¿Quién mató a Madison Harris? 22 20 de agosto de 1987
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22 20 de agosto de 1987

La comisaría se encontraba sumida en una calma inusual aquel jueves por la tarde-noche, como si el tiempo se hubiese ralentizado, o parado directamente.

Alfie Spinster estaba como cada tarde, sentado en su escritorio, deseando que llegara la hora de marchar a casa.

Las tardes en el trabajo habían perdido su brillo, y el aburrimiento se apoderaba de él de manera constante.

Sus pensamientos viajaban por el tiempo y, en ocasiones, los recuerdos de una noche en particular lo inundaban.

Era la noche en la que salió con Matthew, su compañero de comisaría, la noche en la que conoció a Emily.

Emily, una chica rubia con la que, habiendo compartido únicamente una conversación, ya sabía que su vida con ella sería prometedora.

Pero esa promesa se desvaneció rápidamente cuando su compañero de trabajo se entrometió, la besó y empezaron a salir.

Desde entonces, la amistad entre Alfie y Matthew se había resentido hasta el punto de prácticamente desaparecer.

A medida que Alfie miraba su escritorio frente a él, su rostro reflejaba una mezcla de resignación y melancolía.

La rutina en la comisaría fue interrumpida por la aparición de Matthew, puesto que había acabado su jornada laboral y se disponía a ir a su casa.

Su presencia era esperada, ya que compartían la misma oficina, pero no por ello dejaba de ser una faena para Alfie, que no quería ni ver a su compañero.

Mitchell se acercó a la mesa de su colega, buscando una conversación que llevaban evitando más de dos semanas.

Sin embargo, Spinster se negó a dirigirle la palabra, acción que dejó sin palabras al joven agente.

—Vamos, Alfie, tío. Tendremos que hablar alguna vez, ¿no? —preguntó Matthew con un tono de lástima por haber perdido la relación con su amigo.

—Yo no tengo nada que hablar contigo, así que haz el favor de dejarme en paz —respondió el policía de forma arisca.

Alfie miró el reloj y se levantó de la mesa.

Cogió la chaqueta y, tras echar una mirada de desdén a su compañero, salió de la comisaría rumbo a su casa.

El camino hasta su hogar fue un viaje cargado de emociones contradictorias.

Mientras avanzaba por las calles de Cielo Alto, la tristeza era palpable, ya que el conato de discusión que había tenido con su amigo no le había sentado nada bien.

Por un lado, anhelaba arreglar las cosas con él para recuperar la relación que habían compartido durante tantos años.

Por otro lado, el deseo de reconciliación chocaba frontalmente con la rabia que le daba acordarse de aquella noche, que aún la sentía como una herida abierta.

Cada paso que lo alejaba de la comisaría marcaba una distancia mayor entre él y su colega.

Tras un largo paseo, finalmente llegó a su casa.

—Por fin en casa —dijo Alfie nada más entrar mientras acariciaba a su perro.

Alfie llegó con una sensación de agotamiento, tanto físico como emocional, que lo acompañó a lo largo de la tarde.

Se despojó de su uniforme y se puso ropa más cómoda.

Tratando de dejar atrás todas las preocupaciones, encendió el microondas y colocó una pasta precocinada en su interior.

Mientras esperaba, se acercó al sillón y encendió la televisión, buscando algo que pudiera distraer su mente.

El zumbido del microondas de fondo creaba una especie de banda sonora en su cabeza, pero no era capaz de dejar de pensar en sus cosas.

—El mundo está loco, Ralph —dijo Alfie mirando a su perro mientras lo cogía y le acariciaba la cabeza—. Algún día tendremos un caso así de grande.

Los ojos de Alfie se centraron en la pantalla mientras intentaba asimilar la gravedad de lo que estaba sucediendo.

Cuando el microondas sonó, Alfie se levantó, sacó el plato de su interior y regresó al salón.

Mientras comía, su mirada se dirigía una y otra vez hacia la pantalla de la televisión, preocupado por el mundo exterior y por su propia vida, ya que él era uno de los que tenía que acabar con esas situaciones.

De pronto, sin haberle dado tiempo a acabar de cenar, escuchó el timbre de la puerta que lo sacó de su ensimismamiento. Se dirigió hacia allí y respondió.

—¡Alfie! —dijo una voz femenina—. Soy Emily, la novia de Matthew. Ábreme, quiero hablar contigo.

Este abrió la puerta y rápidamente, como si tuviera un resorte, se dirigió al baño a acicalarse un poco.

Cuando regresó a la puerta, se encontró con una Emily inesperadamente elegante y atractiva.

Vestía unos pantalones de cuero ajustados que realzaban su figura y una camiseta negra que dejaba al descubierto un tatuaje en su brazo.

Una chupa roja completaba su atuendo, y su cabello rubio caía sobre sus hombros.

—¿Qué te trae por aquí, Emily? —preguntó Alfie forzando un tono desinteresado.

—Quería hablar contigo. Es sobre Matthew —explicó la joven mientras pasaba y tomaba asiento en uno de los sillones.

—Estás en tu casa —dijo Alfie extendiendo las manos hacia el techo y dando un sonoro golpe en sus muslos con ellas. Después, decidió sentarse—. Si es una estrategia para volver a ser colegas ya te digo que no va a funcionar. Dile que me deje en paz.

