¿Quién mató a Madison Harris? 11 18 de junio #3
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11 18 de junio #3

—Sí, he pasado por casa de mis padres. Hacía semanas que no los veía —explicó Madison mientras salía del baño.

Se dirigió hacia el salón y se acomodó nuevamente en el sofá, mientras Noah hacía lo propio en el sillón cercano—.

Yo también tengo algo que contarte, Noah —dijo la joven con un tono que buscaba ser firme, a pesar de la tensión que sentía.

Noah se acomodó en el sillón, con respiración entrecortada y con expectación.

—Me lo imaginaba —respondió él, con una voz con cierto tono de preocupación—. Adelante. Estoy listo para escucharte, aunque no puedo negar que estoy preocupado, como si supiera que lo que me vas a decir no es fácil de oír.

—No sé ni por dónde empezar —dijo Madison, mirando hacia el techo con nerviosismo mientras se limpiaba las lágrimas que amenazaban con escapar.

—Empieza por el principio, amor —sugirió Noah, ofreciendo una tímida sonrisa en un intento de calmar a Madison—. No creo que lo tuyo sea más grave que lo mío.

—¿Tú lo has dejado ya? Ya sabes… Lo de la bolsita — preguntó Madison, con voz temblorosa.

—Sí, amor —confirmó Noah con un suspiro de alivio—. Esta mañana hablé con Keira y ahora contigo. Sé que será difícil, pero con vuestra ayuda podré superar esto —Noah tomó la mano de Madison con ternura y le dio un beso suave en la palma—. Cuéntame, amor.

Madison, sintiendo el respaldo de Noah, se preparó para compartir su propia verdad, con la esperanza de que juntos pudieran enfrentar cualquier desafío.

—Bueno, como sabes, he estado yendo al gimnasio — comenzó Madison, con la voz temblorosa y la respiración entrecortada—. Pues allí conocí a Ethan, el amigo de Ruby, ya sabes el de los vídeos. Hablamos un rato, me ayudó con una rutina y después del gimnasio fuimos a tomar algo.

Noah la miró con una mezcla de sorpresa e incredulidad, pero Madison lo calmó rápidamente.

—Como amigos, ¿eh? No te imagines que sería capaz de hacerte algo así —dijo, tragando saliva después de su aclaración—.

Pues, con el tiempo, ya sabes que las cosas contigo no iban muy bien y él es un chico increíble.

Coincidíamos mucho en el gimnasio, y un día decidimos dar una vuelta.

Fuimos a un mirador porque hacía un atardecer estupendo.

Y allí me confesó que estaba empezando a sentir algo por mí.

—¿Y qué le dijiste? —preguntó Noah, con una falsa tranquilidad, tratando de no agobiarse a cada palabra.

—¿Qué le voy a decir, amor? Que estoy prometida y que no puede ser —respondió Madison con su voz cargada de sinceridad.

Noah, aliviado por aquella respuesta, respiró hondo. A pesar de su preocupación, hizo un gesto para que continuara.

—No hay mucho más que contar. Solo quería que supieras eso. Reconozco que estuvo mal quedar con él, pero sentí que era importante que lo supieras —explicó Madison, buscando tranquilizar a Noah y disipar la tensión.

—Bueno, no es tan grave como yo pensaba. Menos mal —dijo Noah con tono más sosegado —. Entonces, ¿ya no os veréis más?

—En realidad, hemos hablado y decidido mantenernos como amigos. Me ha invitado a una fiesta donde estarán algunos famosos. Iré, siempre y cuando a ti no te importe — respondió Madison, mirándolo fijamente a los ojos. Noah, sin embargo, se volvió pálido de inmediato.

—¿Me estás hablando en serio, Madison? —preguntó Noah, con un tono más irascible que antes—. O sea, ¿me estás hablando en serio?

—¿Qué pasa? —preguntó Madison, confundida. La conversación había ido bien hasta ahora, pero de repente, la actitud de Noah había cambiado drásticamente.

—Me he abierto contigo, te he confesado mi adicción y te he pedido perdón por ocultarte a mi mejor amiga.

Ha sido difícil para mí, porque sabía que al enterarte reaccionarías como lo haces siempre, como un verdadero basilisco.

Y ahora, después de toda esta conversación, ¿me sales con que quieres ir a la fiesta de un tío que quiere follarte y de sus amiguitos famosos?

—Noah estaba claramente desesperado y su postura se volvió tensa y agresiva.

—Creo que estás exagerando, Noah —dijo Madison, tratando de mantener la calma—. La conversación iba bien y de repente te estás poniendo así.

—¿Cómo te pondrías tú, celosa compulsiva, si una mujer que claramente quiere follar conmigo me invitara a una fiesta con sus amigas famosas? —preguntó Noah con ira, su paciencia se había agotado hace rato—. ¿Cómo te sentirías, Madison?

Madison se dejó caer en el sofá, mirando al techo y sacudiendo su cabeza con incredulidad. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, sin poder detenerse.

—¡Mírame! ¡Mírame! —gritó Noah acercándose a Madison con una furia contenida. La cogió del brazo con brusquedad, pero Madison logró zafarse y, en un arrebato de desesperación, le dio una bofetada resonante. La agresividad de Noah se detuvo en seco.

Noah se quedó allí, inmóvil, tocándose el pómulo con una expresión de shock. Madison, aterrorizada y llorando con intensidad, observaba cada uno de sus movimientos con una mezcla de horror y remordimiento.

—Está bien. Haz lo que te dé la gana, como siempre — dijo Noah, con una voz ahora cargada de decepción—. Pero esta no es la Madison que conocí, y muchísimo menos de la que me enamoré.

Noah se dirigió a la puerta del salón y atravesó el umbral hacia su habitación, pero de repente se detuvo en seco. Se volvió lentamente, con su mirada fija en Madison.

—Por cierto, sé que me estás ocultando algo, Madison.

Te conozco demasiado bien. Pero tú sabrás qué compartir y qué no.

Yo me he abierto contigo y te he contado todo con honestidad, porque te amo y porque quiero recuperar lo que teníamos.

Pero parece que tú no estás dispuesta a hacer lo mismo. Buenas noches.

Noah dio unos pasos hacia adelante, subió las escaleras y se desvaneció en la penumbra de la casa. Madison se quedó inmóvil en el umbral del salón, temblando con una intensidad nunca antes sentida, mientras las lágrimas caían por su rostro sin cesar.