¿Quién eres cuando nadie mira? 15 de abril, 2023. 1502h #3
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15 de abril, 2023. 1502h #3

—Mi amigo dice la verdad. Y no vamos a hacerte daño. —Su tono había regresado a la normalidad, a esa calma dulce que pretendía sonar tranquilizadora—. Cálmate y te lo explicaré todo. Venga, vamos dentro.

Aún sin soltarla, Ángel condujo a la chica a la habitación contigua.

Se trataba de un salón pequeño, cuyo único mobiliario consistía en un sofá desvencijado, una mesa y dos sillas.

El estudiante empujó a Alicia sobre el sofá y se apresuró a sentarse a su lado, asegurándose de que la joven permanecía allí.

Miguel optó por quedarse en pie, demasiado inquieto para acomodarse junto a ellos.

—¿Qué es lo que queréis?

Comprendiendo que no sería fácil huir, Alicia intentaba ganar tiempo siguiéndoles la corriente.

—Ya te lo he dicho —respondió Ángel—. Justicia para Anna, nada más.

—Ya, claro… Si no la habéis matado, ¿por qué está ella con vosotros? ¿Qué hacéis aquí?

—Gran parte de lo que te conté es cierto. La conocí anoche en un bar y fuimos juntos a un hotel. El problema es que sí llegamos a entrar. Cuando me desperté por la mañana, tu amiga ya estaba muerta, pero yo no tuve nada que ver.

Alicia le lanzó una mirada incrédula a Ángel.

—David entró durante la noche y la asesinó —intervino Miguel.

—Eso no es posible. —Ahora los ojos cargados de escepticismo se clavaron en él—. Hablé con ella esta mañana.

—Ah, sí. Lo siento, fui yo. Tras leer vuestros mensajes, me di cuenta de que si alguien querría ayudar a Anna, esa eras tú, pero sabía que sería imposible encontrarnos contigo si te decíamos la verdad desde el principio, por eso me vi obligado a hacer trampas.

—Mira, no tienes por qué creernos —Miguel dio un paso hacia ellos, procurando sonar tan amable y tranquilizador como fuera posible.

Explicarle que se había hecho pasar por su amiga no ayudaría a su causa, así que cuanto antes dejaran el tema, mejor—.

Anna lo grabó todo, quería que hubiera pruebas de lo que pasó.

Escúchalo y luego puedes decidir si confías en nosotros.

¿Por qué Ángel lo miró como si estuviera orgulloso de él? No había sido para tanto, estaba claro que sus palabras no tenían ningún valor para Alicia y que si algo podía convencerla, sería la grabación de Anna.

—Sí, está aquí. —Ángel sacó el móvil de la chica del bolsillo y ladeó la cabeza, sopesando una idea durante unos instantes—. Parecíais buenas amigas. ¿Por casualidad tú sabes el patrón de desbloqueo?

—Si no lo sabes, ¿cómo has podido hablar conmigo antes?

La desconfianza dominaba de nuevo a la chica, que no había logrado relajarse ni por un instante. Estaba claro que permanecía alerta y buscaba la más mínima oportunidad para distraerlos y huir.

—Con la huella dactilar —repuso Ángel con calma—. Funciona aunque estés muerto, pero preferiría no andar manipulando continuamente su cadáver. Es un poco irrespetuoso, ¿no crees?

Un jadeo ahogado se escapó entre los labios de Alicia.

La ironía de Ángel no fue bienvenida y por un momento las facciones de la chica se contrajeron en una expresión de pena.

Miguel no pudo evitar sentirse culpable.

Después de todo, no era más que una cría que acababa de perder a una amiga y se encontraba acorralada por dos desconocidos que habían traído su cuerpo en una maleta.

A pesar del valor que había demostrado hacía un momento al atacar a Ángel, debía estar aterrada.

Ojalá su amigo fuera un poco más comprensivo y la tratara con mayor suavidad.

—Dibuja una C… —murmuró la chica en un tono de derrota.

Ángel siguió sus indicaciones y enseguida pudo acceder a la grabación.

—Mucho mejor… Estate atenta.

Miguel no quería volver a escucharla. Le habría encantado salir de la casa en ese momento y esperar fuera a que todo terminara.

¿Qué necesidad tenía de revivir una vez más los últimos momentos de Anna, de escuchar todos esos insultos, golpes y súplicas que no obtuvieron respuesta?

Su corazón se encogía al imaginar el dolor y el miedo que la chica debió sentir mientras su vida se apagaba de forma tan injusta.

En su lugar, se quedó allí de pie, observando en silencio las reacciones de Alicia, cuya expresión se volvía más y más sombría a medida que avanzaba la grabación.

Para cuando terminó, las lágrimas se deslizaban por sus mejillas y sus labios rojizos temblaban a causa de los sollozos reprimidos.

No pudo dejar de notar que Ángel tampoco había apartado los ojos de ella.

Sin embargo, la actitud de su amigo era muy distinta.

El dolor de Alicia no parecía conmoverlo.

Al contrario, la llama del deseo ardía en su mirada y con cada nueva expresión de angustia en la chica, más interesado se mostraba él.

Los pensamientos que antes habían dominado la mente de Miguel no tardaron en resurgir y le llevaron a preguntarse si Ángel de verdad sería capaz de hacer algo así y si eso era lo que se estaba planteando en ese instante.

Quizás anhelaba hacerle a Alicia lo mismo que se reflejaba en la grabación de Anna.

