Capítulo 28
—¿Qué estoy perdiéndome? —me preguntó Kevin.
—¿Qué?
Giré la cabeza hacia él. Mi hermano continuó mirando hacia la carretera.
—Que debo estar perdiéndome algo porque no tengo ni idea de por quién sonríes de esa manera.
—¿De qué manera? —le pregunté divertida, feliz.
—No vas a jugar a eso conmigo —comentó divertido—. Lo sabes de sobra, tienes una cara de felicidad…
Me miró de reojo y volví a reír.
—Cian me ha escrito —dije bajando la voz.
Mientras comíamos les expliqué a él y a Emma todo lo que me había pasado con Cian. Mi amiga ya estaba informada de quién era él.
Emma y Eloy hablaban en los asientos de atrás, en este momento de los partidos de mi hermano.
—Te ha escrito —dijo Kevin, sonriendo de medio lado—. ¿Y qué te dice?
—Eres un cotilla —reí.
—Soy protector. Por eso necesito saberlo, por si tengo que ir a por Cian.
—También eres muy tonto.
—De nacimiento, como mi melliza.
Soltamos una carcajada.
—Le pedí que me escribiera al correo de la empresa el lunes, pero se ha adelantado para pasarme el parte médico. Me ha dicho que por ahora siguen igual, Brian sin remontar, pero sin empeorar, su abuelo bien y él también. A ver si no cogen el virus, sobre todo, su abuelo.
Hice una mueca.
—Esperemos que no. —Asintió.
A Kevin y a Emma también les había contado que el abuelo de Cian y Brian estaba muy delicado de salud, lo que fue el motivo principal por el Cian quiso volver a su piso, para encargarse de su familia.
—En unos minutos estamos, aprovecha y contéstale antes de llegar —me pidió—. Lo estás deseando
Asentí con una gran sonrisa y me centré en el teléfono. Le di a responder.
—Hacedme un favor, ¡a ver si os modernizáis! —me dijo Emma.
Se había enterado de la conversación.
—¿Vais a hablar por correo? ¿En serio? —continuó.
Mi hermano soltó una carcajada y yo me giré hacia los asientos de atrás, para sacarle la lengua a mi amiga. Eloy rio al verme.
Le hice un guiño a mi hermano y después volví a mi móvil.
De: Xaira Figueroa
Para: Cian Álvarez
Buenos días, señor Bichos.
Pues sí, has pensado bien. Me ha hecho mucha ilusión recibir tu correo.
Dentro de lo malo me alegro de que Brian esté estable y de que tu abuelo y tú no estéis afectados. Espero que dure y aguantéis.
Acuérdate de ti, de cuidarte de la misma manera que cuidas a los demás.
También me alegro mucho de que pusiéramos contento a Brian en la videollamada, aunque estoy segura de que la mayor parte del mérito fue de mi hermano Eloy. Estuvieron horas juntos.
Mi amiga Emma acaba de reírse de mí, bueno, de nosotros, por hablar por correo electrónico. Me ha dicho que le hagamos el favor de modernizarnos. Ja, ja, ja…
Estoy en el coche de mi hermano Kevin, vamos de camino a la pista de hielo. Mi hermana pequeña, de diecisiete años, participa en una exhibición de patinaje artístico.
Es un día muy importante, asisten personas muy influyentes del mundillo del patinaje, así que Erea está un poco histérica.
Sé que le irá genial una vez que las luces se apaguen, solo la pista se ilumine y la música comience a sonar.
Entonces solo serán ella y la pista de hielo, como siempre que hace magia patinando.
Solo por si lo quieres y te parece bien, sino es así ignora esto. Te pongo mi número de teléfono por si te interesa modernizarte conmigo.
P.D. Ayer no parecía pija, porque nunca lo soy. Ja, ja, ja… por Dios, si llevaba puesto un pijama de nubes. Tienes muy mal concepto de mí, pero te perdono por lo que has dicho antes de lo de pija.
