¿Quién mató a Madison Harris? 5 1 de julio #2
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5 1 de julio #2

—Crecí en una familia problemática. Mi padre bebía demasiado y perdía el control con frecuencia.

Experimenté en primera persona la violencia doméstica; cuando tomaba varias copas, comenzaba a golpear a mi madre, y luego, cuando ya se había quedado satisfecho, me tocaba a mí —explicó Lucy, esforzándose por mantener la firmeza en su voz.

Después de unos segundos, miró al sheriff, quien la escuchaba atentamente—.

Por ello, no quiero que tú caigas en eso.

Siempre digo que nunca he tenido padre, porque ese hombre nunca ha sido, ni será mi padre.

Desde el día en que llegué a esta comisaría y te conocí, vi cómo me tratabas como a una igual, supe que tú podrías ser el padre que nunca tuve.

Spinster sonrió y se ruborizó ligeramente al escuchar esas palabras. En realidad, él también había sentido lo mismo, pero hasta ese momento no habían compartido de manera tan abierta ese sentir. Esta revelación sirvió para que ambos policías se relajaran y consolidaran aún más su confianza.

—¿Qué pasó con ese hombre? —preguntó Alfie interesado. Lucy suspiró de nuevo.

—Murió. Un día llegué a casa de la academia y lo encontré tirado en el salón.

Junto a él había una bolsa con cocaína. Pensé que nunca diría esto, pero la cocaína de alguna manera nos salvó la vida a mi madre y a mí —respondió Lucy, aliviada por finalmente compartir con alguien esa parte de su vida—.

Nunca he contado esto a nadie, y ese desgraciado es la razón por la que decidí ser policía; mi objetivo es acabar con todos esos tipos que se creen con el derecho de dañar a las mujeres.

Alfie se quedó en silencio ante ese relato. Lo que acababa de escuchar de su compañera era muy desgarrador, pero, lamentablemente, cada vez era más común en el mundo. Después de un par de segundos, ambos se miraron, sonrieron y se abrazaron profundamente.

—Esto nos va a unir mucho. Y ten por seguro que yo voy a estar a tu lado para meter a esos cabronazos entre rejas, como llevo haciendo más de treinta años —respondió Alfie mientras se separaba del abrazo. Lucy sonrió de nuevo.

De pronto, sin previo aviso, apareció un coche granate en la calle de los Young.

El sheriff y la policía giraron simultáneamente la cabeza para dirigir toda su atención hacia el vehículo, que se detuvo en la acera frente a la casa de Noah.

El coche permaneció detenido varios minutos, y el conductor no hizo ningún ademán de bajarse; simplemente se quedó en esa posición.

—Este coche me resulta familiar —comentó Spinster entrecerrando los ojos para fijarse en la matrícula—. Un momento. ¡Es el coche de Robert!

Nada más percatarse de ello, el conductor abrió la puerta del coche y se bajó con una calma tensa. Efectivamente, se trataba de Robert Harris, el padre de Madison.

—¿Qué hacemos? —preguntó Lucy extrañada por ver al señor Harris en aquel lugar.

—Vamos a esperar a ver qué hace. Estoy desconcertado.

Robert cerró la puerta del vehículo, se giró y se quedó contemplando la casa de su yerno con los brazos en jarra.

Tras varios minutos de reflexión, paseando por la acera y llevándose las manos al rostro en ocasiones, se encaminó hacia la parte trasera del vehículo.

Allí abrió la puerta y extrajo un objeto largo y pesado envuelto en una especie de funda.

Sujetándolo, se lo colocó en la espalda y cruzó la calle con decisión.

—¡Lleva la escopeta! —gritó Alfie, reconociendo de inmediato lo que llevaba en aquella funda—. Rápido, Lucy, coge tu arma y salgamos del coche.

Ambos agentes salieron del coche con premura, se dirigieron a la parte trasera para ponerse chalecos antibalas, tomaron sus pistolas y, tras cerrar el maletero, se apresuraron hacia la puerta, donde Robert ya estaba vociferando.

—¡¡Abre la puerta, hijo de puta!! —gritó Robert Harris fuera de sí—. La voy a echar abajo a la de una, a la de dos… ¡A LA DE TRES!

Robert propinó varias patadas a la puerta de la casa; aguantó cuatro golpes, pero al quinto cayó hacia atrás. El suegro de Noah irrumpió en la vivienda y subió la escalera de caracol que conducía al dormitorio con rapidez. Alfie y Lucy hicieron lo propio, apresurándose al máximo.

—¡Aquí estás! —exclamó Robert al encontrar a Noah en la habitación, encañonándolo con la escopeta.

—¡Robert, no sé qué crees que he hecho, pero estás equivocado! —gritó Noah, levantando las manos en señal de rendición.

—¡Me importa una mierda lo que digas, sé que has sido tú y te voy a matar ahora mismo!

La pareja de policías subió la escalera y en cuestión de segundos entró en la habitación, en la que vieron a Robert de pie apuntando a Noah con la escopeta .

—¡Baja el arma, Robert! —exclamó Alfie apuntándolo con una pistola, mientras Lucy hacía lo propio desde el otro lado de la habitación.

