¿Quién mató a Madison Harris? 9 2 de julio
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9 2 de julio

—Tom, ya casi son las ocho, yo creo que habrá que pensar en marcharnos, ¿no crees? —preguntó Lucy al agente McKay mientras le acariciaba la mano. Habían decidido ir a dar un paseo romántico por el precioso parque del centro de Cielo Alto para digerir la copiosa comida que habían disfrutado.

Tom asintió con una sonrisa y miró a Lucy, quien había soltado su mano y estaba buscando frenéticamente su teléfono en el bolso, el cual sonaba a todo volumen.

* ALFIE*

—¡Hola, jefe! ¿Cómo va la tarde? —respondió Lucy con energía al contestar la llamada de su superior.

Con cada palabra que escuchaba la expresión de Lucy se desvanecía gradualmente.

Tom le lanzó una mirada inquisitiva, como si quisiera saber qué estaba ocurriendo.

Después de dos minutos de silencio, en los que solo se concentraba en la conversación telefónica con su jefe, Lucy finalmente colgó el teléfono con la mirada perdida en el horizonte.

—¿Qué sucede? —preguntó Tom con preocupación.

—Te… tenemos que ir a Rockefeller Garden — murmuró Lucy. Luego sostuvo la mirada de Tom—. Han encontrado el cuerpo de Ruby en la bañera. Parece que se ha quitado la vida con un disparo.

El agente McKay quedó petrificado, su mente aún continuaba intentando procesar la impactante revelación.

Antes de que pudiera recuperarse del golpe emocional, Lucy lo agarró del brazo y lo arrastró hacia donde se encontraba su coche.

Entraron apresuradamente, con Lucy en el lugar del conductor y Tom ocupando el asiento del copiloto.

Sin perder un segundo, Lucy se aseguró de que Tom estuviera preparado y pisó el acelerador con tal fuerza que el rugido del motor resonó por todo el vecindario.

Navegaron por las calles de Cielo Alto a una velocidad vertiginosa, ignorando los semáforos en rojo y sin detenerse hasta llegar al barrio de las afueras de la ciudad.

Diez minutos de tensa conducción más tarde, alcanzaron la casa de Ruby.

El lugar estaba rodeado de patrullas de policía y equipos de reporteros y periodistas, creando un escenario caótico y bullicioso.

Lucy y Tom salieron apresuradamente del coche, abriéndose paso entre la multitud de periodistas y curiosos que se había congregado en el área. Al llegar frente a la casa, un joven oficial de policía llamado Fernando Pérez bloqueó su camino con gesto firme.

—¡Alto! No podéis pasar del perímetro —advirtió el agente Pérez alzando la mano.

—¿Qué demonios haces, Fernando? ¡Déjanos entrar! — exclamó Lucy mientras le daba un ligero golpe en la muñeca al joven policía. Al reconocerla, su cara cambió drásticamente.

—¡Caramba, Lucy! No te había conocido… ¡Estás radiante! —respondió el agente Pérez totalmente avergonzado.

Lucy se abrió paso, rodando los ojos ante el comentario de Fernando. Tom, por su parte, se quedó mirando fijamente al joven durante unos segundos, mientras este evitaba su mirada. Finalmente, Tom siguió rápidamente a la agente Pemberton hasta el interior de la casa.

—¡Alfie! ¿Qué ha pasado? —preguntó la joven al divisar a su compañero ente la multitud.

El sheriff se ajustó el sombrero y avanzó hacia los dos policías. Colocó sus manos en los hombros de Lucy y Tom, conduciéndolos hacia una zona más discreta junto a las escaleras. Lucy se apresuró a subir, pero Alfie la detuvo sujetándola por el brazo.

—Necesito advertiros de que lo que encontraréis arriba es bastante impactante. Aseguraos de que estáis preparados para afrontarlo —comentó el sheriff con cara de circunstancias. Unas gotas de sudor caían por su rostro, que había palidecido tras encontrarse con la impactante escena.

Ambos agentes asintieron con un atisbo de incertidumbre en sus ojos.

Alfie se ajustó nuevamente el sombrero, inspiró profundamente y emprendió la subida de las escaleras con decisión, seguido de cerca por los dos chicos vestidos de paisano.

Al llegar al final de la larga escalinata, se encontraron en un extenso pasillo, donde varios forenses trabajaban meticulosamente, examinando de forma minuciosa cualquier pista que pudieran hallar.

Cerca de la puerta del baño, Sullivan, el forense de la comisaría, vestía un traje blanco y se concentraba en un teléfono móvil, presumiblemente de la víctima.

Los tres policías avanzaron hacia él y este alzó la mirada.

—Dos cadáveres de dos jóvenes distintas, Alfie, ¿qué demonios está pasando en este pueblo? —preguntó con vehemencia el forense.

—Nada bueno, Sully… Nada bueno —respondió Alfie con aire místico mientras echaba una intensa mirada hacia la nada.

Lucy carraspeó, haciendo que el sheriff recobrara su compostura.

Después de dos sacudidas de cabeza para aclarar sus pensamientos, cruzaron el umbral del baño y se detuvieron en la entrada.

La escena que se les presentó parecía sacada de una película de terror.

