Quiero seguir soñando contigo Capítulo 32
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Capítulo 32

Quique

Al salir de la que había sido mi casa, me fui directamente a casa de mis padres.

Por el camino en taxi, mientras miraba por la ventanilla y veía pasar las calles de las que había sido mi ciudad toda mi vida, tomé la decisión probablemente más importante de mi vida.

Cuando llegué, mi hermana fue la que me abrió la puerta y me repasó de arriba abajo intentando ver en mi cuerpo y en mi mirada lo que había pasado con Patricia.

Solo con la sonrisa que le dediqué supo que lo mío con Patricia estaba muerto y enterrado.

Después de darme una ducha que necesitaba como el respirar, me senté con mis padres y con mi tata para tener seguramente que la conversación más sería e importante que había tenido con ellos en toda mi vida.

Me abrí en canal. Les conté todo. El cómo me había sentido con lo de Patricia. Cómo sin pretenderlo me había enamorado de Alicia.

Los tres no se sorprendieron con mi confesión. Mi hermana la que menos ya que fue ella la que me sorprendió a mí diciéndome que sabía que habíamos estado juntos en Tenerife.

Según dijo, silenciosos no habíamos sido por las noches, y que las miradas que nos echábamos decían más que cualquier palabra.

La conversación duró hasta bien entrada la madrugada. Les puse al tanto de lo que había decidido que no era otra cosa que luchar por Alicia y por tener un futuro juntos.

Para eso tendría que cambiar mi vida y no porque nadie me lo pidiera o me lo impusiera, sino porque era lo que yo quería hacer, porque era lo que yo sentí que tenía que hacer.

Mis padres se alegraron mucho de mi decisión. Y mi hermana mucho más.

Para ella que su mejor amiga y su hermano acabaran juntos era según dijo la mejor noticia que podía recibir y me dijo que contara con su ayuda todo lo que hiciera falta para poder llevar a cabo mis planes.

El siguiente paso cuando me levanté por la mañana fue hablar con Loren.

Él era mi mejor amigo, mi compañero de batalla y una de las personas más importantes de mi vida y no podía hacer todo lo que tenía pensado hacer sin decírselo y sin contar con él por si quería unirse a mis planes.

Llamé a la puerta de su piso y tardó un poco en abrirme, era pronto, así que supuse que seguramente estaría dormido.

Abrió la puerta en calzoncillos, con las rayas de las sábanas pegadas en la cara y con los ojos entrecerrados, los cuales aún parecían medio dormidos.

—Si vienes a estas horas y me levantas de la cama para decirme que has vuelto con Patricia, te retiró la palabra de por vida —dijo cruzándose de brazos.

—Voy a pedir el traslado a Valladolid. Voy a luchar por Alicia y por lo que siento por ella.

—¡Cojonudo! Por una noticia así me levanto yo hasta al amanecer si hace falta.

La carcajada que me salió se oyó en todo el rellano.

—Déjame entrar, anda, y te cuento todo.

Abrió la puerta del todo y cuando puse el primer pie dentro me miró, sonrió y ninguno pudo evitarlo, nos dimos un abrazo.

—Que sepas que yo aquí no me quedo. Tú solo no puedes con los alumnos. Me necesitas para entre los dos lidiar con ellos mejor.

—¿Qué dices?

—Que me voy contigo a Pucela. ¿Qué narices hago yo aquí solo, si tú, la tata y Alicia estáis allí?

—¿Estás seguro? Piénsalo bien, Loren. Lo mismo lo de Alicia no sale bien y me toca estar allí llorando por las esquinas.

—¿Qué coño va a salir mal? Esa mujer te quiere. Yo si fuera ella por lo mal que lo has hecho te daría de collejas hasta que me doliera la mano, pero luego te comería a besos.

—La he cagado bastante, pero es que tenía muchas dudas y me ha costado reconocer que me había enamorado de ella —dije con pesar.

—Por eso me necesitas allí contigo, si te lo pone difícil, yo te ayudaré a que la conquistes.

Los siguientes días fueron una auténtica locura. Tuve que hacer muchas cosas en poco tiempo.

Lo primero y más urgente, solicitar el traslado a un instituto de Valladolid, ahí Loren y yo fuimos juntos y tuvimos la gran suerte por lo que todavía estoy dando gracias de que en el siguiente curso, en uno de los pueblos cercanos, abrían un instituto nuevo y pocos profesores habían pedido la plaza allí al ser nuevo y pequeño.

