Raíces de sangre (Herederos del desierto 2) Capítulo 3. Fantasmas del ayer
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Capítulo 3. Fantasmas del ayer

Fantasmas del ayer

M ateo

Hemos quedado en el club. Noah también acude y Darius empieza a tocarle las narices nada más verlo.

—¿Te ha dejado salir tu chica?

—Joder, Darius. Primero, no tiene por qué dejarme o por qué no hacerlo. Y, además, le tocaba guardia este fin de semana.

Darius se ríe de forma irónica, pero no dice nada y se marcha a su despacho. Sigue liado con sus cosas, por mucho que no diga nada.

Wyatt nos sirve dos cervezas y unas patatas fritas. Lo cierto es que estoy hambriento. Me he levantado a las cinco para poder acabar todo el trabajo y poder escaparme a la hora de comer.

—No le hagas ni caso. Está más raro de lo normal. ¿Así que bien con Juli? ¿Ya habéis pensado en cuándo será la boda?

—No. Pero no tardaremos mucho, ya no la dejo escapar.

Ambos reímos y doy un trago largo a la cerveza. Sé que últimamente estoy tomando alguna de más. Puede que me haya afectado que Belinda se haya ido, pero ni con esas quiero llamarla. No. No es la correcta.

—¿Mucho trabajo?

—Lo de siempre o más, con el rodeo de la semana que viene.

—Pero no vas a montar. La última vez casi te rompes la crisma.

—No pensaba. Viene un jinete especializado para ello. Lo de subirme a caballos salvajes pasó a la historia. Pero habrá buen ambiente y este año han nacido ocho potrillos muy viables.

Noah silba.

—Eso es mucho dinero.

—Mucho. Y me gustaría comprar los terrenos al sur de mi rancho. Los que dan al río Destiny, así las vacas tendrían agua fresca.

—Harás bien. ¿Ha regresado Logan?

—Sigue volando. Si no fuera por Bianca, su negocio se iría al carajo.

—Él la sacó de la ruina. Y son amigos —dice Noah. Levanto una ceja.

—¿Solo amigos?

—Ni idea. Desde luego, si son algo más, él no es fiel.

Darius nos llama y nos sentamos a comer en una de las mesas del reservado. Sonríe como si fuera a darnos una buena noticia.

—He comprado el hotel de Dusty Creek. Me estoy expandiendo.

—¿Para qué comprar un edificio que se cae a pedazos?

—Justamente para tirarlo del todo. Está en el centro y quiero hacer un hotel de lujo, con spa y gimnasio, una azotea con vistas al cañón, todo eso.

—¿Y la gente normal que viene a alojarse? —pregunta Noah. Darius lo mira con indiferencia.

—Alguien verá la oportunidad y alquilará habitaciones. O hará alguna pensión barata.

—Joder, que estamos a punto de comenzar el rodeo. Habrá habitaciones reservadas.

—Es posible que espere a que acabe el rodeo, depende de cómo me levante. Me da igual devolverles el dinero. Quiero tenerlo antes de que acabe el verano, ya he contratado la empresa que lo va a demoler.

—Joder, ¿y la alcaldesa está de acuerdo? Ese hotel lleva en el pueblo ochenta años, quizá más.

—A la alcaldesa le conviene que la ciudad crezca. Tiene la mente abierta. Mejorar la ciudad significa más votantes contentos. Y gracias a que el cañón sigue siendo un atractivo turístico ya que no metiste tus zarpas allí.

—Nunca lo pensé, Darius. Estás haciendo el cabrón por algún motivo o solo es que hoy no has follado.

Me echo a reír cuando a nuestro amigo se le cambia la cara.

—He visto un fantasma del pasado, nada más.

Se levanta y se marcha, ni siquiera toma postre o café. Nos miramos, sin saber qué le pasa y puesto que no parece volver, nos levantamos y nos vamos. Salimos a la calle principal, y nuestros pasos nos llevan al hotel que quiere derribar Darius.

—No sé qué pensarás, pero no me gusta que lo derribe —digo a Noah—.

Ha estado aquí por mucho tiempo y no sé si tiene algún valor artístico, pero joder, es una institución, donde se han hecho los bailes toda la vida, y además, ¿dónde se alojarán los ganaderos, o los familiares, o cualquiera que venga de paso?

Porque seguro que el nuevo barato no será.

—No, no lo creo. Tampoco lo entiendo, Tex. ¿Para qué quiere crear un hotel de lujo en un pueblo tan pequeño como el nuestro? Excepto el cañón, no hay nada y la mayoría de la gente que viene son excursionistas o ecologistas, no millonarios.

—Yo creo que el pueblo se le queda peque… —miro a la mujer que está saliendo del hotel, va con un niño y un perro extraño. No… no puede ser. ¿Es ella?

Capítulo 4. Y de repente, ahí está