Capítulo 23
Xaira
Escuchaba a Ismael y no podía dejar de sonreír.
A pesar de que los ojos se me iban de vez en cuando a la mesa de mis amigos, Ismael estaba consiguiendo que estuviera cada vez más pendiente de él.
Era divertido y simpático, muy agradable escucharlo.
Me había llevado una sorpresa porque no me lo imaginaba como estaba mostrándose ante mí.
Iba a hablar para seguir la conversación, pero me quedé con la palabra en la boca y con los labios entreabiertos cuando escuché una voz a mi espalda. Una voz que desde hacía días reconocería en cualquier parte.
—¿Podemos hablar? —me preguntó.
Me giré sorprendida, porque era Cian y se dirigió a mí. Joder, se había acercado para decirme algo, cuando parecía que no existía para él.
—Ismael —le dijo Cian al jefe del Departamento de Recursos Humanos.
—Cian —le correspondió mi acompañante por un rato.
Una vez hecho ese intercambio de saludos, el que fue raro e incluso tenso, por lo que percibí, Cian bajó la mirada para encontrarse con la mía. Yo todavía no me había movido, estaba tan asombrada que no había reaccionado aún.
—Ya veo que estás muy bien y cómoda aquí, pero insisto ¿puedes atenderme? No te quitaré mucho tiempo, para que puedas seguir divirtiéndote.
—No estoy… ¿Qué quieres?
Iba a decirle que no estaba divirtiéndome. A ver, que sí, que estaba pasando un buen rato con un compañero de trabajo, pero de ahí a la diversión a la que Cian se refería…
Porque no sabía si él era consciente de lo transparente que había sido con su comentario, al menos para mí. Había pillado el significado real.
Lo dejé estar y le pregunté directamente qué quería, porque no tenía sentido que lo rectificara, diciéndole que no estaba divirtiéndome de la manera que él pensaba, por mucho que pudiera parecerlo desde fuera.
Tampoco quise hacer sentir mal a Ismael con algún comentario que pudiera ser desafortunado, sin pretenderlo, por lo que preferí quedarme callada al respecto.
—Te espero fuera —me dijo Cian.
Él ya estaba preparado, había venido con una intención clara. Llevaba puesta la cazadora que le sentaba tan bien y metió las manos en los bolsillos del pantalón, antes de volver a hablar.
—Si no sales entenderé que no te interesa lo que tengo que decirte y no se me ocurrirá nunca más hablar contigo.
¿Qué le decía? ¿Le soltaba una de las mías? ¿Me ponía a su nivel y volvíamos a enfrentarnos? Joder, con Cian todo era muy complicado y él me impulsaba a saltar al vacío, cuando no debía.
Me obligué a no moverme y a quedarme callada, lo que pareció no gustarle. Lo que él no supo fue que lo hice por él, para no empeorar nuestra situación.
Cuando se alejó de mí, después de darme la espalda, solté un suspiro despacio. Lo vi coger el paraguas del paragüero y salir a la calle. Parecía calmado, pero yo sabía que era una fachada muy bien construida.
Ya no llovía, por lo que se quedó esperándome en la calle, de espaldas a la cafetería.
Miré hacia la mesa de mis amigos y me los encontré a los tres observándome sonrientes. Elevé las cejas y Bruno me hizo un pequeño gesto con la cabeza, hacia la cristalera. Estaba claro lo que me pedía, que saliera con Cian.
Me puse bien sentada, frente a Ismael.
—Voy a salir a ver qué necesita Cian. Sé que es algo de trabajo porque si no, no me habría molestado aquí —le dije a Ismael, con una pequeña sonrisa—. Me ha encantado el rato que hemos pasado.
—Y a mí. Espero que se repita.
—Claro, aunque en otro momento que no esté con mis amigos. Soy fiel a ellos.
Le hice un guiño y rio.
—No esperaba menos de ti.
Me devolvió el guiño.
—Gracias por acercarte —me dijo mientras me levantaba de la silla.
—Por favor, no me des las gracias por eso.
Negué.
—Ve tranquila, yo en breve me voy para la oficina.
—Hasta otro momento —me despedí.
—Sí. Hasta pronto.
No me salió añadir a la despedida un beso en la mejilla. Si hubiese estado en otra situación e Ismael no fuese uno de los jefes, le habría dado el beso sin pensar porque era algo que me salía solo. Pero con él no me atreví, lo sentí forzado y actué en base a como me sentía.
Dejé la taza vacía en su mesa y fui a la de mis amigos.
—Salgo un momento a hablar con Cian, me ha pedido que…
—Tranquila —me interrumpió Belén, con una gran sonrisa.
—Hoy estás muy solicitada, ¿eh? —habló Adela—. Quién fuera tú, chica.
Rio y sonreí, pensando en que si ella supiera…
—¿Me hacéis el favor de pagarme el café con leche? En el desayuno os invito yo —les dije, mientras me ponía la chaqueta.
Lo último fue colocarme el pañuelo en el cuello, dándole varias vueltas, y colgarme el bolso cruzado.
