¿Quién mató a Madison Harris? 7 11 de junio #2
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7 11 de junio #2

Noah agarró la caja con decisión agradeciendo al maître por el pedido, se giró hacia Ethan y le dio una enérgica despedida con la mano.

Ethan correspondió al gesto con un amable saludo, y dirigió su mirada hacia los baños.

Habían pasado al menos quince minutos y no había ni rastro de Madison.

Mientras tanto, Madison, dentro del baño, se aseguraba de que no hubiera señales de Noah antes de salir.

Al regresar a la mesa, se sentó visiblemente alterada.

Su cabello estaba despeinado y sus manos temblaban ligeramente, evidenciando su estado de nerviosismo.

—¿Qué te pasa? —inquirió Ethan, detectando el evidente estado de agitación de Madison.

—Oh, nada. Es solo… que cuando me baja suelo sentirme así, ya sabes —respondió Madison, con la voz entrecortada .

—¿Prefieres que nos vayamos sin comer? Podemos pedirlo para llevar… —sugirió Ethan, preocupado por el estado de su amiga.

—No te preocupes. ¡Tengo hambre!

Ethan, con una sonrisa traviesa en los labios, tomó los cubiertos y comenzó a saborear el plato.

Durante la comida, compartieron consejos sobre rutinas de ejercicios y dietas para mejorar su condición física.

Aprovecharon también para conocerse mejor, intercambiando rápidamente preguntas sobre sus gustos, experiencias y aspiraciones.

Mientras Ethan relataba alguna anécdota sobre sus amores fallidos, el móvil de Madison vibró sobre la mesa, interrumpiendo la conversación.

La joven, sin perder atención a las palabras de Ethan, desbloqueó su teléfono.

Un mensaje de Noah capturó su atención de inmediato.

«No te vas a creer a quien he visto en el Stefano». Junto al texto, una foto.

«Lo he conocido antes que tú» , continuaba el mensaje. La sorpresa se reflejó en el rostro de Madison y, al levantar la mirada, se encontró con la sorprendida expresión de Ethan, quien había detenido su relato al notar la reacción exagerada de su amiga.

—¿Qué sucede? —preguntó el joven, extrañado, al ver la cara con la que le miraba Madison.

Ella apartó la mirada del teléfono por un momento y le dirigió una sonrisa forzada.

—No, nada importante. Solo que me he acordado de una cosa… —respondió, aunque su voz sonaba algo nerviosa.

Ethan frunció el ceño, ligeramente intrigado por la reacción de su amiga, pero decidió no indagar más. Mientras, Madison había vuelto a centrarse en su teléfono móvil .

«¡Hala! Qué envidia, amor… Ojalá haber estado allí para hacernos una foto los tres.

» Madison guardó el móvil con una sonrisa satisfecha, contenta de haber mantenido el buen tono en la conversación.

Justo en ese momento, Ethan comenzó a relatarle el curioso encuentro que había tenido con un desconocido que quería una foto para su novia.

La comida transcurrió sin más incidentes reseñables, y ambos se dieron cuenta de que habían disfrutado de una conexión genuina, compartiendo anécdotas y risas durante toda la comida.

Al finalizar, Ethan miró fijamente los ojos azules de Madison y, tras un rato pensativo, le propuso ir al mirador para ver la puesta de sol.

Al mirar el reloj, Madison se sobresaltó al darse cuenta del tiempo que habían pasado en el restaurante.

La sensación de confort y disfrute había sido tan absorbente que no se había dado cuenta de que habían transcurrido casi tres horas y media.

Sin embargo, también se le cruzó por la mente que Noah seguramente estaría empezando a impacientarse al no tener noticias suyas y al verla llegar tan tarde a casa.

Por ello, consideró que lo más sensato y responsable era posponer el plan.

—Claro, no vaya a ser que tu novio se enfade y no te deje salir más —concluyó Ethan en tono de burla.

Aunque Madison sabía que las palabras de Ethan estaban destinadas a provocar lo contrario, sintió una furia interna que la hizo cambiar de opinión.

—Venga, vamos. A mí no me manda nadie, soy una chica completamente independiente —respondió Madison mientras se levantaba y recogía su bolso y chaqueta de la silla.

Ethan hizo lo mismo y la siguió fuera del restaurante.

Caminaron juntos hasta el aparcamiento donde Madison tenía su coche.

Después de pagar a disgusto el ticket del parking , salieron del garaje y se dirigieron hacia el mirador más hermoso del pueblo.