—No es eso… —respondió Emily con tono de preocupación—. Los primeros días fueron muy bien con él. Pero llevamos dos semanas y de ellas, una se la ha pasado borracho.

Alfie sonrió irónicamente mientras negaba con la cabeza. La joven vio la actitud del amigo de su novio y frunció el ceño.

—¿Con quién crees que estás saliendo? —preguntó Alfie volviendo a tirar de ironía.

—Me podrías haber avisado…

Alfie se levantó del sillón y se puso mirando fijamente a Emily.

—¿Yo? ¿Avisarte a ti? —preguntó claramente exaltado—. ¿Por qué debería haber hecho tal cosa?

Emily dio un toque al sitio del sofá que estaba a su lado, instando a Alfie a sentarse junto a ella y relajarse. Este dudó, pero finalmente accedió.

—No sé… —respondió Emily mirando fijamente a los ojos de Alfie—. Nos llevamos bastante bien el ratito que estuvimos hablando.

Mientras Alfie observaba a la joven rubia, su mente se llenaba de pensamientos contradictorios. La atracción que Emily parecía irradiar con su atuendo y su actitud lo llevaba a cuestionar si, de alguna manera, estaba coqueteando con él.

—¿Has visto lo del atentado en los informativos? Qué pasada… —dijo Alfie cambiando de tema y señalando a la televisión.

—Creo que me he equivocado saliendo con Matthew —dijo Emily de repente mientras suspiraba.

Alfie sabía que era así, pero su ética le impedía decirle a Emily que tenía toda la razón del mundo y que su colega era un descerebrado, así que se limitó a mirar en silencio a la chica.

De pronto, esta agarró el mando de la televisión y decidió apagarla.

El ambiente se llenó de golpe de una sensualidad abrumadora, de modo que la joven se alzó de su asiento con un gesto sugerente.

Ante los ojos de Alfie, deslizó la chupa roja que tenía lentamente al suelo, dejando al descubierto una camiseta negra que se adhería a su piel como si de una modelo se tratara.

Cada curva de su cuerpo parecía diseñada para cautivar, y Alfie no podía evitar sentirse atraído por la imagen que se desplegaba ante él, recordando con detalle lo que le había encantado de Emily aquella noche.

—Emily, ¿qué haces? —pregunto Alfie con cierto nerviosismo al ver que la joven se acercaba poco a poco a él.

—Creo que me he equivocado… —repitió Emily—. Creo que me tendría que haber quedado contigo .

Alfie, sentado inerte en el sofá, observaba con nerviosismo cómo Emily se acercaba con pasos cautivantes.

Su mente era un tornado de emociones encontradas.

Sabía que estaba mal, que ella era la novia de su compañero, pero no podía evitar volver a la noche en cuestión, en la que había sido él el que había conocido primero a la joven antes de que Matthew entrara en escena.

Un sentimiento de culpa se mezclaba con la atracción que Emily ejercía sobre él.

Sentía que estaba traicionando a su amigo al dejarse llevar por la tentación, pero al mismo tiempo, recordaba la conexión que había sentido con ella.

La tensión en la habitación aumentaba, y Alfie se debatía entre la moralidad y el deseo, sin saber muy bien cómo resistirse a aquella atractiva joven.

—¿Qué pasa? ¿Ya no te gusto? —preguntó la joven mientras arrimaba su cara a la de Alfie.

—No es eso… Ya sabes lo que pasa —respondió Alfie sin quitar la mirada de los ojos verdes de Emily.

Después de un intenso debate interno, Alfie llegó a la conclusión de que el deseo primaba a la lealtad que sentía en ese momento por su amigo, así que desvió la mirada hacia los labios de Emily.

Esta se dio cuenta al instante, la pasión y la atracción eran demasiado fuertes, así que, sin poder contenerse más, Emily se inclinó hacia él y sus labios se encontraron en un beso apasionado.

En ese momento el mundo exterior desapareció para Alfie.

Disfrutó de los besos con Emily como si fuera lo que más había deseado durante toda su vida.

Emily se separó de él con brusquedad y, tras dedicarle una mirada cómplice acompañada de una sonrisa pícara, tomó la mano de Alfie.

Sin decir ni una palabra, lo llevó hacia el dormitorio, donde la pasión y la intensidad del momento parecían dominar sus acciones.

Al llegar al cuarto, Alfie se tumbó en la cama y observó a Emily, la cual estaba de pie, quitándose la camiseta poco a poco.

Cuando terminó, dejó ver sus impresionantes curvas y exuberantes pechos.

Prosiguió quitándose toda la ropa hasta que ambos quedaron sin una prenda y dedicaron una gran parte de la noche a hacer el amor con todas las ganas que se podían tener.

—¡Guau! Eres bastante mejor que tu amigo en la cama, madre de Dios —exclamó Emily una vez hubieron terminado el acto.

Alfie se quedó callado, con una sonrisa radiante.

La joven, con una expresión de felicidad, descansaba en los brazos del policía, abrazándolo con cariño.

A pesar de la pasión compartida, Alfie se encontraba en un estado de suma reflexión.

Los sentimientos de culpa volvían a acecharlo, recordando continuamente que Emily era la novia de su amigo.

Sin embargo, después de sopesar sus pensamientos, decretó que él también se sentía de alguna manera traicionado por su colega.

Finalmente, decidió disfrutar del momento, al fin y al cabo, él había hablado y conocido a Emily primero.