Raíces Capítulo veintisiete
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Capítulo veintisiete

Patrick aprovechó el trayecto para abordar el asunto.

Entendía que, en un pueblo como Careyville, la gente daba por hecho que estabas al tanto de la vida de los demás; sin embargo, no había esperado enterarse por boca del viejo sheriff de la relación de Sarah con Ethan.

Del mismo modo, también le había sorprendido que Sarah sufriera violencia intrafamiliar.

—Sé que intentas no afectar a mi imparcialidad, pero detalles como que Sarah salía con Ethan Caldwell son fundamentales para la investigación. —Intentó que no sonara como un reproche.

CJ no pareció molesta por la reprimenda.

—Lo entiendo, solo que, hasta que no sepamos si es Sarah, siento que remover el pasado no nos traerá más que dolor.

—Necesito remover el pasado para saber si es Sarah, CJ.

Ella asintió y centró la atención en la carretera, quizá como un intento de evitar el contacto visual.

Esa repentina distancia lo irritó más de lo debido.

Estaba acostumbrado a que la gente reaccionara a la defensiva ante él, era algo que venía con el uniforme y la placa.

Pero, cuando se trataba de CJ, le molestaba.

—Por lo visto, no soy el único al que le han ocultado cosas. ¿Cómo llevas haberte enterado de que Sarah sufría violencia?

—Mal.

El silencio se volvió tenso. Gallagher apoyó la cabeza en el respaldo y aceptó ese golpe de frialdad por parte de CJ.

Claire, por su parte, estaba conmocionada.

No esperaba que Sarah tuviera tantos secretos.

Se sentía fatal al respecto. También se sentía mal por Patrick.

No había querido mostrarse arisca con él, pero, joder…

era tan difícil que removieran las heridas con esa precisión quirúrgica.

Entendía que fuera su trabajo y hasta pensaba que lo hacía condenadamente bien.

Bill no habría hablado tanto de haber tenido a alguien más amable delante.

No obstante, eso no hacía la situación menos dolorosa.

—Estoy cabreada con Sarah —reconoció CJ, tomando la calle principal que llevaba directamente a la comisaría—. Solo espero que esté viva, que la mujer del bosque sea otra, para poder seguir enfadada con ella.

—¿Por marcharse?

—¡Por no decírmelo, joder! —Golpeó el volante con frustración—. Si su padre la maltrataba, debería habérmelo dicho. Antes solía quedarse en casa cuando Chuck bebía demasiado. Quizá no fuera la solución definitiva, pero sí una temporal hasta que lo resolviéramos juntas…

Patrick no pudo evitar fijarse en una palabra:

—¿Antes? ¿Antes de qué?

—Antes de Ethan, antes de que se distanciara de mí.

CJ aparcó frente a la comisaría. Patrick se sintió incómodo al tener que recordarle que aún necesitaba que lo llevara a Ponderay a por una batería nueva. Prefirió, en cambio, completar el cuadro de la investigación.

—¿Por qué os distanciasteis?, ¿pasó algo entre vosotras? —La pregunta lo hizo sudar. Se dio cuenta de que se acercaba demasiado a una línea que no quería cruzar.

—No. Es decir, sí, pero no. —CJ apagó el motor y se volvió hacia él—. Yo salí con Ethan antes que ella —confesó, y Patrick sintió que el mundo se le abría bajo los pies—. Ya sabes, aquí al final todos terminamos liándonos con todos…

El sheriff la miró fijamente y, por primera vez en su vida, se quedó sin palabras. No quería preguntar ni indagar. No quería saber la verdad. Prefería la ignorancia antes que una verdad que los hiriera a los dos.

CJ le sonrió, una de esas sonrisas suaves que intentan restarle importancia a cualquier asunto.

Esas sonrisas que, como ella misma le había advertido, escondían algo oscuro.

Las usaba cuando quería disimular su tristeza, cuando guardaba secretos o cuando lo miraba con más deseo del que estaba dispuesta a admitir.

En ese momento, Patrick no era capaz de descifrar qué ocultaba CJ, y eso lo inquietó.

—¿Sarah te quitó el novio? —preguntó.

Pero su cabeza ya encajaba las piezas: mejor amiga, traición… el caldo de cultivo perfecto para un crimen.

—Bueno, dicho así suena bastante mal. Sarah no me «quitó» el novio, Ethan y ella empezaron a salir quizá de manera algo solapada a la ruptura entre Ethan y yo. Echarle la culpa solo a ella es algo injusto. Para bailar un tango hacen falta dos…

—Ya lo creo.

—Lo siento, no quise…

—No te preocupes, ya no duele. —Nunca dolió, pensó, aunque darse cuenta de que CJ había estado con Ethan diez años atrás le dolía más que la infidelidad de su ex. Y ahora ella confesaba tener un posible motivo—. Imagino que te enfadarías.

—No —sonrió—, en absoluto. Se lo dije a ambos: si ellos eran felices, yo también lo sería.

Patrick ladeó la cabeza. O CJ mentía o era la persona menos rencorosa del mundo. Y su experiencia le decía que la gente así no existía.

Pero ella… ¿era la excepción?

—¡Venga ya!

—De verdad, Patrick. No me importó. Al menos no eso. No es que estuviera enamorada de Ethan ni nada parecido.

—No eso … —remarcó él. Era incapaz de no notar cómo el inconsciente de CJ se colaba en cada frase.

—Es que… vale. Cuando empezaron a salir, la situación se volvió incómoda. Yo sobraba, ¿sabes? Y ellos parecían no querer quedar conmigo. Eso fue lo que dolió. Éramos tres para todo y, de repente, me quedé sola…

Patrick mandó la investigación a la mierda. Extendió los brazos y tiró de CJ para abrazarla. Ella se dejó llevar. Le habían fallado todos: Sarah, John, sus amigas de Montana…

Odiaba la situación. Odiaba lo que dijo a continuación:

—Sabes que tendré que hacerte estas mismas preguntas en la comisaría, ¿verdad? Dime que lo entiendes…

CJ deshizo el abrazo y lo miró a los ojos.

—¿No pensarás…?

—No, no lo pienso. Pero ese es el problema, CJ, contigo no pienso en absoluto.

Sus ojos bajaron hasta los labios de ella. El deseo de besarla le quemaba la piel. Por suerte, la había fastidiado. No haría falta resistirse. Si se acercaba, CJ le daría una merecida bofetada.

—Si quieres, puedo pasar el polígrafo, sheriff. Tú dirás, ¿antes o después de que vayamos a por tu batería?

—CJ…

—Pues será después, porque si tienes que detenerme, ¿quién te va a llevar?

Cabreada como pocas veces en su vida, CJ arrancó el motor y condujo hacia Ponderay.

Gallagher soportó el silencio, incluso lo aprovechó para pensar.

Había pasado de no tener ni un hilo del que tirar a estar completamente enredado en los problemas del pueblo.

La lista de sospechosos sumaba uno más: Chuck Bloom, Ethan Caldwell, Hank Morrison, Vernon Pike… y ahora Claire Juniper Barlow.

Mierda.