¿Quién mató a Madison Harris? 11 18 de junio
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11 18 de junio

Camino al gimnasio, Madison experimentaba una agonía interna que la consumía.

Por un lado, la furia que sentía en ese instante le hacía temblar, pero en lo más profundo de su ser sabía que sus acciones no estaban en consonancia con sus valores.

Su falta de madurez la llevaba a actuar de manera impulsiva y, con frecuencia se encontraba lamentando sus decisiones.

A pesar de todo, continuaba conduciendo con decisión hacia su destino.

Mantuvo una alta velocidad por la carretera, pero cuando quedaban apenas dos curvas para llegar a su encuentro con Ethan, detuvo bruscamente su vehículo, estacionándolo a un lado de la carretera.

Allí permaneció durante varios minutos, con las luces de emergencia parpadeando, mientras su cabeza se inclinaba hacia el volante en un gesto de profundos pensamientos.

Buscaba desesperadamente claridad mental, intentando ordenar sus pensamientos en medio del caos emocional que soportaba.

Finalmente, inspiró de forma profunda y desvió la mirada hacia su móvil.

«¿Dónde estás? Tengo muchas ganas de verte» , escribió Ethan con impaciencia a través de la aplicación de mensajería instantánea.

El mensaje quedó sin respuesta mientras Madison reposaba nuevamente su cabeza sobre el volante.

Tras unos breves segundos de reflexión, alzó la mirada, desactivó las luces de emergencia y reanudó su trayecto.

En cuestión de minutos, estaba entrando en el parking del gimnasio.

Maniobró hábilmente hasta encontrar un lugar para estacionar, mientras que Ethan, quien ya esperaba con impaciencia, se aproximó al coche de Madison.

Esperó pacientemente a que la joven terminara de aparcar antes de golpear levemente el vehículo y señalar su reloj en un gesto de frustración por la tardanza.

Madison descendió del coche y se dirigió hacia el muchacho con paso firme.

Una vez junto a él, lo sorprendió con un beso apasionado, como si una fuerza invisible la impulsara.

Ethan, atónito, se dejó llevar por el beso, aunque al cabo de unos instantes, lo detuvo y apartó a Madison, que lo miraba con una expresión extraña en los ojos.

—Para, Madi —susurró Ethan con pesar, dejando escapar un suspiro.

—¿Qué haces? —inquirió Madison, con una expresión de desconcierto palpable en su rostro.

—Esto no está bien…

Madison soltó un sonoro suspiro y rodó los ojos antes de apartarse de Ethan, mientras se quedaba de pie con los brazos cruzados y sin dirigir la mirada al joven.

—¿Qué ha pasado? ¿Por qué esto ahora? —preguntó Ethan con mucha curiosidad.

—¿Qué más te da? —respondió Madison—. Llevas detrás de mí desde que me conociste, y ahora que doy el puto paso, ¿me rechazas? —Madison profirió un grito de rabia.

Ethan se acercó a ella con delicadeza, buscando calmarla con un abrazo reconfortante.

Sus manos acariciaron suavemente su pelo y, cuando percibió que Madison comenzaba a relajarse, deslizó sus dedos por su rostro, encontrando una mirada emocional entre ambos.

Sin más preámbulos, se sumergieron en un beso que, esta vez sí, fue apasionado y prolongado.

Cuando dejaron de besarse, Madison tomó la mano de Ethan con decisión y lo condujo hacia el interior del gimnasio.

—¡Eh, para! — exclamó Ethan, deteniendo a la joven— . ¿Qué estás haciendo?

—Quiero hacerlo ahora mismo, aquí en el gimnasio. ¡Qué morbazo! — respondió Madison, excitada por la idea.

Ethan dudó. Miró hacia los lados y, al percatarse de que apenas quedaba nadie en el gimnasio, siguió a la joven hacia la sala donde se guardaban las colchonetas, cerrando la puerta tras de sí.

Se giró hacia ella y comenzaron a besarse con una pasión desenfrenada.

Ella le siguió el juego y correspondía a cada caricia con una intensidad que iba en aumento, mientras las prendas de ropa de ambos volaban por los aires.

Empujándola suavemente sobre una de las muchas colchonetas dispersas por la sala, Ethan se entregó a los besos, explorando cada centímetro de su piel con una devoción ardiente.

Cuando llegó a los lugares más íntimos de Madison, notó cómo su respiración se volvía entrecortada y, con decisión, comenzó a darle todo el placer que pudo.

Pasaron varios minutos, en los que los jóvenes estaban cada vez más excitados.

En un arrebato de pasión, Madison se levantó de repente, y empujó a Ethan contra la pared con una urgencia irresistible, dispuesta a tomar el control de la situación.

Se sumieron en un éxtasis compartido que a Ethan le pareció apenas un destello de segundos mientras se encogía del placer oral que le estaba proporcionando Madison.

Cuando la chica hubo acabado, y en un estado de excitación nunca visto, Ethan la tomó en brazos con ternura y la recostó nuevamente sobre la colchoneta para después dirigirse hacia sus pantalones, los cuales yacían a varios metros de la pareja.

Sacó un preservativo de su cartera con manos temblorosas y, tras colocarlo, se acercó a Madison, quien se encontraba totalmente desnuda ante él.

