¿Quién eres cuando nadie mira? 15 de abril, 2023. 1227h #4
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15 de abril, 2023. 1227h #4

—No importa —cortó Ruth con impaciencia—. ¿Qué necesitas? ¿Estás en algún lío?

En realidad, Ángel apreciaba que fuera tan directa. Con la mañana que llevaba lo último que le apetecía era una charla insustancial. Necesitaba acabar con aquello cuanto antes.

—Para nada, tan solo quería pedirte un pequeño favor. Estoy intentando ponerme en contacto con alguien y no hay manera. Tengo su nombre y su número de teléfono, pero no responde y necesito hablar con él con urgencia. ¿Crees que podrías echarme una mano?

—¿Qué quieres, que lo llame yo?

—¡No, claro que no! —Ángel soltó una carcajada, fingiendo no haber notado el tono irónico de su hermana—. He pensado que dado tu puesto de trabajo no te sería difícil localizarlo. Quizás darme una dirección o ver por dónde se mueve normalmente…

Esta vez fue Ruth la que se rio.

—Muy gracioso, Ángel. Sabes de sobra que no puedo hacer eso.

Para localizar a alguien necesitaría una orden judicial y sería en el contexto de una investigación.

No creo que sea tu caso. ¿O es que quieres que empiece una investigación?

¿Debería mandar una patrulla a tu casa? ¿Qué es lo que encontrarían si lo hiciera?

Aquello era una amenaza, no hacía falta ser demasiado perceptivo. El estudiante entornó los ojos. ¿En qué estaba pensando? Su hermana no haría más que meterlo en problemas.

—¿Por qué no vienes a visitarme y lo ves por ti misma? Ahora que lo pienso, nunca has estado en mi casa.

—¿Un piso de estudiantes? No, gracias, ya he tenido bastante de eso para el resto de mi vida.

Ángel, escúchame. —Tras la breve broma, el tono de Ruth se suavizó, dejando por fin entrever una cálida preocupación—.

Sabes que puedo ayudarte, pero no de esa forma.

Necesito que seas sincero, si has hecho algo…

—No, de verdad. Te lo juro, me estoy portando bien. Es una persona a la que necesito encontrar, pero no por algo que yo haya hecho.

—¿Entonces por qué?

—¿Me ayudarás si te lo cuento?

—No, me plantearé fingir que no me has pedido que cometa una infracción grave si me lo cuentas.

Ángel hizo una mueca.

—Típico de ti, siempre intentando que todo lo que hago yo suene fatal.

Vale, no importa. La cosa es que este hombre le dio un golpe a mi moto.

Aunque intenté que me dejara los datos del seguro, me dijo que iba con prisa y me dio solo su teléfono y el nombre.

Sí, sé que permitir que se marchara fue una estupidez, pero ¿qué iba a hacer?

El tío arrancó y se largó. He estado intentando contactarlo sin éxito desde ayer.

Sabes que necesito mi moto para trabajar, así que si no logro que el seguro me lo cubra va a ser un problema gordo.

No había pensado en lo que diría antes de hablar, sin embargo, las palabras escaparon de sus labios con la fluidez y seguridad suficientes para que nadie pudiera sospechar que se trataba de una mentira improvisada.

—¿No te fijaste en la matrícula? Siendo tú, me extraña. Pon una denuncia —respondió su hermana con simpleza, como si fuera lo más obvio.

—El caso es que una denuncia es un proceso demasiado largo. Sería mucho más fácil hablar con él para que me diera los datos del seguro y resolverlo cuanto antes. Si tuviera su dirección podría hacerle una visita y…

—¿Y? ¿Qué pasa si se niega a hablar contigo? ¿Qué harías entonces, Ángel?

—Nada, Ruth. Solo hablar. Y si no va bien, no me quedaría otra que denunciarlo, sí. Pero antes quería intentarlo por las buenas.

Su hermana suspiró.

—Mira, entiendo que es una putada y que necesitas la moto. Si quieres, puedo prestarte algo de dinero, ya me lo devolverás cuando esto se solucione. Lo que no voy a hacer es darte datos personales de nadie.

—Vamos, ¿quién va a enterarse? La policía ya está bastante liada, no es necesario cargaros con más trabajo por un pequeño conflicto de tráfico.

—Es fácil que descubran que me he metido en donde no debía. Y aunque no fuera así, yo lo sabría y eso es suficiente. No voy a hacerlo.

Por supuesto, Ruth y su absurdo apego a las normas.

A Ángel no dejaba de sorprenderle que hubiera tanta gente incapaz de ver que su vida sería mucho más fácil si en lugar de aferrarse a reglas sinsentido impuestas por los demás actuaran de acuerdo a la lógica y los instintos.

Al final, todos intentaban llegar al mismo sitio, ¿qué había de malo en tomar atajos si se daba la oportunidad?

Pero su hermana nunca había compartido su opinión, por lo que de nada servía seguir dándole vueltas.

—De acuerdo, si esa es tu última palabra…

—Lo es.

—En ese caso, seguiré intentando contactar un rato más. Si no, iré mañana a poner la denuncia.

—¿Necesitas algo de dinero?

¿Era preocupación lo que percibía en su voz? Adorable, pero de poco le servía.

