¿Quién eres cuando nadie mira? 15 de abril, 2023. 1850h #2
91%

15 de abril, 2023. 1850h #2

—Entonces no hay razón por la que no podamos ir contigo. Es la única forma de asegurarnos de que no te atrapan antes de tiempo. Imagino que no querrás acabar como Anna, ¿verdad?

La dulzura en la voz de Ángel produjo un estremecimiento en Miguel.

Lo que decía tenía sentido, Alicia había traicionado a personas muy peligrosas y aunque creyera que no sospechaban nada, no podían estar por completo seguros.

Un viaje en coche le permitiría llegar antes y la compañía de los dos jóvenes sería de ayuda si las cosas se torcían.

Entonces, ¿por qué todas las señales que percibía de su amigo lo hacían sentir como si aquello fuera más una amenaza que una oferta de ayuda?

¿Estaba Ángel iniciando algún juego retorcido del que pretendía hacerlo partícipe o de verdad albergaba intenciones honestas?

Aunque era difícil saberlo, al final Miguel decidió dar su opinión para aliviar la tensión que se había impuesto en el coche.

—Ángel tiene razón, no es seguro. Solo dime a dónde quieres que te llevemos y yo conduciré. Creo que te lo debemos después de lo mucho que nos has ayudado, a pesar de que hemos tenido un comienzo tan desafortunado.

Estaba siendo sincero. No le deseaba ningún mal a Alicia, la chica ya había sufrido bastante.

Y aun así, había estado dispuesta a arriesgar su vida para acabar con la gente que había matado a su amiga y sacarlos a ellos dos del lío en el que estaban metidos.

Un viaje en coche y ofrecer un poco de seguridad no les haría ningún daño.

Por supuesto, comprendía la desconfianza de Alicia.

A él mismo le costaba fiarse de Ángel, incapaz de adivinar qué pretendía con aquel numerito.

Sin embargo, él sí tenía claro lo que quería hacer y esperaba que Alicia fuera capaz de notarlo.

—Está muy lejos de aquí… —murmuró la joven vacilante.

—No importa —aseguró Miguel—. Lo digo en serio, te lo debemos. Te llevaré donde sea para que puedas escapar sin que te atrapen. No soportaría pensar que por nuestra culpa te ha ocurrido lo mismo que a la pobre Anna.

Miguel no pudo dejar de notar la mirada de Ángel, cuya sonrisa se había vuelto burlona. Por lo visto, el malestar del joven al pensar en ese futuro para Alicia le parecía muy divertido. Bien, que se riera. Ya tendrían tiempo de discutir los matices de sus impulsos cuando todo estuviera resuelto.

El silencio se prolongó durante un rato, mientras Alicia ponderaba la situación.

Estaba claro que no se sentía cómoda con la propuesta y que su mayor deseo en ese momento era el de salir corriendo del coche y no mirar atrás.

En lugar de ello terminó por asentir. Tal vez temiera que, si intentaba huir, Ángel fuera a correr tras ella y su propuesta posterior ya no resultara tan amable.

Hacía unas pocas horas, Miguel se había encontrado en esa situación y tomado la misma decisión que Alicia.

La chica se abrochó el cinturón y se acomodó contra el respaldo.

—¡Muy bien! —exclamó Ángel con un entusiasmo poco adecuado— Tú nos dirás.

Y de nuevo se pusieron en marcha, la inquietud reinando en el ambiente y contrayendo los músculos de Miguel, que se sentía incapaz de relajarse.

Sabía que la parte más difícil ya estaba hecha.

Si todo iba bien, no tendrían que interaccionar con nadie, tan solo llevar a Alicia a por sus cosas y separar sus caminos.

Sin embargo, no podía evitar sentir que lo peor aún estaba por llegar.

Tal vez la tensión que percibía en la chica tuviera algo que ver.

Estaba claro que no le hacía ninguna gracia que la acompañaran y su recelo llegaba hasta Miguel en oleadas de angustia.

¿Tan difícil resultaba confiar en ellos?

Ángel, por otra parte, parecía por completo relajado.

Se había acomodado en el asiento del copiloto y miraba distraído por la ventana, como si lo que ocurría en el coche no tuviera nada que ver con él.

Daba la impresión de que ni siquiera había notado el malestar que dominaba a sus acompañantes.

En cierto modo, Miguel lo envidiaba. Ojalá pudiera sentirse tan tranquilo e indiferente a todo, no importaba cuáles fueran las circunstancias.

En esta ocasión la conversación también se limitó a las indicaciones de Alicia, que no había mentido cuando dijo que el lugar estaba lejos. Fuera de la ciudad, de hecho. Llevaba ya más de media hora conduciendo cuando entraron en una zona boscosa.

—Sigue recto un poco más, yo te diré dónde aparcar. Luego hay que ir andando, el coche no puede llegar hasta donde voy.

Ángel se giró hacia ella con las cejas alzadas y la diversión pintada en su rostro.

—¿Qué se te ha perdido en el bosque, Alicia?

Por supuesto, la joven no respondió y apenas un rato después Miguel había detenido el coche y los tres se estaban bajando.

—No hace falta que me sigáis, en serio. No va a haber nadie.

—¿Cómo estás tan segura?