¿Quién mató a Madison Harris? 27 8 de julio #3
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27 8 de julio #3

—Noah ha confesado todo —explicó Lucy—. Mitchell asesinó a Madison la noche del treinta de junio. ¡El caso está resuelto sheriff!

—¡Lo sabía! Sabía que esa rata era la causante de todo desde que me encerró aquí —exclamó el sheriff bastante enfadado—. ¿Por qué ha tardado tanto en contarlo?

—Tenía amenazado a Noah con hacer daño a sus familiares y amigos —respondió Tom.

—Entiendo. Propio de él —dijo Alfie mientras se formaba un gesto de asco en su rostro—. Mitchell es un peligro público desde hace años. ¿Lo habéis detenido?

—No, para eso hemos venido —respondió Lucy—. Tienes que detenerlo tú, Alfie.

La cara de Spinster cambió visiblemente. La ira dio paso a la esperanza y a una decisión de meter entre rejas a su excompañero.

—¿Cuál es la situación? —preguntó Alfie, ya metido en el meollo.

—Está en su casa, ha ido con Robert —respondió Lucy mientras Alfie ponía cara de sorpresa.

—¿Robert? —preguntó—. ¿Pero él sabe que… ?

Lucy asintió. Alfie pensó un instante, pero rápidamente volvió en sí.

—Lo primero es informar a toda la comisaría, así que subamos.

Alfie subió las escaleras acompañado por Tom y Lucy.

Cuando hubieron alcanzado la parte superior y atravesado la puerta, todos en la comisaría se quedaron mirando al sheriff con sorpresa, ya que nadie esperaba verlo allí, dado que se encontraba en el calabozo hasta ese momento.

Alfie se encaminó hasta el centro de la sala con decisión y, ante la mirada expectante de todos los presentes, comenzó a hablar.

—Sé que lo que voy a decir os va a resultar extraño, muchachos. El capitán Matthew Mitchell es, aparte de un déspota, un acosador y un hijo de puta. Bueno… y un asesino, un violador y un matón.

La comisaría quedó sumida en un silencio tenso y expectante.

Los ojos de los presentes estaban clavados en el sheriff, pero la mayoría no tenía ni idea de por qué estaba diciendo aquello.

Sus palabras habían caído como una bomba en medio de una tranquila tarde-noche y la sorpresa se reflejaba en los rostros de los agentes.

—¿Te has vuelto loco, Spinster? —preguntó un agente desde la lejanía. El sheriff se acercó hacia él, quedándose a escasos centímetros de su cara.

—¿Tengo que recordarte que sigo siendo tu jefe, Evans? —dijo Alfie amenazante—. Retírate.

El agente dudó unos instantes, inmóvil por la tensión.

—¡Retírate! —gritó Alfie desde lo más profundo de su ser.

El agente se alejó varios metros mientras llevaba consigo una cara de circunstancias. Alfie volvió al centro de la sala para dirigirse a los presentes.

—Como jefe vuestro que soy, no debería de demostraros nada. Mi palabra se cumple y punto —dijo seriamente Alfie, el cual se mostraba bastante enfadado. Después, dirigió la mirada a una de las salas de interrogatorios que había frente a ellos—. Todos adentro.

Los policías se quedaron sin saber muy bien qué hacer. Por un lado, seguía siendo su jefe, pero, por otro, no sabían de las intenciones de Spinster.

—¿Estáis sordos o qué? ¡Adentro! —gritó el sheriff de nuevo.

Ante aquellos gritos, sin decir ni una palabra más, los agentes cedieron y cruzaron la puerta de la sala, obedeciendo a regañadientes, todavía sin comprender del todo lo que estaba sucediendo.

Una vez dentro, el sheriff se puso al lado de un dispositivo de audio dentro de la sala insonorizada.

Cuando se hubo percatado de que nadie más que los que estaban en la sala pudieran escuchar, ordenó a Lucy que fuera a su lado.

La joven policía se acercó al sheriff con decisión y conectó su teléfono móvil al altavoz de la sala.

Lucy activó la grabación incriminatoria que habían guardado sobre Mitchell y lo que tenía que decir sobre la violación de Madison Harris.

El sonido del audio llenó la sala, resonando en las paredes y captando la atención de todos los presentes.

La voz inconfundible del capitán y los detalles comprometedores de la conversación se hicieron eco en el lugar, dejando a todos los agentes en un estado de asombro y conmoción.

—Lo que vamos a hacer es lo siguiente —volvió a hablar el sheriff después de terminar el audio—.

El criminal al que perseguimos está en su casa con Robert, nuestro excompañero.

Supongo que todos lo conoceréis. Es el padre de Madison, la joven a la que drogó, violó y asesinó aquella noche.

Nos dirigiremos a su casa, con sigilo y tocaremos su puerta.

En caso de que Mitchell no quisiera salir, entraremos la agente Pemberton, el agente McKay y yo, nadie más.

No queremos heridos ni que esto se haga más grande de lo que esperamos. ¿Entendido?

Con el claro y comprometedor audio que exponía la verdad, todos los agentes de la comisaría se alinearon en apoyo del sheriff Spinster. Todos los presentes asintieron en señal de entendimiento, dejando en claro que estaban dispuestos a respaldar al jefe en aquella misión.

El vínculo entre Lucy, Tom y Alfie se hacía más fuerte por momentos.

La joven observaba al sheriff con admiración, sintiéndose inspirada por su valentía y determinación para luchar por la verdad y la justicia contra quien hiciera falta.

La comisaría se había convertido en un remolino de actividad, mientras los demás policías se preparaban para unirse a la causa.

—Es el momento, Alfie —dijo Lucy mirando a su jefe como una niña que mira a su padre—. Es el momento de hacer justicia por Madison Harris.