Antes de eso, comenzó a besar a Madison en el cuello, pero ella ya apenas gemía de placer.

Lo que antes era una mirada de deseo, ahora se había convertido en lágrimas.

—Para, por favor —imploró Madison al joven. Ethan se quedó petrificado con sus ojos buscando desesperadamente alguna señal en el rostro de la joven.

—¿Qué pasa? —preguntó el joven, con voz cortante.

—No puedo…

—Joder, Madison…

Ethan se levantó con un gesto brusco y se puso los calzoncillos. Tras ello, fue a donde tenía los pantalones y comenzó a ponérselos con rapidez.

—Entiéndeme, por favor… — suplicó Madison entre sollozos.

—¿Cómo quieres que te entienda? Eres una niña malcriada que solo piensa en sí misma.

Tienes a tu prometido en casa esperándote y tú estás aquí jugando con los sentimientos de un chaval que está empezando a enamorarse de ti…

—Ethan acabó de chillar y se dio la vuelta para pasar por la puerta y marcharse, pero la voz entrecortada de Madison lo frenó—. ¿Qué has dicho?

—Que lo siento…

Ethan dudó. Por un lado, estaba empezando a enamorarse locamente de Madison, lo cual hacía que actuara por impulsos, pero también estaba empezando a cansarse de los vaivenes de la joven.

—Yo también tengo sentimientos, ¿sabes? —respondió Ethan con voz temblorosa—. No solo existes tú y tu mundo de piruleta, Madison. Eres una persona egoísta, y muy perdida en la vida con treinta años que tienes.

Madison se levantó apresuradamente del suelo y se dirigió hacia el joven con decisión, pero este se adelantó a sus movimientos y estiró el brazo poniendo la palma de la mano hacia arriba para detener el camino de la joven.

—No. Otra vez no, lo siento —dijo Ethan con cierto tono de dignidad.

—No era eso… —murmuró la joven con los ojos llorosos mientras miraba intensamente a Ethan—.

Quiero darte un abrazo y decirte que lo siento.

Me falta mucho por madurar y actúo por impulsos…

Estoy haciendo daño a todas las personas que me rodean, a ti, a Noah y a todo el mundo.

Soy una decepción constante —Madison se alejó mientras las lágrimas caían por su rostro, pero Ethan la cogió del brazo.

—No eres una decepción para nadie, Madison —dijo Ethan mientras tranquilizaba a la joven con un abrazo y acariciándole la cabeza, haciendo que él también se calmara y actuara con más sensatez ante aquella situación—.

Simplemente lo has pasado mal en tu vida y no sabes gestionar según qué cosas.

Pero aquí estaré para ayudarte siempre, como amigos, eso sí.

Madison se separó y miró a los ojos a Ethan, que estaba aguantándose las ganas de llorar desde hacía rato.

—¿Y qué hay de lo que has dicho antes? —preguntó Madison con cierto rubor.

—¿El qué?

—Lo de… ya sabes. Que estabas empezando a enamorarte.

—Tendré que dejarlo atrás, Madison. No quiero sufrir, ni hacerte sufrir a ti, ni tampoco a Noah —Ethan bajó la mirada al suelo, soltando un profundo suspiro antes de volver a enfrentar la mirada de la joven—.

No puedo negar que todo esto me ha encendido, pero creo que ha llegado el momento de detenerlo.

Deberíamos continuar nuestro camino, pero como amigos —concluyó con una voz teñida de resignación, consciente de que debía poner fin a esa turbulenta dinámica para protegerse a sí mismo y a los demás.

Madison asintió en silencio, esbozando una sonrisa suave antes de fundirse en un abrazo cariñoso con Ethan.

Él correspondió con una sonrisa amplia, rodeándola con sus brazos en un gesto de sincero afecto.

Permanecieron así durante unos instantes, disfrutando de la calidez compartida, hasta que finalmente se separaron, intercambiando miradas cómplices y serenas.

—Creo que es hora de irme —dijo Ethan, deslizando su mano por el cabello de Madison en un gesto de ternura.

Madison lo miró con dulzura, acariciando suavemente su brazo antes de hablar .

—Vale, seguimos hablando, ¿no? —preguntó la joven. A pesar de lo sucedido, no quería perder la conexión que habían formado.

—Por supuesto, reina —respondió Ethan con una sonrisa cálida que iluminó su rostro.

Ambos jóvenes se fundieron en un último abrazo, más breve, pero igualmente intenso.

Ethan acarició con suavidad la mejilla de Madison, en señal de cariño y apoyo.

Con una mirada cómplice, le guiñó un ojo antes de salir del gimnasio y dirigirse hacia su coche.

Madison, por su parte, se tomó un momento para recomponerse.

Estiró su ropa con cuidado y se enjuagó las lágrimas, intentando recuperar la compostura.

Se acercó al espejo de la sala, examinando su reflejo hasta asegurarse de que su apariencia era presentable.

Después, caminó hacia la esquina donde su bolso había quedado olvidado en el calor del momento, lo tomó entre sus manos y, con un profundo suspiro, sacó su móvil, dispuesta a enfrentar lo que venía.