—No, por ahora estoy bien. Gracias de todos modos. Intentaré llamar más a menudo.

—Me cuesta creerlo. Hasta otra.

—Adiós.

Ruth colgó aun antes de que hubiera terminado de despedirse.

En realidad estaba en lo cierto, Ángel no tenía intención de llamar más a menudo.

Probablemente se olvidaría de ella hasta que llegara alguna fecha señalada o volviera a necesitar un favor.

Así había sido su relación durante mucho tiempo, ¿por qué cambiar algo que funciona bien?

—¿Un golpe a la moto? ¿En serio?

—¿Ha sonado convincente?

La expresión ceñuda de Miguel fue correspondida con una sonrisa burlona. A su amigo no parecía hacerle gracia la facilidad que tenía para mentir, como su mirada juiciosa atestiguaba.

—¿Qué más da? Convincente o no, seguimos en las mismas.

Ángel estaba a punto de responder cuando algo atrajo su atención. La pantalla del móvil de la chica, que descansaba sobre el sofá junto a Miguel, se iluminó al recibir una llamada.

—Anda, la tal Alicia. ¿Debería contestar?

—¡Ni se te ocurra!

—¿Por qué no? Podemos decirle que hemos encontrado el móvil en la calle y que si es amiga del dueño estamos dispuestos a quedar con ella para dárselo. Quizás podamos sacarle información sobre David, quién sabe.

Lo único que necesitaba era que accediera a verlo en persona.

Aunque por teléfono podía llegar a ser persuasivo, resultaba improbable que Alicia estuviera dispuesta a contarles algo sobre la chica muerta o su asesino.

¿Por qué iba a hacerlo? No tenía motivos para confiar en ellos.

Si se encontraban frente a frente, sería más fácil convencerla.

Podían enseñarle la grabación, contar su versión de lo ocurrido y si a pesar de todo la chica se negaba a colaborar…

Bueno, Ángel tenía muchas ideas sobre métodos para obtener información.

¿Viviría sola? De ser así, ¿accedería a que se encontraran en su casa o querría quedar en la calle?

Dudaba que aceptara ir al piso de Miguel, lo más seguro es que prefiriera un lugar público.

Eso lo complicaría, pero Ángel confiaba en sus facultades.

Encontraría la forma de llevársela a algún sitio apartado, un lugar donde nadie escuchara sus gritos, y entonces empezaría la diversión.

Era fácil imaginar las cosas que podría hacerle, más aún si contaba con las herramientas adecuadas.

Ojalá se resistiera. Cuánto más luchara, más excitante resultaba.

Podía arrancarle las uñas una a una, romperle los dedos con un martillo, después pasar a las muñecas, los tobillos y las rodillas, dejar que se arrastrara intentando huir, solo para agarrarla del pelo y burlarse de ella, desnudarla y azotarla con un látigo, llenar todo su cuerpo de marcas, golpearla hasta hacerla sangrar y suplicar clemencia.

Llegados a ese punto, ya ni le importaría lo que tuviera que decir sobre la zorra de la maleta o el cabrón de su asesino. Solo importarían los gritos de Alicia…

—¿De verdad crees que va a quedar contigo? Si ese David y la chica estaban metidos en algo chungo y ella lo sabe, lo último que va a hacer es admitirlo.

La voz cargada de escepticismo de Miguel lo sacó de sus pensamientos y lo trajo de vuelta a la realidad.

De nuevo se había dejado arrastrar por sus fantasías a un nivel mayor del que resultaba conveniente.

No sería un problema si se encontrara a solas y con la capacidad para satisfacerlas de algún modo aceptable, pero dada su situación actual, no estaba en condiciones de sufrir aquellos lapsus.

Era el momento de pensar con claridad, no de soñar despierto y permitir que sus anhelos más primitivos tomaran el control de sus decisiones.

Y, por poco que le gustara admitirlo, Miguel tenía razón.

—Supongo que no…

—Además —continuó su amigo—, ¿qué pasa si Alicia también forma parte de esa movida? ¿Y si está del lado de David? A lo mejor quieren recuperar el móvil para deshacerse de cualquier prueba que pueda haber. Si descubren que lo tenemos, podrían venir a por nosotros. Responder es una idea pésima.

—Ya, delatarnos es demasiado arriesgado.

A esas alturas, el móvil ya había dejado de sonar. Sin embargo, Ángel no tardó en volver a desbloquearlo y tomar de nuevo asiento en el sofá.

—Aun así, Alicia parece muy preocupada, ¿no crees que deberíamos echarle una mano?

—¿Qué?

—Primero, vamos a averiguar quién es.

Había muchos mensajes pendientes de leer en su conversación, todos ellos mostrando una inquietud que contradecía la hipótesis de que fuera cómplice de David.

De ser así, sabría que estaba muerta y no tendría sentido que insistiera en preguntarle dónde se encontraba, si se encontraba bien y por qué no respondía al teléfono.

No, lo que se podía inferir allí es que Alicia era una amiga angustiada ante la ausencia de respuesta.

Ahora bien, el que se mostrara tan inquieta indicaba una intuición de peligro, por lo que parecía conveniente remontarse a la última conversación que había mantenido con la chica de la maleta para saber qué papel jugaba Alicia en todo aquello.