¿Quién mató a Madison Harris? 25 8 de julio #2
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25 8 de julio #2

La chica asintió y, con un ligero movimiento de cabeza, les permitió entrar a la casa.

El vestíbulo estaba decorado con fotografías de momentos felices en la vida de Madison, desde su infancia hasta la adultez.

En las imágenes, Madison sonreía y parecía llena de vida.

A medida que iban avanzando por el pasillo, los señores Harris observaban las fotos y los recuerdos, lo que hacía que sus corazones se llenaran de una mezcla de tristeza y melancolía.

La casa estaba impregnada de su presencia y, aunque ya no se encontrara entre ellos, su espíritu parecía estar en cada rincón.

Terminaron el largo pasillo y la joven entró al salón.

—¿Quién era? —preguntó Noah acomodándose en la butaca en la que estaba sentado.

La joven se quedó en silencio, únicamente se dio la vuelta y por la puerta apareció Robert. La mirada perdida y de tristeza que Noah tenía en los ojos se convirtió en temor.

—¡No! —exclamó Noah mientras se levantaba de la butaca—. No quiero saber nada, Robert.

Robert estiró los brazos y levantó las palmas para tratar de tranquilizar a Noah.

—Tranquilo, Noah. Solo he venido a hablar — respondió Robert con calma.

Noah miró a la joven y ella le devolvió la mirada mientras trataba de calmarlo.

De pronto, en la habitación entró Maggie, con el rostro lleno de lágrimas, pues se había quedado atrás viendo todas y cada una de las fotos que había de Madison en la casa. Noah pareció calmarse al ver la figura de Maggie, pero, aun así, siguió en tensión.

—¿Qué queréis? —volvió a preguntar el joven, ahora ya más tranquilo.

—Solo queremos hablar contigo, hijo —volvió a responder Robert—. Tanto tú como nosotros hemos sufrido mucho, y solo queremos saber todo lo que pasó. Nada más.

—Cuéntanos lo que sepas, solo te pedimos eso — imploró Maggie con voz nasal debido al llanto—. Sabemos que eres inocente.

Ante esas palabras, la joven y Noah cruzaron miradas, pero rápidamente volvieron a fijarla en el matrimonio.

—Está bien —contestó Noah relajándose del todo por fin—. Tomad asiento. ¿Queréis algo para beber?

Robert negó con la cabeza, mientras que Maggie pidió amablemente a ver si le podía preparar una infusión para tratar de relajarse un poco. Noah asintió y miró a la joven mientras le hacía un gesto para que lo acompañara a la cocina. Después, volvió a dirigirse a los padres de Madison.

—Esta es Keira Simpson, por cierto —explicó Noah para que sus exsuegros conocieran a la joven—. Ellos son los padres de Madison.

La chica esbozó una leve y enigmática sonrisa de suficiencia, un gesto calculado que no llegó a sus ojos oscuros, inclinó la cabeza a modo de saludo y siguió a Noah por el pasillo hasta la cocina.

—¿Qué les vas a contar? —preguntó Keira.

—Lo que pueda contar, Keira —respondió Noah mientras buscaba por los armarios una taza para la infusión de la señora Harris.

—Creo… Bueno nada —comenzó a decir Keira. Noah dejó lo que estaba haciendo y miró a la joven.

—¿Qué crees? —preguntó.

—No, solo creo que este es un buen momento para que cuentes todo —manifestó Keira—. Solo era eso.

Noah quitó la vista de su amiga y siguió con los preparativos de la bebida.

El silencio se mantuvo entre Keira y el joven mientras ultimaba el pedido.

Después, regresaron al salón y Noah le entregó la infusión a la señora Harris, que asintió mostrando gratitud.

Tras ello, se sentaron en sus respectivas butacas.

—¿De qué queréis hablar? —preguntó Noah de nuevo.

Los señores Harris se miraron entre ellos y después dirigieron la mirada a su yerno.

—Nos gustaría que nos contaras todo lo que sabes, Noah. Por favor —pidió Robert con cierta súplica en sus palabras.

—Está bien. Os contaré todo lo que sé —respondió Noah con decisión—. Pero por favor, no montes ningún numerito si algo no te gusta. Todo lo que voy a contar es la verdad. Te lo juro por lo más que he querido. Por ella.

Los señores Harris asintieron con seriedad y se tomaron de la mano, revelando así su ansiedad por escuchar la historia de Noah.

En sus rostros se reflejaba la tensión y los nervios mientras se preparaban para oír todo lo que tenía que decir el joven.

Por su parte, Keira hizo el amago de salir de la sala, pero Noah la retuvo.

—Tú me has ayudado mucho y mereces estar aquí —le dijo regalándole una sonrisa.

La joven asintió y volvió a sentarse mientras dirigía la mirada a los padres de Madison.

—Bien. Ahí va. El mes pasado, el día que comimos con vosotros, me escaqueé de la comida para ir a comprar el anillo de compromiso para vuestra hija.

Quedé con Keira para que me ayudara a buscarlo.

Después, nos fuimos a cenar al restaurante Stefano , el italiano donde le pedí matrimonio…

— Noah se detuvo y respiró hondo. Estaba claro que le estaba costando recordar la historia—.

