8 2 de julio #2
Alfie volvió a poner las manos en posición menos airada y cogió los papeles que tenía a su lado.
Tras revisarlos minuciosamente, cogió uno de ellos, lo colocó en la mesa y lo deslizó lentamente hacia Noah.
Este cogió el papel y leyó con las cejas arqueadas la parte del informe.
Cuando acabó miró al sheriff, el cual se había levantado y se había echado hacia delante con las palmas de las manos apoyadas en la mesa.
—¿Se puede saber por qué había piel tuya en las uñas de Madison? —preguntó. Después soltó el aire tratando de calmarse.
Noah dudó. Miró hacia arriba intentando recordar en qué momento había podido pasar aquello. Tras varios segundos pensativo, soltó el papel, y se lo devolvió lentamente a Spinster.
—No sé de qué me hablas —respondió Noah, dejando ver su evidente nerviosismo a través de su voz temblorosa.
El sheriff golpeó la mesa fuertemente y se abalanzó hacia el joven. Una vez en su posición lo agarró de la pechera y pegó su cabeza con la del muchacho.
—¡Dime de una puta vez lo que sabes o te juro por lo que más quiero que acabas en la cárcel! —gritó Alfie, mientras zarandeaba a Noah.
Como no podía ser de otra forma, los gritos escandalosos del sheriff llegaron hasta más allá de la puerta y tuvo que ser Lucy la que entrara rápidamente y, con la ayuda de otro agente, separara al airado Alfie del joven.
—Agente Green, saque al sheriff de aquí, por favor — pidió Lucy amablemente.
El agente agarró fuertemente a su jefe, quien seguía lanzando improperios a Noah, y se lo llevó de la sala.
Alfie intentaba zafarse como podía, pero el policía medía dos metros y estaba muy fuerte, por lo que fue tarea imposible.
Consiguió sacarlo de la sala, quedándose Lucy a solas con Noah.
—Perdona al sheriff Spinster, está pasando por mucho estrés. No está en sus cabales —dijo amablemente Lucy sacando toda su dulzura.
—¡Lo voy a denunciar! —exclamó Noah, enfadado, mientras se alisaba la camisa—. Esto es abuso policial.
Lucy se levantó y se dirigió hacia la puerta, la cerró y volvió al asiento mientras miraba fijamente al joven.
—Noah, la que iba a ser tu mujer ha sido asesinada.
Sé que estás mal. Alfie también lo está.
Incluso yo. Por eso tienes que ayudarnos a esclarecer todo esto.
Entiendo que estés enfadado con nosotros y con el señor Harris, está siendo muy duro para ti y no es plato de buen gusto que hiciera eso —Lucy continuaba hablando con voz dulce y calmada, y parecía que surtía efecto; la ira de Noah se había transformado en tristeza y ahora únicamente lloraba desconsolado.
—De acuerdo, nos peleamos, ¿vale? —admitió Noah entre sollozos—. Pero nos pegamos mutuamente, fue una pelea, no la agredí yo solo.
—¿La agarraste del cuello? —preguntó Lucy, agradecida por la confesión, pero muy tensa.
Noah continuó llorando mientras se echaba las manos a la cabeza y seguía con los sollozos.
—Noah, ¿la agarraste del cuello? —insistió Lucy poniendo cariñosamente su mano sobre la del joven.
—¡Sí! ¡Lo hice! —exclamó Noah, al cual le empezaron a temblar las manos—. ¡Pero no la maté! ¡Nunca lo habría hecho!
Lucy soltó la mano del joven y comenzó a escribir en la libreta. Mientras, Noah soltaba palabras ininteligibles por la boca mientras lloraba, pero una de esas palabras hizo que la agente Pemberton parara de escribir.
—¿Cómo has dicho? —preguntó Lucy mirando fijamente al joven, con el bolígrafo y la libreta aún en la mano.
Noah se encogió de hombros y miró confundido a la agente.
—¿Lo de la fiesta? —preguntó el joven mientras sorbía la nariz.
Lucy asintió a la vez que miraba cómo las manos de Noah temblaban cada vez más .
—El día que la agarré del cuello salió. Había quedado con un amiguito del gimnasio y sus amigos famosos —Noah apretó los labios de la rabia probablemente acordándose de aquel amargo momento—. Me dijo que me odiaba y se fue… Y no volví a verla más hasta que me enteré de lo que había pasado.
Noah comenzó a llorar desconsolado. La agente Pemberton le ofreció un pañuelo mientras lo miraba con cierta lástima. Lucy creía al joven, pero era sospechoso, y más sabiendo que la había agarrado del cuello.
—¿Estás seguro de que no volviste a verla, Noah? — inquirió Lucy, observando con detenimiento el lenguaje no verbal del joven.
—Sí… —respondió Noah, quitando la mirada de los ojos de Lucy y clavándola contra la pared.
Lucy entrecerró los ojos inconscientemente. Aquel cese de contacto con la mirada le hacía cuestionarse si realmente el muchacho decía la verdad o simplemente era un acto reflejo por el estrés y la depresión del momento.
—Antes de salir, ella me arañó cuando la cogí del cuello, supongo que por eso estará parte de mi piel bajo sus uñas.
Ojalá poder echar para atrás el tiempo y en vez de cogerla del cuello, acariciarle la cara y decirle que es el amor de mi vida, y que siempre estaré con ella —dijo el joven, al cual se le rompía la voz mientras articulaba aquellas palabras.
