¿Quién mató a Madison Harris? 25 8 de julio
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25 8 de julio

La tarde de verano en Cielo Alto era cálida y tranquila.

El sol brillaba en lo alto, y las calles estaban relativamente despejadas, con pocas personas caminando por las aceras, disfrutando del agradable clima veraniego.

El hospital de la ciudad se alzaba imponente, con su fachada de ladrillos y ventanas de cristal.

Mientras algunos visitantes esperaban en los alrededores, Matthew Mitchell llegaba al hospital de Cielo Alto.

Ethan Murphy había despertado y el capitán se había acercado a hacerle unas preguntas.

Mitchell entró al hospital y se dirigió a la recepción.

Después, mostró su placa de policía y pidió amablemente el número de habitación de Ethan.

La recepcionista se lo dijo y, sin perder un segundo, siguió las indicaciones del personal para acceder a los ascensores.

Una vez allí, tocó la tecla del piso de la habitación y, en pocos segundos, se encontró en el pasillo.

Anduvo lentamente ojeando todos los números hasta que al fondo pudo ver el número que le había proporcionado la chica de recepción.

Al llegar a la puerta, tocó suavemente y esperó.

La puerta se abrió lentamente, de modo que una amable mujer con una sonrisa amigable le dio la bienvenida a la habitación.

—Yo soy Gertrude, la madre de Ethan —explicó la señora mientras entraba en el interior de la habitación—. Llevo cuidándolo desde que le pasó esto. Afortunadamente ya ha despertado y no tiene secuelas.

El capitán Mitchell se tomó unos segundos antes de entrar.

Recordó el tenso enfrentamiento que tuvo la última vez que vio a Ethan, en la que acabó de camino al hospital.

Después de unos instantes, avanzó con decisión, entró en la habitación y cerró la puerta.

Ethan, al notar la presencia del capitán, mostró una sorpresa inicial.

Sus ojos se entrecerraron en un intento por recordar al hombre frente a él, y su mirada se llenó de recelo.

—¿Usted era…? —preguntó Ethan pensando con fuerza de qué conocía a aquel hombre—. No consigo recordar. Usted estaba en la fiesta aquella noche, ¿verdad?

—Me llamo Matthew Mitchell, soy capitán de la comisaría de Cielo Alto —comenzó a decir el capitán, presentándose formalmente ante el joven—.

En efecto, esa noche estaba en la fiesta.

De hecho, fui yo quien te encontró en el suelo y el que llamó al 911 para que vinieran cuanto antes. Debiste darte un golpe muy fuerte.

Ethan continuó mirando al capitán de reojo, sin apartar su mirada de él. Aunque tenía la sensación de que lo conocía de algún lugar, no lograba recordar nada con claridad. La desconfianza se reflejaba en sus ojos mientras esperaba a ver qué tenía que decirle el agente .

—¿Para qué ha venido? —preguntó el joven, el cual se encontraba semitumbado con una venda aparatosa en la cabeza—. Estoy sin fuerzas, necesito descansar.

—Tengo que hacerle unas preguntas, señor Murphy —explicó el capitán. Después dirigió la mirada a la madre del joven—. ¿Sería tan amable de esperar fuera?

Gertrude se levantó y dio varios pasos hacia la puerta.

—¡No! —exclamó Ethan sorpresivamente—. Mamá, quédate mejor. Por si necesito algo.

—Seré breve, señor Murphy —explicó Matthew mientras sacaba una libreta. No le hizo nada de gracia que le llevara la contraria, pero dio comienzo a su interrogatorio—. Necesito que me cuente todo lo que recuerda de la noche de la fiesta.

Ethan frunció el ceño y se esforzó por recordar con más detalle, pero seguía sin poder ver con claridad muchas de las cosas que pasaron aquella noche. Si bien era cierto que no tenía secuelas graves, la lesión había hecho que su memoria a corto plazo quedase algo dañada.

—Recuerdo que recogí a Madison en el gimnasio, estaba guapísima —explicó Ethan, mientras se le escapaba una sonrisa—. Después nos juntamos con Will y bailamos, lo pasamos bien. Creo que incluso hablé con usted. Pero después es como si entrara en una cueva y se volviera todo oscuro.

El capitán Mitchell tomó notas en su libreta, aparentando normalidad, pero aliviado, pues parecía que el joven no se acordaba de nada. A pesar de la tranquilidad que mostraba, Matthew sabía que se la estaba jugando mucho al ir a ver al joven.

—¿Recuerda el momento de la pelea? —preguntó Mitchell levantando la vista de la libreta y dirigiendo su mirada al joven.

—Recuerdo que estaba con Madison, y se fue porque estaba muy cansada —dijo el joven entornando los ojos, tratando así de recordar—. Después solo me acuerdo de cómo vino su prometido y me dio varios golpes. Sé que era él porque me lo encontré en una pizzería y estuve hablando con él.

—Sí, Noah —dijo Gertrude de repente—. Ha estado viniendo a diario desde que estás ingresado.

Ethan miró a su madre con sorpresa y confusión.

La mención de Noah le había tomado completamente por sorpresa, ya que no tenía ninguna relación con él.

