Raíces Capítulo veintiséis #2
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Capítulo veintiséis #2

—Yo sí —respondió JoAnne—. La he visto un par de veces cuando he ido a Ponderay.

—¿Pertenece a la clase de los Caldwell o a la de los Bloom? —insistió Patrick.

—Diría que está más cerca de los Bloom que de los Caldwell.

—Todos están más cerca de los Bloom, JoAnne —replicó Hawkins—. Los Caldwell tienen demasiado dinero. Si hasta quieren comprar el condenado bosque. Pero ¿qué tiene que ver la novia nueva con Sarah? Lo de Sarah fue hace diez años.

Gallagher no respondió. A menudo hacía preguntas que no llevaban a ninguna parte… o eso parecía.

—Volvamos. Entonces, Caldwell se presenta y dice que no ve a Sarah desde hace dos días, pero no interpone una denuncia.

—No. Habían discutido, así que pensó que Sarah lo estaba castigando con su silencio.

Patrick sintió un escalofrío.

—¿Qué tipo de discusión?

—Celos, supongo.

—Supone… —y la tensión entre los dos hombres volvió a crecer. Patrick estaba juzgando el desempeño del sheriff, no podía evitarlo.

—Mire, Gallagher. Ethan y Sarah discutieron delante de una decena de personas. No tenía nada que preguntar allí ni él nada que ocultar. Si no, ¿por qué iba a presentarse a preguntar por Sarah?

—¿Para desviar la atención? —siseó Patrick.

—Bah, me parece que ya tienes una idea formada en la cabeza —se quejó Bill.

—Al contrario, ahora mismo no tengo ni una puñetera idea…

—¿Más café? —intervino CJ. Su sonrisa ayudó a rebajar la tensión. Patrick respiró, tendría que agradecérselo después.

—Me vendrá bien.

—Yo necesito un whisky… ¿Puedo beber o se usará en mi contra? —gruñó Bill.

—Calma, cariño, no te conviene enfadarte tanto.

—Puedes beber si te apetece. Esto no es un interrogatorio, sino una charla amistosa entre colegas —dijo Patrick.

—¿Ah, sí? No lo parece. Pero sigue, sigue… Yo me tomaré el primer whisky del día.

—¿Quiénes oyeron la pelea entre Ethan y Sarah?

—Puf… no recuerdo todos los nombres, algunos eran turistas. Pero Hank Morrison seguro, porque fue en su bar.

Patrick anotó el dato.

—Vale, ¿qué declaró Hank Morrison en su momento?

—Que los oyó discutir, alzar la voz, y que Sarah salió cabreada del bar…

—¿Ethan la siguió?

—Que Hank supiera, no.

—Pero en algún momento Ethan también salió del bar, ¿verdad?

Algo en la tensión de CJ hizo que Patrick la mirara. Notó que se esforzaba por callar, pero quería decir algo. Maldición, debería haber sido más profesional y haberle pedido que se fuera a la cocina. Ya era tarde.

—¿Qué pasa, CJ? —preguntó, resignado.

Los tres se miraron. Patrick contuvo el impulso de bufar.

—Hank Morrison tiene una forma de ser que…

—¿Que qué? —insistió.

—Pues… no sé cómo decirlo sin que suene mal…

—Que suene como tenga que sonar, CJ —dijo él, conteniendo el enfado. A veces, la amabilidad de CJ lo sacaba de quicio. ¿Cómo podía seguir siendo tan buena cuando la vida la había tratado tan mal?

—Hank Morrison suele aprovecharse de las mujeres cuando están vulnerables para intentar ligar —dijo CJ al fin.

—¿Hawkins? —Patrick se volvió hacia el viejo sheriff.

—En efecto. Morrison salió tras Sarah cuando ella abandonó el bar para «consolarla».

Patrick se apretó el puente de la nariz. Otra migraña en camino. ¿A nadie le había parecido relevante mencionar que podían tener a un depredador sexual en el pueblo?

—O sea que Morrison, un tipo que se aprovecha de mujeres vulnerables, fue el último en ver a Sarah con vida.

—No —respondió el sheriff—. El último en verla con vida, Gallagher, fue Vernon Pike.

—¿Y quién coño es Vernon Pike?

Sintió la mano de CJ en su antebrazo y se dio cuenta de que el enfado se le notaba demasiado.

—Un camionero. En aquel entonces hacía la ruta desde Ponderay hasta el puerto de Oregón transportando madera. Recogió a Sarah en la carretera, haciendo autostop. Por eso, Gallagher, no abrí ningún caso de desaparición: Sarah se fue por sus propios medios.

«O la mató el camionero y la tiró en el maldito bosque», pensó Gallagher, pero se calló.

—Veamos, hagamos un repaso —dijo en cambio, más calmado—. Sarah discute con Ethan, su novio, esa noche. Se marcha del bar, Morrison la sigue e intenta ligar con ella; Sarah se deshace de él… ¿Hay pruebas de cuánto tiempo estuvo Morrison fuera con Sarah?

