Raíces de sangre (Herederos del desierto 2)
© inepub.com
Capítulo 1. Roto
Roto
M ateo
Ver a Noah, mi mejor amigo, enamorado hasta la punta del pie me revuelve el estómago, y no por él.
Entierro mis penas en la cerveza que Wyatt, el bartender de Darius me ha puesto sin decir nada. Puede que necesite algo más fuerte, pero no quiero joderle la tarde a nadie.
Noah ha pasado unos días regulares con lo de Juli aunque al final lo han arreglado y me alegro por ellos. Mi amigo, mi hermano, jamás había podido olvidarla y por lo visto, ella tampoco a él.
Además, ha tenido que pasar por un tema serio, a poco estuvo de que lo demandaran y tal vez le arruinaran la vida; por suerte, nuestro amigo Darius, el implacable abogado convertido en dueño de varios clubs, le ayudó.
Descubrieron lo del proyecto falso y por fin todo volvió al lugar correcto.
De hecho, ya han empezado las obras del corredor verde y los habitantes de Dusty Creek están felices de ver cómo está quedando.
Termino la cerveza y antes de que pueda decir nada, el camarero me sirve otra. Mierda. ¿Tan predecible soy?
Él y yo hemos pasado años hablando de su tema con Julieta. Ambos somos diferentes a Logan y a Darius. Ellos son más fríos y su principal preocupación es amasar dinero y follar, y no siempre en ese orden.
En cambio, Noah y yo somos, según ellos, más blandos. Los primeros amores nunca se olvidan, le dije una vez, y disimulé, comentando que me refería a una historia pasada que terminó antes de empezar, incluso aunque en ese momento salía con Belinda.
Le dije a mi amigo que lo de Belinda no era muy serio y que no era el amor de mi vida. A ella se lo demostré. Cero compromiso. Tal vez no soy adecuado para tener una relación seria, de esas que duran para siempre, de las que te hace pensar en tu mujer desde que te levantas.
La última vez que estuvimos juntos fue para la fiesta de primavera. Vimos desaparecer a Noah con Julieta.
Belinda se acercó a mí, creo que con las mismas intenciones, pero le di largas. Luego, intenté ser amable con ella. Después de pedir perritos y encontrar una mesa, ella se sentó sobre mí. Comimos, bailamos y ella me dijo que estaba preparada para dar un paso más. Yo le dije que no.
—Como siempre, Mateo, sin comprometerte con nadie. Pues yo no quiero seguir así. Decídete.
—No me gustan los ultimátum, Belinda.
—Pues lo tomas o lo dejas. Quiero estabilizar mi vida, a ser posible contigo, pero si tú no quieres es fácil. Dímelo, pero no me hagas perder más el tiempo en una relación en la que solo yo pongo interés.
—No es eso, Belinda. Eres preciosa, inteligente, eres una mujer perfecta…
—Perfecta para otro, está claro. No para ti. No te implicas, Mateo. Y estoy harta. Me voy.
Y se fue.
Wyatt me ofrece otra cerveza, pero salgo del club para tomar el aire. No quiero beber más. Cuando veo que Noah aparca y sale del coche con Juli, entro y me dejo caer en la banqueta. Ella me mira y se excusa para ir al baño. Noah me mira, preocupado.
—Tienes mala cara, Tex.
—Belinda y yo hemos roto. O sea, no es que fuera la mujer de mi vida. Dijo que… que no me implicaba.
—Querría que dieras el paso, atraparte con un anillo —responde cínico Darius que se ha acercado a nosotros.
—Supongo que si la has dejado ir no estabas tan enamorado —comenta Noah. Asiento.
—Veros a Juli y a ti me ha hecho ver qué es el verdadero amor y lo que tenía con ella no era sino una relación cómoda, tranquila, con momentos de sexo. Pero no había esa pasión que veo en ti, Noah. O en ella.
—Estás siendo una mala influencia para todos —dice Darius serio. Noah se vuelve molesto.
—Si ser una mala influencia es mostrar lo enamorado que estoy, entonces sí. ¿Y Logan? ¿No viene a comer?
