Capítulo 25
Nash
Bajé del hidroavión, me despedí de los cuatro pasajeros a los que había llevado a ver el paisaje del glaciar y me fui andando con pasos lentos por la pasarela de madera de acceso al embarcadero.
Al pasar junto al hidroavión de dos plazas no pude evitar quedarme mirándolo. Hacía tres meses que, cada vez que pasaba a su lado, me ocurría lo mismo y la mirada se me iba sola hacia él.
Había sido incapaz de volver a subirme y tampoco había podido llevar a ningún pasajero. No sabía por qué, pero solo con acercarme decenas de recuerdos de todos los viajes que había hecho con Kate volvían a mi cabeza para torturarme.
Menos mal que era el hidroavión de la empresa y no el mío, porque, si hubiera sido así y no hubiera podido salir todas las mañanas a volar en soledad, me habría vuelto loco. En esos tres meses que habían pasado desde que Kate se fue había necesitado volar más que nunca.
Tres largos meses desde aquella noche en la que fui a su casa para preguntarle por qué. Me contestó, claro que lo hizo, y también quiso explicarme más cosas, pero me negué a escucharla.
No había un solo día en el que no recordara aquella noche: lo impactada que se quedó al verme, lo nerviosa que se puso cuando empezamos a hablar, cómo respondió después a todos mis besos y caricias, cómo se entregó a mí y la forma en la que me miró durante todo el tiempo.
Pero lo que más recordaba era cómo me sentí al despertarme con ella entre mis brazos después de haber pasado probablemente la mejor noche de mi vida y ver, desde la cama, que en una esquina tenía la maleta preparada para marcharse.
Saber que iba a irse otra vez sin intentar un poco más arreglar las cosas, porque sí que lo había hecho durante los tres días anteriores, o al menos quedarse un poco más y ver qué podía pasar entre nosotros, consiguió que todo el dolor del pasado regresara de golpe.
Ver aquella maleta me hizo sentir el mismo abandono que había sentido quince años atrás, cuando se había marchado sin mirar atrás y sin decirme siquiera adiós.
Así que, sin pensar en nada más que en el dolor que me provocaba creer que la historia iba a repetirse, me levanté en silencio, me vestí, le escribí una nota sin pensar demasiado en lo que ponía y me largué de su casa sin volver la vista hacia la cama donde ella seguía dormida.
Porque, si lo hubiera hecho, quizá no habría tenido el valor de dejarla atrás sabiendo que, según creía en aquel momento, ella sí iba a dejarme a mí otra vez.
En esos tres meses desde que Kate se marchó, algunas cosas habían cambiado y otras seguían exactamente igual.
En el trabajo todo continuaba funcionando como siempre. Los vuelos salían a diario y yo pilotaba los que me apetecía. Alguna ventaja debía tener ser el jefe, ¿no?
Lo que sí había cambiado durante las primeras semanas, aunque poco a poco parecía estar volviendo a la normalidad, era mi relación con Winter, Owen y Aria.
Los tres me recriminaron que no hubiera dado a Kate la posibilidad de explicarse, que la hubiera dejado marchar sin más y que ni siquiera hubiera querido verla una última vez.
Al principio me callé, pero después de varios días bombardeándome con lo mismo acabé explotando y les dije que sí había ido a verla, que habíamos hablado y que también nos habíamos despedido.
Al parecer, Kate, que seguía hablando con ellos de vez en cuando, no había contado a ninguno que habíamos estado juntos aquella última noche. En eso había sido discreta y yo se lo agradecía.
Después de decirles que sí habíamos hablado y que, por fin, lo nuestro tenía un cierre, les pedí a todos que dejaran el tema de una vez y no volvieran a hablarme de ella ni de nada relacionado con ella.
Lo habían respetado. Desde entonces, ni el nombre de Kate ni nada relacionado con ella había vuelto a salir en nuestras conversaciones.
Otra de las cosas que había cambiado era mi relación con Sadie.
Después de todo el acoso desapareció durante bastante tiempo tras la advertencia de Winter y la mía, pero unas semanas después nos encontramos por casualidad paseando por Juneau y me pidió tomar un café para hablar tranquilamente.
No me negué y, sinceramente, tampoco me arrepentía de haberlo hecho.
