconceptos que existían. CJ era lo opuesto a las madrastras de los cuentos de hadas.

—Cuando escuché lo que dijiste en los medios, cuando pensé que podías perder a una hija, supe que, por mucho que volver me destrozara, te lo debía.

CJ apenas pudo respirar. Ya había perdido una hija y había pasado por todo aquello completamente sola. Había necesitado a Sarah entonces y, aun así, seguía siendo incapaz de guardarle rencor.

En ese momento, la felicidad de tener a Bran en brazos, a Mae cerca y a su vieja amiga de vuelta era más grande que cualquier dolor del pasado.

Daicy también estaba allí, presente en el recuerdo de que el sufrimiento forma parte de la vida; de que, si el precio de no sufrir es no sentir, no amar, entonces no merece la pena.

Ella había vuelto a amar.

Y el responsable de que así fuera acababa de cruzar la puerta del rancho.

—Patrick.

El sheriff se detuvo en seco al ver a CJ con un bebé en brazos.

Un millón de emociones lo atravesaron, incluso la ira. Si la presencia de Sarah hacía sufrir a CJ, prefería renunciar a esa pieza de la investigación.

Pero, al acercarse, comprendió que sus temores eran infundados.

Su Claire no sufría.

Brillaba.

Era feliz como solo ella sabía serlo: con sus claroscuros, con el dolor y la alegría en equilibrio, con el pasado todavía abierto en canal y la firme decisión de sanar.

Mae corrió hacia él.

Ella sí estaba conmocionada, igual que él. Dividida entre la rabia y la esperanza, hecha un nudo de emociones.

Le dio un beso en la frente y sonrió.

—Ser Gallagher es una mierda, ¿verdad? —le susurró.

—Sí. Odio parecerme a ti —gruñó Mae antes de darle un suave puñetazo en el pecho.

CJ rio.

Walter también.

Después de devolver a Bran a los brazos de Sarah, CJ estrechó entre los suyos a una posesiva Mae.

—Bien, cerremos de una vez este maldito caso —propuso el sheriff, sin rodeos—. Aston se ha quedado con Ethan. Podemos retenerlo cuarenta y ocho horas, de las cuales ya hemos gastado doce sin ningún avance. De verdad me vendría bien saber qué tienes que contarnos, señorita Bloom.

—Se lo contaré a CJ y solo a ella. ¿Es posible?

—Sí, claro. Nadie puede obligarte a declarar, pero tu testimonio tendrá mucho más peso si forma parte del procedimiento, y sé que quieres atrapar a Ethan tanto como yo. Sé que te pegaba, Sarah.

CJ miró a su amiga con horror. No lo sabía.

—¿Es verdad?

Sarah no respondió.

—Vale. Se lo contaré primero a ella y después a usted.

—O puedes contárselo a ella mientras yo estoy presente como testigo.

En ese caso, si tú das tu consentimiento, puedo grabar la declaración.

Después tendré que transcribirla y tú firmarla.

Recuerda que, si hay algo en ella que pueda incriminarte, tienes derecho a un abogado.

Todo lo que digas podrá utilizarse en este caso.

Si haces una declaración formal, ya sea ante CJ o ante la policía, pasarás a ser testigo del procedimiento y podrán llamarte a declarar.

Lo que digas en el juicio será bajo juramento y, si contradice esta declaración, podrías meterte en problemas. ¿Entiendes tus derechos?

—Sí.

—¿Quieres un abogado?

—No. Puede grabar mi conversación y tomarla como declaración. Puede llamarme a declarar y hacerme todas las preguntas que quiera. Pero para mí es importante que CJ sea la primera en conocer la verdad.

CJ le cogió las manos a Sarah, conmovida.

—Bien, Patrick —intervino Walter—, tú te encargas del café. Mae y yo nos iremos arriba a ver una película con Siete Millas y Bran. Saldríamos a dar un paseo, pero ya sabes...

—Todavía cojeo —se quejó Mae.

Patrick dejó el móvil en el centro de la encimera y pulsó el botón de grabación. Le dedicó una última mirada a CJ, una promesa silenciosa de que estaría allí, a pocos metros, y de que pondría fin a aquello si veía que le removía demasiadas emociones.

Ella respondió con una sonrisa.

Verla con Bran en brazos había causado un profundo impacto en Gallagher.

