Capítulo 14
Alicia
Cuando salí de la habitación, tuve que apoyarme en la pared. Era eso o caerme redonda al suelo.
Mi corazón bombeaba a toda velocidad y mi respiración estaba entrecortada. Cerré los ojos e hice varias respiraciones profundas.
—Dios mío…
No me podía creer lo que acaba de pasar. Porque pesé a lo que le había dicho a Quique, sí que había pasado algo. O al menos así lo había sentido yo.
Había sentido una conexión como nunca en la vida había tenido con nadie. Había sentido cómo mi cuerpo quería pegarse a él, como si fuera un imán al que no me podía resistir.
Había sentido cómo la habitación, no la habitación no, como el mundo entero desaparecía en el momento en que nuestras miradas habían conectado. Coño, que habíamos estado a un suspiro de besarnos.
Pero justo en ese momento o algo se le había cruzado por la mente o le había vuelto la cordura de pronto y se había separado como si alguien desde atrás hubiera tirado de él con fuerza.
Y menos mal que había sido así. Porque si no hubiéramos cometido la mayor cagada de nuestras vidas.
Él por besar a una mujer cuando estaba a punto de casarse con otra y yo por besar a un hombre que no era para mí. Que no era mi destino. Resoplé una vez… dos.
—Alicia, eres idiota. La más idiota del planeta Tierra. ¿Cómo coño se te ocurre mirar, pensar o desear a un hombre que se va a casar en una hora con la mujer de su vida?
Otro resoplido.
—Vale, cálmate. Ve a la puñetera ceremonia y, cuando salgas de allí, te inventas lo que sea y sales cagando leches de Salamanca.
Resoplé por última vez antes de separarme de la pared.
—Perfecto, pues ya tienes plan. Ahora cambia la cara de susto y baja con los demás. Y sonríe, sobre todo sonríe.
Y eso hice después de tener esa charla conmigo misma. Bajé hasta el hall del hotel que estaba lleno de gente. Pero lleno hasta los topes.
¿Pero a cuántas personas ha invitado esta gente? Me pregunté alucinada. Y eso que allí no estaban todos los que de verdad estarían en la boda, ya que había muchos que irían directamente a la ceremonia.
No es que yo hubiera asistido a muchas bodas, más bien a pocas, pero ninguna como esa. Todo era derroche, lujo innecesario y bajo mi punto de vista mucho postureo.
Busqué entre la gente y me costó al menos cinco minutos encontrar a los amigos de Rosa. Bueno, y a los que esperaba que acabaran siendo los míos. Porque de verdad que me habían caído genial y habíamos congeniado estupendamente.
—¡Alicia!
Solté el aire que estaba conteniendo cuando oía a Bea llamarme. Giré la cabeza y los vi a los tres juntos al lado de una de las mesas que había en el hall. Fui sorteando a la gente no sin esfuerzo hasta que llegué a ellos.
—Esto es una locura.
—Esto es un despropósito —me contestó Loren.
—Pero, ¿cuántos invitados hay?
—No quiero ni saberlo.
—No me extraña que Quique esté estresado, esto es para que te dé un parraque —dijo Claudia negando con la cabeza.
—Si parece que está aquí toda Salamanca.
—Pues si ahora te parecen muchos, espera a después. Porque algunos van directamente a la catedral. Solo veremos a todos los invitados juntos cuando sea la comida.
Pues qué pena más grande porque yo en esa comida no voy a estar, así que no lo voy a ver, quise decirle, pero callé. Era lo mejor.
—¡¿Faltan más?!
Loren se echó a reír al ver mi cara de susto.
—Unos cuantos, sí.
—¿Pero de dónde coño ha salido tanta gente? ¿Son todos familia, amigos y conocidos o han repartido las invitaciones por la calle a todo el que pasaba?
Los tres se echaron a reír y yo acabé uniéndome a las risas.
—¿Nos vamos?
—Sí, por favor, hasta sudores me están entrando —le contestó Bea a Loren.
—Yo nunca he tenido ilusión por casarme, es una cosa que no me llama la atención. Pero después de ver esto ya os digo que mi estado civil será soltera, hasta que me muera.
—Pues yo soy de tu club, ni de coña me caso.
—¿Y vosotras?
Las dos se miraron y se sonrieron. Uyuyuy… que ahí había tomate y cotilleo del bueno pensamos Loren y yo leyéndonos el pensamiento al ver la mirada entre ella y el silencio ante mi pregunta.
—Ya estáis hablando en lo que vamos hasta los coches. No podéis dejarnos con esta intriga.
—Eres el mayor cotilla de la ciudad.
—Eh… no oses bajarme el puesto. Soy el mayor cotilla del país y estoy opositando para serlo del continente.
Los cuatro nos echamos a reír a carcajadas.
—Nos casaremos el año que viene. Pero… será una boda muy pequeña de no más de treinta personas.
—Vaya… Enhorabuena, chicas —dije acercándome para darles un abrazo.
—Qué calladito os lo teníais.
Loren se acercó al igual que yo y también les dio un abrazo, la enhorabuena y varios besos sonoros. Nos montamos en los coches. Las chicas en el suyo y Loren y yo juntos en el de él.
Cuando llegamos a los alrededores de la catedral, sorprendentemente no tardamos en encontrar aparcamiento más cerca de lo que nos esperábamos.
Antes de salir habíamos quedado en uno de los bares que Loren dijo que estaban cerca y allí que nos fuimos cuando nos bajamos del coche.
—¿Te ha pedido disculpas?
Le miré sin comprender mientras caminábamos por la calle empedrada.
—¿Qué?
—Quique, que si te ha pedido disculpas.
Dudé y retiré la mirada. Y ese fue mi error.
