¿Quién va a matar a quién si aquí no muere nadie? 30. Lo estaré esperando con ansias, Rooney
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30. Lo estaré esperando con ansias, Rooney

Los refuerzos médicos llegaron minutos después de que la asesina se fuera y se llevaron a las chicas a la Sede y se ocuparon de ellas.

Verónica despertó al día siguiente, la pierna, el brazo y su vientre habían vuelto a la normalidad y las únicas secuelas que le habían quedado eran un montón de cicatrices por el cuerpo y el ojo derecho, que no hubo forma de recuperar.

No armó mucho escándalo por ello, solo dio gracias a Dios por permitirle seguir viva.

Aunque estaba muy débil y la iban a mantener ingresada, los médicos la dejaron levantarse para ir al funeral de su abuela.

Fue en pijama, con muletas y custodiada por varios médicos preocupados por su estado, pero fue.

Cuando entró en la sala, todos los allí presentes, que superaban la centena, se abrieron en pasillo en una muestra de respeto y admiración; y cuando Verónica se sentó junto a Chuck, frente al ataúd, el funeral empezó.

Gaia estaba en un estado mucho peor y le costó mucho más recuperarse.

La ingresaron en el hospital de la Sede Central de Cazadores de Monstruos, donde los magos, médicos y profesionales más experimentados la trataron.

Casi perdió la vida varias veces durante la primera semana, pero lograron estabilizarla y despertó al cabo de unas semanas más.

Pudieron salvarle la cintura y la pierna izquierda, pero le tuvieron que amputar la derecha por debajo de la rodilla.

Verónica estuvo cerca de ella todo el tiempo que pudo, pero los médicos la solían echar a su habitación porque tenía que recuperarse.

Ella los ignoraba y se quedaba con la chica hasta que despertara.

Cuidaba de ella, la peinaba, le arreglaba las uñas, y le contaba cosas.

Aunque fueran simples tonterías, durante el tiempo que podía pasar en aquella habitación sin que se la llevaran, no dejaba de hablarle.

Y por fin, la niña despertó.

Fue un día soleado por la mañana, Verónica se había colado en la habitación como de costumbre y estaba peinándola con cuidado, como si fuera su muñeca más preciada, mientras le contaba qué había comido ese día, cuando Gaia abrió los ojos con un poco de esfuerzo.

Verónica lo vio, y se le cayó el cepillo de la mano.

—¿Gaia?

—Hmmm… ¿Vero? ¿Eres tú? ¿Qué ha…?

—¡Gaia! —sollozó Verónica, y la abrazó con fuerza pero con cuidado—. Dios mío, Gaia… estás despierta…

—¿Qué ha pasado?

—Hemos matado a ese demonio y estamos vivas. No ha muerto nadie, Gaia —sonrió Vero—. No ha muerto nadie más. Solo él.

La emoción acudió a los ojos de Gaia, pero en lugar de saltar o gritar, y también en parte gracias a sopor del coma, la niña asintió con una sonrisa.

Verónica notó en el acto que la chica había madurado lo que serían varios años en apenas segundos.

No se le hizo extraño, cuando un cazador desbloqueaba la magia, solía acompañarse de un importante crecimiento emocional.

—Eso está bien. ¿De verdad llegué a desbloquear la magia?

—Así es. Ahora avisaré de que has despertado y te examinarán más a fondo, pero por los estudios que te hicieron cuando te trajeron, lo conseguiste.

Llegaste al límite, no te rendiste y seguiste luchando y nos diste una gran ventaja contra Kagutsure.

Te dije que tenías potencial, y no sabes el privilegio que fue ver que no me había equivocado.

Ahora tendrás que explotar todo eso que has conseguido, darle forma y hacerte una cazadora como Dios manda, pero te ayudaré con eso, ¿de acuerdo?

—¿Tú?

—Ahora que te has convertido en una natural, si me concedes el honor de ser quien te guíe y entrene, lo haré encantada.

Gaia escuchó aquello con lágrimas en los ojos.

En su vida se habría imaginado que la persona a la que más admiraba dentro del mundo de los cazadores, la mismísima Verónica Rooney, se ofreciera a ser su mentora y a darle un voto de confianza a ella y a su talento.

Aunque todavía estaba débil, logró sacar las manos de la cama y coger las de Vero, que no se apartó.

—El honor es mío, Vero… Claro que quiero que seas tú quien me entrene y ayude. Ni en mil años se me ocurriría una mejor maestra que tú.

Verónica sonrió, se inclinó sobre la cama y le dio un beso en la frente.

—Entonces empezaremos cuando te recuperes bien, ¿de acuerdo? Ahora voy a llamar a los médicos. Enseguida vuelvo.

Laura no se apartó del lado de Verónica en ningún momento.

Tan pronto como se enteró de que su amiga no había muerto, pidió a Noct y a Velten que la llevaran con ella.

El gato y el cuervo tuvieron que pedir permiso a los altos mandos para dejar entrar a una humana no cazadora, y aunque tuvieron que lucharlo y debatir durante horas con los líderes, gracias a sus argumentos y su alto rango dentro de los ojos , lograron el permiso.

Fueron a buscar a Laura casi de inmediato y se la llevaron a la Sede.

Allí, Laura pasaba todos los días con Vero.

