¿Quién mató a Madison Harris? 32 12 de julio
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32 12 de julio

Bajo el resplandor ardiente de un sol que se alzaba imponente en el cielo, el día de verano avanzaba sin dar indicios de la tragedia que había acontecido días atrás.

A mediodía, cuando los rayos del sol caían con intensidad, la comisaría de Cielo Alto se sumía en un tono gris, reflejo de la pérdida que pesaba sobre sus trabajadores la ausencia del sheriff Spinster.

Dentro de una de las salas, el ambiente se cargaba de un silencio sombrío mientras Lucy, postrada en una silla de ruedas, y Tom se hallaban dentro de ella, viendo con atención la pantalla de una televisión.

«Hay nuevos descubrimientos sobre el caso que aconteció días atrás en el pequeño municipio de Cielo Alto, donde, tras una ardua misión, el sheriff de su comisaría Alfie Spinster, fallecía trágicamente mientras se llevaba a cabo la operación» , escucharon decir a la reportera.

Lucy, al escuchar las palabras de la trabajadora del canal y ver la foto de Alfie encima del titular, no pudo evitar retener las lágrimas, y comenzó a derramarlas con intensidad. Tom se dirigió hacia ella y la abrazó tiernamente para consolarla.

«Por lo que ha podido saber este canal, no solo fue la vida de Alfie la que hemos perdido estos días.

Tras una larga investigación y exploración de la casa del excapitán de la policía de Los Ángeles, Matthew Mitchell, se pudo encontrar el cadáver de nuestra compañera de cadena, Beverly Cook, que yacía en un arcón congelador.

Se están llevando a cabo las investigaciones pertinentes para esclarecer los hechos que pudieron acaecer para que Mitchell le quitase la vida a nuestra compañera.

Además, el hallazgo de un pendrive en la escena y su posterior análisis han podido asegurar que en su interior había pruebas de extorsión y agresiones varias, por lo que podemos asegurar que el suicidio de la célebre de Cielo Alto, Ruby Morales, pudo ser provocado por la información que acabamos de desvelar. »

Harta de todo lo que tenía que ver con el caso, Lucy apagó bruscamente la televisión. La frustración se apoderó de ella y, sin pensárselo dos veces, arrojó el mando a distancia contra la mesa.

—Es increíble que un tipo como este haya sido jefe de la policía tantos años —comentó Lucy totalmente indignada— .

Es que, ¿en manos de quiénes estamos, Tom?

Una intenta hacer las cosas bien, intenta luchar por los demás y luego ve este tipo de gente en altos cargos y se le quita la fe en la humanidad.

—Tienes toda la razón, Lucy —respondió Tom mientras acariciaba suavemente el pelo de su novia—. Para eso estamos nosotros, para tratar de mejorar el presente.

—Es que… Tienes a gentuza como Mitchell en puestos así y después Alfie, que dio su vida por su pueblo y su gente, muere sin ser reconocido como se merece —dijo Lucy completamente indignada, mientras unas lágrimas caían por sus mejillas por recordar al difunto sheriff.

—Es la hora de marchar, Lucy —respondió Tom, levantándose y agarrando la silla de ruedas—. Tenemos que ir al cementerio.

Los dos jóvenes salieron de la sala y se dirigieron hacia la puerta de la comisaría, donde Tom dejó a Lucy parada un momento para ir en busca del coche.

Cuando llegó, salió del mismo y se hacia su novia.

El joven policía extendió su mano para ayudarla a levantarse de la silla de ruedas y, con cuidado, la metió en el maletero del coche.

Una vez la joven estuvo cómoda dentro del vehículo, Tom ocupó el asiento del conductor y comenzó a conducir por las calles de Cielo Alto.

A pesar de todo, el interior del coche estaba sumido en un profundo silencio que hablaba más que las palabras.

Los dos jóvenes compartían la carga de la pérdida.

El paisaje urbano de Cielo Alto se deslizaba lentamente por las ventanillas mientras llegaban a su destino.

Finalmente, tras varios minutos de conducción, Tom detuvo el coche frente al cementerio.

El joven apagó el motor, y ambos se tomaron unos segundos de silencio y pensamientos antes de salir.

Luego, con el mismo cuidado que antes, Tom ayudó a Lucy a bajar del automóvil y la sentó en la silla con dulzura y cariño.

Al llegar al cementerio, pudieron ver a prácticamente todo el pueblo, que se había reunido para dar el último adiós a su difunto sheriff.

Entre las gentes del pueblo pudieron ver a un elegante Noah, acompañado de su amiga Keira y de una señora mayor a su lado.

Varios metros más a la derecha, emergían las figuras de Robert y Maggie, que estaban de pie, inertes y con gestos de dolor en sus rostros.

Tom y Lucy se acercaron lentamente hacia donde estaban los jóvenes junto a la señora de avanzada edad.

