¿Quién mató a Madison Harris? 14 4 de julio #2
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14 4 de julio #2

—Aquí no. ¿Está dispuesto a acompañarnos a un sitio más tranquilo? —preguntó Lucy, fijando su mirada en él con firmeza.

—¿A comisaría? ¡Ni loco me acerco por allí! —exclamó Tucker, volviendo a mostrarse nervioso ante la idea.

—No, no vamos a comisaría, señor Tucker. Solo necesitamos hablar en un lugar tranquilo, ¿le parece? Nada de persecuciones ni placajes —dijo Lucy, sonriendo y guiñándole un ojo al jugador. Al ver el gesto, Tucker accedió complacido .

—De acuerdo, vamos. Y después de la charla podemos ir a cenar tú y yo si quieres —sugirió la estrella con una sonrisa pícara.

—Hmm… No estoy segura. ¿Qué opinas tú, cariño? — preguntó Lucy, lanzándole una mirada divertida a Tom mientras contenía la risa.

—Un momento. ¡No me digas que el musculitos es tu novio! —exclamó. Tucker le cedió la mano a Tom y le chocó los cinco—. ¡Bien hecho, chaval!

—¿Nos va a acompañar, señor Tucker? —repitió Lucy, notando que la conversación se estaba desviando.

—Está bien, vamos —aceptó Tucker con un gesto resignado.

Lucy asintió y se dirigió con el agente McKay y con Will Tucker al coche.

—Id subiendo, yo tengo que hacer una llamada.

Ambos asintieron y se subieron al coche. Lucy se apartó un poco, sacó su móvil y marcó el número de Alfie para mantenerlo al tanto de la situación.

—Spinster. Dime, Lucy —respondió la voz del sheriff al otro lado de la línea.

—Hemos convencido a Tucker para que hable con nosotros —explicó la joven agente.

—¡Esa es mi chica! ¿Accedió a hablar así sin más? — preguntó Alfie, claramente intrigado.

—Sí… Más o menos —respondió Lucy, sonriendo al recordar la situación—. Nos ha dicho que no iría a comisaría, así que tendremos que encontrarnos en otro lugar.

—Perfecto. Mitchell acaba de regresar del depósito, así que la comisaría no era viable en ningún caso —contestó el sheriff. Alfie se tomó unos segundos para pensar—. ¡Ya lo tengo! Id hacia mi casa, nos reunimos allí en unos minutos.

—Entendido. Hasta luego.

Lucy colgó, guardó el teléfono en su bolsillo y se dirigió al coche. Se subió al asiento del conductor y encendió el motor.

—¿A dónde me lleváis? —preguntó Tucker por enésima vez.

—Vamos a nuestra casa, ¿te parece? —respondió Lucy, evitando revelar la verdadera ubicación para no alarmar al jugador.

Tucker se encogió de hombros y, sin decir palabra, se quedó mirando por la ventana durante todo el trayecto. El viaje por las calles de Cielo Alto transcurrió en silencio hasta que finalmente llegaron a la casa de Alfie. Después de aparcar, Lucy y Tom se dirigieron a la puerta.

—No hay nadie —comentó Lucy, lanzando una mirada de soslayo a Tom.

—¿Cómo va a haber alguien, blanca? Es tu casa y estáis los dos fuera —argumentó Tucker, confundido con la situación.

Justo en ese momento, un coche de policía apareció en la calle y estacionó a unos pocos centímetros del vehículo de Lucy.

—¡Eh! ¿Quién es ese? —exclamó Tucker, visiblemente inquieto—. ¡Esto no estaba hablado!

Alfie descendió del coche con calma, cerró la puerta con un clic y se dirigió hacia el grupo con una actitud serena. Al llegar, se presentó con tranquilidad.

—Buenas tardes, señor Tucker. Soy el sheriff Spinster, de la comisaría de Cielo Alto .

—¡Ya sé que es el sheriff, veo la puta estrellita en su pecho! —exclamó el jugador, señalando la estrella del policía con su dedo índice—. ¡La puta pregunta es qué coño hace usted aquí!

—Tranquilícese, señor Tucker. No tiene nada de qué preocuparse, siempre y cuando colabore —respondió Alfie con un tono sosegado y profesional.

Tucker, visiblemente indeciso, pero resignado, aceptó entrar en la casa. Una vez dentro, se dirigieron hacia la mesa del salón, donde tomaron asiento para iniciar el interrogatorio.

—¡No pienso decir una mierda! ¡Dijisteis que sin policía! —exclamó el jugador de fútbol americano, totalmente indignado por el engaño.

—Señor Tucker, el agente McKay y yo también somos policías —explicó Lucy con un tono conciliador—. Se lo aclaramos nada más tocar el timbre.

