¿Quién mató a Madison Harris? 4 11 de junio #2
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4 11 de junio #2

—Es normal que me conozcas, amor. Soy famoso — dijo Ethan, cogiendo su mano y depositando un pequeño beso en ella.

Ante la escena, Ruby puso los ojos en blanco y decidió cortar la conversación de raíz. Tomó la mano de Madison y la llevó al interior del gimnasio, dejando a Ethan en la recepción absorto con su teléfono móvil.

—Ten cuidado con ese, es muy amigo mío, pero es un golfo —advirtió Ruby tras ver la expresión de Madison.

—¡Ruby! ¿Cómo puedes pensar…? ¡Me voy a casar! — respondió Madison ofendida, mostrándose muy segura de sí misma.

—¿Qué dices? No sabía nada. ¡Enhorabuena! — respondió la joven con cara de asombro ante la noticia de su amiga—. Tendrás que estar perfecta para la boda, así que vamos a empezar. Esta es Ginny, una de las monitoras del gimnasio.

Madison saludó a la joven asintiendo con la cabeza y ofreciéndole una dulce sonrisa.

—Te dejo con ella que tengo que ir a la recepción a terminar unas gestiones. Los negocios me vuelven loca —dijo Ruby con una falsa carcajada. Después, habiendo dado la espalda a Madison, cambió completamente su expresión y avanzó hasta la recepción.

Abrió la puerta con un sonoro golpe y se movió rápidamente varios metros hasta llegar a la posición en la que estaba Ethan, aún con su teléfono móvil.

—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó Ruby con un tono alto de voz, cosa que hizo que Ethan se asustara y se le cayera el móvil al suelo.

El joven se agachó a por él y miró a Ruby extrañado.

—¿Qué problema hay? Está muy buena, Ruby. Eso no quiere decir nada.

—Ah, muy bien. Entonces solo me quieres para echar un polvo, ¿no? En cuanto aparece la primera niñata pija se te cae la baba —exclamó Ruby fuera de sí.

Ethan avanzó con cautela hacia la joven que estaba temblando de ira, y trató de abrazarla.

El gesto reconfortante logró que Ruby se tranquilizara y cesara en sus exaltadas voces, las cuales habían atraído la atención de más de una persona, generando una pequeña audiencia curiosa ante la escena que estaban protagonizando.

—¿Te sientes mejor ahora? —preguntó el joven al notar que Ruby había recobrado la calma tras el abrazo—. Sabes que eres mucho más que eso para mí. Lo sabes.

Ruby esbozó una sonrisa y apoyó su cabeza en los mullidos pectorales de Ethan. Después de unos breves segundos abrazados, Ethan se separó y tomó el rostro de Ruby entre sus manos.

—Vete a casa, tienes mucho que grabar. Yo me encargaré hoy —sugirió Ethan con una sonrisa tranquilizadora.

Ruby asintió y le dedicó otro breve abrazo.

Después, se vistió y, sin ninguna intención de despedirse de Madison, salió del gimnasio y se dirigió al parking.

En cuanto a Ethan, se encaminó hacia los vestuarios, se contempló en el espejo sonriendo complacido con su reflejo y salió en dirección al gimnasio.

Una vez dentro, ojeó con detenimiento y localizó a Madison tumbada en una esterilla, mientras seguía paso a paso las indicaciones de Ginny.

Sin dudarlo un segundo, se acercó hacia las dos jóvenes.

—¡Gracias, Ginny! —exclamó Ethan dando una palmada mientras mostraba una vez más su encantadora sonrisa—. A partir de ahora, me encargo yo.

Ginny asintió con la cabeza y se alejó lentamente para atender a otros clientes en busca de ayuda.

—Quería disculparme por mi presentación anterior.

Soy bastante extrovertido y a veces creo tener confianza con todo el mundo, pero comprendo que en este caso no es así.

Lamento mucho si te he incomodado antes —se disculpó Ethan, adoptando una expresión de arrepentimiento mientras compartía su disculpa con Madison.

—¡No te preocupes! Me ha resultado divertido — respondió Madison, mientras se ponía de pie y se colocaba junto a Ethan.

—Me alegra escuchar eso. Tengo un gran respeto por las mujeres, y no quisiera que tuvieras una impresión equivocada de mí. En fin, si necesitas ayuda con algo, estaré por aquí.

Madison le sonrió al joven y volvió a recostarse en la esterilla para continuar con los ejercicios que Ginny le había indicado unos minutos atrás. Aunque era consciente de que Ethan la observaba en cada movimiento y ejercicio, al reflexionar sobre ello, no le resultaba incómodo en absoluto.

Pasó una hora y Madison yacía en la esterilla con las mejillas sonrojadas por el esfuerzo de la rutina. Ethan, al ver el estado de la joven, se acercó y se sentó a su lado.

—¿Qué tal el primer día?

—Agotador —respondió Madison, haciendo un esfuerzo considerable para sentarse en la esterilla junto a él—. Mañana tendré agujetas, seguro.

Ethan sonrió y observó fijamente a Madison, quien se percató de la mirada y, sin querer, empezó a sonrojarse .

