7 11 de junio
Madison condujo a través de las infernales calles del pueblo durante varios minutos, donde el bullicio de los habitantes que regresaban a sus hogares después de trabajar llenaba el ambiente.
Durante el trayecto, tanto Ethan como Madison permanecieron en silencio.
La tensión reinaba en el interior del coche, ya que Ethan no sabía cómo romper el hielo y Madison estaba más concentrada en la carretera que en el joven.
Después de pasar la larga travesía que conectaba las afueras con el centro de Cielo Alto, tomaron una curva a la izquierda en dirección a un parking de varios pisos que había por la zona.
—¿A dónde me llevas? —preguntó Ethan, asomando la cabeza por la ventanilla para intentar identificar la calle.
—Hay un restaurante italiano por aquí cerca. ¡Te va a encantar! —respondió Madison, dedicándole al joven monitor de gimnasio una sonrisa .
Efectivamente, ese restaurante era el mismo donde Noah le había pedido matrimonio días atrás.
—¿Se come bien? Mira que yo como mucho, ¿eh? — preguntó Ethan con una sonrisa pícara, bajándose del coche. Madison hizo lo propio.
—¡Claro! He ido un par de veces con mis amigas y la comida es simplemente deliciosa —Madison lanzó una tímida sonrisa al joven, mientras bajaba la mirada para contemplar el torso marcado por la camiseta blanca que llevaba Ethan.
«¿Dónde guardas todo lo que comes, hijo?
» , pensó Madison mientras se mordía el labio inferior, inconscientemente.
Ethan, por su parte, notó que Madison estaba concentrada en su torso y pensó que se había quedado absorta en sus pensamientos.
Decidió hacerle un gesto con la mano mientras soltaba una carcajada sonora.
Madison movió la cabeza ligeramente y sonrió, mientras notaba cómo sus mejillas comenzaban a ruborizarse.
Salieron del parking y, tras subir las escaleras, se dirigieron directamente al restaurante.
Ethan la siguió hasta que llegaron a la puerta.
Madison se detuvo en seco, echó un vistazo al interior para inspeccionar el lugar y, después de unos segundos, hizo una señal a Ethan para que entrara al local.
Una vez hubieron entrado, el maître se acercó para ofrecerles el menú y recoger sus prendas.
—Bienvenida de nuevo, señora —dijo amablemente el maître, reconociendo a Madison.
« ¿ No había más maîtres, no…?», pensó Madison para sí misma, mientras sonreía y asentía levemente al caballero.
—¿La mesa del otro día va bien? —siguió preguntando el maître, quien casi con total seguridad no se había percatado de que se trataba de un acompañante diferente .
—Si tienes una más al fondo estaría bien, hace más frío hoy —respondió Madison con seguridad. El maître la miró de soslayo, ya que un once de junio a la tarde no hacía frío en ningún caso.
El camarero se encogió de hombros y, después de hacerles una señal con la mano, los acompañó hasta la mesa. Una vez acomodados, les entregó los menús.
—¿Te avergüenzas de que nos vean juntos o algo así? —preguntó Ethan sin apartar la vista del menú.
—¡No digas tonterías! Pero aquí estamos más cómodos, el otro día estábamos cerca de la puerta y era más molesto —respondió Madison frunciendo el ceño ante la pregunta de su amigo.
—¿Con quién viniste? Si puede saberse.
Madison apartó la mirada del menú y sostuvo la mirada de Ethan, quien hizo lo mismo y le devolvió la mirada con la misma sonrisa pícara de siempre.
—Con mi prometido.
—Por fin lo nombras. Cualquiera diría que no querías que me enterara —dijo Ethan guiñándole un ojo. Luego, volvió a centrarse en el menú.
—¿Eres tonto? Te he dicho hace un rato que me iba a casar —respondió Madison cortante. Aunque se sentía cómoda con Ethan, su exceso de chulería no le agradaba.
—¡Vale, vale! Pensaba que era una excusa barata para quitarte del medio a todos los babosos.
La joven suspiró mientras negaba con la cabeza y volvió a centrarse en el menú.
Pasaron así escasos minutos hasta que el maître vino a tomar la comanda.
Madison pidió unos pennes a la carbonara, mientras que Ethan optó por una lasaña de verduras.
El camarero anotó los pedidos y cerró la libreta con un sonoro golpecito antes de dirigirse hacia la cocina para procesar la orden.
—Voy al baño, no me eches de menos —dijo Ethan al levantarse, acompañando sus palabras con un guiño dirigido a Madison.
—Mira que eres estúpido, ¿eh? Más te gustaría — respondió la joven con una sonrisa irónica que le iluminaba el rostro.
El joven tocó suavemente la cabeza de Madison y se fue al baño. Aprovechando su ausencia, Madison sacó su teléfono y revisó las notificaciones. Entre ellas, un mensaje de Ruby Morales captó su atención.
«¡Hola, tía! ¿Qué tal el primer día? ¿Ginny te ha dado mucha caña?
» , leyó Madison, con una sonrisa que se desvaneció rápidamente al recordar su situación.
