12 3 de julio #3
—Así que le pido disculpas por mi comportamiento. No lo haga por mí, eso es lo de menos. Hágalo por su padre y su madre, que llevan días devastados y desesperados por encontrar respuestas. Le ruego que me permita llevar a cabo este interrogatorio con el respeto y la seriedad que merece.
Beverly dudó por un momento, pensativa, mientras jugueteaba nerviosamente con su cabello.
—Está bien —dijo finalmente—. Responderé a sus preguntas.
Sacó una libreta de su bolso y la colocó sobre la mesa. Alfie volvió a sentarse, carraspeó para aclarar su voz y se preparó para continuar.
—Bien, señora Cook …
—Señorita, si no le importa.
—Bien, señorita Cook —dijo Alfie, esforzándose por ocultar el enfado que le provocaba la interrupción—. ¿Puede proporcionarnos alguna información sobre la muerte de Ruby Morales?
Cook abrió los ojos con aire enigmático, y una sonrisa irónica se dibujó en su rostro.
—Fue un suicidio —respondió Beverly —. No tengo la menor idea de qué fue lo que le pudo llevar a hacer semejante acto.
Aunque para ser honesta, la pobre no era la más brillante.
Era una niña mimada que se creía importante solo porque su padre tenía dinero.
Y esos vídeos… ¡hasta mi sobrina de dos años los haría mejor!
Alfie cerró los ojos mientras escuchaba todas las barbaridades que Beverly estaba diciendo de la difunta.
—Entiendo, señorita Cook —dijo con un tono que trataba de mantener la calma—. Pero no estamos aquí para juzgar la vida de la señorita Morales. Mi pregunta es simple: ¿sabe usted algo sobre las circunstancias de su muerte?
Beverly alzó una ceja, claramente despectiva.
—Ya le he dicho que no sé nada. Últimamente Ruby no levantaba cabeza. Primero, su cadena de gimnasios se derrumba, y luego Madison Harris le roba el novio. Aunque, claro, las comparaciones son odiosas, pero…
—Un momento —interrumpió Alfie—. ¿Ha dicho que Madison Harris le quitó el novio a Ruby?
Beverly volvió a esbozar esa sonrisa irónica que la caracterizaba.
—Sí, a Ruby. ¿No lo sabía? Vaya policía de investigación …
—No tienes pruebas —afirmó el sheriff, dejando la cortesía a un lado y cayendo en el juego sucio de la periodista.
—Estuve allí la noche de la fiesta. Sé de lo que estoy hablando, señor Spinster. Me dedico a esto, ¿recuerda?
Alfie se levantó de la silla, llevándose la mano a la barbilla mientras recorría la sala intentando ordenar sus pensamientos. Tras unos momentos de deliberación, volvió su atención a la joven.
—¿De qué fiesta está hablando, señorita Cook? — preguntó Alfie, tratando de recordar las pruebas que obtuvieron en casa de Ruby Morales.
Al notar que el sheriff empezaba a conectar los puntos, el rostro de Beverly cambió por completo, y comenzó a desviar la conversación.
—Una pregunta, señor Spinster. ¿Es cierto que Lucy Pemberton y Tom McKay han comenzado una relación?
—No estamos aquí para tratar sobre eso, señora Cook —respondió Spinster, con un tono firme y seco.
—Señorita.
—¡Bueno, ya basta! —exclamó el sheriff, golpeando la mesa con un puño y levantándose bruscamente—.
He tratado de actuar con buena fe, ofreciéndole disculpas y buscando su comodidad, a pesar de no estar en deuda con usted.
¡Si no me responde de inmediato, me aseguraré personalmente de que pase una semana entre rejas!
El estallido de ira de Alfie transformó por completo la expresión de Beverly. La sonrisa desafiante se esfumó, dejando lugar a una expresión de sorpresa y temor. Su mirada, que antes era desafiante, ahora se tornó sumisa y temerosa, fija en la mesa mientras intentaba controlar el nerviosismo .
—De acuerdo, le contaré todo lo que sé. Pero después me dejará marchar —dijo la periodista con la voz temblorosa.
El sheriff asintió, regresó a su asiento lentamente y se acomodó en la silla.
—La noche del veintinueve de junio Will Tucker organizó una fiesta en su casa —comenzó a relatar Beverly, notablemente más serena.
—¿Will Tucker? ¿El quarterback ? —preguntó Alfie, con expresión de incredulidad.
—Exactamente —confirmó Beverly, con una mirada fija y seria por encima de las gafas—. Como decía, el señor Tucker organizó una fiesta en su casa, a la que asistieron cientos de invitados. Entre ellos se encontraban Ruby Morales, Ethan Murphy y, como puede imaginar, Madison Harris.
Alfie sintió un pinchazo en el pecho y trató de disimularlo con un carraspeo.
Asintió lentamente, dando a entender a la periodista que continuara con su relato.
—También estuve allí, aunque no como invitada.
Pero, por favor, comprenda que no podía perderme una fiesta de ese calibre —añadió Beverly, intentando justificar su presencia.
Al notar que Alfie la miraba fijamente en silencio, continuó—: Había una gran cantidad de celebridades, desde cantantes y futbolistas hasta altos cargos de la policía.
—¿Quién? —preguntó Alfie, aferrándose con fuerza a los apoyabrazos de su silla.