Por su parte, a Lucy le estaban empezando a afectar aquellas palabras, por lo que decidió seguir con el interrogatorio.
—Antes, durante o después del forcejeo, ¿forzaste a Madison sexualmente? —preguntó Lucy con decisión. Aquello era un tema complicado para ella.
—No, nunca —respondió Noah tajante.
Lucy observó al joven con una expresión de perplejidad durante unos momentos. Tras reflexionar brevemente, le comunicó que regresaría enseguida y le ofreció traerle un vaso de agua. El joven asintió con agradecimiento, y Lucy salió de la sala.
Al hacerlo, Lucy se encontró con el sheriff, cuya expresión ansiosa denotaba las ganas de conocer todo lo acontecido en el interrogatorio.
Con discreción, Lucy se apartó de la puerta y llevó a Alfie consigo, tomándolo de un brazo.
Una vez estuvieron a cierta distancia de la sala, asegurándose también de estar completamente solos, le relató todos los detalles del interrogatorio.
Además, le informó sobre la asistencia de la difunta a una fiesta la noche anterior a su muerte, en compañía de Ethan Murphy y su círculo de amigos famosos, detalle que Alfie apuntó meticulosamente en su libreta.
—Pero hay algo que me ha llamado la atención… — añadió Lucy, con la mirada pérdida mientras se tocaba la barbilla.
Alfie miró impaciente a Pemberton y le instó a que se lo dijera.
—Cuando le he preguntado a ver si había forzado sexualmente a Madison me ha respondido que no, rotundamente —explicó Lucy.
—¿Y qué hay de raro? Eso ya lo intuíamos —respondió el sheriff mirando a Lucy con extrañeza y sin captar a dónde quería llegar.
—Así es. Pero te hago una pregunta, Alfie. Tú, si violan a tu mujer y tú no has tenido nada que ver, ni sabes nada del asunto y te lo cuentan, ¿respondes únicamente “no”? ¿O te afecta la noticia y te pones a romper todo lo que tengas a tu alrededor?
El sheriff quedó pensativo. La teoría de Lucy era que Noah no había tenido nada que ver en la violación.
En cambio, la agente sopesaba que el prometido de Madison sabía que habían abusado de ella, porque sino habría reaccionado de otra forma más airada.
Alfie tenía cada vez más claro que Noah no era el asesino, pero coincidía con su compañera en que el joven ocultaba algo, o sabía más de la cuenta.
—Voy a por agua para Noah —dijo Lucy dirigiéndose hacia el baño—. Luego que hago, ¿le digo que se vaya?
—Sí. Pero déjale claro que tiene que estar comunicado las veinticuatro horas del día y que, evidentemente, no puede salir de Cielo Alto —respondió Alfie lo suficientemente alto para que le oyese Lucy desde el lavabo.
El sheriff se dirigió hacia su despacho y se recostó en la silla. Había pasado un rato desde que Noah había abandonado la comisaría. Eran las tres de la tarde y Lucy volvió a hacer acto de presencia en el despacho del jefe.
—Hola, Alfie. Verás… Tom me ha invitado a comer, ¿me das permiso? —preguntó la chica, poniéndose algo colorada.
—¡Por supuesto! Te lo mereces. Has sabido ser profesional, mucho más que yo. Así que ve a comer con el agente McKay y tómate la tarde libre, yo me encargo — respondió el sheriff amablemente y esbozando una tímida sonrisa.
—Si necesitas algo llámame y vendré, ¿vale? —aseguró Lucy, devolviéndole la sonrisa .
Alfie asintió y esperó a que Lucy saliera y entornara la puerta.
—¡Lucy! —exclamó el sheriff antes de que cerrara la puerta del todo.
—¿Sí?
El sheriff cruzo los dedos de la mano y puso una sonrisa de medio lado.
—¿El agente McKay y tú…?
—Alfie… —respondió la joven, completamente ruborizada—. Digamos que nos estamos conociendo. Es un buen chico, y yo he tenido muchos problemas en mi vida. Creo que me lo merezco.
—Claro que lo mereces. Disfruta —confirmó Alfie guiñándole un ojo.
Tras estas palabras, Lucy salió por la puerta y dejó al sheriff con sus pensamientos.
Después de varios minutos, llamó a recepción para preguntar la dirección de Ruby Morales y si había algún agente disponible para ir en su busca hasta su domicilio.
Mientras el sol relucía sobre sus cabezas, Tom y Lucy se dirigían en coche hacia un destino desconocido, pero prometedor, para una comida romántica. El sheriff había concedido la tarde libre a la joven, mientras que el agente McKay disfrutaba de una jornada libre de trabajo.
—¿A dónde me llevas? —preguntó Lucy con curiosidad. Lucía un elegante vestido blanco y el cabello recogido con delicadas horquillas.
—¿Te gusta la pasta? —preguntó Tom tímidamente. A pesar de su imponente estatura y su físico robusto, su timidez lo hacía encantador.
Lucy asintió con una sonrisa, pues la gastronomía italiana era su manjar favorito.
—¡Perfecto! Entonces, te llevo al Stefano . Es un encantador restaurante italiano que se encuentra a solo dos manzanas de aquí —explicó Tom, anticipando una velada encantadora.