Aparcaron en un sitio contiguo al mirador y llegaron justo a tiempo para ver la caída del sol.

—Qué bonito es esto —observó Madison, con una sonrisa mientras contemplaba el horizonte que se tiñó de tonos cálidos por la puesta de sol.

—Sí que lo es, y tú conoces bien la belleza — respondió Ethan, sin apartar la mirada del espectáculo que ofrecía el cielo.

Madison apartó la mirada por un momento y miró a Ethan con cierto recelo, pero él seguía absorto en el paisaje.

—¿Te puedo hacer una pregunta? Responde solo si quieres —comenzó Madison, mientras se sentaba en un banco cercano al mirador.

—Dispara —respondió Ethan, acompañando a su amiga y mirándola con interés.

—¿Qué relación tienes exactamente con Ruby?

La expresión de Ethan cambió de repente, como si aquella pregunta lo pillara por sorpresa. Por un instante, Madison pudo percibir la tensión en sus ojos. El joven tragó saliva y desvió la mirada hacia el suelo.

—La verdad es que es complicado. Me gusta, pero yo soy un lobo solitario —respondió Ethan con firmeza, elevando la mirada de nuevo para encontrarse con la de Madison—.

Ella está completamente colada por mí, pero no estoy seguro de querer algo serio con ella.

Además, hay otras chicas que me atraen muchísimo más.

Por alguna razón inexplicable, Madison se sintió ruborizada por aquellas palabras. Tratando de disimularlo, giró la cabeza de nuevo para volver a centrar su atención en el atardecer.

—Ahora, ¿te importaría si pregunto yo algo? — preguntó Ethan con su habitual sonrisa pícara, acomodándose en el banco como si estuviera preparado para escuchar una historia fascinante.

—A ver… —respondió Madison, con temor.

Ethan rio suavemente mientras daba aún más misterio a aquella cuestión.

—¿Eres feliz en tu relación? —inquirió finalmente Ethan, mirando fijamente a Madison.

La cuestión tomó a Madison por sorpresa, puesto que no sabía cómo interpretarla. Además, apenas habían pasado doce horas desde que se habían conocido, y las confianzas que estaba tomando Ethan no le resultaban del todo cómodas.

—Por supuesto que sí —respondió Madison con determinación, sin mostrar ni un ápice de inseguridad en su voz.

—Entonces, ¿por qué te has puesto roja cuando he mencionado que otras chicas me atraen más que Ruby? — preguntó Ethan, observando atentamente la reacción de Madison.

En ese momento, Madison se sintió invadida por una terrible vergüenza. Desearía haber podido desaparecer en ese mismo instante y reaparecer cuando todo hubiera acabado.

—¡Eres un mentiroso! —exclamó Madison en un intento por desmentir a Ethan—. ¡Un mentiroso y un chulo!

Ethan estalló a carcajadas, aliviando la tensión del momento y llevando a Madison a seguir su ejemplo. Agradeció internamente que Ethan hubiera optado por reír en lugar de seguir con preguntas incómodas.

—Bueno, ya hemos disfrutado bastante de este atardecer. Te llevo a casa —dijo Madison, propinándole un suave puñetazo amistoso en el brazo a Ethan. Él asintió y se levantó del banco, encaminándose hacia el coche.

Una vez dentro del vehículo, Madison se dio cuenta de que no sabía dónde vivía Ethan.

—Por cierto, ¿dónde vives? —preguntó mientras abría la aplicación de navegación en el GPS del coche—. Espero que no muy lejos, la gasolina está por las nubes — añadió en tono bromista.

—No te preocupes, reina. Déjame en el gimnasio, que allí tengo mi coche —respondió Ethan, mirando a Madison con complicidad—. Además, si supieras esa información, tendría que matarte —rio, haciendo una pausa dramática que arrancó una risa nerviosa de Madison.

Mientras se dirigían hacia el gimnasio, Madison y Ethan se sumergieron en una conversación animada, saltando de un tema a otro con facilidad. Hablaron sobre cómo lidiar con la fama y las complicaciones que conllevaba, así como sobre los romances fugaces que habían tenido con personas conocidas.

—¡No me jodas que conoces al puto Will Tucker! — exclamó Madison con entusiasmo, poniendo su voz cual una adolescente enamorada.

—¡Por supuesto! ¿Te gusta el fútbol americano? — preguntó Ethan sorprendido—. Raro en una tía.