Tras ello, Madison se apuntó al gimnasio de su amiga Ruby, ya sabéis, la que se pegó el tiro en la bañera.

Los padres asintieron y pusieron gesto de dolor ante cada palabra que salía de la boca de Noah.

—Allí conoció a Ethan, un musculitos ridículo.

Quedó para comer con él, para cenar con él y para todo con él.

Eran inseparables. Yo os prometo que decidí confiar en vuestra hija, pero cada día volvía más tarde.

Cada día hablábamos menos… —continuó el chico.

Las lágrimas comenzaron a hacer acto de presencia en el rostro de Noah, que estaba sufriendo muchísimo por todos los recuerdos.

Keira le cedió la mano y él se lo agradeció con una tímida sonrisa en medio del llanto— .

Y de repente un día vino con que un famosete le había invitado a una fiesta, Will Tucker, ya sabéis quién es.

Robert asintió mientras ponía gesto de sorpresa, pues no tenía noticias de que su hija se codeara con tanto famoso.

—Yo intenté aguantar, os prometo que sí.

Pero no podía más y recaí en mi adicción.

Vino a verme mi camello de cuando era más joven y me regaló unos gramos —explicó Noah con dolor—.

Como podréis imaginar me los metí sin pensármelo, cosa que agravó más la situación.

En esos momentos vuestra hija no estaba conmigo, solo estaba Keira —señaló a su amiga, que escuchaba atentamente la historia con curiosidad—.

Entonces llegó el día de la puta fiesta.

Antes de salir vino a hablarme y le dije que no me creía que fuera a salir.

Ella me respondió que no tenía por qué no salir y yo le solté que no estábamos bien y que eso pondría peor las cosas.

Ella se arrimó a mí, discutimos y me pegó.

Yo, sobrepasado por todo la cogí del cuello y la estampé contra la pared.

Robert estaba sentado en su butaca, y su rostro reflejaba una furia contenida cuando Noah habló sobre aquel suceso.

Sus cejas estaban fruncidas y sus puños apretados, pero a pesar de su enfado, se obligó a seguir escuchando la historia de Noah.

Su mirada fija en el joven mostraba una mezcla de enfado, preocupación y ganas de saber más.

A pesar de su furia, el señor Harris comprendía que escuchar a Noah era crucial para entender lo que había sucedido con su hija.

—Lo siguiente que hizo fue irse y nunca más volvió — concluyó Noah con voz quebrada.

—¿No la volviste a ver? —preguntó Robert con seriedad, ya más tranquilo por el episodio contado por Noah .

—No —respondió el chico con voz temblorosa. Después, dirigió otra mirada a Keira, quien se la devolvía con ojos brillantes.

El padre de Madison fijó su mirada en Noah de manera intensa, como si tratara de penetrar en sus pensamientos y descubrir lo que le estaba ocultando.

Sus ojos reflejaban una mezcla de desconfianza, unida a una curiosidad y una firme decisión por descubrir cualquier información que el joven pudiera estar reteniendo.

—Noah… si sabes algo más… —insistió Robert. Pero el joven se puso de pie.

—Se está haciendo tarde, Robert. Si no os importa me gustaría descansar —explicó Noah, invitando a sus exsuegros a irse de su casa.

—Alfie está en una celda. Me ha pedido que venga a hablar contigo y no creo que se refiriera a esto —dijo Robert a la desesperada. Noah se sorprendió.

—¿Para qué te ha mandado Spinster? —preguntó Noah alarmado—. Creo que dejé bien claro a Lucy el otro día que no quería saber nada de la policía.

—Dice que Mitchell violó a mi hija en la fiesta —siguió diciendo Robert viendo cómo Noah se hacía más pequeño cada vez—. No me lo puedes negar. He escuchado audios.

Keira miró a Noah con compasión, y lo instó a contar todo lo que sabía.

—Noah, igual es el momento… —sugirió la joven, midiendo el impacto de sus palabras con una frialdad pasmosa—. Sus padres merecen saber la verdad de una vez.

Noah miró a la joven con los ojos inyectados en sangre y después volvió la vista hacia su exsuegro.

—¿Qué verdad? —preguntó Robert alterado mientras unas tímidas lágrimas caían de su cara—. Noah, ¡cuéntamela!

El joven, abrumado por la tensión, se llevó las manos a la cabeza y comenzó a sacudirla mientras emitía lamentos ininteligibles por su boca. La presión de la situación le estaba afectando profundamente, y necesitaba liberarse de la carga cuanto antes.

—¡Vale, de acuerdo! —dijo Noah completamente alterado—. Después de la fiesta la recogí. Habíamos discutido y no quería verme. Al final accedió y nos fuimos en el coche de un amigo para hablar las cosas.

—¿Y luego qué? —preguntó Robert, teniendo la sensación de que Noah estaba a punto de sentenciar todo.

—Luego, nada… —dijo Noah tembloroso.

Robert se levantó bruscamente de la butaca, incapaz de contener su ira. La señora Harris intentó sostenerlo, pero sus esfuerzos resultaron en vano. Con un arrebato de furia, Robert fue hasta la posición de Noah y lo agarró de la pechera.

—¡¿Quién mató a mi hija?! ¡Dímelo ya!