15 de abril, 2023. 2018h #3
—¿Qué cosas? —preguntó tras ser incapaz de encontrar la respuesta por sí mismo.
—¡Lo sabes perfectamente! Lo de que era el cebo, lo que le hice a Anna… No sé cómo lo descubriste, pero si se lo cuentas a la policía… Irán a por mí y no pienso permitirlo. No voy a ir a la cárcel y tampoco volveré a mi país. No puedo dejar que hables.
—Oh, Alicia. Eres tan ingenua. Y mira que había llegado a pensar en ti como una chica lista.
Ángel estaba sonriendo, su tono de voz era suave, incluso meloso, y su cuerpo parecía relajado cuando comenzó a caminar hacia ella. Sin embargo, la expresión amable no llegaba a sus ojos, cuya ausencia total de emoción hizo retroceder a Alicia.
—¿Por qué se lo contaría a la policía? —Y aquella sonrisa dulce se amplió hasta convertirse en un gesto amenazante—.
Me importa una mierda lo que hicieras con esas chicas o que vendieras a tu amiga.
¿Crees que te seguí hasta aquí para juzgarte?
¿Para arrancarte una confesión y llevarte ante las autoridades?
No seas absurda. Ya te lo dije antes. Tú y yo somos iguales.
Sobrevivimos, sea cual sea el precio. ¿Qué más da que por el camino se rompan unas cuantas leyes?
Te seguí porque sentía curiosidad, quería saber qué era lo que de verdad había ocurrido y hasta dónde estabas dispuesta a llegar.
Creo que ya me hago una buena idea de ello.
A pesar de que Alicia aún tenía el martillo en la mano, parecía haber olvidado por completo su capacidad defensiva.
En su lugar se limitó a retroceder ante el avance de Ángel, hasta que su espalda chocó contra la pared y se vio atrapada entre esta y el cuerpo del joven, que solo se detuvo cuando se encontró a escasos centímetros de la chica.
—Lo estabas haciendo tan bien… ¿Por qué tenías que complicar las cosas?
Bastaba con que cogieras el dinero y te largaras.
Nos estrecharíamos la mano en un emotivo adiós y los tres olvidaríamos para siempre lo ocurrido hoy.
Pero no, eso era demasiado simple, ¿verdad?
Tenías que provocarme primero, llevarme al límite…
Ángel estudio su expresión con atención, buscando descubrir qué se escondía tras aquellos ojos abiertos de par en par, en las lágrimas que rodaban por sus mejillas, los labios entreabiertos y la respiración agitada.
La chica estaba aterrada, no cabía duda.
El joven recogió una de las abundantes lágrimas con el pulgar y la lamió despacio, sin apartar su mirada de la de Alicia, deleitándose ante el estremecimiento que provocó su gesto.
—Lo siento… No debería haberte atacado.
—No, no deberías.
—Perdóname, por favor. —Y aquel murmullo de súplica envió una oleada de placer a través de la espina dorsal de Ángel—. Ha sido un día horrible, estaba nerviosa y te he malinterpretado. Déjame marchar, por favor. No hagamos ninguna tontería más.
Tonterías, sí, eso le decían siempre. Que dejara de hacer tonterías, que si seguía así, iba a arruinarse la vida.
¿Por qué todo lo que deseaba era considerado una tontería?
Para ser tan pequeña, Alicia era demasiado molesta.
Se trataba de un diminuto incordio al que sin duda podría alzar del cuello con una sola mano.
Quizás debería tomarla a la fuerza allí mismo, contra la pared, mientras la estrangulaba hasta la muerte.
¿No era eso lo que merecía después de intentar asesinarlo a martillazos?
No obstante, Ángel se mantuvo quieto, su sonrisa torcida siendo lo único que delataba la agresividad apenas contenida en un gesto que por lo demás resultaba impasible. Ante la falta de respuesta, Alicia siguió hablando, una tenue esperanza iluminando sus pupilas.
—¡Coge la mitad del dinero! Tú lo has dicho, somos supervivientes, podemos hacer lo que haga falta.
Cógelo y vayámonos, sigamos nuestro camino y olvidémonos de todo esto.
Quédate las llaves de este sitio también, a ti te ha gustado y yo ya no las necesito.
Nadie vendrá aquí, David y los suyos lo abandonaron hace mucho y no aparece registrado en ningún documento.
Ni siquiera la policía lo encontrará. Puedes usarlo como quieras.
Ahora, eso sí le resultaba interesante. Aun así, no terminaba de convencerle. Ángel ladeó la cabeza y fingió pensarlo durante un rato, disfrutando de la mirada cargada de expectación y la ansiedad creciente que observaba en Alicia. Al final, le dedicó un pequeño puchero a la chica.
—Es una oferta divertida, pero creo que no has entendido nada. No quiero tu jodido dinero, Alicia. Me importa una mierda, como todo lo demás que has dicho. ¿De verdad quieres marcharte?
La chica asintió con energía y Ángel retrocedió un paso para dejarle espacio, antes de darse un par de toquecitos en la cabeza en un gesto significativo. En esta ocasión, la sonrisa que le lanzó a la joven no tenía nada de amable, era la de un depredador a punto de abalanzarse sobre su presa.
—¡Muy bien, inténtalo! —exclamó con emoción—. Aunque esta vez me temo que vas a tener que pegarme mucho más fuerte si quieres llegar a algún lado.