Lo último que tecleé fue mi número de teléfono, antes de salir de la aplicación y bloquear el móvil.
—¿Bien? —me preguntó Kevin.
—Sí —suspiré.
—Xai, ¿estás enamorada del hermano de mi amigo?
Me giré hacia mi hermano Eloy, sorprendida, y miré a Emma.
—Me ha preguntado con quién hablabas, porque sonreías mucho, y se lo he dicho —se justificó ella.
—¿Ves? Si te lo he dicho —dijo Kevin—. Te ha delatado la sonrisa.
Rio cuando le di un pequeño empujón.
—No estoy enamorada —le contesté a Eloy.
—¿Por qué?
—¿Eh? ¿Cómo qué por qué?
—Sí. ¿Por qué no estás enamorada? Cian es muy guapo, Brian me ha contado que muchas mujeres se le acercan mucho y cuando está con él, más. ¿A ti no te gusta?
—Sí, es muy guapo y claro que me gusta. Tengo ojos en la cara para reconocer quién es guapo, pero de ahí a enamorarme…
—Brian me ha contado que Cian y tú trabajáis juntos, que eres su jefa.
—Sí.
—¿Es por eso por lo que no quieres enamorarte? ¿Por qué le mandas?
—Eh, nooo… quiero decir…
—Hemos llegado —dijo Kevin.
—Joder, menos mal —susurré, sentándome bien.
Eloy se bajó rápido, olvidándose de la conversación. Se fue al coche de nuestros padres, cuando ellos bajaban del vehículo.
—Sabes que no se le va a olvidar, ¿no? —me preguntó Kevin.
—Sí. —Bufé—. Mierda, ¿cómo he llegado a hablar con Eloy de amor?
Emma soltó una carcajada desde los asientos de atrás.
—Amiga, se te nota demasiado que Cian consigue que te palpite todo, todito.
Se bajó del coche riendo y se reunió con los demás de la familia. Miré a Kevin, quien me observaba sonriendo.
—Eloy tiene razón. ¿Por qué no? —Elevó las cejas— Si quieres engañarte y decirte que Cian no te gusta, que no te pone, que no te sientes muy atraída por él, vale, pero que sepas que en un momento u otro eso te estallará.
Hizo una pausa en la que no dejamos de mirarnos.
—Está claro que sientes algo por él, hasta Eloy se ha extrañado de tus negativas. Solo hay que verte la cara cuando alguien pronuncia su nombre o habla de su hermano pequeño, Brian.
—Cian no… no estaría nunca con alguien como yo. Piensa que soy una pija y encima soy su jefa.
—Eso lo dices tú. ¿Acaso se lo has preguntado a él? Lo de estar contigo. —Arqueó una ceja—. Y si piensa que eres una pija hazle cambiar de opinión, demuéstrale quién eres en realidad.
Mi móvil sonó sobre mis piernas, varias veces, y bajé la mirada.
—Es…
—¿Qué?
—Cian. En el correo le he dicho la broma de Emma, sobre que estábamos anticuados, y le he puesto mi número de teléfono —susurré—. Acaban de llegarme unos mensajes de texto de él.
—Ahí lo tienes.
Busqué los ojos de mi hermano, por la satisfacción con la que habló.
—Suerte. Tómate tu tiempo.
Quitó la llave del contacto y me la dio. La agarré y se bajó del coche, dejándome sola, después de darme un beso en la frente.
Lo primero que hice fue memorizar el número de Cian y después leer su mensaje, nerviosa. Hacer esto era dar otro paso, porque ya no parecía que estábamos en contacto de modo profesional.
Cian: Hola, señorita no pija. Ya ves que te he obedecido, aquí estoy.
Sonreí.
Cian: No podemos permitir que tu amiga, a la que espero conocer algún día para decirle unas cuantas palabras muy modernas, nos deje como antiguos.
Reí.
