15 de abril, 2023. 1657h #3
No fue nada sencillo. Ángel tuvo que sacar el cuerpo de la maleta y continuar luchando contra la rigidez hasta que se encontró sudoroso y jadeante.
La jodida Anna no dejaba de darle problemas, pero al menos ahora estaba lo bastante estirada para entrar en el agujero.
Sus extremidades habían quedado con formas poco naturales y cuando se percató de ello no pudo evitar un cosquilleo de excitación.
¿Cómo habría sido hacer aquello mismo mientras vivía?
Seguro que chillaba como un cerdo. Se habría retorcido, claro, habría luchado contra él, pero eso no habría evitado los tirones y el crujir de huesos.
Ahora se encontraría retorciéndose en el suelo, arrastrándose para alejarse, incapaz de levantarse por sus piernas rotas.
Similar al sueño que había tenido esa mañana.
Ojalá hubiera sido él y no David. Todo aquel esfuerzo por mantener su nombre limpio y ni siquiera había podido disfrutar de ello.
—¿De verdad no le hiciste nada?
La voz de Alicia interrumpió sus pensamientos.
Ángel se giró hacia ella y, por primera vez desde que se habían conocido, creyó percibir un rastro de miedo en su expresión.
Mientras Ángel hacía el trabajo duro ella se había limitado a mirar hacia otro lado, encogiéndose ante cada crujido como si fueran sus propios huesos los que se rompían.
Al joven le habría resultado divertido si no hubiera estado tan ocupado en hacer él solo todo el trabajo.
Ahora Alicia lo observaba con atención, sus músculos tensos y los ojos cargados de silenciosas acusaciones.
¿Acaso algo en los gestos de Ángel le había revelado lo que pensaba sobre Anna, los deseos frustrados que albergaba, la forma en que su sangre bombea al pensar en tomar el rol que David le había arrebatado?
¿O tan solo se había asustado al ver la facilidad con la que el chico había manipulado el cadáver?
—Escuchaste la grabación, ¿no? —respondió sin poder ocultar la molestia—. Estaba demasiado perjudicado para despertarme en medio de ese jaleo, ¿qué podría haber hecho? Y tu amiguita se encontraba bien cuando ese tipo entró en la habitación. No, no le hice nada, puedes estar tranquila.
«Aunque de haber sabido que esto acabaría así, las cosas habrían sido muy distintas».
Si el destino de Anna era morir esa noche, ¿quién mejor que él para entregárselo? Pero ahora ya era tarde y Ángel no tuvo más remedio que limitarse a meter el cuerpo en el doble fondo antes de empezar a recolocar la madera.
—¿Qué te parece Miguel? —comentó de pronto, en un tono casual, sin siquiera alzar la vista hacia Alicia.
La chica vaciló antes de responder, como si no acabara de entender qué buscaba Ángel con aquella pregunta.
—Parece un chico cándido. Sentimental. No lo sé, no lo conozco, pero no creo que sea la clase de persona que debería estar contigo. Parece demasiado… bueno.
Ángel levantó la vista hacia ella, sin poder evitar reírse ante su ingenuidad.
—¿De verdad? Pues ahí donde lo ves, anoche el santurrón de Miguel echó droga en mi bebida y me emborrachó a pesar de saber que el alcohol me sienta fatal.
Y después, cuando me encontraba verdaderamente jodido por eso, me dejó tirado.
Así es como acabé yéndome con Anna. Por su culpa.
Las cosas no son lo que parecen, Alicia.
No te fíes de nadie, nunca son tan buenos como pretenden hacer creer a los demás.
Por algún motivo, la chica no pareció demasiado sorprendida. Sostuvo la mirada de Ángel durante un rato, su expresión se volvió sombría y entonces asintió con un suspiro.
—Tienes razón. Todo el mundo miente.
—Sí. Incluso tú, ¿verdad?
—¿Qué?
—Sé que tú tampoco eres lo que parece, Alicia.
Está bien, no te preocupes. No nos conocemos, no te fías de mí, seguramente piensas que soy un cabrón, así que no importa, no tienes que decir nada.
Me imagino que has pasado por mucho para llegar hasta aquí, así que tú tampoco puedes tener las manos limpias.
Y eso está bien, no te juzgo por ello. Sabes, creo que tú y yo no somos muy distintos.
Hacemos lo que hay que hacer para sobrevivir.
No todo el mundo lo tiene fácil y los que estamos jodidos desde el principio a veces tenemos que tomar decisiones desagradables.
Como esto. —Ángel señalo el agujero a medio cerrar en el suelo—.
Así que miente todo lo que quieras, no vas a ser menos por ello.
Estoy seguro de que te has ganado a pulso ese derecho.
Ángel continuó colocando las tablas, sin esperar ningún tipo de respuesta por su parte. Por eso se sorprendió cuando Alicia volvió a hablar.
—En Rusia las cosas no fueron fáciles, tenía que irme de allí. Lo más lejos posible.
—Por supuesto. Y cuando llegaste aquí, las cosas no mejoraron. Es una putada.
—Oh, sí mejoró.
La firmeza en su voz le hizo alzar la vista. ¿Una cría se convierte en víctima de trata y aun así lo considera una mejora?
—¿En serio? Joder, pues sí que estabas mal allí.
—Sí… —Alicia se detuvo, arrugando la frente antes de decidirse a continuar—. Aquí me gané su confianza. Los que importan se fían de mí.
—¿Y ahora los vas a apuñalar por la espalda? —Ángel colocó el último tablón y le dedicó una sonrisa entusiasmada a la joven—. Me encanta, en serio. ¿Pero no tienes mucho que perder?
Alicia meneó la cabeza.
—Si le hicieron esto a Anna, ¿cómo sé que no me lo harán a mí? Era mi amiga. Si empiezan a desconfiar, si creen que los traicionaré…
—Así que mejor adelantarte y traicionarlos de verdad antes de que comiencen a sospechar.
Parecía razonable. No eran la clase de personas con los que uno querría arriesgarse. Mejor tomar la iniciativa y deshacerse de ellos antes de que fuera demasiado tarde. Ángel se levantó y tiró de la cama para colocarla en su sitio. En esta ocasión, Alicia sí se acercó a ayudarle.
—¿Y qué harás después? Cuando nos vayamos y le mandemos todo a la policía. Sé que no quieres volver a Rusia, así que, ¿qué pasará contigo?
—Haré lo que siempre he hecho —respondió la joven con frialdad—. Sobrevivir.