Robert dirigió la mirada hacia Alfie, y su gesto cambió a una mezcla entre asco e ira.

—¡Tú cállate, sucia rata! —exclamó el señor Harris fuera de sí—. ¡Este cabrón merece morir!

—Robert, vino a la comisaría ayer, estaba desolado y estuvo hablando horas con una psicóloga. ¿Te parece realmente la conducta de alguien que acaba de matar a su novia? —argumentó Alfie tratando de hacer que su colega bajara el arma.

—¡Ah! —Robert miró a Alfie a la cara por primera vez desde que el sheriff había irrumpido en la habitación—. ¿Esto es lo que tengo que hacer para que me cuentes las cosas? ¿Matar al cabronazo de mi yerno? —el señor Harris agitaba la escopeta a cada movimiento.

—Por favor, señor Harris, baje el arma y entréguemela —dijo Lucy con tranquilidad mientras se acercaba lentamente a la posición del expolicía.

Robert, al ver que se acercaba, apuntó a Lucy, la cual retrocedió varios pasos sin dejar de apuntar con la suya propia al hombre.

—Ella no querría esto, Robert. No le gustaría ver a su padre así —dijo Alfie, sin dejar de apuntar con la pistola a su excompañero—. Por favor, baja el arma y dásela a la agente Pemberton.

Robert volvió a dudar. Se giró y apuntó a Noah, mientras cargaba la escopeta y soltaba un grito desgarrador.

Noah cerró los ojos, fuerte, mientras se agarraba la cabeza, hecho una bola en el suelo.

Pero, contra todo pronóstico, Robert bajó el arma y la tiró al suelo mientras comenzaba a llorar desconsoladamente.

Lucy se acercó con cautela hacia la posición del arma, le puso el seguro y la alejó de la zona.

Después, avanzó hacia Robert, que seguía llorando a mares.

—Queda detenido por allanamiento de morada e intento de asesinato contra Noah Young.

Tiene derecho a guardar silencio; todo lo que diga puede ser usado en su contra —explicó Lucy mientras esposaba al señor Harris.

Tras el suceso, lo condujo al coche de policía.

El sheriff Spinster, mientras tanto, se quedó de pie, inerte, mirando al joven Noah, que aún sollozaba en el suelo.

—Siento que hayas tenido que vivir esto, Noah —dijo Alfie extendiéndole la mano al joven para ayudarlo a levantarse del suelo.

Noah agarró la mano del sheriff y se puso de pie. Tras estirarse la ropa y secarse las lágrimas, se sentó en la cama mientras seguía temblando.

—Espero que pase un buen tiempo en el calabozo. ¡Está completamente desequilibrado! —exclamó Noah, visiblemente ofendido por lo que acababa de acontecer.

—¿Cómo estarías tú si acabaran de encontrar el cadáver de tu hija? —preguntó Alfie tratando de ejercer empatía.

—Y tú, ¿cómo te sentirías si encontraran el cadáver de tu prometida, Spinster? —replicó Noah, notoriamente herido por la falta de decoro del sheriff hacia él—. Por favor, lárgate de aquí. Necesito relajarme.

Alfie colocó sus brazos en jarra, adoptando una expresión comprometida. Asintió y se encaminó hacia la salida de la habitación, pero se detuvo y volvió la mirada hacia el joven.

—¿Estás seguro de que no sabes nada, Noah? — preguntó el sheriff, tratando de encontrar respuestas—. Puedes confiar en mí, y por tu lenguaje no verbal parece que sabes algo y no quieres compartirlo…

—¡He dicho que te vayas! —gritó Noah, golpeando la cama con la palma de su mano.

Alfie volvió a asentir a Noah, quien había apartado la mirada y se había recostado en su cama, intentado relajarse después de la invasión de su suegro en su propia casa.

El sheriff abandonó la sala y se dirigió hacia las escaleras.

Las bajó lentamente mientras observaba las fotos que decoraban las paredes.

Antes de llegar a la salida, tomó el marco de una foto y la contempló con ternura.

En la imagen, Noah y Madison lucían radiantes la noche de la pedida de mano en un restaurante italiano.

Madison mostraba con entusiasmo el anillo.

Alfie acarició con dos dedos la imagen de la joven, exhalando un ligero suspiro.

Luego, colocó el marco con delicadeza en la mesita y salió de la casa dirección al coche de policía.

—¿En serio me vas a detener? —preguntó Robert, ya más relajado, en cuanto vio entrar a su excompañero en el coche.

Alfie se giró y lo miró fijamente. Negó con la cabeza levemente mientras lanzaba un suspiro y volvió a mirar hacia delante sin decir nada. Arrancó el coche y comenzó la ruta hacia la comisaría.

—¿No me vas a contestar? —preguntó Robert con un tono más hostil.

—Pemberton, cierra la ventanilla, por favor. Ahora mismo no me apetece oírlo—.

Lucy se giró y cerró la pequeña ventana del coche de policía, dejando al señor Harris completamente insonorizado.

—¿Cómo te encuentras, Alfie? —preguntó la compañera al ver que el sheriff conducía más tenso de lo habitual.