—Sí, lo iba a hacer, pero le he dicho que no hacía falta.
—¿Qué más ha pasado?
Joder con el cotilla, encima de serlo era listo el tío.
—Nada —contesté demasiado rápido.
Otro error. Mierda Alicia te estas luciendo hija, me dije a mí misma.
—Te gusta.
Giré la cabeza como si me hubieran dado un latigazo y le miré con los ojos abiertos como platos.
—Claro que no.
—Sí.
—No.
—He visto cómo le mirabas.
—No le miraba de ninguna manera y en el hipotético caso de que lo hubiera hecho, da lo mismo, se casa en una hora.
—Pues ojalá no lo hiciera.
—¡¿Qué dices?!
—Que no quiero que se case con esa tonta del culo.
Ale, a tomar por culo, se podía decir más alto, pero no más claro. Desde luego, nadie podía negar que era sincero.
—La quiere.
—O cree que la quiere.
—Loren, no lo cree, la quiere, aunque te joda.
Y a ti también, me dijo una vocecita en mi cabeza a la que, de un chillido, le dije que se callara.
Resopló y dejamos el tema. Era lo mejor porque no nos llevaría a ninguna parte. A él a cabrearse más y a mí a que el nudo que tenía en la garganta desde que había salido de su habitación a que se hiciera más grande.
Todos pedimos una caña, a esas horas y con el calor que hacía era lo que más nos apetecía mientras charlábamos de los planes que teníamos para las vacaciones.
Claudia y Bea solían hacer como Rosa y yo y se iban a un sitio de playa durante una semana. Ya tenían reservado en un hotel de Tenerife para el mismo lunes después de la boda.
Loren no tenía ni idea de dónde se iría ese año. Aunque también le apetecía la playa.
—Rosa y yo nos vamos el lunes a la playa, no sabemos a cuál, nos gusta improvisar. Vente con nosotras, los pasaremos bien.
—Joder es una idea cojonuda.
—Pues ya sabes, piénsatelo.
—No tengo nada que pensar, luego se lo diré a la tata y me uno a vuestro plan.
—Genial.
Con Rosa siempre me lo pasaba fenomenal en vacaciones, al menos todas las veces que nos habíamos ido juntas y estaba segura de que esa vez sería igual y si se unía Loren, lo pasaríamos igual o mejor.
Me encantaba ese hombre. Era divertido, cariñoso y se le veía leal y muy protector con los suyos. Una pena que entre nosotros no hubiera surgido nada, porque sería una pareja estupenda.
La mujer que le tocara en destino tendría mucha suerte.
—¿Vamos a la catedral ya? —preguntó Bea.
—Sí, tengo ganas de ver a la bombona de butano.
Nos echamos a reír.
—No seas malo —dijo Claudia.
—No soy malo, soy realista. He visto el vestido en foto y es para querer sacarse los ojos.
Eso mismo pensaba yo.
—Hace un poco de daño a la vista, sí.
—¿Un poco?
—Vale… muchísimo —contesté a la vez que resoplaba.
Entre risas llegamos a la catedral. Fuera había algunos invitados. Pocos, la verdad. Allí estaban los rezagados, los que esperaban a alguien, los que fumaban y los que no tenían intención de entrar a oír un tostón de hora y media de misa.
Entramos en silencio y caminamos por el pasillo central.
—Madre de mi vida…
—Dios, déjame ciego por favor.
—Para morirse.
—Butanero… Súbeme una al quinto.
Mi frase fue la última y con la que tuvieron que taparse la boca para que las carcajadas no retumbaran por todas las vidrieras haciendo eco.
Era… ni puedo decir con buenas palabras lo que era.
Seis mujeres, entre ellas Rosa, vestidas todas iguales. De naranja butano. Pero no solo eso. Es que en la cabeza llevaban, todas, un tocado diferente del mismo color, y pequeño no era precisamente.
Ya dudaba si eran bombonas de butano o el naranjito.
Rosa, al vernos, se acercó sin llamar la atención. No nos separaba mucho el banco que teníamos asignado, era el tercero, por cierto, y el suyo el primero.
—Ni se os ocurra decir ni una sola palabra —nos dijo apretando los dientes.
—No hay palabras en nuestro idioma que podamos usar —le dijo Loren.
—Pues eso, mejor cállate.
—¿Cómo has dejado que te hagan esto? —le pregunté.
—Mira ni lo sé, pero en cuanto salga de aquí y lleguemos al hotel me pienso quitar esta mierda le pese a quien le pese. En mi vida he pasado tanta vergüenza.
—Coño, la estoy pasando yo y no lo llevo puesto.
—Alicia, no ayudas.
—Lo sé, pero si no lo decía, reventaba.
—Después de ver esto —dijo Bea señalando el castigo de vestido, porque lo era —estoy deseando ver el de Patricia.
—Lo mismo viene en bragas o con uno hecho de reciclaje como los que lleva la presentadora que da las campanadas.
Otra vez a taparnos la boca para que no nos oyeran reír por la tontería de Loren.
Aunque mirando a mi amiga y el gusto por la moda que tenía la novia, no estaba muy segura de que fuese una bobada o una verdad muy grande.
—Me voy a mi sitio, esperarme cuando acabe para irme con vosotros. No aguanto a las demás bombonas ni cinco minutos más de lo necesario, son igual de tontas que Patricia.
—Dios las cría y ellas se juntan —dijo Bea.
—Pues ya las podía haber criado a cientos o miles de kilómetros de aquí —añadió Loren.
Rosa volvió a su sitio y no solo porque las petardas la estaban recriminando con la mirada, sino porque se había salido de su fila.
Sino porque los murmullos nos anunciaron que el novio acababa de llegar acompañado de su madre, que era su madrina.