6 1 de julio #2
El forense negó con la cabeza, lo que alivió en parte a Alfie, que ya se preparaba para cualquier otra revelación impactante.
—Bueno… se me olvidaba algo —dijo Sullivan elevando la voz. Luego, se acercó a Lucy, tomó algunos papeles, los examinó detenidamente y le entregó uno a Alfie, quien empezó a leer con interés.
—¡¿Estás de broma?! —exclamó airadamente el sheriff después de leer el informe del forense—. ¿Pero qué demonios es esto?
—Los informes son claros, Alfie. Madison no estaba embarazada cuando murió.
Alfie deseó fervientemente que aquel día, que apenas estaba llegando a la mitad de la jornada, llegara a su fin. El sheriff apartó la mirada del papel y buscó la complicidad en la mirada de Lucy, quien permanecía de pie, paralizada por la impactante noticia.
—Necesito asimilar todo esto… ¿Hay algo más? — preguntó Lucy recobrando la compostura y notando que su superior no estaba dispuesto a hablar más en ese momento.
—Eso es todo. Debo seguir trabajando, tengo mucho por hacer —dijo Sullivan, despidiéndose.
Recogió todos los papeles y fotos, los guardó en una carpeta y la colocó en una estantería.
Finalmente, salió de la sala, dejando a ambos agentes en estado de shock.
Alfie se levantó y, sin decir una palabra, salió de la sala y del depósito, dirigiéndose hacia el coche.
Lucy siguió tímidamente los pasos del sheriff y lo acompañó al vehículo.
—Conduzco yo —dijo Lucy, consciente de que Alfie no estaba en condiciones de conducir.
Spinster asintió sin muchas ganas y se sentó en el asiento del copiloto sin articular palabra alguna.
Lucy arrancó el coche y se dirigió de vuelta a la comisaría tranquilamente, sin ninguna prisa.
El viaje fue aún más tenso que el anterior.
De vez en cuando, la joven echaba vistazos a su jefe, que estaba medio recostado y con una mano cubriéndose el rostro.
—¿Tienes alguna idea, algún indicio de algo? — preguntó Lucy, intentando romper el hielo.
—No tengo ni idea de nada, Pemberton —respondió Alfie de manera tajante—. Lo primero que haremos será llamar a Noah para interrogarlo. Que nos explique esos moratones en el cuello.
—Está bien, me pondré a ello según lleguemos — respondió la joven prácticamente en un susurro. Sabía que cuando la llamaba Pemberton , su jefe no estaba en las mejores condiciones—. De todas formas, ¿no es un poco extraño que no hayan encontrado… bueno, ya sabes, restos de semen ahí abajo?
—Yo también lo he pensado, sea quien sea, parece que lo planeó todo —reflexionó el sheriff en voz baja.
Alfie volvió a cubrirse la cara con las manos y así pasó todo el viaje.
Cuando llegaron a la comisaría, el sheriff se bajó del coche y, sin decir una palabra, se encaminó hacia su despacho.
Lucy, en cambio, regresó al mismo lugar donde había estado charlando con el policía unas horas antes.
Pasaron varias horas, durante las cuales Alfie estuvo en su despacho, reflexionando sobre el complicado caso que tenían entre manos.
Lucy, por su parte, finalizó la conversación pendiente con el agente McKay y trató de citar a Noah en la comisaría sin éxito.
Finalmente, el sheriff se levantó de su asiento y empezó a pasearse por la sala, como era su costumbre.
Hubo varios intentos de abrir el pequeño armario donde guardaba el whisky, pero tuvo la suficiente fuerza de voluntad como para contenerse.
Alfie echó un vistazo al reloj. «Las nueve de la noche ya» , se dijo para sí mismo mientras se acariciaba la barbilla.
De repente, tres golpes en la puerta captaron la atención del sheriff, por lo que dirigió la mirada hacia la entrada, en la que vio la cabeza de Lucy asomándose por la puerta.
