Raíces de sangre (Herederos del desierto 2) Capítulo 12. Visita por la ciudad #2
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Capítulo 12. Visita por la ciudad #2

—Porque Cris se hace querer. Y tú también. ¿No ha intentado nada el vaquero? ¿Quizá seducirte para que te quedes?

Doy un respingo y menos mal que mi hermana no me ve, pero lo nota.

—¿En serio? ¿Te has acostado con él?

—No, Eva. Solo nos besamos.

—Madre mía, Mely, estás volviendo a caer. Esa gente no es de fiar.

—Mateo, sí. Estoy muy confundida y no sé qué pensar.

—¿Me estás pidiendo mi opinión? Porque ya sabes lo que siento. Que vuelvas a casa cuanto antes. O si no te costará arrancar a tu hijo de Rancholand que es un paraíso para cualquier niño movido.

—¿Crees que no lo sé? No me estás ayudando, Eva.

—Yo creo que sí. Y por cierto, Darius sigue en temas bastante sospechosos. No te juntes con él, si es posible.

—Se pasó conmigo y Mateo le dio un puñetazo.

—Punto para él. Pero ese desgraciado no debería haberlo hecho. Nadie toca a mi familia.

—Por favor, Eva. No. Todo está bien. Y ahora tengo que trabajar. Hablamos en otro momento.

—Está bien. Mándame alguna foto más del peque. Lo echo de menos. Y a ti también.

Cuelgo por fin. Me conecto a la wifi y no va mal. Quedo con el cliente, insiste en que sea hoy mismo y, aunque no voy demasiado arreglada, acepto.

Ella se conecta y me mira con una sonrisa.

—Gracias por quedar incluso a pesar de estar de vacaciones. Tienes un color estupendo, Amelia, te están sentando bien.

—Así es. ¿Qué tienes para mí?

Durante casi dos horas hablamos, planeamos y diseñamos toda una campaña para su nuevo producto de cosmética.

Cuando terminamos, decido ir a buscar un café y a despejarme.

Mi cliente es bastante intensa. Cierro con llave y me dirijo hacia la entrada, donde he visto una pequeña cafetería.

Allí, me pido uno solo y un pedazo de pastel casero.

Todas las mesas están ocupadas, pero una muchacha de cabello largo y ondulado me hace una seña y me dice que me siente con ella. Lo hago. ¿Por qué no?

—Hola, soy Bianca. Jim es mi padre. Me dijo que habías venido con Tex.

—Sí, a trabajar. Gracias por compartir la mesa.

—Ah, tranquila. Trabajo con Logan Blake, no sé si te lo habrán nombrado. Es amigo de Tex. Uno de los cuatro con los que se juntan en el Club de Darius.

—Conozco a Darius —digo con un gesto que le hace reír.

—Sí, lo sé, es un gilipollas. Noah es amable, sobre todo desde que se ha comprometido.

—Sí, lo conocí un día y también a Juli —digo tomando un sorbo de café. No sé si me está interrogando como ella. Como un pedazo de tarta y ella frunce el ceño.

—¿Es cierto que tienes un hijo con él?

Dejo la cucharita y la miro.

—¿Me estás interrogando? No quiero nada de él, no necesito dinero y nos iremos la semana que viene.

—Para, para —dice ella levantando las manos y con una gran sonrisa—. No te estaba interrogando, pero sí tenía curiosidad. Juli me comentó que eran iguales. Las chicas tenemos que hacer piña.

—¿Sales con Logan?

—Ah, no —dice con el rostro ensombrecido por un momento—, somos amigos desde críos y hace poco pasé un mal momento y me contrató para su aeródromo. Y menos mal, porque apenas para en la oficina.

—¿Es piloto?

—Sí, estuvo en el ejército y luego volvió, algo tocado. Ahora su principal objetivo es follar y ganar dinero.

—¿Contigo?

Suelta una risa irónica.

—No soy de su estilo. Le gustan más las rubias flacas que no las morenas con curvas. Da igual.

—Eres preciosa, Bianca.

—No, tranquila. Está bien. No es un tío para mí. Demasiado inestable. Pero sí le agradezco que me diera trabajo —chasquea la lengua—, ¿y los padres de Tex?

—Están emocionados con Cris. Es un niño simpático, algo movido, no para, pero le encanta el rancho. Veremos cuando le diga que nos tenemos que ir.

—¿Os tenéis que ir? ¿Te espera alguien?

—En la ciudad tengo a mi hermana, mi madre y mi tía. Mi trabajo, su colegio… tengo otra vida, Bianca.

—Yo he tenido que cambiar de vida varias veces y no pasa nada. Lo importante es saber si quieres o no. Porque al final, no sirve de nada ir a otro lugar si no estás con la persona adecuada.

—En eso tienes razón. Pero yo no sé si él lo es.

—Date tiempo. Conociéndolo, estará encantado de teneros.

Es un tío hecho para tener una pareja estable, no como Logan o Darius.

Es más como Noah —termina con un suspiro.

Se levanta y yo llevo todo a la barra. Luego, me da un abrazo.

Es alta y sí, algo corpulenta, sin que eso le quite un ápice de belleza.

—Te dejo mi teléfono. Si necesitas hablar o lo que sea, llámame.

Me lo apunta en un papel y se marcha. Me ha caído de maravilla, pero me da que o hubo algo con Logan o quizá ella desee que lo haya.

Vuelvo a la sala, saludando a Jim y continúo trabajando y preparando el proyecto, hasta que alguien golpea en el cristal. Mateo y Cris me miran sonriendo.

—¿Ya has trabajado mucho, mami?

—Sí, cariño. Cierro todo y acabado.

—Me gusta leer. ¿Podemos ir a ver los libros mientras? —pregunta a Mateo, él asiente cuando yo le digo que sí.

Se marchan de la mano, se acercan a Jim, que los mira asombrado con una sonrisa. Bien, pronto se va a saber por todas partes. Se pierden en la sección infantil y yo termino de recoger y meto todo en la mochila. La verdad es que me ha dado tiempo de hacer bastantes cosas en toda la mañana.

Voy hacia donde están y los veo en el suelo sentados, con Cris encima de Mateo. Él le está leyendo una historia y no quiero interrumpirlos, porque casi tengo ganas de llorar.

Cuando termina, levanta la vista y me ve. Sonríe, pero Cris se levanta corriendo y viene a abrazarme.

—¡Tienen muchos libros!

—Podemos llevarnos algunos por si quieres leer estos días. Conozco muy bien a Jim y no pondrá problemas. Elige, Cris.

El niño se va a por ellos y Mateo me mira. Sé que quiere decirme algo, pero doy un paso deprisa y sigo al niño. El corazón me late tan fuerte que podría escucharlo.

Después de decidirse por tres, Jim lo anota con una sonrisa en la ficha de Mateo y los meto en mi mochila. Luego, caminamos por la calle hacia el restaurante del pollo frito. Mateo saluda a varias personas que nos miran con curiosidad.

—Diría que ya se ha enterado todo el mundo —susurro. Él se encoge de hombros.

—Jamás lo ocultaría, Amelia. Me siento orgulloso de nuestro hijo.

—Lo sé. Pero…

—Está bien.

Cris se adelanta para ver un escaparate y él me para, mirándome a los ojos.

—Te ruego por favor que me permitas tener una relación con él. Aunque sea por vídeo llamada. Y podéis venir siempre que queráis al rancho.

—Claro, Mateo —digo con los ojos rojos. Las lágrimas están a punto de caer. Él asiente y se agacha para hablar con Cris. Verlos a los dos allí, hablando tan normales es una alegría. Y también me da mucho miedo.