¿Quién mató a Madison Harris? 31 8 de julio
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31 8 de julio

La penumbra envolvía cada rincón de la casa de Matthew Mitchell, donde el silencio se entrelazaba con la tensión.

Estaba todo oscuro, a excepción de unos pequeños rayos de luz procedentes de las farolas de la calle a través de las cortinas.

Oculto en las sombras, Mitchell permanecía en su escondite con una clara ventaja respecto a los tres policías, puesto que al ser su casa se sabía con todo lujo de detalle cada rincón.

Alfie, Tom y Lucy estaban alerta a cada sonido o movimiento que intuían, pero se sentían totalmente desorientados en aquel entorno oscuro y hostil.

De repente, otro estruendoso disparo resonó, impactando contra una de las paredes de la casa, muy cerca de los tres policías.

Alfie, que se había asomado para ojear el escenario, se sobresaltó sobremanera.

—¡Aquí el agente Evans de nuevo, sheriff! —sonó otra vez desde el walkie-talkie de la policía—. Hemos vuelto a escuchar disparos y procedemos a entrar a la casa.

—¡Aquí el sheriff! ¡No lo hagáis! ¡Es una orden! — exclamó entre dientes Alfie para no llamar la atención.

No hubo respuesta y Spinster guardó el aparato para después volver a agarrar con tensión su pistola.

— ¡Deja de disparar, Mitchell! —exclamó Lucy con un rastro de dolor en la voz mientras se quitaba el chaleco, que le rozaba en la herida abierta minutos antes—. Va a ser peor para todos. Entrégate y tendrás un juicio.

Mitchell permaneció en silencio. La ausencia de palabras por parte del capitán aumentó la tensión en la casa.

Tom, con determinación, se desplazó por el pasillo, adoptando una posición resguardada tras una pared.

Al asomarse, avistó la silueta de Mitchell apuntando hacia su posición con un arma.

El disparo resonó, pero Tom ya se había resguardado tras la pared de nuevo, evitando el impacto.

—¡¡Tom!! —exclamó Lucy aterrorizada al escuchar el disparo.

—Tranquila, nena. Estoy bien.

—¡Os advierto que estáis yendo en contra de la autoridad! —gritó Mitchell desde otro punto de la casa—. ¡Si salís de esta con vida vais a acabar vuestros días pudriéndoos en prisión!

—Tenemos suficientes pruebas contra ti como para afirmar que el que se va a pudrir en la cárcel vas a ser tú, Mitchell —respondió Alfie con vehemencia—. No eres más que un asesino. Estás mal de la cabeza como ya advertí a Robert hace muchos años.

—¿Ah sí? —volvió a gritar Mitchell—. ¡Aquí el único asesino eres tú, que mataste a tu mujer y a tu hija por ir conduciendo borracho!

El rostro de Alfie cambió radicalmente, donde antes se podía intuir tensión ahora se veía un gesto claro de ira y ganas de matar.

—¡No lo escuches, Alfie! —exclamó Lucy, nerviosa—. Es lo que quiere, hacerte daño para que saltes.

Alfie se debatía entre seguir los consejos de Lucy o dejarse llevar por la furia que ardía en su interior.

Después de unos instantes de reflexión, optó por agarrar fuerte su pistola y comenzar a disparar a ciegas hacia la dirección donde suponía que se encontraba Mitchell.

Tras ello, salió de su posición original y avanzó, continuando con los disparos hacia el mismo lugar hacia donde había disparado previamente.

Lucy se levantó y siguió al sheriff mientras se cubría apuntando con su pistola.

En el momento en que Lucy estaba llegando a la posición de Alfie, se oyeron otros dos disparos, pero ninguno dio en el blanco. Se volvieron a perder contra la pared.

—¡Mitchell, solo tienes dos opciones, salir detenido o en un ataúd! Piensa un poco en lo que prefieres —gritó Alfie, siguiendo en su estado de furia.

—Elijo la segunda opción, pero me aseguraré de que te vengas conmigo —respondió el capitán desde la oscuridad de la vivienda.

De pronto, resonaron pasos en el exterior de la casa y, tras atravesar el porche, la figura de Robert entró, armado con una escopeta, haciéndose visible para todos los presentes en el interior.

—¡Robert! —exclamó Alfie al verlo—. ¡¿Qué diablos haces aquí?! ¡Sal ahora mismo!

—Negativo, Alfie —respondió Robert mientras cargaba la escopeta—. Dios me ha encomendado un último caso, y voy a cumplirlo hasta el final.

Luego, se agachó rápidamente y se resguardó detrás del sofá donde Alfie había estado previamente. Alfie, más airado aún que antes, cogió el walkie con malas formas.

—¡Aquí Spinster! ¡¿Por qué demonios habéis dejado entrar a un civil a la escena?!

—Aquí Evans. Le dijimos que no podía entrar, pero me ha insultado, me ha llamado fracasado y me ha quitado la escopeta.

Alfie guardó el walkie-talkie mientras esbozaba una tímida sonrisa que no pudo contener ante aquellas palabras. Al final, resignado, decidió dejar que Robert se quedara, reconociendo que su extensa experiencia policial podría ser de gran ayuda en aquella situación.

—¡Por última vez, Mitchell! ¡Tienes la oportunidad de entregarte sin que nadie salga herido! —gritó Alfie, de nuevo tenso.

