¿Quién mató a Madison Harris? 7 11 de junio #3
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7 11 de junio #3

Madison soltó momentáneamente el volante y le dio un golpe juguetón en la cabeza, fingiendo enfado. Will Tucker era el quarterback de los Cielo Alto Ducks, el equipo de Cielo Alto. Madison había admirado al jugador durante años, aunque no seguía los partidos de manera regular.

—El día veintinueve organiza una fiesta en su casa. Puedo mover hilos para que puedas venir, si quieres —anunció Ethan, anticipando la ilusión que provocaría en Madison.

—¡Claro! ¡Sería genial! ¡Estoy nerviosa solo de pensarlo! —respondió Madison con una efusividad contagiosa.

Continuaron su conversación mientras avanzaban hacia el parking .

Ethan compartió anécdotas sobre los futbolistas que conocía.

Al llegar, el único coche que quedaba era el de Ethan, bañado por la luz de la luna en la tranquilidad de la noche.

Madison maniobró para aparcar y, una vez detenido el vehículo, Ethan se desabrochó el cinturón y abrió la puerta, invitando a Madison a hacer lo mismo.

—Hace una noche increíble, qué pereza tener que irme a casa ahora —comentó Madison, con la mirada fijada en la luna.

—Entonces quédate conmigo un rato más —respondió Ethan, tomando la mano de Madison y atrayéndola suavemente hacia él.

—Ethan… Me voy a casar, ya lo sabes… —susurró Madison, observando los ojos del joven, que ahora estaban a escasos centímetros de los suyos.

—Si no estuvieras con él, ¿estarías conmigo? — preguntó Ethan arrimando su cara hacia la de Madison.

La pregunta de Ethan se coló en el silencio, cargada de expectación.

Su cercanía era palpable, y Madison sintió un nudo en la garganta, debatiéndose entre la lealtad a su prometido y las emociones que despertaba Ethan en su interior.

La joven no respondió con palabras, pero sus acciones hablaron por ella.

Con determinación, cogió las manos de Ethan y las apartó suavemente de su cintura, retrocediendo hacia atrás mientras mantenía su mirada firme.

—Gracias por esta tarde, Ethan. Nos vemos en el gimnasio —dijo Madison con un tono más seco, aunque no pudo evitar suavizar la despedida con una sonrisa y un guiño de ojo que demostraba complicidad.

Con un movimiento ágil, abrió la puerta de su coche y entró en su interior, arrancó y salió disparada, dejando a Ethan solo en medio del oscuro y solitario parking . Una sonrisa de tonto se dibujó en su rostro mientras veía el coche de Madison alejarse.

Madison se sumergió en un mar de pensamientos mientras conducía con prisa por las iluminadas calles del pueblo.

Las emociones chocaban dentro de su mente.

Por un lado, la alegría efervescente de haber compartido un día fuera de su rutina habitual con Ethan.

Por otro, la culpa pesaba en su conciencia, recordándole que, a pesar de no haber cruzado líneas rojas, había coqueteado peligrosamente con Ethan.

El traqueteo del coche la sacó de su ensimismamiento cuando se encontró frente a su casa.

Aparcó el vehículo con destreza y entró, encontrándose con la efusiva bienvenida de Daisy, su perrita, que saltaba y movía la cola con impaciencia.

—¿Me has echado de menos, mi amor? ¿Quién es la perrita más guapa del mundo? —dijo Madison con un brillo especial en sus ojos, dedicando una caricia a su mascota antes de dirigirse al salón.

—Yo sí —respondió una voz que provenía del salón— . ¿Dónde has estado?

Madison se adentró en el salón, encontrando a Noah con la vista fija en la entrada, con la televisión sonando de fondo.

—¡Hola, amor! —exclamó Madison, que avanzó hasta Noah y le dio un intenso beso en los labios—. Al final de tanto hablar se nos ha ido el día, hacía muchísimo que no estaba con Ruby. ¿Qué tal tu día?

Noah miró hacia el televisor, esbozando una sonrisa irónica.

—Yo bien, la verdad —respondió Noah, sin apartar la mirada de la televisión—. He estado todo el día en casa, excepto cuando fui al Stefano a por la pizza. Pero, no te creas que me ha sentado muy bien…

Madison percibió la seriedad en el tono de Noah y lo observó con atención, preocupada por su repentino cambio de ánimo.

—¿Te pasa algo, Noah? —preguntó, buscando en sus ojos alguna señal que pudiera explicar su actitud.

—No… ¿Qué me va a pasar?

Madison, intrigada por el cambio de actitud de Noah, se encogió de hombros y decidió dejarlo a solas en el salón y retirarse a su habitación. Mientras se cambiaba, su mente no podía evitar divagar sobre los acontecimientos del día. Finalmente, se tumbó en la cama y cogió su teléfono móvil.

«Me lo he pasado genial, espero volver a tener un rato así contigo. Y prepárate para el día veintinueve, va a ser una fiesta que nunca olvidarás» , decía un mensaje enviado por Ethan.

Sin poder contener el entusiasmo, Madison activó el audio y grabó su respuesta.

—Tengo muchas ganas de ir a esa fiesta. ¡Por dios, no se conoce todos los días a Will! Claro que sí. Nos vemos en el gimnasio y ya veremos. Buenas noches, pulpito —susurró con voz suave y risueña.

Al bloquear el móvil, Madison se acomodó en la cama, todavía con una sonrisa, cuando su móvil vibró de nuevo. Era un mensaje de Noah: «¿Seguro que estabas con Ruby?»

El corazón de Madison se detuvo por un segundo, abrió la conversación, pero no supo que responder, así que decidió bloquear su teléfono y comenzar a dormir.