—Siento mucho tu pérdida, muchacho… —decía la anciana dirigiéndose a Noah—. Hace un mes estabas radiante cuando viniste a mi tienda, no te mereces sufrir tanto.

—Abuela, déjalo, que bastante ha tenido ya — respondió Keira abroncando a la anciana.

—Hola, chicos —dijo Lucy al llegar al punto en el que estaban.

—Hola Lucy, ¿cómo te encuentras? —preguntó Noah con claro gesto de lástima en su rostro—. ¿Van mejor esas heridas?

—Ahí van —respondió la joven policía—. Ya sabes, lo que más duele no son los surcos de las balas en este caso.

Noah asintió. A su lado Keira, con la misma cara de lástima, estaba atenta a las palabras de la policía.

—Siento mucho tu pérdida, Lucy. Era un gran hombre, eso está claro —comentó Keira mientras encogía los hombros—. Pero la vida es así de dura, aquí todos los que somos buena gente sufrimos.

De pronto, el cura emergió entre los caminos del cementerio y, con paso solemne, se acercó al ataúd de Alfie.

El cura, vestido con ropajes oscuros que ondeaban ligeramente con la brisa veraniega, se santiguó delante del féretro para después dirigir la mirada a las personas que se habían acercado a despedir al sheriff.

—Hoy nos reunimos en este lugar sagrado para despedir a un hombre cuya trayectoria es perfectamente conocida.

Alfie Spinster, nuestro sheriff durante muchos años ha dejado un vacío que ningún discurso puede llenar, pero trataré de encontrar las palabras adecuadas para que esté a la par de su grandeza.

Recordemos que, aunque la muerte haya silenciado su voz, sus acciones y su espíritu perdurarán en nosotros para siempre —dijo el cura con voz solemne.

Muchos de los asistentes comenzaron a llorar nada más empezar el cura a hablar, otros se aguantaban el llanto con cara de orgullo, pues el policía había sido una persona ejemplar durante todos sus años de servicio.

—Alfie fue mucho más que un protector de la ley; fue un faro de bondad y justicia en un mundo a menudo oscurecido —prosiguió el cura—.

En estos momentos de tristeza, recordemos que la vida de Alfie no se mide solo en años, sino en las vidas que salvó y en las huellas que dejó en nuestro pueblo, Cielo Alto.

En este día tan triste, dos personas me han suplicado el poder decir unas palabras de despedida en el funeral de Alfie.

Así que, Lucy Pemberton, acércate, por favor.

Tom llevó a Lucy hasta el atril, ubicado junto al ataúd de Alfie.

Sus miradas se cruzaron por un breve instante, acción que tranquilizó a Lucy antes de que Tom regresara a su lugar, dejándola a solas frente a la dolorosa tarea de pronunciar sus palabras.

La joven policía, sentada en su silla de ruedas, inhaló profundamente, sintiendo el peso del duelo.

—Hoy estoy aquí, ante el que probablemente sea el día más duro de mi vida —comenzó diciendo Lucy, mientras movía tímidamente el micrófono debido al temblor de su mano—.

El sheriff no era un jefe para mí, ni siquiera era un superior.

Alfie Spinster fue el padre que nunca tuve.

Fue un ser de luz que hizo que desde mi primer día en la comisaría hasta su último fuera un aprendizaje continuo.

Lucy se tomó un momento para respirar, pues aquellas palabras hicieron que no pudiera contener las lágrimas. Miró a Tom, que estaba entre el público transmitiéndole fuerza y, tras respirar hondo de nuevo, agarró el micrófono con decisión.

—Hace unas semanas tuvimos la horrible tarea de enterrar a Madison Harris, hija de Robert, exsheriff de Cielo Alto.

En ese evento, Alfie estaba encerrado, privándolo de asistir al funeral de la muchacha por la que días más tarde perdió la vida intentando defender su memoria.

Sé que es tarde, que ya no hay vuelta atrás, pero es nuestro deber esclarecer todo lo antes posible para no tener que lamentar posteriormente cosas como estas.

Cielo Alto hoy se queda huérfano, y sé que otro ocupará su puesto, pero el peso de Alfie Spinster no lo podrá soportar nadie.

Por muy buen dirigente que sea, siempre será peor que el mejor sheriff que ha tenido este pueblo nunca.

Lucy no pudo más y rompió a llorar desconsoladamente. Tom, al ver que su pareja no podía seguir hablando, se dirigió hacia ella y, con cariño, la retiró de la escena mientras que los asistentes aplaudían solemnemente las palabras de la joven.

—El siguiente en hablar será Robert Harris, exsheriff del pueblo, y amigo del difunto. Por favor, Robert —dijo el cura, invitando así a Robert a acercarse al atril.

El señor Harris, con paso decidido, avanzó y se situó donde había estado Lucy hacía escasos segundos. Se colocó las gafas de ver e inhaló con profundidad.