Era consciente de que CJ sufría, de que seguía teniendo muy presente el recuerdo de Daicy y de lo cerca que habían estado de perder a Mae.

Detestaba verla tan vulnerable, del mismo modo que admiraba que esa vulnerabilidad nunca se interpusiera entre sus deseos y lo que consideraba correcto.

Las dos mujeres se sentaron, una a cada lado de la isla de la cocina, con sus tazas de café humeantes entre las manos, y él se retiró a la zona del sofá.

Guardó silencio. Se prometió no intervenir.

Sarah había aceptado responder cualquier pregunta que pudiera quedar en el aire, a cambio, solo pedía que le permitieran contarle primero su versión a CJ.

Era lo mínimo que podían hacer por ella.

Esa sensación no hizo más que intensificarse a medida que avanzaba su relato. Tanto, que la euforia por haber encontrado por fin la pieza que faltaba en su puzle quedó completamente eclipsada por la empatía que despertaban Sarah y la vida de sufrimiento que había soportado.

Esta fue la transcripción de la grabación que quedó incorporada al expediente:

Voz de Sarah Bloom:

Voy a empezar por el principio, aunque esa parte de la historia ya la conozcas.

Éramos amigas, mejores amigas. Fuiste la primera en tenderme la mano cuando los demás me consideraban una paria por ser hija de mi padre o me miraban con pena.

Tú no lo hiciste, CJ. Tú simplemente me invitaste a sentarme a tu lado en el autobús y, desde ese momento, me regalaste un sitio, un grupo al que pertenecer, una amiga.

En aquel entonces salías con Ethan. (Pausa).

Salías con Ethan Caldwell. Era el chico popular de Careyville, pero también del instituto.

Rico, guapo, majo… Yo estaba muy feliz por vosotros, me parecía la historia perfecta.

La chica guapa con el chico guapo, como debía ser.

Me contentaba con solo formar parte, con ser la feliz actriz secundaria que aportaba algo de color y bromas.

Pero Ethan comenzó a fijarse en mí. Su atención me dividió en dos. Sentía una enorme culpa por fallarte. Me habías dado todo y yo te pagaba enamorándome de tu novio, a la vez que experimentaba por primera vez la sensación de ser la protagonista.

Puedo decir que las películas adolescentes me quemaron las neuronas o que quizá fue el ideal romántico…

Serían puras patrañas. Nada tiene que ver con eso, porque tú has nacido en esta sociedad y no tienes el cerebro quemado, ¿verdad?

No, lo que sucedió es que, como esos tragos que te emborrachan de un solo sorbo, mezclé, en lugar de tequila, vodka y ron, trauma, manipulación y culpa, y me lo bebí.

Me lo bebí y me merecí la resaca.

(Pausa extensa)

Te quité el novio, CJ, y el remordimiento no me impidió disfrutar del amor de Ethan.

Incluso puedo decir que lo condimentó, le añadía esa sal de lo prohibido que exacerbaba las emociones.

Ethan me recordaba a cada instante que, si no nos amáramos tanto, hubiéramos podido renunciar a lo nuestro por ti; pero era imposible, porque nuestro amor era demasiado grande, demasiado intenso…

Ni siquiera el cariño que te teníamos podía romperlo.

Y nos entregamos a él. O, al menos, yo lo hice.

Y te herimos. O, al menos, yo lo hice.

La culpa siempre fue una integrante más de nuestra relación y pronto se convirtió en mi prisión.

No lo vi venir. Ethan inició el proceso de aislamiento característico de las relaciones violentas.

Lo sé ahora, años después, pero no lo vi en aquel momento.

Mediante la culpa, me alejaba de ti, de mi única amiga, de la única persona que podía salvarme de sus garras y que me creería si le decía que él no era el chico guapo y majo que todos veían.

«No hables con CJ de nuestros problemas, ¿entiendes que la herirás?

», «¿No te bastó con robarle el novio como para que ahora quieras ir a llorarle?

», «Ya quisiera CJ tener tus problemas, Sarah, ella está sola y está sola por culpa nuestra».

Guardé silencio cuando aparecieron los primeros indicios de violencia.

Temía perderte más de lo que ya te había perdido.

Tú intentabas esconder el dolor, pero yo te conocía demasiado bien como para no verlo.

Sé que me perdonabas por quitarte a Ethan; incluso te alegrabas por mí, porque tú siempre fuiste la mejor persona de los tres. El problema era precisamente ese…

(Pausa)