9 2 de julio #2
—¿El del suicidio? —respondió el forense sin saber muy bien de qué hablaba el sheriff.
—¡No! El vídeo que me enseñaste, Lucy. El que salía Ruby hablando mal de Madison. Ahí está la clave.
Lucy asintió abriendo un poco los ojos. A decir verdad, las cosas estaban empezando a cuadrar poco a poco, aunque aún estaban muy lejos de tener alguna respuesta.
—No se puede descartar nada. Lo que sí sabemos es que hay un cadav…
Las palabras del sheriff Spinster se desvanecieron con un estruendoso portazo que resonó en toda la casa. Todos se volvieron hacia la puerta, donde un hombre canoso de unos sesenta años acababa de irrumpir .
—Vaya, vaya, vaya… El viejo Spinster —dijo el hombre con una sonrisa irónica de suficiencia mientras avanzaba hacia el grupo.
—Matthew… ¿qué haces aquí? —preguntó con sorpresa el sheriff, el cual se había quedado anonadado al ver al hombre entrar por la puerta.
Matthew Mitchell era un experimentado agente del Departamento de Policía de Los Ángeles.
Contaba con una trayectoria intachable en la sección de Homicidios y había ganado una gran reputación en el mundo de la lucha contra el crimen.
No hacía falta decir que la relación entre Mitchell y el sheriff Spinster no era precisamente amistosa.
—Estaba cómodamente sentado en mi despacho de Los Ángeles sin tener nada que hacer, cuando se me ocurrió la brillante idea de bajar al calabozo para contar los putos desgraciados que he detenido a lo largo de esta semana — continuó el veterano agente con un tono de voz burlón en cada frase—.
La verdad es que era un plan interesante, pero me contuve y decidí ver las noticias en la televisión.
¡Qué sorpresa la mía cuando veo en el telediario que han encontrado el segundo cadáver de una chica en Cielo Alto!
¡El segundo en tres días! Como sigáis así os quedáis sin población.
El sheriff no pudo reprimir su impulso y se lanzó hacia el agente Mitchell, pero Tom estuvo veloz y logró detener la embestida de su superior con sus robustos y poderosos brazos.
—Alfie, por favor, cálmate —suplicó Lucy, posando suavemente la mano en el hombro del sheriff.
—Se te mueren las chiquillas en tu pueblo y tú desquiciado y sin pistas —insistió Matthew, con una sonrisa burlona, mientras miraba fijamente al sheriff .
—¿Qué demonios haces aquí, Mitchell? Esto no es asunto tuyo —gritó Alfie, algo más sereno, aunque aún con un brillo de ira en su mirada.
—Resulta que algunos no nos hemos quedado estancados en un pueblucho de mala muerte, y tenemos contactos.
Pedí un favor a un superior y me han autorizado a encargarme de este caso —dijo el hombre, sacando un papel en el que, efectivamente, se le otorgaba el mando en la operación—.
Probablemente ya estén preparando mi oficina en tu comisaría—.
Mitchell encendió un cigarrillo con desdén, dejando claro que empezaba a ignorarlos.
Luego se acercó al cadáver y comenzó su análisis.
Alfie salió de la sala y Lucy y Tom, como si de su sombra se trataran, lo siguieron para alcanzarlo fuera de la casa. El sheriff se detuvo para recuperar el aliento, y sus acompañantes lo rodearon con miradas expectantes.
—¿Qué te pasa con ese tipo, Alfie? —preguntó Lucy con preocupación, notando lo desagradable que había sido vivir todo aquello.
—Es un antiguo compañero. Hace muchos años, cuando éramos jóvenes, fuimos compañeros en el cuerpo de policía, aquí en Cielo Alto —explicó el sheriff algo más tranquilo, aunque todavía jadeaba bastante.
—¿Por qué te trata así? —inquirió Tom, intrigado por las palabras duras y los gestos despectivos de Mitchell para con su jefe.
—Nunca nos llevamos bien. Bueno… al principio sí, pero… pero cuando decidí quedarme aquí en Cielo Alto me tomó como alguien inferior. Ha pasado toda su vida recordándome que no valgo para nada. De hecho, ha venido aq uí para demostrarme una vez más que es mejor que yo.
Alfie se sentó en los escalones del porche de la casa de Ruby, se quitó el sombrero y bajó la cabeza, abrumado por la situación.
—No te dejes, Alf. Demuéstrale que se equivoca —dijo Lucy tratando de animar a su superior.
—Ya le has oído. Se va a encargar él del caso con sus agentes. No tenemos nada que hacer —contestó Alfie negando con la cabeza.