«Sí tía, estoy reventada. Ahora estoy con Noah comiendo.
¡Me ha preparado una comida increíble!», respondió Madison con rapidez antes de cerrar la conversación.
Justo entonces, otro mensaje llamó su atención. «Cariño, he pensado que como comes con tu amiga y yo he arruinado mi almuerzo me voy a pasar por el Stefano para coger una pizza. Te quiero.» Enviado hace dieciséis minutos.
El corazón de Madison se aceleró mientras leía esas palabras, pues Stefano era el nombre del restaurante en el que se encontraba en ese mismo instante.
Con un golpe sonoro sobre la mesa y los ojos abiertos de par en par, Madison se levantó rápidamente de la silla y guardó su teléfono en el bolso.
La confusión y el desconcierto se reflejaban en su rostro mientras se preparaba para salir apresuradamente de aquel lugar.
Sin embargo, justo en ese momento, Ethan regresó del baño y se quedó perplejo al ver a Madison de pie con el bolso en la mano, lista para marcharse.
—¿Me ibas a dejar plantado? —preguntó Ethan con una expresión de sorpresa mientras apoyaba la mano en la silla, buscando una explicación.
—¡No! Es solo que necesito ir al baño urgentemente. Me… me ha bajado la regla —respondió Madison con rapidez, inventando una excusa sobre la marcha. Su rostro se tornó ligeramente colorado por la mentira improvisada.
Dicho esto, salió apresuradamente hacia el baño, dejando a Ethan solo en la mesa, visiblemente confundido, mientras revisaba sus redes sociales.
Apenas dos minutos más tarde, Noah entró por la puerta y tocó la campanita para llamar la atención del maître.
—Buenas tardes, señor. ¿Qué desea? —preguntó el hombre, observando a Noah con una mezcla de curiosidad y desconcierto, como si intentara recordar dónde lo había visto antes.
—¡Hola! Quería pedir una pizza cuatro quesos para llevar, si es posible —pidió amablemente Noah, acompañando las palabras con una tímida sonrisa.
—¡Por supuesto! Aguarde un momento, voy a dar la comanda —respondió el maître con cortesía, realizando una leve reverencia y colocando las manos detrás de la espalda mientras se disponía a atender el pedido.
Noah asintió mientras el maître se retiraba para gestionar su pedido en la cocina.
Con el móvil en la mano, el prometido de Madison revisó sus conversaciones, notando con cierta decepción que ella había dejado su mensaje en leído.
Frunciendo levemente los labios, hizo un gesto de resignación y movió la cabeza ligeramente hacia la derecha.
«Estará ocupada con su amiga, tienen mucho de qué hablar», se dijo a sí mismo, tratando de justificar a su prometida.
Guardó el teléfono y levantó la vista, encontrándose con que el maître aún no había regresado.
Decidió entonces explorar el ambiente del restaurante con la mirada.
Sus ojos recorrieron primero la mesa en la que, hacía apenas nueve días, le había propuesto matrimonio a Madison, evocando aquel momento con una sonrisa nostálgica.
Luego, su atención se desvió hacia los cuadros y la decoración del local, apreciando los detalles artísticos que adornaban el lugar.
Finalmente, dirigió su mirada hacia las otras mesas, observando a las parejas y grupos de amigos disfrutando de su comida y conversaciones animadas.
De repente, sus ojos se posaron en la mesa donde se encontraba Ethan, y una chispa de reconocimiento brilló en su mirada.
«Es el chico de los vídeos que Madison ve», pensó para sí mismo, sorprendido por el encuentro inesperado.
Después de dudar por un instante, decidió acercarse y, mientras avanzaba por el local, volvió a dirigir su mirada hacia Ethan.
—Disculpa, ¿eres Ethan Murphy? —preguntó Noah con cierta timidez, notando la mirada curiosa del joven dirigida a él.
—Sí, soy yo. ¿Y tú eres…?
—Me llamo Noah. Verás, mi prometida sigue los videos de una tal Ruby Morales, yo no tengo idea de quien es, pero esta mañana me mostró uno donde casualmente apareces tú.
¿Te importaría sacarte una foto conmigo para darle un poco de envidia?
—preguntó Noah, mientras se le escapaba una pequeña carcajada .
—Claro, sin problema —respondió Ethan, algo sorprendido por la solicitud de aquel hombre.
Noah sacó su teléfono móvil y se lo cedió a un hombre que se encontraba de pie justo al lado y le pidió amablemente que le sacara una foto. Tras algunos intentos y gestos torpes con el dispositivo, el hombre logró capturar una imagen adecuada para enviar a Madison.
—¡Muchas gracias, tío! ¡Qué disfrutes de tu comida! — exclamó Noah, mientras propinaba una palmada en la espalda a Ethan.
Ethan le devolvió el gesto con una sonrisa y un asentimiento de agradecimiento, antes de volver su atención al teléfono.
—Aquí tiene su pizza, señor. Espero que la disfrute — dijo el maître, entregándole el pedido.