Raíces de sangre (Herederos del desierto 2) Capítulo 14. Fiesta antes del rodeo
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Capítulo 14. Fiesta antes del rodeo

Fiesta antes del rodeo

A melia

Estoy más que nerviosa porque todos sus amigos y conocidos van al rancho. El rodeo es muy importante porque los rancheros de la zona no solo muestran sus ejemplares, sean grandes o pequeños, sino que se divierten montando caballos salvajes. Algo que Mateo ha prometido no hacer.

Cris y yo ayudamos a poner las sillas, los manteles. Hay mucho personal y Juan, que es un chico encantador, siempre está bromeando conmigo y con su sobrino, como le llama.

Gordito se mete por las piernas de todos y al final hemos tenido que llevarlo a un corral donde han encerrado a Sol y Luna. Cris va a verlos de vez en cuando para llevarles comida y la verdad, no parece importarles.

Llegan Noah y Juli, que me dan un abrazo. Con ellos me siento muy cómoda y también con Bianca, que vendrá más tarde. Todavía no conozco al tal Logan y a Darius no quiero ni verlo.

Todos andamos como locos y los chicos están preparando varias barbacoas.

Acudirán unas cincuenta personas. Dentro de la cocina, algunos preparan ensaladas.

Yo estoy colocando platos y vasos cuando se acercan dos tipos.

Uno es Darius. El otro es alto y atlético, con el cabello rubio muy corto y una sonrisa irónica en su cara.

—Mira, Logan, es ella. La que tiene pillado a Tex.

Él me mira de arriba abajo, bastante descarado.

—Hola, Logan, soy Amelia. He oído hablar de ti, por Bianca.

Se le cambia la cara por un momento y Daríus se ríe, pero ni lo miro.

—Estoy ocupada, si buscáis a Mateo no sé dónde está.

Me giro y escucho.

—Al menos tiene buen culo, le calentará el colchón hasta que se vaya.

Me vuelvo sonrojada. Ha sido Logan y antes de que pueda decir nada, Bianca, que no andaba lejos, le da un puñetazo en el brazo.

—Si vas a ser tan gilipollas como tu amigo, te vamos a mandar a tomar por el culo, Logan. ¿Qué coño te crees que haces?

Él la mira, serio. Ella le responde, retadora. Darius suelta una risita y veo a Mateo, que se acerca deprisa. Se pone a mi lado.

—¿Qué pasa? ¿Pasa algo?

Me mira y no quiero joderle su amistad.

—Qué va. Nada. Darius me estaba presentando a Logan, sin más.

Mateo se queda tranquilo y se los lleva, no sin antes ver el rostro de los dos ligeramente asombrado. Bianca se queda conmigo.

—Te lo agradezco. Estos dos son un par de idiotas, pero no querría que riñeran.

—Yo tampoco, pero tienes razón, son idiotas a nivel máximo.

Ella se echa a reír y me da un abrazo. Mide al menos metro ochenta y es atlética, a su lado parezco una niña.

—Estás enamorada de Logan. Y no es una pregunta.

Ella me mira, sorprendida y mira alrededor. Luego, se encoge de hombros.

—Es mi jefe y bastante idiota. Somos amigos desde críos. Pero no soy su tipo, le gustan más las mujeres delicadas, manejables, con curvas. Yo podría pelearme con él y quizá hasta le ganase.

—Pues pasa de él, Bianca. Eres una mujer maravillosa.

—Ya me gustaría, pero verlo cada día me jode las intenciones.

Me vuelvo a reír y se acerca Juli.

—Hola, chicas, ¿ayudo?

—Estoy poniendo cubiertos y vasos. Si queréis, acabamos y nos tomamos una cerveza.

—Uy, yo una cerveza no —dice con una sonrisa.

Nos volvemos y ella sonríe más amplio—. Sí, pero todavía no lo hemos dicho a nadie.

Noah está tan emocionado, que el día que hicimos la prueba, no pudo ni dormir.

Ya está pensando en cómo preparar la casa para un bebé, y si le pondremos posters de estrellas.

—Es muy bonito, Juli. Tener un bebé es lo mejor —suspiro—, sobre todo si estás con alguien que besa el suelo por donde pisas.

