Raíces de sangre (Herederos del desierto 2) Capítulo 2. Volver al pasado
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Capítulo 2. Volver al pasado

Volver al pasado

A melia

—¿Qué vamos a hacer para vacaciones, mami?

Miro con amor a mi pequeño Cris que ya se ha recuperado. He tenido que coger unos días libres porque mi madre está de vacaciones y, desde luego, mi hermana siempre suele estar ocupada. No lo han podido cuidar.

Cris ha tenido tanta fiebre que en algún momento deliraba. Sonrojado, congestionado y con los ojos vidriosos, ha estado llamando a su papá. A pesar de no conocerlo. A pesar de que solo le había dicho que vivía muy lejos. Siempre preguntaba, sobre todo, desde lo de Walter.

Lo he buscado en Internet. Ahí está. Tan atractivo como recordaba.

Suspiro al verlo. Cuando lo conoció, le contó que trabajaba de sol a sol.

Y se notaba que su anchura de hombros y sus brazos con la camisa remangada hasta el antebrazo, eran de trabajar.

Sonreía con un sombrero Stenson, montado a caballo, y esa foto tenía miles de comentarios bastante subidos de tono.

Puede que si estaba casado, a su esposa no le gustasen. A mí me hacían gracia.

Y, de todas formas, estamos a unas tres horas de Dusty Creek. No haremos nada malo si nos acercamos. Desde que murió Walter, mi esposo, Cris había atado cabos. Él era rubio, Walter era de piel muy oscura. Tuve que decirle que no era su papá real, aunque él siempre lo tratase como a un hijo.

¿Por qué siempre le pasaban cosas malas?

—¡Mami! ¡Que te duermes!

Sonrío y le hago cosquillas.

—Iremos de excursión a un sitio donde tienen muchos caballos, es un pueblo pequeño que conocí hace años, cuando me fui con tu tía y las mochilas.

—Yo quiero eso también, mamá. Un día me iré con una mochila a viajar por el mundo.

—Hasta los veintiuno, nada. Mientras, haremos las bolsas y nos iremos. Llamaré a la tía Eva para que pase a regar las plantas.

—La tía está muy ocupada desde que es… eso que no me sale.

—Lo sé, cariño. Ve a preparar tu mochila, quizá para dos días. Luego la revisaré. Y haz la maleta también para Gordito.

—Mamá, por favor, ya soy mayor. Y Gordito se va a poner muy contento de irse de viaje. ¿Verdad?

Acaricia el pelaje oscuro y corto del perro de raza indeterminada que hemos adoptado hace unos meses.

Le había puesto ese nombre porque aunque no estaba con sobrepeso, era como una aspiradora, todo lo que caía al suelo acababa en su boca y si no, se sentaba mirando con pena a la mesa.

Por mucho que intentaba que Cris no le diera nada, era imposible.

En cuanto se volvía, ya le estaba dando comida. Una batalla perdida.

Revuelvo su cabello rubio, Cris me mira mal y se va, repeinándose. No puedo evitar reírme. Cada día se parece más a él y lo sé, porque fue poco tiempo, pero intenso. Cojo el móvil para llamar a mi hermana.

—¿Eva? ¿Estás ocupada?

—Siempre estoy ocupada, ¿ocurre algo?

—No, voy a viajar a Dusty Creek. Creo que es el momento.

—Es una muy mala idea. Mala de verdad. Y no puedo acompañarte, voy liada.

—No es necesario, de verdad. Sé que tu experiencia allí tampoco…

—Y la tuya, menos. Nena, no puedes ir a revolver ese nido de serpientes.

—Mateo no es una serpiente, nunca lo fue. Puede que Darius…

—Ni me lo nombres. Haz lo que quieras. Pero no te quedes mucho. ¿Se lo has dicho a Cris?

—No. Solo le he comentado que vamos de excursión, por si no funciona.

—¿Y qué? ¿Te vas a presentar allí delante del granjero y le vas a decir, oye, tenemos un hijo, pásame una pensión?

—Joder, Eva, eres muy cínica. No quiero pensión, me vale con lo que gano y no es un granjero, sino ranchero.

—Ya. Un cowboy. Haz lo que quieras, como siempre has hecho, pero luego no me vengas llorando.

—A veces eres insoportable.

—Soy tu hermana mayor, tengo que cuidarte. Llámame en cuanto llegues y llámame también si tengo que ir a buscarte e ir a patear culos.

—Señora fiscal, parece mentira que diga usted eso —contesto riéndome.

—Ya sabes que tengo un lado muy oscuro. Ten cuidado y no… no te impliques con él. Te quedaste muy colgada y gracias a dios que apareció Walter, y ahora, otra vez sufriendo y, joder, Mely, no quiero que lo pases mal. En serio.

—Lo sé. Sé que lo haces por mí, pero yo siento que es lo correcto, que Cris tiene derecho a conocerlo y él tiene derecho a saber que tiene un hijo. Era un hombre bueno y tal vez salga con alguien. Solo es eso, Eva. De verdad.

Ella bufa a través del teléfono.

—Vale. Llámame un par de veces todos los días o mándame un mensaje en horario laboral. Por la noche, quiero informe completo.

—¡Oye! Que no soy uno de tus empleados.

Su hermana se echa a reír.

—Mucho poder conlleva mucha responsabilidad. Te quiero, florecilla.

—Y yo a ti.

Cuelgo con una sonrisa. Mi hermana es dura de pelar. Ha conseguido ascender a fiscal a pesar de las zancadillas que le han puesto. Una mujer atractiva y extremadamente inteligente no gusta a todo el mundo.

Yo, en cambio, soy más creativa. Trabajo con diseños de productos, de marcas y no me va nada mal. Además, la mayoría de las veces puedo hacerlo en casa. Mi jefa en eso es muy conciliadora. Da buenas oportunidades a todas sus empleadas. Algo que es inusual, por no decir casi imposible.

Me acerco a la habitación de mi hijo. Ha sacado ropa para dos semanas y entre los dos, muchas risas y ladridos de Gordito, además de su obsesión por los calcetines que tenemos que esconder, preparamos dos maletas pequeñas.

Puede que tengamos que quedarnos cuatro o cinco días.

No me acercaré al club de Darius, eso lo tengo claro, aunque nunca se había fijado en mí demasiado, sino en mi hermana, pero no tengo ganas de ver a ese imbécil. Acabamos mal.

Una vez que cerramos todo, nos montamos en mi cómodo SUV.

Cris está emocionado y canturrea. Incluso yo me uno.

En el fondo estoy demasiado nerviosa por verlo y, sobre todo, por la reacción que pueda tener.

Eso sí, le dejaré claro desde el primer momento que no quiero nada de él, ningún tipo de compensación económica.

Solo le ofrezco poder acceder a Cris, porque es un hombre bueno y tanto él como mi hijo se merecen conocerse.

Sonrío mientras Cris le cuenta una historia a Gordito. Es un perro pequeñajo y con los ojos algo desviados. Nadie lo quería y sin embargo, los tres nos enamoramos. Creo que nunca he visto a mi hijo sonreír tanto.

Ojalá todo salga bien. Solo pido eso. Por una vez.