—Tenía un viaje. Vuelve en una semana, aunque está algo tenso. Le hará falta sexo —dice Darius.
—Joder, tío. ¿Todo lo arreglas así? —pregunto molesto. Él se yergue y mira a Noah.
—Es lo único verdadero. Sí, veo que tu chica y tú os queréis y debéis follar mucho, y eso es lo que da coherencia a una pareja.
—Yo no creo en eso —dice Noah molesto—. Si supieras las horas que pasamos hablando de todo. Es algo especial, como si el mundo fuera correcto.
—Tonterías —dice alejándose de mal humor. Me vuelvo hacia él.
—No se lo tengas en cuenta. Está jodido con ese tema de la demanda que no quiere contarnos. Me encantaría encontrar a alguien así, Noah. Alguien como tu chica.
—Lo harás. Eres un gran tío. A Juli le caes muy bien, dice que eres muy guapo y buena persona. Además te dejas la piel en tu trabajo, no sé. Muy tonta tiene que ser una tía para no darse cuenta de eso.
—Creo que Belinda quería casarse. Se ha marchado a Pasadena, porque según ella, lo único que la retenía aquí era yo. Y ni siquiera pude hacerlo.
—¿Quieres ir a por ella? Ve.
—Ese es el problema. Que, de alguna manera, me he sentido aliviado de que ella diera el paso.
—Entonces, no era amor.
—No. No lo era.
—Pasar por varias relaciones es normal, tío.
—Tú has acabado con tu primer amor.
Se ríe y asiente. Lo miro de lado.
—Yo… tuve una relación hace años, acababa de cumplir treinta y tuve que estar un par de meses en Alabama. Cuando volví, por la fiesta de primavera, conocí a una chica, pero ella se fue. Puede que no me lo tomara en serio, pero a veces me acuerdo.
—¿Y no sabes nada?
—Sí, se casó. O sea, a los dos años o así vi en sus redes una fotografía de su boda. Son trenes que pasan y que si no los coges, se marchan para no volver.
—Sí. Casi pierdo a Juli. Escucha, Tex. Si vuelve a presentarse un tren o una oportunidad, no la cagues y lánzate a por ella. No eres un tío de solo sexo como nuestros amigos. Sé que te gustaría tener una relación más estable.
—Sí. E hijos. Deseo con todas mis fuerzas llenar el rancho de niños. Mis padres ya son mayores y quiero que tengan nietos.
—Joder, no le digas eso de buenas a primeras a una mujer o se largará.
—Lo sé, lo sé…
Darius sale. Han montado una fiesta para el cumpleaños de Juli y creo que Noah le va a pedir que se case con ella. Y hará bien. Llegan el resto de los invitados y me levanto a saludarlos mientras la parejita feliz se reúne.
Y sí, como sospechaba, se ha declarado y ella ha dicho sí. Es una alegría, el primero de los cuatro que se enamora de verdad, que se compromete y eso me da cierta esperanza. No por Darius o Logan, esos dudo mucho de que caigan, sino por mí.
La fiesta acaba pronto, al menos para mí.
Ya no he bebido mucho más, tenía que conducir hasta el rancho.
Fundado por mis padres hace cuarenta años, yo lo he hecho crecer hasta lo que es ahora, un gran negocio de cría de caballos, con grandes pastos que también vendo y una parte dedicada a las vacas Black Angus, carne de calidad suprema, y, aunque nos costó un tiempo que criaran, ahora tengo un buen grupo de ellas.
Me acuesto en la cama. Mi padre se ha levantado al verme, pero como estoy bien, no ha dicho nada.
Saben que he roto con Belinda y solo me dieron un abrazo.
No es fácil encontrar a una mujer que quiera vivir en un rancho, aunque sea como el mío, con todo tipo de lujo y facilidades.
Pero estamos a casi una hora de la ciudad, en un lugar bastante apartado, rodeado de rudos empleados que trabajan mucho.
Y lo peor, yo soy el que primero entra y el último que se va.
Es normal que no pueda comprometerme con ninguna mujer.
O que alguien piense, siquiera, en vivir aquí. Imposible.