18 29 de junio #3
—Vete a la fiesta, Ethan. No quiero fastidiarte la noche con tus amigos —dijo Madison con dificultad para vocalizar.
Ethan se quedó pensativo: por un lado, quería quedarse con ella toda la noche, pero, por otro, tenía que encontrar a Will para pedirle las entradas.
—Voy un momento a por Will y vengo, ¿vale? No tardo —dijo Ethan. Después, le dio un beso en la frente.
Madison asintió y Ethan le acarició la cara de nuevo mientras sonreía.
Tras ello, se dirigió hacia la puerta, pasó hacia fuera y la cerró.
Madison se quedó en calma en la cama, sin ruido y sin nadie que le molestara durante muchos minutos, hasta que se quedó dormida.
De pronto, unos toquecitos sonaron en la puerta.
Al ver que no había respuesta, abrió la puerta desde fuera.
Se pudo ver la cabeza de Matthew Mitchell asomándose y mirando a la joven.
—¿Madison? ¿Estás bien? —exclamó el hombre al verla tirada en la cama.
No hubo respuesta. Matthew miró por el pasillo, hacia un lado y hacia otro y, al percatarse de que no había nadie, entró en la habitación.
Se quedó varios segundos con la espalda apoyada en la puerta mirando a la joven.
Después se giró, puso el pestillo a la puerta y avanzó hacia Madison, que estaba profundamente dormida en la cama.
—¿Madison? —gritó el hombre mientras daba pequeños golpecitos a la chica en la cara para ver si reaccionaba—. ¿Me oyes? ¿Madison?
No reaccionaba, así que el hombre paró de darle los toquecitos en la cara.
Miró fijamente a Madison a la cara mientras le pasaba la parte delantera del dedo índice por el pómulo.
Después, se lo pasó por los labios, que aún seguían rojos por el pintalabios que se había puesto.
El hombre se giró hacia la puerta y miró minuciosamente el pestillo.
Cuando se cercioró de que seguía cerrado, puso la palma de su mano en el pecho de la joven y comenzó a recorrer su torso suavemente por encima del vestido rojo.
Estuvo varios segundos viajando de lado a lado por el pecho de Madison.
Tras varios minutos, decidió meter la mano por dentro del vestido y tocó sus pechos.
Madison soltaba unos pequeños gruñidos de incomodidad, pero no podía decir nada más, ya que estaba profundamente dormida.
Las manos de Mitchell se cansaron del pecho de la joven y comenzaron a bajar por la cintura y la cadera.
El hombre se levantó y colocó el cuerpo de Madison en posición fetal, para poder tocarle el culo como él quería.
Ahí estuvo otro rato mientras notaba cómo su miembro se comenzaba a poner duro.
Matthew no aguantó más, volvió a poner bocarriba a Madison y metió su mano por debajo del vestido justo antes de comenzar a hacerle tocamientos mientras Madison, dormida e indefensa emitía gemidos de disconformidad.
Un rato después, le remangó el vestido. Se puso de pie y se soltó uno a uno los botones del pantalón, se lo bajó y sacó su miembro, introduciéndoselo a Madison, la cual puso una cara de dolor tremenda a pesar de estar dormida.
Matthew empezó suave y después comenzó a darle más duro.
Madison estaba inerte, sin tener ningún tipo de emoción y dormida profundamente, cosa que excitaba cada vez más a Mitchell, que estaba disfrutando como nunca de aquella acción.
De pronto, la manilla de la puerta bajó, pero la puerta no se abrió.
Matthew sacó su miembro de dentro de Madison y se vistió.
El picaporte de la puerta subía y bajaba cada vez más fuerte y rápido.
—¿Madison? —se pudo escuchar a Ethan desde fuera mientras daba golpes a la puerta—. ¿Madison, estás ahí?
Matthew se vistió apresuradamente y alisó el vestido de Madison, tratando de no dejar pruebas de lo que acababa de pasar en aquella habitación.
Ethan, que estaba cada vez más desesperado, se hartó y propinó una fuerte patada a la puerta.
No venció, así que dio una tras otra, hasta que al final consiguió echar la puerta abajo.
Pudo ver en el interior a Madison dormida como la había dejado y a su lado a Matthew, mirando fijamente a la puerta sin saber qué decir.
—¿Qué coño hace usted aquí? —preguntó Ethan atravesando la puerta y dirigiéndose hacia Madison para ver si estaba bien.
—Pues… He entrado y he visto que estaba mal… Y ya me he quedado —respondió Mitchell tartamudeando y con cierto nerviosismo.
Ethan se sentó junto a la joven y comenzó a tocarle la cara para ver si conseguía espabilarla. Pudo observar que de la frente de la joven caían unas gotitas de sudor.
—¿Por qué tenías el pestillo puesto? —preguntó Ethan echando a Matthew una mirada amenazante.
Antes de que el hombre pudiera contestar, dos hombres irrumpieron en la sala, uno moreno y con barba y el otro rapado y con ropa ancha.
—¡Lo sabía! —dijo uno de ellos —¿Qué te había dicho, Jayden?
—Calma, hermano. No se sabe qué ha pasado, Noah, tío —respondió el hombre rapado viendo que su colega estaba fuera de sí.
Noah caminó por la habitación mientras se mordía los nudillos. Jayden trataba de calmarlo. Mientras tanto, Ethan observaba con incredulidad aquella escena.
—Tu chica ha bebido mucho, colega —dijo Ethan en tono amable y respetuoso viendo que Noah estaba alteradísimo.
De pronto, Noah se paró de golpe y lanzó una mirada asesina a Ethan, el cual se levantó de la cama y se puso delante de Madison, que seguía dormida sin enterarse de nada.
—La has drogado, ¿verdad? —exclamó Noah fuera de sí—. Desde que apareciste en nuestras vidas has jodido todo. ¡TODO!
Noah se abalanzó hacia Ethan, lo tiró al suelo, se puso encima de él y comenzó a darle puñetazos en la cara. La sangre comenzó a brotar de la nariz del joven, pero este no podía hacer nada para defenderse del ataque violento de Noah.
—¿Qué haces, colega? ¡Vámonos de aquí echando hostias… lo vas a matar! —dijo Jayden.
Noah se levantó y metió la última patada en el costado de Ethan, que chilló de dolor.
Los dos jóvenes salieron de la habitación corriendo y se perdieron entre la multitud.
Matthew, que había estado inerte durante toda la escena, se arrimó a Ethan.
El joven estaba en el suelo con la cara llena de sangre y jadeando muy fuerte.
—¿Estás bien, chaval? —preguntó Matthew interesándose levemente por el chico.
Ethan abrió los ojos y miró fijamente a Mitchell.
—¿Qué le has hecho a Madison, hijo de puta? —dijo con la voz entrecortada , sin apenas poder articular palabra.
Matthew caminó de un lado a otro de la sala varios segundos.
Se quedó quieto, pensativo, cogiendo un bate de béisbol que había apoyado en una pared de la habitación.
Después, volvió a mirar a Ethan, se arrimó a él y, lejos de socorrerlo, le propinó dos golpes fuertes en la cabeza con el bate, haciendo que el chico perdiera el conocimiento.
El hombre se puso de cuclillas y se arrimó al oído del joven, en el que ya se podía observar un pequeño charco de sangre brotando de su cabeza.
—Este será nuestro secreto.