Ruby yacía en la bañera, la cual estaba llena de un líquido rojo, manchada por la cantidad de sangre que había perdido en su muerte.

Las paredes cercanas a la bañera estaban salpicadas de grandes manchas de sangre, y el suelo estaba empapado debido a que el grifo había permanecido abierto, de modo que el agua se había desbordado.

Lucy se tapó la nariz para sofocar el fuerte hedor que impregnaba la sala.

Tom, por otro lado, no pudo soportarlo y corrió hacia el retrete para vomitar la lasaña que se había comido unas horas atrás.

Una vez se hubo sentido suficientemente bien, volvió junto a sus compañeros, con gruesas gotas de sudor resbalando por su frente.

—Qué salvajada… ¿Por qué se habrá quitado la vida? —preguntó Lucy. Su voz sonaba totalmente nasal mientras se cubría la nariz con los dedos.

—Hay tantas preguntas sin respuesta…—respondió el sheriff sin quitar la mirada del cadáver—. Me siento completamente perdido.

Después de unos incómodos segundos en los que nadie se atrevía a hablar, Sullivan irrumpió en la sala de baño con el teléfono móvil que había estado analizando momentos antes.

—Toma, Alfie. Encontré este teléfono junto a la mesita, estaba colocado en un trípode.

El forense le entregó el dispositivo, que estaba manchado de salpicaduras de sangre, y también algo húmedo.

El sheriff Spinster tomó el teléfono con cuidado, sus manos temblaban ligeramente.

Lo examinó detenidamente, notando las manchas de sangre que lo cubrían.

Su mirada se desvió por un momento hacia Lucy y Tom, quienes observaban expectantes.

Con un gesto firme, desbloqueó el dispositivo y, tras unos segundos de búsqueda, encontró un vídeo preparado para ser reproducido.

Alfie inspiró profundamente, intercambió otra mirada con sus dos compañeros y, finalmente, presionó el botón de play .

En el vídeo, la imagen mostraba a Ruby Morales en la bañera, sus ojos hinchados y rojos por el llanto y con una copa de vino en la mano. Las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras sollozaba, y su voz temblorosa se escuchaba con una mezcla de desesperación y angustia.

—No puedo soportar más esta vida —murmuró Ruby con la copa de vino temblándole en la mano—. Madison murió por mi culpa. Y era la única amiga real que tenía en este mundo de cartón y colores.

Ruby continuó, sus palabras se entrecortaban por sus sollozos.

—He sentido tanta presión estos días… Me equivoqué, sí, lo admito.

No me cuesta nada rectificar las cosas que he hecho mal —Ruby dio otro trago al vino y se aclaró la garganta—.

Madison era la única que me entendía, la única que veía como era yo a través de esta fachada que he construido.

Pero ya no está… y todo es mi culpa. No puedo vivir con ello, no puedo.

Si llego a pensar las cosas dos veces para no decirle todo aquello en la fiesta… ahora todo sería diferente.

Alfie y Lucy compartieron una mirada de entendimiento mutuo al darse cuenta de que la fiesta mencionada en el vídeo era la misma a la que Noah había hecho referencia anteriormente.

Mientras Ruby lloraba y sus palabras expresaban un profundo pesar, Tom, Lucy y Alfie compartieron miradas de preocupación, conscientes de que el vídeo estaba tomando un giro aún más oscuro.

La tensión en la habitación era palpable cuando Ruby, desesperada, lanzó su copa de vino contra la pared, haciendo que se rompiera en mil pedazos.

Sus murmullos ininteligibles aumentaron la angustia a la escena.

En un escalofriante giro de los acontecimientos, Ruby sacó una pistola y la apuntó a su propia cabeza.

El silencio se apoderó de la sala mientras los tres policías observaban impotentes la trágica decisión que Ruby estaba a punto de tomar.

—Estoy sola en este mundo y creo que mi vida ya sí que no tiene sentido —finalizó Ruby.

Tras esas palabras, Ruby miró fijamente a la cámara mientras se despedía y, finalmente, apretó el gatillo.

El sonido del disparo resonó en la habitación como si estuviera volviendo a pasar en aquel momento.

El cuerpo de Ruby cayó inerte en la bañera, y el agua se tiñó de un perturbador color rojo.

Lucy apartó la mirada del vídeo, horrorizada por la impactante escena que acababa de ver.

Tom y Alfie, con expresiones serias, observaron en silencio el trágico desenlace de la grabación.

Los tres quedaron en silencio mientras el vídeo llegaba a su espeluznante final. Los rostros del trío reflejaban la conmoción por lo que acababan de ver.

—¡Sully! —exclamó Alfie. Su voz resonó por el pasillo.

Cinco segundos después, el forense entró con los guantes de látex manchados de sangre.

—¿Me llamabas?

—¿Sabes algo de la fiesta de la que hablan? — preguntó Alfie con muchísima curiosidad.

—No tengo ni idea, Alfie. Parece ser que Ruby coincidió con Madison en una fiesta. Probablemente la noche en la que la señorita Harris murió. Todo apunta a que la chica tomó unas copas de más y se fue de la lengua.

Alfie se quedó pensativo.

—El vídeo —dijo Alfie de repente.