Hablamos con sinceridad durante dos largas horas. Sadie me pidió perdón por su insistencia y me dijo que el amor que sentía por mí la había cegado, pero que, con el paso del tiempo, había entendido que yo tenía razón y que lo mejor era que cada uno siguiera con su vida.
Aquella conversación había tenido lugar tres semanas atrás y quedamos en intentar seguir siendo amigos. Desde entonces habíamos vuelto a tomar café un par de veces.
Como pareja me había sentido demasiado agobiado a su lado, pero como amigos estábamos bien. Reíamos, ella me escuchaba, yo la escuchaba a ella y estar juntos de aquella manera resultaba tranquilo.
Entré en el edificio y subí directamente al despacho de Winter para avisarle de que me marchaba.
Era tarde y aquella noche había quedado con Sadie para cenar en mi casa. Habíamos pensado que estaría bien pedir unas pizzas y después ver una película.
Entré directamente en el despacho de Winter, antes el mío, y allí estaba mi hermana archivando en una carpeta lo que seguramente eran facturas que previamente había metido en el registro del ordenador.
—Nash, ¿ya has terminado?
—Sí. Hoy ya no vuelo más. He subido a decirte que me voy a casa.
—¿A casa? —preguntó extrañada—. Pero es viernes. ¿No te quedas a tomar algo con nosotros? Vamos a ir todos al bar de siempre. Vienen también Sally y Henry cuando termine.
Al mencionar a Henry, la mirada de mi hermana se iluminó. Él era uno de nuestros pilotos y habían empezado una relación muy despacio meses atrás. Las cosas les iban de maravilla y, después de lo mal que lo había pasado con la ruptura de Robert, yo estaba contentísimo de verla así.
—Hoy no.
—¿Por qué? ¿Tienes algo que hacer? ¿Estás cansado?
Era absurdo seguir ocultándolo, sobre todo porque, si continuaba quedando con Sadie, cualquiera de ellos podía verme en cualquier momento. Así que se lo dije sin más. Era mi vida y ninguno tenía por qué meterse ni opinar sobre cómo decidía llevarla.
—He quedado con Sadie para cenar en casa. Pizza y película, para más información.
Winter me miró como si acabara de decir la mayor barbaridad del mundo.
—¿Perdona?
—He dicho…
—Te he oído perfectamente. Lo que no puedo creer es que después de todo vuelvas con ella, Nash.
—Winter, no he vuelto con ella ni tengo intención de hacerlo. Solo nos estamos viendo como amigos.
—¿Amigos? ¿En serio? ¿Cómo puedes quererla como amiga?
—Hemos hablado de lo que pasó. Ella me ha pedido disculpas, sabe que se pasó con el acoso y ahora parece otra. Los dos tenemos las cosas claras.
Winter frunció todavía más el ceño.
—¿Y después de hablar de lo que pasó y de que te contara la verdad, aun así quieres ser su amigo? No te entiendo, de verdad que no.
—Rompimos, a ella le costó aceptarlo, pero ya lo ha hecho. Te acabo de decir que me pidió perdón y estamos bien. Lo pasamos bien juntos.
Mi hermana me observó durante unos segundos antes de hablar.
—Pensé que la habías amado siempre, pero estaba equivocada. Volverte a ver con Sadie solo demuestra que lo que Kate pensó cuando se marchó era cierto: que le importabas una mierda.
Me quedé completamente perdido, sin tener la más remota idea de qué estaba hablando.
—No sé de quién ni de qué coño me estás hablando.
—¡De Kate! ¿De quién voy a estar hablando si no?
—¿Qué ocurre? —preguntó Owen desde la puerta.
Al oír el grito de mi hermana, tanto él como Aria habían venido a ver qué nos pasaba.
Winter señaló hacia mí con gesto furioso.
—¿Qué ocurre? Que tengo un hermano que es gilipollas, eso ocurre.
Owen me miró.
—¿Qué has hecho?
—Yo nada. No sé por qué se ha puesto así.
—¿Nada? —saltó Winter—. Se va a casa a cenar con Sadie. Al parecer ahora son muy amigos.
Aria abrió los ojos sorprendida.
—¿Qué? ¿En serio? ¿Sabiendo todo? No me esperaba esto de ti, la verdad. Pensé que te dolería saber lo que pasó, no que te daría igual.
La miré cada vez más confundido.
