¿Quién mató a Madison Harris? 31 8 de julio #2
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31 8 de julio #2

—¡Alfie, por favor! —pidió Lucy entre sollozos acariciándole la frente mientras sostenía su cabeza por la nuca con la otra mano—.

¡No me dejes! ¡No sabría seguir sin ti! ¡Por favor!

—la joven empezó a llorar a mares, olvidándose prácticamente de sus graves heridas debido a la adrenalina que sentía en ese momento—.

¡Nos queda mucho por hacer! ¡Quiero que me veas triunfar como policía!

¡Quiero que me mires como el padre que nunca he tenido!

¡Quiero que despidas a Madison como se merece!

Con gran dificultad, Alfie dirigió una mirada hacia Lucy mientras una lágrima surcaba su rostro.

Hizo un esfuerzo descomunal para levantar su mano y acariciar con ternura el rostro de la chica mientras con la mirada le transmitía todo el aprecio, cariño y amor que sentía por ella.

Un segundo después, su mano cayó con violencia al suelo.

La mirada de Alfie se desvaneció y su respiración cesó.

El corazón de Alfie había dejado de latir, diciendo así adiós para siempre.

—¡No! ¡No! ¡No! ¡No! —exclamó Lucy totalmente devastada—. ¡Por favor, no!

Lucy apoyó su cabeza en el pecho ensangrentado de Alfie, mientras lloraba desconsoladamente.

A pesar de los intentos de un compungido Tom por separarla, ella luchaba por zafarse, abrazando con fuerza el cuerpo inerte del sheriff, y sumergiéndose en un llanto más profundo y desgarrador.

El señor Harris, en estado de shock, permanecía de pie con la mirada clavada en el cuerpo de su amigo, tratando sin éxito de contener las lágrimas.

De repente, escuchó gemidos a pocos metros de distancia y observó a Mitchell, completamente ensangrentado, tratando de moverse con dificultad debido a las graves heridas causadas por el disparo de escopeta.

Robert se acercó, dio una patada a la pistola del capitán y, cuando se hubo colocado a su lado, puso el pie encima de su cabeza.

—Me alegro de que el tiro de la escopeta no te haya matado, sucio cabrón, hijo de puta —dijo Robert entre dientes con una rabia supina—. Así puedo ver cómo te revuelves y sufres justo antes de morir.

Robert miró de nuevo a los policías y vio a Lucy, que seguía llorando desconsoladamente, y a Tom, que ya había desistido y se encontraba agachado mirando hacia ellos.

Tras varios segundos, el señor Harris desvió la mirada de nuevo hacia Mitchell y retiró su pie de la cabeza.

Retrocedió varios pasos, pero, de repente, regresó hacia él y le propinó una fuerte patada en la cara con todas sus fuerzas, para acto seguido cargar la escopeta y apuntar a la cara del hombre.

—¡No lo hagas, Robert! —exclamó el agente McKay al ver la rabia que desprendía el padre de Madison—. Ya has sufrido bastante, no te jodas más la vida.

Robert miró a Tom sin dejar de apuntar a Mitchell y soltó una carcajada irónica.

—Yo hace tiempo que ya no tengo vida, hijo — respondió Robert con claros signos de furia.

Robert dejó de apuntar a Mitchell y cogió la escopeta por la culata.

—¡Esta por mi hija! —gritó mientras golpeaba con la parte trasera de la escopeta la cara de Mitchell—. ¡Esta por Alfie! —volvió a golpear fuertemente la cara de Matthew. Este seguía vivo, pero estaba completamente ido y ensangrentado.

Robert enderezó el arma y apuntó directamente al rostro del capitán.

—Y esta por mí y por Maggie, hijo de puta.

Robert apretó el gatillo y el cartucho de la escopeta impactó en la cara de Mitchell.

La cercanía y fuerza del balín hizo que la cabeza estallara, quedando todos los sesos esparcidos entre el suelo y la pared.

Después, soltó la escopeta y la dejó al lado del cuerpo de Mitchell.

Se dirigió al lugar donde se encontraba el cuerpo sin vida de Alfie y se sentó en el suelo, a su lado, sumido en un profundo desconsuelo.

Tom contactó a la policía que se encontraba fuera de la vivienda y solicitó con premura una ambulancia para atender a la agente herida en la misión.

Mientras Lucy seguía llorando, abrazaba sin soltarse el cuerpo de Alfie.

Los agentes de policía entraron en la casa y se quedaron totalmente petrificados con lo que se encontraron en el interior.

Podían verse numerosos agujeros de bala por las paredes y cantidad de sangre por el suelo.

El momento más solemne llegó cuando avistaron el cuerpo sin vida del sheriff Alfie Spinster, que yacía con gesto calmado en el suelo.

A pesar de la tristeza que sentían, su deber era seguir con su trabajo, así que no se demoraron mucho en rendirle homenaje al difunto.

Poco después, la ambulancia llegó con los sanitarios, quienes tras un arduo trabajo convencieron a Lucy de que debía acompañarlos, ya que permanecía aún al lado del cadáver, negándose a irse de allí.

Un policía se acercó a Tom al mismo tiempo que este acompañaba a Lucy a la ambulancia y le pidió detalles sobre la muerte de Mitchell.

El agente McKay, con astucia, mencionó que Alfie, antes de fallecer, le había pegado un tiro en la cabeza en respuesta a su disparo, ocasionando así la muerte del excapitán de la policía.

A las afueras de la casa de Matthew Mitchell se congregaron numerosos policías y ambulancias, también periodistas y muchos vecinos curiosos que querían saber lo que estaba sucediendo en su vecindario.

Tom acompañó a Lucy al hospital, y Robert permaneció en el lugar de los hechos para ayudar a la coordinación del levantamiento del cuerpo.

Impotente, observó por última vez el rostro de su amigo, al que taparon con la sábana antes de que fuera llevado en camilla hasta el coche fúnebre.

Así, sin más dilación, el legado del sheriff, Alfie Spinster, llegaba a su fin.