—No digas tonterías y vete tranquila —me pidió Bruno y le sonreí.
—Gracias. Nos vemos ahora en la empresa.
Los tres asintieron y después de comprobar que tenía el móvil, caminé hacia la puerta para saber qué quería Cian.
Debía ser algo importante para que se hubiese acercado a mí, después de todo lo que me había ignorado días atrás.
Cuando salí de la cafetería me sorprendí porque se iba.
Joder, qué poca paciencia. No he tardado tanto , pensé.
—¿Te vas? —alcé la voz.
Al escucharme se paró de golpe, pero no se volvió hacia mí.
—¿De qué va? —me pregunté a mí misma, susurrando.
No lo comprendía, pero insistí. Él había dado el primer paso y yo no pensaba renunciar a dar los siguientes. Solo unos cuantos, que tampoco había que pasarse.
—¿No querías hablar conmigo?
Volví a alzar la voz, insistiendo.
Entonces sí que se giró hacia mí y me puse en tensión y en alerta al instante, cuando vi su expresión de enfadado y… algo más que no supe descifrar.
Me acerqué caminando, alejándome de la cafetería. Me quedé a menos de dos pasos de Cian, delante de él.
—¿Por qué te ibas? —le pregunté.
—Estaba pensando en largarme por mi cuenta, sin decírtelo —contestó.
Fruncí el ceño.
—¿Te vas de verdad? ¿De aquí?
—Ahora me dirás que no puedo porque eres tú la que tienes que autorizarlo.
Se cruzó de brazos.
—Pues sí. Exactamente. ¿Qué pasa? Soy tu superior.
—Ya… pero ¿sabes qué pasa? Que no te necesito para nada.
—¿Cómo? —pregunté con voz aguda.
—Ha sido un error interrumpirte con Ismael, con lo bien que estabais. Vuelve dentro con él y olvídate de que te he pedido que salgas.
Dio un paso atrás.
—Ya te he dicho no te necesito para nada, lo que significa que estaba a punto de llamar a Esteban para decirle que tengo que irme.
—No te atreverás a pasar por encima de mí, a ignorarme más —le advertí.
—¡Sorpresa! —exclamó con una sonrisa de medio lado.
—¿Eres tonto o qué te pasa? ¿Cuántos años tienes?
Me acerqué a él, señalándolo con un dedo. Me aproximé tanto que él tuvo que bajar la cabeza para continuar mirándome a los ojos y yo me vi obligada a subirla para lo mismo, para no perder el contacto visual.
Mientras tanto, la punta de mi dedo chocó con su pecho sobre el jersey y ahí la dejé.
—No me trates como si fuese idiota —susurró con un siseo.
—¡Pues no los seas, joder! —le pedí furiosa.
Bufé.
—¿No podemos hablar como dos adultos? Al menos en el trabajo.
—Todavía no estamos en horario laboral —contestó—. Ve con…
—Oh, cállate —lo corté, alzando la voz— ¿Quieres dejar de hablar de Ismael? ¿De mencionarlo? No has interrumpido nada…
—No te he preguntado. No quiero saberlo.
—…Estábamos bien, sí, pero como unos compañeros que se dan cuenta de que se caen bien. No voy a volver dentro de la cafetería con él, primero porque no quiero, segundo porque no me da la gana obedecerte, y, tercero, porque he salido para hablar contigo. Me lo has pedido y aquí estoy.
Hice una pausa para coger una bocanada de aire.
Nos quedamos mirándonos fijamente. Estábamos tan cerca del otro… Joder, respirábamos uno encima del otro.
Cian fue el primero en apartar la vista, para bajarla hacia mi dedo. No había dejado de tocarle el pecho y lo aparté en ese instante, al darme cuenta. Dejé caer la mano a mi costado y di un paso atrás, para tomar distancia.
Necesitaba tener el control de la situación.
—No me has preguntado lo último que te he dicho, las explicaciones que te he dado, pero ibas a repetir el comentario, así que te lo he aclarado.
Me encogí de hombros.
—Y me da igual que no quisieras saberlo en realidad. No todo gira en torno a ti —añadí.
Entre nosotros se creó otro silencio.
—¿Vas a decirme de qué querías hablar? —le pregunté hablándole normal, calmada— ¿Qué pasa? No quiero que me ignores como jefa. Puedes hacerlo como persona fuera de la empresa, pero me tomo muy en serio mi trabajo y quiero…
—Necesito irme —me interrumpió.
—¿Puedo saber a dónde?
Me crucé de brazos.
—Al piso en el que vivo —me contestó.
—¿Por qué?
Solté un suspiro y levanté las manos, cuando no me respondió y apretó la mandíbula.
—Te pido saber el motivo como se lo pediría a cualquier otro que trabaja para mí. No es porque seas tú ni quiera cotillear sobre tu vida, esas cosas no van conmigo. Si hicieras por conocerme, aunque sea un poco…
—Mi hermano está malo.
—¿Brian? —me sorprendí.
—Solo tengo uno. —Elevó las cejas.
—Vale —suspiré.