Y por un momento, una parte de Miguel deseó que ese fuera el verdadero plan, el motivo por el que habían ido hasta allí, para ver a Ángel perder el control y cerrar el círculo que descubrir el cadáver aquella mañana había iniciado.

Por suerte, la grabación acabó y su amigo permaneció en el asiento, sin hacer ningún ademán de abalanzarse sobre Alicia y poner a prueba sus deseos.

La joven fue la única que reaccionó. Se levantó de golpe y comenzó a caminar a paso rápido por la habitación, meneando la cabeza y murmurando en lo que parecía ser ruso.

—¡David! ¡Ese cabrón hijo de puta! —exclamó tras pararse de golpe y girarse hacia ellos—. ¡La ha matado! Era él, es su voz, la reconocería en cualquier sitio.

—Ya te lo hemos dicho. El muy capullo mató a tu amiga y luego ha intentado cargarme a mí con el muerto. Pero no vamos a permitírselo, ¿verdad?

Ángel se mostraba muy satisfecho con la reacción de Alicia, claramente deseando explotar su rabia y frustración para su favor. Puede que funcionara, ya que la joven asintió decidida. Ahora el odio que contraía sus facciones ya no parecía dirigirse a ellos.

—¡Los documentos! ¿Los tienes? ¿Estaban en la maleta? Con eso podemos joder vivo a ese cabrón.

—Qué bien hablas español —se rio Ángel entre dientes.

Tenía razón, el acento de Alicia apenas resultaba perceptible, resaltando solo cuando se molestaba, pero por lo demás, su uso del idioma era del todo correcto. Aun así, no parecía el mejor momento para señalarlo.

—Pero me temo que no —continuó el estudiante—. Revisé toda la habitación y no encontré nada. Supongo que ese cabrón se los llevó.

Un nuevo improperio en ruso y Alicia retomó su andar nervioso por la habitación. Entonces se detuvo y se volvió de nuevo hacia Ángel.

—¿Y el pen drive ? ¿Tampoco encontraste el pen drive ?

Ángel y Miguel intercambiaron una mirada.

—¿Había un pen drive ? —preguntó el más joven.

—¡Sí! Tenía mucha información, suficiente para acabar con ese capullo.

—¿Viste algo así, Ángel? ¿Crees que a David se le podría haber escapado? No es tan obvio de encontrar…

—En la habitación no estaba, te lo aseguro. Y en la maleta solo había ropa, ahora bien…

El estudiante se levantó y se acercó hasta la maleta, que aún permanecía abierta en el vestíbulo.

—Creo que había un doble fondo, noté la cremallera cuando metí el cuerpo dentro. Miguel, déjame los guantes.

—¿Los guantes? ¿Por qué?

Su amigo lo fulminó con la mirada, como si acabara de hacer la pregunta más absurda posible.

—Ya limpié antes el cadáver, ¿quieres que lo deje todo lleno de huellas otra vez? Si voy a buscar el pen drive , tendré que sacarlo de la maleta.

—Ah, claro, tienes razón. Lo siento.

Miguel se apresuró a devolverle los guantes.

¿Por qué se disculpaba? No había motivos para sentirse estúpido, no acostumbraba a verse envuelto en tramas de asesinatos, era normal que no cayera desde el primer momento en los conceptos básicos y que cometiera errores de principiante, Ángel no tenía derecho a juzgarlo por ello.

Su amigo no tardó en sacar el cuerpo y dejarlo con cuidado en el suelo.

—Qué pasada, ya está superrígida —comentó Ángel con una mueca—. Me ha costado hasta moverla. En fin, vamos a ver…

Tal y como había mencionado, una cremallera dividía la tela del fondo de la maleta, aunque no era fácilmente visible a primera vista.

Ángel introdujo la mano y comenzó a palpar con cuidado.

Durante un rato no encontró nada y Miguel sintió sus esperanzas ensombrecerse.

Aunque la grabación y una declaración de Alicia ayudarían bastante a la causa, tener documentos que destaparan un horrible caso de trata sería mucho más beneficioso para todos, especialmente las víctimas.

Justo entonces Ángel soltó una carcajada y se volvió hacia él con expresión triunfal.

—¡Lo tengo! ¿Es este, Alicia? ¿Te suena?

La chica se había asomado al vestíbulo, pero retrocedió en cuanto vio el cadáver de Anna, todavía demasiado afectada para mirarla.

—No lo sé —. Su voz les llegó desde el salón—. Solo me contó que tenía un pen drive , yo no lo he visto nunca.

—En ese caso, tendremos que comprobarlo. —Ángel volvió a meter el cuerpo en la maleta antes de cerrarla y dirigirse a la estancia en la que les aguardaba Alicia—. ¿Tienes algún ordenador aquí al que podamos conectarlo?

—No, en este piso no hay nada —comentó distraídamente la joven. Tenía la cabeza gacha y su gesto estaba contraído por la pena—. Todo esto es culpa mía. No debería haber pasado. Anna ha muerto por mi culpa…

Miguel podía entender a qué se refería. Su amiga no acudió a la policía porque Alicia le pidió más tiempo.

Quedaron en verse por la mañana y esa espera supuso la sentencia final de la chica.

Si no hubiera dudado, si se hubiera unido a ella desde su primera petición de ayuda, quizás ahora Anna estaría viva.

Aun así, le pareció muy injusto que Alicia se culpara por lo sucedido.