—Te estoy esperando, Spinster —respondió el capitán con una inquietante calma—. ¡Llevo esperándote treinta y cinco años!

Alfie inhaló una gran bocanada de aire y miró a Lucy.

Cuando los ojos de ambos se encontraron, pudo verse una clara diferencia.

Los de él reflejaban determinación por actuar, mientras que los de ella, con lágrimas en los ojos, le suplicaban sin palabras que no lo hiciera.

Alfie le dedicó una tierna sonrisa a la joven y avanzó agachado y veloz por el pasillo hasta alcanzar una de las habitaciones de la casa, donde decidió resguardarse.

Tom se puso al lado de Lucy y le preguntó por su estado.

Al ver que su pareja estaba en buenas condiciones, se aseguró de que el escenario estaba libre y siguió al sheriff hasta la habitación, mientras hacía a Lucy un gesto para que lo acompañara.

Lucy inspiró profundamente y se dispuso a avanzar por el pasillo.

Lo recorrió deprisa para llegar a la ubicación donde estaban los dos policías.

Justo cuando estaba a punto de llegar a la sala, la figura de Mitchell apareció por detrás y disparó dos veces, impactando ambas balas en la espalda de Lucy.

Los disparos la derribaron al suelo de manera instantánea y fulminante.

—¡No! ¡Lucy! —gritaron ambos hombres a la vez.

Alfie salió apresuradamente de la habitación y comenzó a disparar con rabia hacia la nueva posición de Mitchell, quien ya se había vuelto a ocultar. Tom intentó avanzar rápidamente hacia donde estaba Lucy, pero Alfie lo detuvo agarrándolo firmemente.

—¡Os cubro! —gritó Robert, quien había estado desplazándose sigilosamente por toda la casa. En ese momento tenía un claro tiro para dar cobertura a los policías.

Tom corrió desconsolado hacia la posición de Lucy, que seguía tirada en el suelo.

Alfie hizo lo propio, con claro gesto de preocupación y unas lágrimas deslizándose por sus mejillas.

Al llegar junto a Lucy, la voltearon. Lucy estaba viva, respiraba con dificultad y mostraba claros signos de dolor, acompañados por unos ojos llorosos.

Debajo de ella, se vislumbraba un pequeño rastro de sangre.

—Te vas a poner bien, ¿de acuerdo? —aseguró Tom mientras acariciaba la cara de Lucy, que se hallaba blanca como la porcelana.

Lucy asintió mientras unas lágrimas se escapaban de sus ojos. Mientras tanto, Alfie examinó minuciosa y detenidamente las heridas de Lucy.

—Las balas han entrado y han salido —aseguró Alfie mientras observaba los agujeros que habían hecho—.

No entiendo, ¿no llevaba el chaleco…? —añadió, justo antes de percatarse de la presencia del chaleco de Lucy en el suelo de la entrada, iluminado los rayos de luz provenientes de las farolas de la calle—.

Tom, llévatela a rastras hasta aquel sofá y cúbrela.

Yo me encargo de Mitchell. Robert, tú cúbrelos. Que no les pase nada.

Spinster se dio la vuelta para volver a la carga, pero Lucy comenzó a emitir sonidos que llamaron la atención de Alfie. Este avanzó hasta su posición detrás del mueble para mirarla de nuevo. En los ojos de Lucy se reflejaba un profundo amor por Alfie y una preocupación indescriptible.

—Todo acabará pronto, Lucy —tranquilizó Alfie a la joven—. Te pondrás bien y haremos esa visita a Madison que prometimos.

—Te… —intentó decir Lucy sin éxito, ya que su agitada respiración le impedía hablar con claridad —. Te quiero mucho, Alfie.

Alfie esbozó una sonrisa reconfortante para Lucy y asintió, dejándole claro que el amor hacia ella era correspondido.

Se aseguró de que Robert y Tom estuvieran pendientes de Lucy, y avanzó nuevamente por el pasillo mientras buscaba cobertura.

Robert decidió dejar a Tom cuidando de Lucy, para así volver a su lugar y estar atento por si Alfie necesitaba ayuda.

—¡Ahora sí que la has cagado, Mitchell! —gritó Alfie, volviendo a su estado airado de nuevo—. Sal y da la cara. Siempre has sido un gallina.

Justo después de que Alfie acabara de decir aquellas palabras, Mitchell emergió de detrás de una pared, agarró la pechera de Alfie y lo derribó al suelo. Sin dilación, sacó de nuevo su pistola y apuntó directamente al sheriff.

—¡Te dije que te iba a matar, sucia rata! —exclamó Mitchell mientras cargaba el arma .

Matthew disparó, de modo que la bala impactó en el cuello de Alfie. En el preciso instante en el que el capitán apretó el gatillo, un estruendoso disparo de escopeta resonó, por lo que Mitchell salió disparado por los aires.

Lucy, que se encontraba a varios metros de distancia de Alfie, gritó horrorizada y se arrastró hacia él con mucha dificultad.

A pesar de que Tom intentara agarrarla, se liberó y llegó con dificultad hacia donde estaba el sheriff.

Robert también se dirigió con rapidez hacia allí, sosteniendo aún su escopeta.

Al llegar, encontraron a Alfie tendido en el suelo, con un gran charco de sangre debajo de él y el uniforme completamente teñido de rojo.

Sus ojos estaban muy abiertos mientras gemía y respiraba con mucha dificultad mientras la sangre salía a borbotones de su cuerpo.