Mitchell, por su parte, sintió una descarga de adrenalina que congeló sus anotaciones.

Un sudor frío amenazó con brotarle en la nuca mientras fingía repasar con excesivo celo las líneas de su libreta para ocultar la rigidez de su rostro.

—Dijo que se sentía culpable por lo que te había hecho, que sabía que no habías sido tú el que le… el que le había hecho eso a Madison —prosiguió la madre, ya que ninguno de los dos hombres decía nada.

—¿ Eso ? —preguntó Ethan—. ¿Dónde está Madison?

El capitán intercambió miradas con la madre de Ethan, quien negó con la cabeza. En ese momento, Mitchell se dio cuenta de que Ethan no estaba al tanto de la muerte de Madison, puesto que había estado en coma desde antes de su asesinato.

—Verá… —dijo Mitchell sin saber cómo seguir aquella conversación.

El cambio de tema le había servido al capitán para quitarse de encima lo que acababa de salir sobre la mesa. Si seguían indagando quizás Ethan se daría cuenta de que fue él quien abusó de Madison aquella noche.

—¿Qué pasa? ¿Os habéis quedado mudos o qué? — insistió Ethan al ver que tanto su madre como el capitán le estaban queriendo ocultar algo.

—Madison murió la madrugada del treinta de junio. Apareció asesinada en el bosque de Cielo Alto —confesó Mitchell viendo que ocultarle la información solo iba a empeorar las cosas.

Ethan, atónito y en estado de shock, comenzó a llorar desconsoladamente al enterarse de la muerte de su amiga. Sacudió la cabeza mientras negaba con ella, incapaz de asimilar la trágica noticia.

—Necesito que se calme, señor Murphy —dijo tranquilamente el capitán.

—¡¿Quién lo hizo?! —preguntó Ethan, con lágrimas en los ojos y estando muy conmocionado.

—El sheriff Spinster. Ya está pagando por ello en la cárcel —respondió sin dudar el capitán.

Ethan, asombrado por la revelación de que Alfie fuera el asesino de Madison, no podía procesar la información. Su mente, frágil por la semana y media que llevaba en coma, se encontraba llena de emociones confusas.

—¿Y Ruby? ¿Cómo está por la noticia? —preguntó Ethan cuando por fin pudo articular palabra.

El capitán se levantó de su asiento, muy abrumado, y perdió su mirada en el horizonte mientras guardaba silencio. Las palabras eran innecesarias en ese momento.

—¿Qué sucede? No me digas que… ¡Oh, por Dios! — exclamó Ethan al darse cuenta de lo que significaba ese silencio .

De pronto, Ethan comenzó a convulsionar.

Su madre, muy preocupada, se abalanzó hacia el botón y lo pulsó con rapidez.

Segundos después las enfermeras aparecieron en la sala e instaron a Gertrude y a Matthew a salir de la habitación.

Las enfermeras trabajaron duramente para estabilizar a Ethan, cosa que ocurrió al cabo de pocos segundos, pero este se desmayó completamente.

—He de irme, señora —dijo Mitchell viendo la situación que se había formado en pocos segundos—. Volveremos a vernos.

Gertrude se despidió de Mitchell sin hacerle mucho caso, pues estaba muy preocupada mirando hacia el interior de la habitación.

El capitán avanzó por los pasillos, satisfecho por haber confirmado que Ethan no recordaba nada.

Además, el desmayo lo mantendría callado en caso de recobrar la memoria poco a poco.

Al mismo tiempo, caía la tarde en Cielo Alto.

El pueblo, en ese momento, se sumía en el silencio propio de la tarde.

El suave viento veraniego movía con timidez las hojas de los árboles, creando un susurro sereno.

En este escenario de calma, Robert y Maggie Harris, con el semblante serio que los acompañaba desde hacía muchos días, llegaron a la casa donde su hija Madison había vivido sus últimos días.

La casa se erguía en su lugar habitual, en la tranquila zona de las afueras, con su fachada impecable y un jardín rebosante de flores.

Lo único que parecía haber cambiado es que, aparte del coche de Noah, había otro vehículo de color rojo aparcado cerca de la entrada de la casa.

Estacionaron el suyo al lado de este y se miraron entre sí con inquietud, conscientes de que la conversación que se avecinaba sería dolorosa.

Con la decisión marcada en sus rostros, los padres de Madison salieron del coche y avanzaron hasta la puerta de la casa en la que vivía Noah.

Notaban con cada paso que daban que la frecuencia cardiaca subía de golpe.

Por fin llegaron a la puerta y, con una mezcla de ansiedad y decisión, tocaron el timbre, esperando a que alguien les abriera.

Aguardaron en silencio, mientras el sol se ocultaba completamente en la tarde detrás de las colinas de Cielo Alto.

Entonces, tras varios segundos, la puerta se abrió.

En lugar de Noah, la puerta la abrió una joven de pelo moreno y baja estatura.

Los padres de Madison intercambiaron miradas de sorpresa y desconcierto.

La joven se quedó mirándolos con rostro inexpresivo, como si esperara a que el matrimonio Harris dijera algo.

—Hola —saludó Robert alargando la cabeza para mirar en el interior—. Estamos buscando a Noah Young.