¿Quién mató a Madison Harris? 14 4 de julio #3
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14 4 de julio #3

—¿Hay algo más que le parezca relevante sobre esa noche? —preguntó Spinster, esperanzado de que proporcionara más información.

—Además de la pelea con Ruby, que en paz descanse también, y la rubia que he mencionado antes… —dijo Tucker, pensativo—. ¡Ah! Hay algo que no he mencionado y que, por lo que hemos hablado, me parece interesante.

Los tres policías lo miraron con atención, y el deportista, rascándose la barbilla y con la vista perdida en el techo, parecía inmerso en sus pensamientos. Alfie carraspeó para recordarle que estaba esperando, y Tucker al final volvió en sí.

—Al final de la noche, después de que la fiesta casi destruyera mi mansión, estaba en el porche maldiciendo mi decisión de haberla organizado, cuando vi a Madison salir llorando y subirse a un coche rojo —explicó Tucker, mientras Alfie anotaba diligentemente en su libreta, subrayando las palabras «coche rojo»—.

En ese momento no le di mucha importancia, pero ahora parece relevante, ¿no?

—Definitivamente, parece relevante, señor Tucker — respondió el sheriff, pensativo—. Agradecemos mucho su cooperación. Le pedimos que mantenga esta conversación en estricta confidencialidad.

—Entendido. A pesar de que me habéis perseguido, humillado y tumbado como si fuera un criminal, al final sois buena gente —dijo Tucker con una pequeña risa, intentando aliviar la tensión del momento.

Al escuchar las palabras de Tucker, Alfie lanzó una mirada incrédula hacia Lucy y Tom, que estaban visiblemente incómodos, intentando disimular su sonrisa.

Alfie, con una mezcla de resignación y diversión, sacudió la cabeza con una sonrisa y se levantó para acompañar a la estrella de fútbol americano hasta la puerta.

—Lo llevamos a su casa en un momento —dijo Alfie, con un tono cortés.

—No hace falta, gracias. Voy a ver a un viejo amigo que vive a dos manzanas de aquí —explicó Tucker, dando un último gesto de despedida antes de alejarse por la oscura calle.

—¡Esto es un triunfo! —dijo Alfie, esforzándose sin éxito por contener su euforia.

En ese instante, el teléfono de Tom comenzó a sonar. Este levantó la mano, señalando el móvil, y se apartó para atender la llamada.

—Me alegra que todo haya salido bien, Alfie —dijo Lucy con entusiasmo—. Nos ha costado, pero al final ha accedido. Y, por cierto, he descubierto que Tom tiene un futuro prometedor en el fútbol americano —rio .

De repente, Tom regresó a la sala con el rostro pálido y visiblemente alterado.

—¿Qué te sucede, Tom? —preguntó Lucy, por el cambio repentino en el estado de su pareja.

—Verás… No sé cómo decir esto… —balbuceó Tom con voz temblorosa—. Me ha llamado Sullivan, el forense, desde el depósito. Han vuelto a analizar las muestras de ADN de la escena del crimen de Madison Harris, así como las del propio cuerpo de la chica.

—¿No me digas que han encontrado algo? —preguntó Alfie, entusiasmado. Sin duda, sentía que aquel era su día de suerte.

Antes de que Tom pudiera responder, tres golpes secos resonaron en la puerta de la casa del sheriff.

Los tres policías intercambiaron miradas de sorpresa, con Tom especialmente tenso mientras fijaba su mirada en la puerta.

Al cabo de diez segundos, la puerta recibió otros tres golpes, esta vez más contundentes.

—¡Spinster! —gritó una voz autoritaria desde el otro lado de la puerta.

—¿Es…? —comenzó a preguntar Alfie.

—¿Mitchell? —susurró Lucy, intentando que el capitán no escuchara su voz.

—Alfie, el nuevo análisis de las pruebas de la escena del crimen y del cuerpo ha revelado una gran cantidad de ADN tuyo —explicó Tom, claramente nervioso—. Sullivan me ha dicho que intentó ocultar tu nombre, pero el sistema está bloqueado.

—¡Abre la puerta, Spinster! —exigió Mitchell desde el otro lado—. ¡No voy a repetirlo más veces !

Alfie se encontraba en estado de shock, tambaleándose con la cabeza llena de mareos y náuseas. Todo lo que había ido bien durante el día acababa de dar un giro dramático; ahora era él quien estaba en el centro de la sospecha.

—¿¿Me estás tomando el pelo?? —preguntó Lucy en un susurro cargado de descontento, mirando a Tom con incredulidad.

—¿Crees que es momento para bromas? —respondió Tom, también molesto por la pregunta de su pareja.

Con un gesto lento y cansado, Alfie se dirigió hacia la puerta.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Lucy con alarma al ver que Alfie se dirigía hacia la puerta.

—Escondeos —respondió Alfie con un agotamiento desolador, sin detener su marcha hacia la entrada.

—¡No! —exclamó Lucy, mientras Tom la levantaba en brazos y la llevaba rápidamente a la habitación de al lado.

Alfie se giró brevemente para asegurarse de que no había rastro de los jóvenes ni de ningún sonido que pudiera delatarlos.

Con una respiración pesada, agarró el pomo de la puerta y lo giró con firmeza.

Al abrirla, encontró al capitán Mitchell acompañado por dos oficiales más.

Sin una palabra de más, el capitán avanzó con pasos decididos, sujetó las muñecas de Alfie y le colocó las esposas.

—Alfie Spinster, quedas detenido por el asesinato de Madison Harris.