—No tengo ni idea. No lo conocía de nada — respondió Beverly, encogiéndose de hombros—. Lo que quiero que entienda, sheriff Spinster, es que la fiesta estaba repleta de gente .
El sheriff Spinster se llevó la mano al mentón, como otras tantas veces, sumido en sus pensamientos mientras revisaba sus notas una y otra vez.
—¿Notó algo inusual o fuera de lo común durante la fiesta, señorita Cook?
Beverly, con un tono de desprecio apenas disimulado hacia Will Tucker, respondió con tranquilidad:
—Sí, por supuesto. En una fiesta de ese calibre, el abuso de alcohol y drogas era evidente, y la de un futbolista no sería la excepción.
Después de unas horas, se desató una pelea bastante espectacular.
Aunque me encontraba a cierta distancia, pude observar justo después una acalorada discusión entre la señorita Harris y la señorita Morales.
—¿Pudo oír algo de lo que discutían? —inquirió Alfie, sin quitar la mirada de los ojos de Beverly.
—Como ya mencioné, la discusión fue por el señor Murphy —respondió Beverly, con un tono de desdén hacia Madison—. Le sorprendería saber que Madison no era el angelito que muchos creían.
—Le agradecería que evitara hablar así de la víctima — interrumpió el sheriff, con la voz quebrada por la emoción contenida. Beverly levantó las manos en un gesto de arrepentimiento y asintió.
—Como le decía, la discusión dentro de la casa fue la chispa que encendió la pelea. Más allá de eso, no tengo mucho más que añadir —finalizó Beverly.
El sheriff, con un gesto de frustración, cerró la libreta con un golpe sonoro y dejó escapar un suspiro.
—Está bien. ¿Hay algo más que pueda añadir?
—¡Ah! ¡Casi lo olvido! —exclamó Beverly, haciendo un chasquido con los dedos.
Alfie, con renovada atención, volvió a abrir la libreta lentamente, con su mirada fija en la periodista.
—Ethan Murphy se encuentra en el Hospital de Cielo Alto. Le dieron un fuerte golpe en la cabeza y está en coma.
El sheriff Spinster se levantó de un salto y se llevó las manos a la cabeza. Primero Ruby, que había aparecido después de suicidarse en la bañera, y ahora Ethan, en coma en el hospital. La magnitud del caso se le hacía abrumadora, y su mente trabajaba a mil por hora en busca de una solución.
—¿Sabe en qué planta está? ¿En qué habitación? — preguntó Alfie con urgencia.
Sin previo aviso, un portazo resonó en la sala, haciendo temblar las paredes y causando que tanto Beverly Cook como Alfie Spinster saltaran del susto.
En el umbral de la puerta, Matthew Mitchell apareció, con su rostro enrojecido por la furia contenida.
Tras él, Lucy se mantenía a una distancia prudente.
—Señorita Cook, ¿sería tan amable de abandonar la sala? —dijo Mitchell con una sonrisa que no alcanzaba a esconder su descontento—. El interrogatorio ha llegado a su fin.
Beverly lo miró con sorpresa, y sus ojos recorrieron por todo el cuerpo del capitán con un análisis calculador.
Durante unos momentos, su expresión se tornó a confusión, como si estuviera tratando de recordar de qué conocía a aquel hombre.
Finalmente, al escuchar un carraspeo firme de Mitchell, se recuperó de su trance y se dirigió hacia la salida, abandonando la sala con resignación .
—Espéreme en la puerta de mi despacho, por favor — ordenó Mitchell a la periodista. Beverly asintió sin palabras y cruzó el umbral con paso firme.
Una vez que la puerta se cerró tras ella, la expresión de Mitchell cambió drásticamente.
Sus ojos, antes enfadados, ahora reflejaban una furia palpable mientras fijaba su mirada en el sheriff Spinster, que permanecía sentado con una falsa calma.
Matthew dio un puñetazo a la puerta, asegurándose de que el ruido se hiciera notar en la sala, y se dirigió a la silla frente a Alfie, ocupándola con un gesto brusco.
—Estás empezando a cruzar la línea, Spinster. Y te aseguro que eso no es algo que debas tomarte a la ligera —dijo Mitchell con una voz cargada de rabia contenida.
—Parece que no estás interesado en avanzar con la investigación —respondió Alfie, manteniendo su compostura a pesar del acoso verbal. En realidad, no temblaba en absoluto frente a Mitchell.
Con un golpe fuerte sobre la mesa, Matthew fijó sus ojos en los de Alfie.
—¡Que te quede claro de una puta vez que tú aquí no pintas nada! —explotó Mitchell, sin esforzarse por moderar su tono.
—Estás en mi comisaría.
—¡Pero yo soy más que tú! ¿Me oyes? —volvió a gritar Mitchell, elevando el tono hasta un grito furioso que hizo ver que el capitán había perdido el control.
Alfie examinó al hombre con una mirada tranquila. Observó cada gesto, cada palabra, sin dejarse influir por la furia de Mitchell. Su cuerpo no mostraba ni un atisbo de nerviosismo ni miedo .
—Eras tú, ¿verdad? —preguntó Alfie, entrecerrando los ojos y fijando su mirada en Matthew—. El policía que estaba en la fiesta.
De pronto, Mitchell pareció perder su ímpetu. Su rostro se relajó y, con un gesto forzado de tranquilidad, se aclaró la voz y se acomodó el cabello.