—Sí, pero según Noah, Mateo está enamorado de ti —chasquea la lengua cuando ve mi cara—. No te lo ha dicho, ¿no? Estos hombres…

—Sí me ha comentado que le gustaría que me quedase, pero probablemente es por Cris, aunque es cierto que pasamos muy buenos días entonces.

Pero la vida ha cambiado y además, tengo a mi familia en la ciudad.

No quiero dejarlo todo sin saber que lo nuestro podría funcionar, aparte de ser padres, ser pareja.

—Si no lo pruebas, no lo sabrás —dice Bianca dejando las servilletas—. Vamos a por una cerveza y un refresco para la preñada.

Nos echamos a reír y nos acercamos al cubo con hielo donde están todas las bebidas. Luego, nos vamos bajo un árbol a la sombra.

—Os quiero agradecer el recibimiento que me habéis dado. Darius está convencido de que solo quiero el dinero de Mateo y no es verdad. Puede que no sea rica, pero soy autosuficiente. No lo necesito.

—Darius es un gilipollas —dice Bianca—, y necesitaría una mujer que lo pusiera firme o le diera un par de hostias.

—Oye, ¿entendí mal o dijo Noah que se había liado con tu hermana?

—Entendiste bien. Ahora se odian. Y no sé qué pasó, la verdad. Mi hermana Eva es totalmente distinta a mí. Es dura y no se deja machacar por nadie. Es fiscal.

—¡Bien por tu hermana! —exclama Bianca.

—¿Y tú qué tienes que decir sobre…? —pregunta Juli dudosa. Me mira.

—Ya sé quién le gusta. Y no lo voy a nombrar. Deberías darle celos o algo, no sé, que se diera cuenta de que otros hombres te desean. Eso me decía mi hermana hace años —digo y ella parece pensarlo.

—En realidad, puesto que sé que no tengo futuro con él, casi prefiero poner la vista en otro que de verdad me aprecie.

A mí también me gustaría ser madre. Incluso he pensado en hacer una fecundación in vitro.

Mi padre, al que creo que conoces de la biblioteca, está deseando retirarse y tener bebés que cuidar.

—Yo siempre quise tener varios hijos —digo suspirando—, y me parece que Mateo también. Pero no estoy tan segura de quedarme.

—Puedes probar, a ver qué pasa —dice Juli.

—¿Y el colegio de Cris? ¿Y si lo cambio y no se adapta o no le gusta o nos tenemos que ir y sería otro cambio?

—No te agobies, Amelia —contesta Juli—. Tu hijo se ha vuelto un pequeño salvaje aquí en el rancho y sería feliz en otro colegio. No parece tener problemas para relacionarse.

Suspiro, dándole la razón. Está jugando con otros niños, corriendo y riendo por todas partes. Mateo y Noah se acercan con una cerveza. Ambos sonríen y Mateo se acerca a Juli que se levanta para darle un abrazo.

—Enhorabuena, tener un hijo es el mayor regalo de la vida.

—Lo es —dice ella.

—Vamos a empezar a comer.

Mateo extiende la mano y me levanta con tanta fuerza que acabo en sus brazos. Sonríe y me da un suave beso en la mejilla, que me hace sonrojar. Bianca protesta.

—¿Y a mí quién me levanta?

Noah se echa a reír y le toma la mano para hacerlo. Nos vamos charlando de todo y de nada hasta las mesas a la sombra, donde ya han puesto las ensaladas. Cris viene con la cara sucia y me meto a lavar las manos con él. Escucho a Darius hablar por teléfono.

—No me toques los cojones, Bass, no te venderé mi sitio y puedes demandarme las veces que quieras, pero no conseguirás nada. Recuerda que soy abogado.

Me quedo quieta, pero Cris, quiere salir. Lo entretengo peinándolo para que él se vaya.

—Acabaré contigo y es una promesa.

Lo escucho salir y Cris hace ruido. Él abre la puerta y me mira mal. Cris se agarra a mí, asustado y Darius se agacha para hablar con él.

—No tengas miedo, chaval. Es solo que tengo mal genio. No pasa nada.

Me mira, ¿arrepentido?, y se marcha fuera. La verdad, me ha puesto los pelos de punta. Cris tira de mi mano.

—¿Ese señor es malo? ¿No es amigo de Tex?

—Como te ha dicho, no es malo, solo que tiene mal carácter.