—No mucho, porque los clientes habrían notado su ausencia y nadie pareció hacerlo.

—Vale, no me queda más remedio que aceptar eso como un hecho. Entonces, Sarah se libra de Morrison, va a su casa, recoge un par de cosas y se marcha de Careyville. Debió de ser una discusión bastante fuerte, ¿no crees?

—Sarah tenía muchos motivos para irse —comentó JoAnne.

—Claro que sí, pero ¿para irse en mitad de la noche, de manera apresurada? ¿Cómo la vio Pike?

—Dijo que Sarah estaba nerviosa, que cargaba solo con un bolso pequeño y que la llevó hasta cruzar a Oregón. Allí se bajó y no volvió a verla.

—¿Recordaba a qué hora la recogió?

—De madrugada, antes de que saliera el sol.

—Pero el bar de Morrison cierra a medianoche, eso hasta yo lo sé… ¿Qué hizo Sarah en el tiempo que pasó desde que salió del bar hasta que subió al camión de Pike?

—¿El bolso?

—Un bolso pequeño… ¿Chuck no la oyó prepararlo?

—Dice que le pareció oírla y que está seguro de que esa noche pasó por casa, pero estaba borracho y no recuerda la hora.

—¿Nunca quiso denunciar?

—Al principio sí. Quería denunciar a Ethan, decía que la tenía secuestrada. Por supuesto, no era verdad. Cuando le conté lo de Pike, él mismo fue a hablar con el camionero y lo confirmó. Se convenció de que Sarah se había ido, pero siguió culpando a Ethan.

—¿Qué motivos tenía para culpar a Ethan?

—Vamos, Gallagher, Bloom es un borracho, un mal padre y vive en una casa que se cae a pedazos…

—La pena cruzó la mirada de CJ al oír aquello, le dolía recordar cómo había vivido su amiga—.

Chuck sabía que él era el motivo por el que Sarah se había ido.

Necesitaba culpar a otro para sentirse menos miserable.

«O para tapar su propio crimen».

—Cuando dices que Bloom era un mal padre, ¿te refieres a algo más, además de su pobreza y su alcoholismo?

—¿Le parece poco, Gallagher?

—No, pero debo preguntarlo. ¿Había algún motivo por el que Bloom pudiera haberle hecho más daño a Sarah que el daño psicológico de ser un borracho?

El silencio fue más que elocuente. JoAnne fue quien lo rompió.

—Se decía que Bloom golpeaba a Sarah.

CJ pareció sorprendida, no lo sabía.

—¿De verdad? —se le escapó, incapaz de mantener la imparcialidad.

—Ya sabes, yo voy a Ponderay con frecuencia. La he visto ir al médico allí y, en ocasiones, le noté moratones…

—Ella nunca denunció nada —dijo el sheriff.

—¿Quién denuncia los casos de violencia intrafamiliar, Bill? —replicó su mujer.

—El caso es que todo esto es en vano. Sarah se marchó, quizá porque su padre la golpeaba, su novio no quería casarse para sacarla de casa y no tenía a nadie más a quien recurrir.

CJ bajó la mirada, apenada. ¿Por qué no había recurrido a ella?

—¿De dónde sacas que Ethan no quería casarse? ¿Ese fue el motivo de la discusión?

—No lo sé, hombre, joder. Es una suposición, pero basada en lo que dijo Hank Morrison sobre esa noche.

Cuando volvió de despedir a Sarah, Ethan coqueteaba con otra mujer en el bar.

Allí mismo. No habían terminado de discutir con Sarah y él ya estaba ligando con otra.

Así que sí, es una conjetura, pero me parece bastante coherente con los hechos.

Patrick pensó que, por el momento, tenía demasiada información. Tendría que procesarla, contrastarla y, si era necesario, volver a hablar con Bill. Esta vez, de forma más profesional.

—Vale, creo que tengo suficiente por ahora.

—Estás perdiendo el tiempo, Gallagher. La mujer del bosque no es Sarah; seguro que es alguna turista que se perdió y cayó colina abajo. Son cosas que, por desgracia, pasan.

Gallagher asintió, aunque no por conformidad.

Para él, algo no encajaba. No cuadraba la línea temporal de Sarah ni los motivos para marcharse al amanecer con apenas un bolso.

Y, además, tenía varios posibles agresores: Ethan Caldwell, el novio siempre es sospechoso; Hank Morrison, que podía haberse sentido despechado tras su intento de ligar; Chuck Bloom, que al parecer la golpeaba, y Vernon Pike, el último en verla con vida.

Sin contar con que la reticencia del sheriff a investigar más a fondo podía situarlo en el papel de cómplice. ¡Qué cojones!

—Os agradezco el tiempo y el café. CJ, lo siento, necesito tus servicios de chófer.

Ella asintió, y él notó que se relajaba un poco. El interrogatorio la había puesto nerviosa. Hablar de Sarah removía demasiadas cosas.

—Bien, en marcha.

Se despidieron de los Hawkins y salieron de allí rumbo a la comisaría.