Los médicos revisaron a la cazadora el mismo día del funeral, vieron cómo movía las extremidades regeneradas y cómo se encontraba. No podía hacer grandes cosas, pero se movía bien, aunque con dolor. Sin duda, la esperaba un tiempo encamada y otro más largo en rehabilitación.

Laura prometió cuidar de ella en todo momento y aunque se aseguró de que no hiciera esfuerzos, también la ayudaba a colarse en la habitación de Gaia para que Vero pudiera estar junto a ella.

Cuando la niña despertó y Vero empezó a pasar el tiempo de recuperación como debía, en la cama, hizo de mensajera entre habitaciones y cuando no era necesario, se quedaba con Verónica.

—Que sigas viva es… —sollozó una tarde, acurrucada en la cama. Las dos estaban abrazadas, mientras la televisión zumbaba con las noticias—. Gracias por cumplir tu promesa.

—Soy fiel a mi palabra, te dije que volvería. Casi lo hago a cachos, pero volví. Ese demonio no me lo puso fácil, no.

—No vuelvas a darme ese susto nunca más —rogó Laura. Verónica le sonrió.

—Nunca. Prometido.

—Eso me vale.

—¿Cómo has podido entrar aquí? —preguntó Vero entonces. Le había preguntado varias veces, e incluso a Noct y a Dalia, pero ellos siempre la evadían. Laura subió la cabeza y la miró a los ojos, inquieta—. No dejan pasar humanos normales. Y no quiero que me mientas o esquives. Dime la verdad.

—Cuando te llevaron aquí, Noct y Velten vinieron a avisarme. Me dijeron qué había pasado y me explicaron dónde estabas. Yo rogué para que me dejaran venir, y al final fueron a pedir permiso. Me lo concedieron, eso sí, pero a cambio de que hiciera una cosa.

—¿Cuál?

—Dijeron que podría pasar el tiempo que quisiera aquí contigo si me unía a los cazadores de monstruos.

O por lo menos tenía que presentarme a la evaluación inicial, no me obligaban a aprobarla.

Es cierto que no tenían mucha fe de que la pasase, porque ya soy bastante mayor y mi cuerpo maduró y es más difícil que la magia empiece a fluir.

¡Y la aprobé! ¡Di apto con muy buena puntuación!

—Espera, espera, ¿¡qué!? —preguntó Vero, asustada.

—Me hicieron la evaluación física y la médica y di apto en las dos. La magia todavía no la pude desbloquear, pero todos creen que lo lograré en poco tiempo.

—Dios… ¿te vas a unir a los cazadores?

—Aprobé la evaluación, así que sí. Se suponía que tenía que ponerme a entrenar según la aprobara, pero me dejaron quedarme contigo un tiempo antes de empezar.

Como ya estás mejor y todo eso, calculo que empezaré la semana que viene.

Me han hecho un plan especial, un poco adaptado para que pueda estar contigo.

Verónica suspiró y echó la cabeza hacia atrás. No le terminaba de hacer gracia la idea, pero tampoco iba a sabotear ni a impedir el plan de Laura. Le levantó la cabeza con dos dedos y la hizo mirarla a los ojos.

—¿Sabes el sacrificio que esto conlleva? No podrás hacer casi nada más el resto de tu vida. Yo quería ir a la universidad, y no pude. Laura, es muy peligroso y…

Y ahí sí que no podré protegerte.

—Tampoco estoy haciendo nada con mi vida. Vivo de trabajos esporádicos, pero no encontré nunca nada para mí. Creo que es una buena oportunidad, ¿no? Trabajo fijo, buena paga, y la gente es muy agradable. ¡Incluso me puedes llevar a alguna misión contigo! Estaré bien, Vero, ya verás.

—Ah, no, ni de coña —rio Vero—. No pienso llevarte a ninguna. Estaría más ocupada por ver si te haces daño que en matar al monstruo. Mejor no. Felicidades por pasar la evaluación. Es dura de cuidado.

—Dijeron que tenía una sangre muy fuerte, no tanto como la tuya, pero que podía adoptar la magia muy fácilmente. Si me entreno bien tendré mucho nivel en poco tiempo.

Verónica asintió, le acarició el pelo y sonrió mientras alzaba la vista al techo.

Así que cazadora, ¿eh? Su buena amiga Laura, a la que tanto quería proteger, se había unido a los mata-monstruos.

Ya había aprobado la evaluación, su sangre era casi tan fuerte como la suya —más o menos al nivel de la mujer con la que Mateo Rooney tuvo a Emily— y estaba convencidísima de ello, así que no había forma de hacerla recapacitar.

Y Vero no quería discutir, solo quería ver a Laura feliz.

Y si estaba feliz al unirse a los cazadores de monstruos, entonces era lo que debía ser y la ayudaría en todo lo posible, como en inglés y física.

—Bueno, pues ahora tengo que entrenar y supervisar a dos novatas, mira qué cosas.

Pero de momento me voy a tomar unas vacaciones, tengo mucha rehabilitación y…

—bajó la mirada a Laura, que la miraba con una sonrisa.

Vero también le sonrió y le dio un besito en la nariz—.

Y tú y yo tenemos una cita pendiente en la Playa del Dique, ¿no es así?

De la asesina no se supo nada en bastante tiempo. Nadie la veía, nadie mataba en las calles. Parecía haberse desvanecido. Vero pensó que se había mudado o directamente suicidado, pero una mañana descubrió que no era así.