Raíces Capítulo veintiocho #2
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Capítulo veintiocho #2

—Y da mejor resultado. A que sí. —Patrick dio un sorbo a su bebida—.

El tema es que yo tengo que presentar un montón de pruebas para conseguir una jodida muestra de ADN, ¿entiendes?

—le dijo, en tono de cómplice frustración—.

Y hable con Bill sobre el caso de Sarah.

Él no cree que sea ella, así que no me ayudó mucho.

—Bill siempre piensa lo mejor de las personas, todos confiamos en su criterio.

—Es que la vio un camionero a la madrugada, al parecer se marchó haciendo autostop. Antes de esto, sé que estuvo aquí… —hizo el comentario como si tal cosa, de hecho, se apresuró a agregar con una sonrisa—: como todo el pueblo. De hecho, creo que mi hija está allí, en el viejo granero.

Eso bastó para que Morrison no se pusiera a la defensiva.

—Sí, sí. Venía a menudo por aquí.

—¿Sola?, ¿con Ethan?, ¿con CJ?

—Hubo un tiempo en que venían los tres, eran inseparables. Hasta que… bueno…

—Tranquilo, hombre, que estoy al tanto. Hasta que Ethan decidió que prefería a Sarah antes que CJ.

—Sí. A veces se los veía a los tres, intentaron que la amistad no se dañara, pero supongo que esas cosas pasas —dijo Hank. Patrick asintió. Una vez más el motivo de los celos se presentaba como una posibilidad. Él quería preguntar por CJ, pero consiguió mantener el profesionalismo.

—Tal parece que no solo se dañó la amistad, ¿verdad?, esa noche Sarah y Ethan discutieron, ¿no es así?

—Sí, una discusión bastante animada.

—¿Recuerdas el motivo?

—No escuché bien. Estaba la rockola encendida y, además, Ethan hacía lo posible porque Sarah bajara la voz —dijo el hombre.

—¿A qué hora fue, aproximadamente?

—Mmm, quizá a las diez de la noche. Aquí cierro a medianoche y luego de la cena es cuando la gente viene a pasarla bien. Ya sabe… por eso había música y bastante gente.

—¿Cómo la viste a Sarah después de la discusión?, ¿hablaste con ella?

—No, ella se fue sola.

Patrick asintió. Luego compuso un gesto como si pensara.

—¿Seguro? Quizá no te acuerdas bien, pasaron diez años y nadie puede reprochártelo. Pero, hombre… tú mismo lo has dicho, esto es más una sesión de psicólogo que un bar. La has visto mal, tienes don de gente…

Morrison asintió.

—Tienes razón, hombre. Es que ni lo pensé. Sí fui tras ella para preguntarle si estaba bien, si quería que le diera un aventón. Pero ella me dijo que no. Estaba en su bicicleta.

Ese dato era nuevo, ¿dónde coño estaba la bicicleta?, ¿alguien había comprobado si estaba en su casa, lo que probaría que regresó hasta allí? Joder con esa investigación.

—Vale, entonces se fue cabreada del bar. ¿Ethan?, ¿él no fue tras ella, no quiso remediar las cosas?, ¿no fue un poco caballeroso de ofrecerse a llevarla a casa? No me pareció de esos que son capullos.

Hank Morrison rio.

—Ethan puede ser bastante capullo, sheriff. No es malo, pero es un niñato mimado que quiere que todo se haga a su manera y su madre le da todos los gustos. ¡Claro que ni pensó en acompañar a Sarah! No, señor. Se quedó aquí, ligando con otra muchacha.

—¿Con quién?

—Una turista. No recuerdo el nombre, solo que era guapa. Aquí los turistas resaltan, ¿sabe? Somos tan pocos…

—Ya lo creo. Se quedó mucho con la muchacha.

—Hasta que cerramos. A ella sí le ofreció un aventón —dijo Hank, elevando las cejas.

—Entiendo. Cuando cerraste, ¿viste algo extraño?, ¿algún movimiento?, ¿a Sarah?

Hank Morrison negó.

—Mire, sheriff. Si es Sarah, fue su padre. No le dé más vueltas, consiga su ADN y tiene su asesino.

—Gracias por tu tiempo, Hank. Sé que es una putada remover todo esto, pero es necesario. Nunca se sabe cuándo será uno el que necesita justicia.

—Lo entiendo, sheriff.

Patrick recogió su sombrero listo para marcharse. Se detuvo antes de cruzar la puerta.

—¿CJ estaba aquí esa noche?

—No, sheriff. Estaban solo ellos dos.

—¿Crees que CJ le guardara rencor a Sarah por lo de Ethan?

Hank Morrison soltó una risotada.

—Venga, hombre, vives con ella. Ya sabes cómo es…

—Pero tú eres el psicólogo, ¿recuerdas? —lo animó a hablar. Hasta consiguió componer una sonrisa.

—No, CJ no le guardaba rencor a ninguno de ellos.

Al contrario, CJ estaba muy feliz de que Sarah estuviera con Ethan, un buen chaval en ese entonces, con los recursos para ayudarla a cumplir sus sueños.

Se querían mucho CJ y Sarah. Le dolió mucho que se distanciaran de ella, cuando ella jamás se los reprochó.

—Vale, gracias. Suena exactamente a cómo es CJ, ¿no?

—Usted lo ha dicho, sheriff.

—Una última cosa, ¿cómo sabes que eso era lo que sentía CJ?

—Ella me lo dijo, por supuesto.

—¿Una de esas veces en las que tú acompañas a muchachas vulnerables fuera del bar para ver si ligas?

El gesto de Hank Morrison se transmutó, Patrick Gallagher dejó de actuar el papel de sheriff extranjero e inofensivo. En sus ojos miel se traslució el más profundo desprecio y la más certera amenaza.

—No tengo más preguntas, Hank —dijo, componiendo una sonrisa una vez más—, espero que la próxima vez que conversemos sea con una cerveza de por medio.

Una clara advertencia de que, si volvía por la denuncia de alguna mujer, la charla tendría lugar en la comisaría.

—Que así sea, sheriff. —La voz le tembló un poco al responder.

Patrick dio un toque a su sombrero y se marchó. Le tocaba relevar a Luke y luego… luego enfrentar el frío muro que había montado CJ entre los dos.