Lucy se quedó pensativa y miró a Tom, el cual alternaba continuamente la mirada entre Lucy y Alfie.
—Podemos investigar por nuestra cuenta. Al fin y al cabo, él no es tu superior, simplemente ha dicho que se encargará del caso —sugirió Lucy con esperanza de haber encontrado la solución, pero Spinster volvió a negar con la cabeza.
—Así no son las cosas, Lucy. Volvamos a comisaría, aquí no hacemos nada.
El sheriff Spinster se levantó de los escalones y se dirigió hacia su coche. Con gesto apesadumbrado, se retiró su sombrero y miró por última vez la casa de Ruby Morales con lágrimas en sus ojos, antes de subir al vehículo.
Negó con la cabeza una vez más y entró en el coche para emprender el camino de regreso.
El trayecto de vuelta fue largo y silencioso.
La noche había caído y la oscuridad se cernía sobre él mientras conducía.
Finalmente, llegó a la comisaría en la noche.
El sheriff y los dos agentes, que habían llegado a la vez, entraron en el edificio.
Tom se encaminó hacia los servicios, mientras Lucy acompañaba a Spinster a su despacho.
Cuando llegaron, notaron que la distribución de la sala había cambiado.
Alfie se apresuró a retirar el cartel que se encontraba en la esquina derecha de su escritorio, donde estaba escrito “ Capitán Matthew Mitchell ”.
Dejó caer el cartel con un suspiro profundo y pesado.
Luego, salió de la sala y se sentó en unas sillas que estaban en el pasillo.
Lucy permaneció de pie en la sala, observando cómo el sheriff lidiaba con sus pensamientos.
Después de un rato, Alfie alzó la vista y encontró la mirada preocupada de la joven.
A pesar de la situación, una ligera sonrisa apareció en su rostro, agradecido por la presencia de su mejor agente.
—Qué guapa estás —dijo el sheriff observando el precioso vestido veraniego blanco que llevaba Lucy—. ¿Qué tal te ha ido con Tom?
Lucy sonrió. Aquel cambio de tema le sirvió a la joven para destensar un poco y estar más relajada por primera vez en lo que iba de noche.
—La verdad es que muy bien. Podría decirse que somos novios —respondió Lucy mientras se ruborizaba mucho—. Llevamos meses hablando y por fin nos hemos decidido.
—Me alegro, te mereces todo lo bueno que te pase, Lucy. Y aunque haya venido el agente Mitchell seguiremos trabajando en ello. Tienes ya la suficiente experiencia como para llevar esto perfectamente. Tú y el agente McKay. ¿O debería llamarle tu novio? —dijo Alfie riendo.
—Alf, por favor… —exclamó Lucy entre risas poniéndose aún más roja—. ¿Insinúas que vamos a seguir en la investigación?
—Yo no. O sea, sí, pero no descaradamente. No sé si me explico. A estas horas no rindo como debería —respondió el sheriff llevándose una mano a la frente.
Lucy miró extrañada a su superior. La realidad era que no había entendido nada de lo que había dicho. Alfie hizo una seña para que se arrimara.
—Yo estaré en mi despacho… o en algo parecido — murmuró Alfie en voz baja, dirigiéndose a Lucy.
Su tono de voz era de susurro confidencial—.
Estaré ocupado con asuntos de oficina, hurtos menores y demás.
Mientras tanto, Tom y tú podéis centraros en la investigación para intentar encontrar pistas que aclaren un poco la situación.
Lucy asintió, consciente de la confianza que había depositado el sheriff en ella.
—Entendido. No sé por qué, pero me pone más así a escondidas —dijo Lucy, algo excitada por el plan del sheriff.
Alfie sopeso hacer un chiste verde, pero finalmente decidió que no procedía en ese instante, por lo que se levantó y puso la mano en el hombro de Lucy.
—Ve a casa a descansar. Ni siquiera tendrías que estar aquí — dijo Alfie moviendo la cabeza hacia los lados.
—Sabes que cuando me necesites estaré ahí, cobre o no —respondió Lucy con una sonrisa. Acto seguido se sumieron en un largo y cariñoso abrazo—. Voy a bajar, Tom estará esperándome para llevarme a casa.
Alfie asintió con una sonrisa y guiñó el ojo a la joven.
—Disfrútalo, Lucy. Después de todo te lo mereces más que nadie.
Lucy sonrió con los ojos llorosos. Después se despidió del sheriff y cruzó la puerta dejando a Alfie solo con sus pensamientos.
—¿Cómo puedo enterarme de lo que pasó en la fiesta? — murmuró Alfie para sí mismo.