Así que, por esa parte, el traslado se nos comunicaría oficialmente a lo largo del mes de agosto, pero ya era un hecho.

Lo siguiente que hice fue ir cuando sabía que Patricia no estaba en el piso a recoger todas mis cosas. A eso me ayudaron Loren, mi hermana y mis padres para que tardara menos.

También le mandé un mensaje a Patricia para decirle que había comunicado al casero que me marchaba y que él se pondría en contacto con ella para ver si quería quedarse ella sola allí o no.

No me contestó. Tampoco me importó.

Lo siguiente fue buscar piso en Valladolid. Tenía que ser lo más cerca posible de mi hermana y Alicia.

Por el momento en el piso nos quedaríamos Loren y yo juntos hasta ver cómo iban las cosas. Esos fueron los planes en los que quedamos.

Cuando le dije eso a mi hermana dos días antes de que se fuera, me dijo que la búsqueda la dejara en sus manos, que ella se encargaba de buscar el mejor sitio y lo más cerca posible de ellas.

Y el miércoles llegó más rápido de lo esperado. Ese era el día que nos iríamos a Valladolid a ver el piso que mi hermana nos había encontrado en tiempo récord.

Y no podía estar más contento con lo que encontró. Joder, que íbamos a ser sus vecinos de arriba.

Mi hermana había llamado a su casero a espaldas de Alicia porque recordó que también era dueño de ese piso, el cual llevaba vacío un par de meses.

En el coche apenas llevábamos un par de maletas de cada uno y unas cuantas bolsas. El resto de las cosas nos llegarían en dos días en un camión de mudanzas.

Nos bajamos del coche y fui directamente a la tienda que había debajo del edificio donde vivían las chicas y que también sería el nuestro ahora, a recoger las llaves que mi hermana me había dejado allí.

—Ya las tengo —dije enseñándoselas a Loren que estaba apoyado en el capó del coche.

—Pues vamos allá.

Sacamos las maletas del coche y las bolsas y entramos en el edificio.

El hall era amplio y se veía todo en buen estado. Parecía mentira que mi hermana llevara viviendo allí años y que nunca hubiera venido a ver su casa.

Es que era para matarme, de verdad. Pero como era ella siempre la que volvía a la más mínima ocasión a casa de mis padres, pues no se había dado el caso.

Nada más abrir la puerta, los dos sonreímos. El piso tenía mucha luz. Estaba limpio. Y dentro de que no era muy grande porque solo tenía dos habitaciones con baño incluido, el salón y la cocina eran más que suficientes para los dos.

—¿Estás nervioso?

—Estoy atacado. Si no me da un infarto cuando la vea hoy, no me da en la vida. Como no quiera saber nada de mí, me muero.

—Venga, viva la positividad —me dijo poniendo los ojos en blanco.

—Joder es que no sé si me estoy equivocando, no sé si he tomado una decisión a lo loco.

—Ahora que ya estamos aquí, ¿dudas? No me jodas, Quique.

—No son dudas. Yo sé lo que quiero. Sé que la quiero. Pero no sé si el que haya dejado todo por ella, sin decirle siquiera lo que siento, lo verá bien.

—Tú eres idiota ¿no?

No, idiota no era. Un loco quizá sí. Porque lo que había hecho era una locura en toda regla. Una locura por amor.

Había dejado mi vida, mi trabajo, a mis padres y todo lo que conocía atrás por una mujer a la que amaba más que a nada.

Pero una mujer que ni siquiera lo sabía. Una mujer que no sabía si ella sentía lo mismo por mí.

Todos me habían dicho que sí, que Alicia me quería igual que yo a ella. Pero no sabía por qué necesitaba que me lo dijera, necesitaba verlo en sus ojos y que ella lo viera en los míos.

Suspiré y miré a Loren, que seguía negando con la cabeza pensando que era tonto.

—Déjate de tonterías y vamos a preparar todo. Hay mucho que hacer y tenemos poco tiempo.

Eso también era verdad.

Teníamos que colocar todo el equipaje y preparar la cena a la que mi hermana la traería engañada. Esa cena que supuestamente les habían invitado sus nuevos vecinos.