—He notado que Ginny te ha puesto una rutina intensa para glúteos, y no lo tomes a mal, pero creo que ya tienes eso bastante ejercitado —comentó Ethan apartando la mirada de la joven, soltando una risa leve y mirando al suelo.

—Es la manera más original que han tenido de decirme que tengo buen culo —respondió Madison con una pequeña carcajada—. Aun así, seguiré con la rutina; este culo no se mantiene solo.

Ethan acompañó la carcajada de Madison y volvió a encontrarse con su mirada, quien le devolvía la sonrisa con dulzura.

—Ahora al mediodía, cierra Ginny… —comenzó Ethan en un tono más sosegado.

—Tengo novio, Ethan. Me voy a casar con él — respondió Madison, adelantándose a lo que parecía estar a punto de planear el atlético joven.

Ethan miró a Madison arqueando una ceja.

Después de varios segundos, hizo un gesto de no entender nada y dirigió su mirada al frente.

Madison continuó observándolo, esperando alguna reacción, pero los segundos pasaban y Ethan no decía nada.

Únicamente miraba al suelo y sonreía mientras jugueteaba con los cordones de las zapatillas.

—¿Qué te ocurre? —preguntó Madison al ver que el joven no reaccionaba.

—Nada… No sabía que las prometidas no podíais comer con un amigo.

Madison se sintió mal en ese momento. Estaba tan acostumbrada a que muchos hombres intentaran ligar con ella que ya tenía ese mecanismo de defensa. Tras varios segundos de duda, volvió a mirar al joven y le propinó un codazo en el brazo.

—Venga, acepto. Me vendrá bien para combatir las agujetas.

Ethan sonrió y se levantó. Luego, ofreció la mano a Madison, quien la agarró para levantarse.

—Me voy a duchar, espérame en mi coche en la salida, es un Cadillac blanco —explicó Madison señalando el parking. Tras ver el asentimiento de Ethan, avanzó hacia la ducha. Madison notaba cómo la mirada de Ethan se clavaba en sus glúteos, pero lejos de sentirse incomoda, le agradó.

Mientras disfrutaba de la tranquilidad de la ducha, su mente se dirigía inequívocamente hacia su prometido, quien se había comprometido a preparar la comida y al que necesitaba llamar para avisarle de que iba a comer con un amigo.

Se enjabonó rápidamente, se aclaró y se secó.

Al salir, se vistió y, tras recoger sus cosas, abandonó el vestuario.

Se despidió del recepcionista y, al cruzar la puerta de salida del gimnasio, vio a Ethan apoyado en su coche, mientras la miraba desde la lejanía.

Madison le saludó y se detuvo, metió la mano en el bolsillo para buscar el número de contacto de Noah y llamarlo por teléfono.

—Hola, Madi —respondió Noah. Tenía la respiración entrecortada, y Madison lo notó.

—¿Noah? ¿Qué te pasa, cariño?

—Nada. Simplemente se me ha quemado la comida y me he venido abajo. Habrá que pedir comida china.

—Qué te iba a decir… No va a hacer falta, ¿vale? Me voy a quedar a comer con Ruby y así ponernos al día.

—Vale. ¿Puedo acercarme y así me la presentas?

—¡No! —Madison notó al instante como su tono se elevó sin quererlo, pero la pregunta le impactó tanto que le salió una respuesta vehemente—. Amor, hace mucho que no nos vemos y tenemos que hablar…de… muchas cosas, de muchas cosas…

—Vale, amor. Me pido comida para mí entonces. Nos vemos a la noche, ¿no?

—Claro. Te quiero.

Madison cortó la llamada y respiró hondo.

La mentira le pesaba en el pecho como una losa, pero al mismo tiempo no quería otro ataque de celos por quedar a comer a solas con un “amigo”.

Intentó convencerse de que no hacía nada malo, de que era Noah quien siempre exageraba…

aunque en el fondo sentía que caminaba sobre hielo fino.

Se obligó a sonreír al llegar al Cadillac donde Ethan la esperaba, apoyado en la puerta con esa sonrisa descarada que la desarmaba.

Tras dejar la mochila en el maletero, Madison se sentó al volante e hizo un gesto para que él subiera.

Ethan entró y, mientras el coche arrancaba, ambos compartieron anécdotas y risas como si fueran cómplices de algo prohibido.

Lo que no sabían era que, a pocos metros, un par de ojos los seguían con atención.

Ruby Morales observaba desde su coche, escondida entre las sombras del aparcamiento trasero.

Había salido del gimnasio minutos antes, pero algo en su interior la obligó a volver en silencio.

Había esperado… y ahora lo veía con sus propios ojos.

Cuando Madison y Ethan se alejaron, Ruby apretó con fuerza el volante. Su respiración se aceleraba mientras la rabia le subía por la garganta.

Sacó su móvil, apuntó la cámara y grabó unos segundos del Cadillac desapareciendo entre las calles. Después, murmuró con una voz fría, apenas un susurro:

—Si tu prometido supiera esto…

Guardó el vídeo y sonrió. Una sonrisa peligrosa.

Acto seguido arrancó el motor de su coche y salió del parking a toda velocidad.