—La tía tenía una foto suya en la cartera. La vi cuando se le cayó al suelo. Estaban los dos abrazados.

—No tiene importancia, Cris. Anda, vamos a comer, estoy hambrienta.

Cuando salgo, él está ahí, mirándome raro, pero no quiero saber nada de él, así que salimos al jardín.

Mi hijo va corriendo con otros niños, les han puesto una mesa especial y tienen pasta para comer.

Me siento al lado de Juli. Mateo se coloca del otro lado y enfrente está Bianca con Logan.

A su derecha, un hueco, imagino que para Darius.

Mateo coge un botellín y agradece a todos.

Como veo, son empleados, amigos y sus familias.

La barbacoa ya chisporrotea, cargada y él va a ayudar, hasta que Juan lo aparta y se sienta a mi lado, oliendo a humo.

Me mira con una sonrisa. Se le ve feliz y acaricia la mano que tengo apoyada en el banco corrido.

—Hoy es un día estupendo —dice Noah—. Juli y yo vamos a ser padres.

Logan y Darius lo felicitan, Mateo sonríe feliz, y nosotras también. Bianca les hace ciertas bromas sobre el tema de dormir por la noche.

—Se te acabó follar, Noah, con un bebé, es imposible —dice Darius. Es muy desagradable.

—No sabía que tenías hijos, Darius. Se ve que tienes experiencia —le digo poniendo cara de inocente. Él niega y Mateo se echa a reír, seguido de Noah. Él aprieta la mandíbula y bebe cerveza. Puestos a que me tenga manía, puedo decirle lo que quiera. Bianca me guiña el ojo.

La comida transcurre más o menos bien. El tipo arrogante sigue callado, pero no me va a empequeñecer. Ya me enfrenté cuando lo de mi hermana. Y si tocan a mi familia o mis amigos, me enfado. Puede que sea la única vez que lo hago.

Noto la mano de Mateo acariciándome la espalda, me giro y le sonrío. ¿Es verdad que está enamorado de mí? ¿Cambiaría toda mi vida por él?

Suspiro y sigo comiendo mientras hablamos de la ciudad, de niños, del rodeo. Cuando todos se marchan, recogemos el jardín. Se nos ha hecho muy tarde, y ya he acostado a Cris. Sus padres han estado sentados con la abuela de Juli y parecen haberlo pasado muy bien.

Son casi las once cuando ya no queda nadie. Mateo me mira y me toma de la mano para que me siente con él en el balancín.

—Cinco minutos para descansar, Amelia.

—Sí, desde luego.

Me apoyo y subo los pies, él sonríe y mueve el balancín con sus largas piernas.

Solo estamos, en silencio, mirando las estrellas. Cabeceo y él se levanta, me tiende la mano.

—A dormir. Ha sido un día genial, Amelia. Me alegro de que te lleves bien con todos.

—Excepto Darius, que es bastante idiota.

Se echa a reír.

—Lo sé. Pero en el fondo es un tío con muchas capas, no sé si me explico. Antes no era así.

—Ponerse capas y cerrarse al mundo no ayuda nada —digo bostezando. Me abre la puerta y paso al baño. Luego él. Dejo la puerta abierta y me asomo cuando él sale.

—¿Necesitas algo?

—¿Es posible que… que pudieras dormir conmigo, aunque solo fuera eso?

—¿Dormir en tu cama? Me encantaría. Me cambio y paso.

Sonrío por la rapidez en ir a su habitación y volver con el pantalón. Yo tengo mi camisón puesto y me echo en la cama.

—¿Te gusta algún lado?

—No te digo cuál me encantaría.

—Me da igual, de verdad. ¿Cuál?

Sonríe con cara de pillo.

—El de arriba.

Me sonrojo y muevo la cabeza. Él sonríe.

—Tú preguntaste.

Apoyo la cabeza en la almohada, mirando al techo y él se gira hacia mí. Pasa su dedo por mi brazo, poniendo mi vello de punta. Voy a hablar cuando él me interrumpe.

—Lo sé, solo dormir. Pero tu piel me llama demasiado.

No sé qué decir, así que se gira hacia el otro lado y miro sus anchas espaldas. Yo también querría tocarlo. Pero sé que si empiezo a hacerlo, no podré parar, y él seguro que tampoco.

Me giro hacia el lado contrario y cierro los ojos. Quizá he cometido un error.