—¿Puedo? —preguntó la policía con cortesía.
—Claro, pasa. ¿Qué sucede?
Lucy pasó y cerró la puerta tras de sí. Se acercó a la mesa y tomó asiento.
—He intentado contactar con Noah Young, pero no responde al teléfono. Parece que está molesto por el altercado con su suegro.
—¡Robert! ¡Aún está en el calabozo! —exclamó Alfie, mientras abría los ojos en señal de sorpresa.
—Ya fue liberado. Le dije al agente McKay que lo soltara cuando nos dirigíamos al depósito. Continuaré intentado contactar con Young para que venga mañana; si no contesta, tendremos que ir a visitarlo.
—Siempre tan atenta, Lucy. Así da gusto.
Lucy lanzó una sonrisa tímida al sheriff.
Le encantaba escuchar esas palabras, pero no prolongó mucho la sonrisa.
En consonancia con el día, traía malas noticias, así que sacó el teléfono móvil.
Alfie se percató inmediatamente y se recostó en la silla, mirando con aprensión a Lucy, tratando de adivinar qué haría con el dispositivo.
—Mira. Es mejor que lo veas por ti mismo —dijo Lucy, ofreciendo el teléfono a Alfie. Este lo cogió, subió el volumen al máximo y se dispuso a ver el vídeo.
«¡Hola bebés! Hoy vengo a hablaros de un tema que me toca a lo personal. Antes de nada, quiero decir que Madison Harris es una puta zorra, aparte de una mala amiga.»
—¿Qué diablos es esto, Lucy? —preguntó el sheriff levantando la vista y mirando a su compañera horrorizado. Lucy le indicó con la cabeza que continuara viendo el vídeo en el móvil.
«Como no quiero verte esa cara de guarra roba-novios que tienes te dedico un vídeo, guapa. Eso no se hace, a nadie, y mucho menos a una amiga. Bueno, examiga, porque por mí como si te mueres. ¡Así te encuentren en una cuneta tirada, no sabes cómo me alegraría, tía!»
El extracto de vídeo terminaba ahí. Alfie se quedó con la mirada perdida durante unos segundos, y luego se volvió a mirar a Lucy, quien lo observaba con cierta lástima.
—¿Quién demonios es esta persona? —preguntó Alfie, apretando un puño por la rabia que sentía en ese momento.
—Es Ruby Morales, sheriff. Subió este vídeo hace tres días, es decir, la misma noche en la que apareció el cadáver de Madison.
Es una conocida influencer en las redes.
También tiene una cadena de gimnasios con otras estrellas como el jugador de futbol americano Will Tucker, Matt Griffin y Ethan Murphy.
Alfie se levantó abruptamente de la silla y se quedó mirando fijamente a Lucy, quien lo observaba atónita sin comprender lo que ocurría.
—¿Cómo has dicho? El último, ¿quién es el último? — preguntó desesperadamente Alfie.
—Ethan Murphy. Es otro influencer . Tiene mi edad y es un cabeza hueca. Qué mal me cae…
Alfie dejó a Lucy hablando sola por un momento y se acercó a la ventana. Contempló el horizonte en silencio mientras se daba cuenta de que tenía la primera pista.
—¿Por qué no me lo dijiste cuando aquella periodista preguntó por él? —preguntó el sheriff, algo molesto al acordarse.
—No me lo preguntaste, Alfie.
Ciertamente, su encuentro y obsesión con Ethan no habían sido más que parte de su subconsciente. Desde que la periodista y Karen, la psicóloga, lo mencionaran, nunca había compartido con nadie ningún detalle sobre ese joven.
—Quiero que te pongas en contacto con Ruby Morales. ¡Mañana la quiero aquí a primera hora !
—Sí, señor —respondió Lucy. Después, asintió con la cabeza y salió de la sala, dejando a Alfie sumido en sus pensamientos.