15 de abril, 2023. 1404h #5
Por la forma en la que Ángel arrugó la frente, Miguel supo que esa pregunta no le gustaba.
Tal vez traía de vuelta recuerdos en los que su compañero prefería no pensar.
Quizás incluso para alguien con una forma de sentir y entender la vida tan atípica ese bache en la relación con su hermana era demasiado duro para afrontarlo con entereza.
O puede que simplemente lo considerase otra pregunta impertinente y poco relevante.
—No es gran cosa, solo una serie de errores y malentendidos.
Cuando éramos pequeños tuvimos algún que otro desencuentro.
Se podría decir que Ruth no era muy partidaria de jugar a las cosas que a mí me gustaban.
Pero eso quedó en el pasado, aclaramos el asunto y cedí a sus intereses.
Se contentó con aquello durante bastante tiempo, el problema vino después, en el instituto.
Olvídalo, te va a parecer una estupidez.
—No, quiero saberlo.
¿Qué podía ser tan malo para que su propia hermana estuviera dispuesta a entregarlo a la policía a la mínima oportunidad? ¿Qué sabía ella sobre Ángel que Miguel todavía ignoraba? Porque no creía que fuera por un mero desacuerdo entre juegos infantiles.
—Ruth no tenía muchos amigos en el instituto.
No era lo que se dice popular, ¿sabes? Yo era diferente, pero ella tampoco se contaba entre los más normalitos.
Era demasiado seria y callada y le costaba mucho integrarse.
Esto pareció cambiar cuando llegó una alumna nueva a su clase, Amalia.
Era una repetidora, una de esas chicas con mala fama pero que al parecer el resto de estudiantes admira.
Por algún motivo Amalia se interesó por mi hermana y se convirtieron en grandes amigas.
La invitaba a unirse a su grupito en el recreo e incluso a salir con ella.
Ruth parecía estar muy contenta con su nueva posición en la jerarquía social, así que al principio no le di demasiada importancia.
Sin embargo, yo tenía muy claro que allí había algo raro.
—No digas más. —Miguel no pudo evitar entornar los ojos—. Creías que todo giraba en torno a ti, ¿verdad?
Así eran los tipos como Ángel. Tan egocéntricos que eran incapaces de aceptar que las cosas que ocurrían a su alrededor podían no tener nada que ver con ellos.
—Lo sospechaba, pero fue la propia Amalia la que me lo confirmó.
Había estado utilizando a Ruth para acercarse a mí.
Yo le gustaba y mi hermana solo era una herramienta para lograr su objetivo.
¿Debería haberme quedado callado? No lo sé, a lo mejor Ruth habría sido más feliz viviendo en su engaño, pero yo no pude contenerme.
Amalia fue tan descarada conmigo… Tuve que darle una lección.
Una tontería, solo expuse sus intenciones y la humillé un poco, aunque ella no se lo tomó nada bien.
Y quien se lo tomó casi peor fue Ruth, que desde entonces no se termina de fiar de mí.
Qué sé yo, a lo mejor teme que vuelva a arruinar su vida social con mis salidas de tono.
En lo que a ella respecta, parece que no he cambiado nada.
—¿De verdad has cambiado, Ángel?
Miguel no pudo evitar que sus pensamientos se dirigieran al momento hacia el contenido de su maletero. Si su hermana no confiaba en él, seguro que existía una muy buena razón para ello. ¿Cómo fiarse de una persona que descubre un cadáver al despertar y lo primero que piensa es que él es el asesino?
—¿Serviría de algo decirte que sí? Eso son solo palabras. Estoy dispuesto a mostrártelo con hechos. Deja que resuelva esto y veremos si merece la pena darme una oportunidad.
En eso sí que podía estar de acuerdo. Las palabras a esas alturas ya no tenían demasiado valor. No obstante, había algo que todavía le inquietaba.
—Me has dicho que le diste una lección a esa chica… ¿Qué fue lo que hiciste?
—Nada grave —contestó Ángel con aplomo—. Solo lo que merecía, lo justo y necesario. ¿Sabes? Tal vez te lo cuente otro día. Quizás cuando tú decidas compartir tu secreto conmigo.
—¿Qué secreto?
—Oh, vamos. —Su compañero sonrió y un brillo malicioso iluminó sus ojos claros—.
No hace falta que sigas disimulando. Sé que no eres tan inocente como te gustaría hacerme creer.
Ya has transcendido, pero no te atreves a reconocerlo ni siquiera ante ti mismo.
No pasa nada, no tengo prisa. Cuando estés preparado para dejar salir eso que escondes tan profundo, quizás también estés listo para conocer el resto de la historia.
Por ahora, tenemos un asunto más urgente que resolver.
Miguel no respondió. Se sentía demasiado cansado para contradecirlo.
En ese momento, ya ni siquiera sabía si Ángel tenía razón o todo aquello era un sinsentido con el que estaba tratando de convencerlo para que no abandonase la aventura kamikaze en la que se habían embarcado.
Daba igual, el estudiante ya había tomado su decisión.
Durante el resto del viaje no volvió a hablar, sumido en sus pensamientos, intentando poner en orden todo el caos que la violenta llegada de su amigo había desatado y que parecía haberse terminado de descontrolar tras aquella conversación.
Para cuando llegaron al lugar acordado, Miguel se sentía mareado, pero aún no tenía ni una sola respuesta.