—¿Pero qué cojones era lo que tenía que saber? De verdad que no entiendo nada. Y lo que menos entiendo todavía es por qué os ponéis así porque haya quedado con Sadie, como si fuera un crimen. Encima, Winter mete a Kate en esto cuando ella aquí no pinta nada.
Los tres se miraron entre ellos, confusos y alucinados al mismo tiempo.
—No lo sabe —dijo Aria.
—Eso pienso yo —añadió Winter.
Resoplé.
—Y vuelta otra vez con lo mismo. ¿Qué es lo que no sé?
Owen se acercó un poco más.
—Vamos a ver, Nash. Tú fuiste a ver a Kate el día antes de que se marchara, ¿no?
—Sí, ya os lo dije.
—¿Y hablasteis?
—Sí, también os lo dije.
—¿De qué?
—¿Y qué más da ya de qué habláramos?
—Pues da, y mucho. Contesta, por favor.
Resoplé y miré el reloj. Al ver la hora y comprobar que iba a llegar tardísimo, y que seguramente Sadie tendría que esperarme en la calle, empecé a ponerme nervioso y de mala hostia. Me estaban entreteniendo y, encima, para hablar de Kate cuando les había pedido expresamente que no lo hicieran.
—Tengo prisa. Como te he dicho, he quedado. No quiero hablar de Kate y lo sabéis.
Me giré para marcharme, pero el grito de Winter consiguió detenerme en seco.
—¡Nash Sanders, ni se te ocurra salir por esa puerta! No antes de contestarme.
Owen cerró la puerta y tanto él como Aria se colocaron delante para impedirme salir. No pude evitar echarme a reír porque aquello parecía un puto secuestro.
—Eres muy pesada. Ya te he dicho que no quiero hablar de ella.
—Contéstame, por favor —me rogó mi hermana.
Lo único que quería era marcharme de allí cuanto antes y, como al parecer no iban a dejarme hacerlo hasta que respondiera, decidí hacerlo para que me dejaran en paz de una vez por todas.
—Le pregunté por qué no me había dicho que era Mary.
—¿Qué más?
Fruncí el ceño.
—¿Cómo que qué más?
—¿De qué más hablasteis?
—De eso. Te lo acabo de decir. Ella me explicó por qué lo hizo y ya está.
—¿Y del pasado? ¿Qué hablasteis del pasado?
—De eso no hablamos nada.
Winter se quedó mirándome.
—¿Por qué?
—Porque yo no quise remover toda aquella mierda. Me dejó, no miró atrás, tuve que aceptarlo y punto. No necesitaba saber nada más. Ella quiso hablar de eso, pero yo no, así que no lo hicimos.
Aria se llevó las manos al pecho mientras Owen hacía algo parecido, llevándose las suyas a la cabeza.
—Dios mío… —murmuró ella.
—Joder… —añadió Owen.
Winter me miraba como si acabara de confirmar algo terrible.
—¿En serio? ¿De verdad me estás diciendo que no la dejaste contarte lo que pasó?
—Sí. Como te he dicho, me daba igual. Saberlo no iba a cambiar nada.
Mi hermana negó con la cabeza y se dejó caer en el sillón mientras se pasaba las manos por el pelo, en un gesto muy parecido al de Owen.
—Nash, saber la verdad lo cambia todo.
La miré sin entender.
—¿Qué?
—Que, si no la dejaste contarte lo que ocurrió, sigues sin saber la verdad. Sigues creyendo que te dejó atrás y que ni siquiera se despidió, pero eso no fue lo que pasó.
La sinceridad que vi en los ojos de Winter y después en los de Owen y Aria, que me observaban de la misma manera y además con una mezcla de pena y decepción, consiguió que un nudo enorme se instalara en mi estómago y me subiera hasta la garganta.
—¿Qué pasó? —pregunté casi en un susurro.
Winter señaló una silla.
—Siéntate, porque vas a necesitar estarlo para escuchar todo.
Y manda un mensaje a Sadie para cancelar la cena, pero no para dejarla para otro día, sino para nunca.
Porque, cuando sepas lo que ocurrió realmente, no creo que quieras cenar con ella, ver películas ni tan siquiera volver a quedar con tu amiguita.
Algo dentro de mí me dijo que aquella conversación iba a cambiar mi vida y, por primera vez desde que había entrado en el despacho, no discutí.
Me senté e hice exactamente lo que Winter me pidió.