Cian: Me alegro de que te haya alegrado recibir mi mensaje, era mi intención.
Cian: Suena muy bien lo del patinaje, espero que le vaya muy bien la exhibición a tu hermana Erea. Que vaya muy bien y pasadlo mejor.
Cian: ¿Qué es lo que me perdonas exactamente? No me queda claro, no me acuerdo de lo que he dicho antes de lo pija y ahora no me apetece mirarlo.
Cian: Por cierto, pija o no, el pijama te quedaba estupendamente.
Nerviosa, comencé a escribirle.
Xaira: Hola. Quién diría que eres así de obediente para todo.
Xaira: Gracias por no hacerme quedar mal con Emma, ahora puedo callarla antes de que me vuelva loca.
Cian está escribiendo…
El corazón me dio un vuelco al ver ese aviso.
Cian: Tú dime todo lo que tengo que hacer para que tu amiga te deje tranquila, porque no quiero que mi jefa se vuelva más loca. ¿Alguna queja que tenga que salir por aquí, sobre mi obediencia?
Reí.
Xaira: ¿Más loca? ¿Me has llamado loca? Aún no sé lo obediente que eres porque no te he pedido nada directamente, en el trabajo, así que…
Cian: Soy todo tuyo el próximo día que vaya a trabajar. Utilízame y comprueba mi nivel de obediencia, contigo.
Me mordí el labio inferior.
Xaira: ¿Estás seguro de lo que acabas de escribir?
Cian: Segurísimo. ¿Tú crees que los bichos del virus se me han metido dentro y me están haciendo desvariar?
Reí.
Xaira: ¿Te encuentras mal?
Cian: Estoy genial ahora mismo.
Xaira: Pues entonces es poco probable que los bichos estén afectándote.
Cian: Yo también he llegado a la misma conclusión, debe ser otra cosa la que me está afectando.
Xaira: Debe ser, sí.
Cian: Aclárame lo que has dicho de que me perdonas.
Xaira: Sabes muy bien porque lo he dicho.
Cian: No lo tengo muy claro y no querría sacar las cosas de contexto.
Xaira: Te he dicho que te perdono lo de pija por lo que has escrito antes.
Cian: ¿Qué es…?
Xaira: ¿En serio? Míralo en tu correo. Ja, ja, ja…
Cian: Si me lo dices tú no tengo que molestarme en hacer esfuerzos innecesarios.
Xaira: ¿ A mover los dedos para escribir le dices esfuerzos innecesarios? Porque, por si no te has dado cuenta, llevas un rato sin dejar de moverlos.
Cian: ¡Qué va! Es mi abuelo el que está escribiendo, yo solo le digo lo que tiene que poner.
Xaira: ¡¿Qué dices?! Estás de broma, ¿no?
Cian: Joder, ahora quiero ver tu cara. Ja, ja, ja… Claro que es broma.
Xaira: Eres…
Cian: irresistible, lo sé. Ja, ja, ja…
Xaira: Tengo que irme. Mi familia hace rato que ha entrado a la pista de hielo, las exhibiciones están a punto de comenzar.
Cian: De acuerdo. Que le vaya muy bien a tu hermana.
Xaira: Gracias. Cuida de tu familia, pero no te olvides de ti. Hablamos en otro momento.
Xaira: Y gracias también por esto y este momento.
Cian: Gracias a ti, por muchas cosas. Hablamos, Xaira.
Me bajé del coche con un suspiro y cuando lo cerré con el mando a distancia y me guardé el llavero del coche de mi hermano en el bolso, me atreví a enviarle un último mensaje a Cian, antes de olvidarme del teléfono.
Xaira: Te he dicho que te perdono lo de pija porque antes pusiste que ayer estaba muy guapa en la videollamada de nuestros hermanos. Tú también lo estabas, por cierto, aunque eso ya lo sabes porque te ganaste un piropo de Lúa. Ahora sí me voy, llego la última.