—¡Basta ya! —intervino Spinster, con su paciencia a punto de colmarse—. Estoy cansado de tratar con niñatos y gente que no tiene dos dedos de frente. ¡Si no respondes a todas y cada una de nuestras preguntas, me encargaré personalmente de arruinar tu carrera! ¿Me oyes?

Tucker, visiblemente alarmado, parpadeó con incredulidad.

—Relájate, viejo —respondió Tucker con voz nerviosa—. Está bien. Preguntad lo que queráis. No tengo todo el día.

Alfie se acomodó en su silla, sacó una libreta y un bolígrafo y miró al jugador.

—Señor Tucker, ¿es cierto que organizó una fiesta en su casa la noche del veintinueve de junio? —preguntó Alfie, fijando su mirada penetrante en los oscuros ojos del deportista.

—Sí, es cierto.

—Perfecto —Alfie anotó algo rápidamente en su libreta—. ¿Puedo preguntar si en dicha fiesta hubo una cantidad significativa de drogas y alcohol?

—Mira, yo…

—¿Sí o no? —interrumpió el sheriff, sin dar margen a evasivas—. ¿Hubo drogas y alcohol en esa fiesta, señor Tucker?

Tucker visiblemente incómodo, se ajustó en su silla.

—Es cierto —admitió Tucker—. Pero quiero aclarar que no tuve nada que ver con las sustancias. Los invitados trajeron sus propias drogas. El alcohol sí que lo puse yo. Una buena fiesta sin alcohol de calidad es una fiesta de mierda.

Alfie asintió y anotó en su libreta.

—Anota, anota que yo no tuve nada que ver —insistió Tucker con insistencia.

Spinster levantó la mirada de la libreta llevándola directamente a los ojos del jugador, que entendió que era el momento de cerrar la boca.

—Entendido. ¿Qué más puede contarnos sobre esa fiesta, señor Tucker? —preguntó el sheriff, levantando nuevamente la mirada hacia el joven.

Tucker se quedó mirando al techo, con clara evidencia de querer ocultar información. Lucy, percibiendo la reticencia, intervino para suavizar la situación.

—Es crucial que nos proporcione toda la verdad, señor Tucker. Lo que estamos haciendo es una charla amistosa, no un interrogatorio formal.

Tucker suspiró y comenzó a hablar .

—Quiero que entendáis que las fiestas que organizo suelen volverse bastante salvajes. Es una mezcla de alcohol, drogas y lujuria —explicó—. A menudo, incluso se realizan orgías en las habitaciones, todo consentido, por supuesto.

Lucy y Tom intercambiaron una mirada de complicidad mientras Alfie anotaba frenéticamente cada palabra que salía de la boca del jugador.

—¿Qué puede decirnos sobre Madison Harris?

Sabemos que estuvo en su fiesta horas antes de su muerte — preguntó el sheriff, esforzándose por mantener la compostura a pesar de la tensión que se percibía en su voz.

Al mencionar el nombre, su respiración se volvió más pesada.

Lucy notó su malestar y le pasó la mano por la espalda con suavidad en un gesto de apoyo.

—¡Madre de Dios! ¡Esa chica casi me arruina la fiesta!

—exclamó Tucker nada más escuchar el nombre de Madison—.

Descanse en paz, por supuesto. Pero desde el momento en que llegó, todo se descontroló.

Primero, tuvo una conversación bastante acalorada con Ruby Morales.

Luego, la vi en una habitación, con Ethan Murphy y Matthew Mitchell…

Las miradas de Alfie, Lucy y Tom se encontraron de inmediato al escuchar el nombre del capitán.

Las piezas del rompecabezas empezaban a encajar, pero algo seguía sin tener sentido.

El capitán Mitchell afirmó con vehemencia que había asistido a la fiesta y descalificó la acusación de Alfie, lo que indicaba que aquel hombre estaba ocultando algo.

—¿Qué pasa? —preguntó Will Tucker, desconcertado al notar que los policías intercambiaban miradas sin decir ni una palabra.

—Nada, nada. Continúe, por favor —instó Alfie, con un tono que intentaba ser tranquilizador mientras animaba al joven a seguir.

—Como iba diciendo, los dos estaban en la habitación con la chica, que estaba inconsciente sobre la cama. ¡Y no te lo pierdas! De repente, apareció un melenas y empezó a dar puñetazos a Ethan. Le dejó la cara destrozada y después se escapó corriendo.

—Ese debe de ser Noah —dedujo Lucy, mirando con interés al sheriff. Este asintió en señal de acuerdo.

—Ni idea, nunca lo había visto —puntualizó Tucker, encogiéndose de hombros.

—Está haciendo un excelente trabajo, señor Tucker. Pronto podrá irse —le aseguró Lucy con una sonrisa tranquilizadora.